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080307 - Hay quienes recuerdan y usan todavía una expresión que se popularizó durante mucho tiempo: “¿viste? La radio dijo que van a aumentar los sueldos” (tiene razón, lector, el ejemplo y la frase son antiguos). Que los medios ejercen una influencia en la educación media de las personas comunes (es decir nosotros), es indiscutible. En el caso de las oraciones que inician este artículo, lo único que se podría objetar es la parte gramatical, ya que las radios no hablan, sino que a través de ellas locutores y animadores de programas hacen conocer sus opiniones o las de algún funcionario o persona influyente o estos últimos las hacen conocer a sus contemporáneos. Lo que interesa destacar es que a la antigua radio, compañera y entretenedora, le surgió una especie de hermana más pintada y atractiva exteriormente, que, además, muestra imágenes y las dos entran a cada casa en cualquier momento con sus mensajes e informaciones que siempre dan el necesario tema de conversación a la familia, que no es otra cosa que la célula de la sociedad. Para las dos surgió en un momento la exagerada importancia de la medición de la audiencia, es decir establecer aproximadamente qué cantidad de personas escuchan o ven un programa determinado, y desoyendo el sabio consejo de Atahualpa Yupanqui, de que hay que nivelar hacia arriba, se hizo lo contrario, bajar el nivel, para-que-la-gente-se-sienta-identificada-con-el-lenguaje, y lejos ya de enseñar la manera correcta de expresión y la pauta de destacar valores en la relación, se aceptaron expresiones vulgares y finalmente las llamadas “malas palabras” (en todos los casos sin necesidad). El mismo camino siguieron los ejemplos, hasta llegar a mostrar como gracioso lo que es una burla a la gente que actúa con buena intención y también a la solidaridad, al punto de que ahora esa degradación del mensaje se considera casi un valor destacado. Se dice como elogio “tiene tantos puntos de ratting”, como si el éxito conseguido con estas artes bajas fuera un mérito. Se dice que es un acercamiento a la gente común usar un lenguaje ordinario y no es cierto. La mayoría de las personas habla correctamente, a pesar de que los modelos (en la televisión especialmente) indiquen otra cosa. Tampoco es un incentivo la pobreza de vocabulario que se percibe en los medios. Las sociedades, formadas por personas (nosotros), necesitan y piden otra cosa. Que acepten ver un programa determinado porque-no-hay-nada-mejor-para-mirar no significa que aprecien el contenido que se les ofrece. La prueba está en que cuando la propuesta tiene nivel, alcanza un porcentaje de audiencia más alto que los productos mediocres. ¿Alguna vez se hizo encuesta de si hay con esta programación más o menos televisores apagados, o sintonizados en canales “de cable”? Los medios tienen obligación de ejercer docencia, de destacar las buenas actitudes y los modos correctos de hablar, y paralelamente, los organismos del Estado deben necesariamente controlar los contenidos y los horarios en que se emitan. Deben ser un medio y no un fin en sí mismos. Para que quede claro, el fin no debe justificar los medios. |
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