030509 - "Siempre esos ojos que miraban, vigilantes, en el trabajo o
comiendo, en casa o en la calle, en el baño o en la habitación, en
vigilia o en el sueño: no había privacidad posible". -
George Orwell, 1984 .
Ya nadie duda de que estamos todos vigilados, observados y fichados. En
el paseo, en el mercado, en el autobús, en el banco, en el metro, en el
estadio, en el aparcamiento, en las carreteras... alguien nos está
mirando por el ojo de las nuevas cerraduras digitales. Múltiples mallas
de vigilancia nos acosan por todo el planeta, la mirada penetrante de
los satélites nos persigue desde el espacio, las pupilas silenciosas de
las cámaras nos controlan por las calles, el sistema Echelon (1)
inspecciona nuestras comunicaciones, y los chips RFID (2) revelan
nuestro perfil de consumidor. Cada uso del ordenador, de Internet
(Google, YouTube, MySpace...) o de la tarjeta de crédito deja huellas
imborrables que delatan nuestra identidad, nuestra personalidad,
nuestras inclinaciones. Se ha cumplido el viejo recelo de
George Orwell
que nos pareció, durante tanto tiempo, utópico o excesivamente paranoico
(3).
Se ha roto el necesario equilibrio entre libertad y seguridad. Con la
intención de proteger al conjunto de la sociedad, las autoridades, en
nuestras modernas democracias, tienden hoy a ver en cada ciudadano a un
virtual maleante. La guerra sin cuartel contra el terrorismo
-preocupación dominante en el último decenio- ha procurado una impecable
coartada moral y favorecido la acumulación de un impresionante arsenal
legal (4) que está permitiendo llevar a cabo el proyecto de control
social integral. Los "progresos" tecnológicos (informático y digital)
también han ayudado y las autoridades tienen cada vez mejores
herramientas para la vigilancia electrónica.
"Habrá menos privacidad, menos intimidad, pero mayor seguridad", nos
dicen. Y en nombre de ese nuevo imperativo categórico, se ha instalado
de modo progresivo e indoloro, un régimen de dominación que podemos
calificar de "sociedad de control". Con la particularidad de que -a
diferencia de las precedentes "sociedades disciplinarias" que confinaban
a los rebeldes o descarriados en lugares cerrados (cárcel, reformatorio,
manicomio)-, la sociedad de control encierra a los sospechosos (o sea, a
casi todos los ciudadanos) al aire libre y los mantiene bajo acecho
constante. A veces, mediante los aparatos-chivatos que libremente ellos
mismos han adquirido: ordenadores, teléfonos móviles y otros
dispositivos informáticos (tarjeta de crédito, agenda electrónica tipo
Palm, billetes de transporte, GPS, etc.). Y otras veces, gracias al uso
de sistemas discretos y emboscados que atisban los movimientos de cada
persona, como los radares de carreteras o las cámaras de video
vigilancia
(5).
Éstas se han multiplicado hasta tal punto que, en el
Reino Unido, por
ejemplo, donde se han instalado más de cuatro millones de ellas (una por
cada quince habitantes), una persona puede ser filmada hasta 300 veces
al día... Las nuevas cámaras Gigapan, de ultra alta resolución (más de
mil millones de píxeles) permiten, en una sola imagen y por un
vertiginoso efecto de zoom, el fichaje biométrico del rostro de cada uno
de los miles de espectadores presentes en un estadio, en una
manifestación o en un mitin político (6).
>>El
panóptico: Teoría de vigilancia y control>>
Aunque los estudios serios demuestran la poca eficacia de la
video vigilancia, la confianza en esta tecnología sigue en aumento.
Aprovechando la paranoia antiterrorista que ellos mismos han creado,
algunos gobiernos han constituido batallones de confidentes voluntarios
civiles que informan de lo que oyen y ven a las autoridades. El
Departamento de Justicia de
Estados
Unidos lanzó en 2002, bajo la
presidencia de
George W. Bush, la Operation Tips (Operación Soplos) para
convertir en confidentes a más de un millón de trabajadores cuya
particularidad era la de entrar en los hogares de la gente (fontaneros,
antenistas, albañiles, electricistas, jardineros), que debían llamar a
un número de teléfono de la policía si notaban algo sospechoso.
Pasar de una sociedad informada a una de informantes es el proyecto que
acaba de lanzar la Asociación de Sherifs de frontera de Texas (Texas Border Sheriff ‘s Coalition ) que ha colocado quince cámaras de
video vigilancia a lo largo de la frontera con México en puntos aislados
y estratégicos. Las cámaras están conectadas a
Internet (www.blueservo.net)
y cada ciudadano, a través del mundo, instalado en su casa frente a su
ordenador, puede espiar las áreas desérticas texanas o las riberas del
Río Grande. Si ve pasar a algún emigrante clandestino puede denunciarlo
con un simple correo electrónico. Cerca de treinta millones de
individuos, de diversos países, ya han aceptado la función de confidente
voluntario de la policía de Texas para luchar contra la inmigración
clandestina. Es fácil de imaginar que, con la agravación de la crisis
económica actual y el brutal aumento de la xenofobia, si se instalase en
Europa, a lo largo de las costas del Mediterráneo, un sistema semejante
de cámaras de vigilancia, el número de espías civiles voluntarios sería
sin duda importante.
Es una de las perversiones de la actual sociedad de control: desea
convertir a los ciudadanos, a la vez, en vigilados y en vigilantes. Cada
uno debe espiar a los demás, al tiempo que es él mismo espiado. O sea,
en un marco democrático en el que cada individuo está convencido de
vivir en la mayor libertad, la realización del objetivo represivo máximo
de las sociedades totalitarias.
-
Le Monde Diplomatique
Notas:
(1) Sistema de espionaje planetario de las llamadas telefónicas y del
correo electrónico, dependiente de la Agencia de Seguridad Nacional
estadounidense (NSA, por sus siglas en inglés).
(2) Identificación por radiofrecuencia.
(3) Orwell lo concibió, en 1948, para denunciar a la sociedad
estalinista, en contraste con el Occidente "de democracia y libertad".
(4) La Ley de Videovigilancia aprobada en 1997 permitió, en España, la
instalación en lugares públicos de cámaras de vigilancia "para velar por
la seguridad ciudadana". Uno de los aspectos más criticados de esta Ley
es que la mayoría de los ciudadanos ignora que están siendo filmados,
algo que vulnera la Ley Orgánica de Protección de Datos (LOPD) de 1999.
(5) Léase Armand Mattelart, Un Mundo vigilado, Paidós, Barcelona, 2009.
(6) Véase, por ejemplo, la imagen de la toma de posesión del Presidente
Barack Obama: http://gigapan.org/viewGigapanFullscreen.php?auth=033ef14483ee899496648c2b4b06233
Léase también, Carlos Martínez, "Todos fichados", Rebelión , 30 de marzo
de 2009.