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Accidentes de tránsito: ¿Y si hoy le toca a Usted?
Hugo Borgna

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131206 - Por lo general, el sentido de la responsabilidad no viene con el hombre.

   Se aprende mediante la educación y el peso que ejerce la sociedad en todo momento sobre el individuo.

   Esta es una manera solemne de empezar un artículo que tiene mucho que ver con la informalidad, más aún, está relacionado con uno de los actos diarios que muestran más “a fondo” las íntimas tendencias de los humanos.

   Se sabe que la velocidad de un hombre, caminando o en carrera, es escasa. También que no está preparados para volar. Entonces entra en escena ese elemento que permite “ser” a tono con los deseos.

   El auto.

   El querido objeto que es, sin duda, una prolongación del cuerpo, y por una simbiosis inexplicable, el hombre termina siendo el auto, y como el tiempo es fugaz y siempre falta para cumplir con todas las aspiraciones, él lo hace ganar.

   El humano se acelera. Adentro y afuera de un vehículo. Con o sin motor.

   Y se le cambian los valores.

   Ya no circula por la derecha, como corresponde, sino en el centro o por la izquierda; deja de adelantarse por la izquierda, como está establecido, para hacerlo por la derecha o por donde se pueda; entiende que a los desubicados que pretenden estacionar hay que atacarlos a bocinazos por su atrevimiento de querer usar ese derecho común de detenerse; en los cruces debe ganar como sea, aunque no tenga prioridad de paso o que el otro auto ya esté dentro de la bocacalle.

    Cuando circula por los bulevares, interpreta los carteles de “máxima 60 Kms.” como “mínima 60 kms.”, y asume ese título de película “Retroceder nunca, rendirse jamás” como propio, acelerando todo lo que puede, sintiendo que las bulevares son rutas y las calles bulevares.

   Cada tanto ocurre que le aparecen en las esquinas esos obstáculos molestos que nunca se exterminan del todo, que tienen como particularidad caminar en lugar de andar sobre ruedas. Surge entonces el amor propio herido.

   Necesita pasar antes que ellos. Si están a pocos metros, simplemente debe mantener la velocidad, sabe que los peatones casi siempre ceden el paso o retroceden. Si está a cuarenta metros o más, acelera: ellos nunca deben pasar primero. Y si, a pesar de todo, cruzan y lo obligan a disminuir la velocidad, está justificado que se los insulte. ¿Quiénes se creerán que son?

   Este criterio de ganar con prepotencia, cruce a cruce y minuto a minuto, se traslada por supuesto a vehículos con menos defensa. Cree que las motos y bicicletas no deberían molestarlo y por eso hay que hacérselos sentir.

   Es cierto que muchas veces la causa de que haya tantas infracciones y tan escaso respeto por los demás es la falta de castigo por parte del ente municipal correspondiente; en los países de primer mundo las penas son severas y se hacen cumplir (porque importa el bien común, es que se hace valer el orden). Pero también se sabe que es materialmente imposible controlar a cada conductor en todo momento, y que si bien no muestran consideración hacia los demás, al menos tendrían que tener un mínimo (me pregunto por qué no pretender un máximo, como corresponde) de sentido común.

   Se escuchan y leen las estadísticas de accidentes como algo ajeno o que está sólo en la imaginación, una especie de ficción que desaparece cuando se cierra un libro o se detiene la visión de una película.

   Pero son tan reales como el cuerpo de cada conductor y de los miembros de su familia.

   Circular de la forma irresponsable en que se hace (¡por favor, los que viven acelerando no pretendan sentirse ofendidos!) aumenta ( y no disminuye, como ellos creen) la posibilidad de accidentes y convierten la calle en un juego de azar siniestro, donde hay primeros premios mortales y aproximaciones que significan pérdida de miembros o lesiones de las que no se logra recuperación y que motivarían, imitando la promoción que se hace de loterías, bingos o raspaditas, el ofrecimiento (bastante menos tentador en este caso) de que “No todos pueden tener accidentes de tránsito, no se pierda el suyo. Piense que hoy puede tocarle a usted”.

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