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El conflicto entre China y EEUU se recrudece. Parte 3
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090510 -
Auge y decadencia de las potencias económicas -

La confrontación externa o la reestructuración interna de EE.UU.

Estados Unidos tiene déficit comercial con al menos 91 países además de China, lo que demuestra que es un problema estructural de su economía. Cualquier medida punitiva para restringir las importaciones de China sólo incrementaría el déficit de Washington con otros exportadores de la competencia. Una disminución de las importaciones de China no produciría un aumento de los fabricantes estadounidenses debido a la situación de subcapitalización de éstos, directamente relacionada con la posición preeminente del capital financiero en la captación y asignación del ahorro. Por otra parte, terceros países podrían reexportar los productos elaborados en China, colocando a EE.UU. en la poco envidiable posición de tener que elegir entre iniciar una guerra comercial generalizada o aceptar el hecho de que una economía financiera-comercial no es competitiva en la economía mundial actual.

La decisión de China de desviar de forma creciente su superávit comercial de la compra de bonos del Tesoro de EE.UU. hacia inversiones más productivas de desarrollo de su hinterland y de creación de empresas ultramarinas en los sectores de las materias primas y la energía obligará eventualmente al Tesoro estadounidense a elevar las tasas de interés para evitar la salida en gran escala de dólares. El aumento de las tasas de interés puede beneficiar a los operadores de divisas, pero podría debilitar la recuperación o hundir al país de nuevo en una depresión. Nada debilita más un imperio global que tener que repatriar sus inversiones en el extranjero y limitar los préstamos en el extranjero para impulsar una economía nacional en decadencia.

La aplicación de políticas proteccionistas tendrá un gran impacto negativo en las transnacionales estadounidenses que operan en China, ya que la mayor parte de sus productos se exportan al mercado de Estados Unidos. El remedio sería tan malo como la enfermedad. Por otra parte, una guerra comercial podría extenderse y afectar negativamente a los grandes fabricantes de automóviles que producen para el mercado chino. General Motors y Ford obtienen altos beneficios en China, pero no en EE.UU., donde registran números rojos [44] . Una guerra comercial tendría en un primer momento un impacto negativo en China, hasta tanto el país aprovechase su potencial mercado interno de 400 millones de consumidores. Además, los responsables de las políticas chinas están diversificando rápidamente sus mercados hacia Asia, América Latina, África, Oriente Próximo, Rusia e incluso la UE. El proteccionismo comercial puede crear unos cuantos empleos en determinados sectores manufactureros poco competitivos, pero puede costar muchos más en el sector comercial, como Wal-Mart, que depende de la venta de artículos de bajo precio a los consumidores de bajos ingresos.

La belicosa retórica comercial del Congreso estadounidense y las políticas agresivas adoptadas por la Casa Blanca son posturas peligrosas, destinadas a desviar la atención de las marcadas debilidades estructurales de los fundamentos del imperio. El sector financiero, tan firmemente implantado, y la metafísica militar, también dominante que dirige la política exterior han llevado al país cuesta abajo hacia crisis económicas crónicas, interminables guerras, profundización de las desigualdades de clase y raciales, y empeoramiento del nivel de vida.

En un orden mundial nuevo, multipolar y competitivo, Estados Unidos no puede seguir sus políticas anteriores de bloqueo del acceso de una nueva potencia imperial a los recursos estratégicos mediante el boicot colonial. Ni siquiera en países bajo ocupación estadounidense, como Iraq y Afganistán, puede impedir que China firme lucrativos acuerdos de inversión y comercio. Y respecto a países de la esfera de influencia estadounidense, como Taiwán, Corea del Sur o Japón, la tasa de crecimiento del comercio y de inversión con China es muy superior a la de EE.UU. Salvo llevando a cabo un bloqueo militar unilateral, EE.UU. es incapaz de contener el ascenso de China como actor económico mundial, un poder imperial de reciente aparición.

La principal debilidad en China es interna, de divisiones y de explotación de clase, que la elite política actualmente en el poder, con profundos vínculos familiares y económicos, podría mejorar, pero que no puede eliminar [45] . Hasta ahora China ha sido capaz de proyectarse en el ámbito internacional a través de una forma de “imperialismo social”, con la distribución de una parte de la riqueza generada en el extranjero entre una creciente clase media urbana y los emergentes gestores, profesionales, especuladores de bienes raíces y cuadros regionales del partido.

Por su parte, las políticas militares de Estados Unidos han resultado altamente costosas y no han aportado beneficios económicos, antes bien han causado daños de largo alcance a la economía civil, tanto en su aspecto interno como externo. Iraq y Afganistán no compensan al tesoro imperial de manera comparable a lo obtenido por El Reino Unido en su saqueo de India, Sudáfrica y Rhodesia (Zimbabwe). En un mundo cada vez más basado en las relaciones de mercado, las guerras de estilo colonial no tienen futuro económico. Grandes presupuestos militares y cientos de bases militares y alianzas militares con estados neocoloniales son el medio menos eficiente para competir con éxito en un mercado globalizado. Esa es la razón por la cual Estados Unidos es un imperio en decadencia y China es un imperio de reciente aparición de un nuevo tipo.

La transición de imperio a república

Frente a la demostrable decadencia económica de Estados Unidos, ¿puede la clase gobernante reconocer que su imperio no es sostenible, por no hablar de deseable? EE.UU. puede aumentar sus exportaciones a China y su participación en el comercio mundial, y equilibrar sus cuentas sólo si lleva a cabo profundos cambios políticos y económicos.

Solamente una revolución política y económica puede revertir la decadencia de EE.UU. La clave está en equilibrar su economía transformándola de una economía financiera en una economía industrial, pero cualquier cambio de este tipo requiere la lucha de clases contra el poder arraigado en Wall Street y Washington [46] . Lo que pasa por ser el sector privado fabricante actual de EE.UU. no muestra tendencia un cambio histórico. Hasta ahora los fabricantes se han convertido o ha sido adquiridos por las instituciones financieras, perdiendo con ello su carácter distintivo como sector productivo.

Aun suponiendo que haya un cambio político en favor de la reindustrialización, la industria estadounidense tendría que reducir sus beneficios, aumentar sus inversiones en I+D y mejorar enormemente la calidad de sus productos para ser competitiva en los mercados nacionales y extranjeros. Deberían asignarse sumas enormes, actualmente destinadas a las guerras, el marketing y la especulación, a servicios sociales como los planes nacionales de salud y la formación y el perfeccionamiento laboral industrial para aumentar la eficiencia y la competitividad en el mercado interno.

La transferencia de un billón de dólares de los gastos militares fruto de las guerras coloniales podría fácilmente financiar la reconversión de una economía civil que produjera bienes de calidad para el consumo local y la exportación, entre otros, mercancías y productos que redujeran las fuentes de energía y los productos químicos tóxicos que perjudican el medio ambiente.

Sustituir las bases militares por misiones comerciales podría aumentar los ingresos de EE.UU. y reducir sus pagos en el extranjero. Poner fin a los vínculos políticos y a los subsidios de miles de millones de dólares a estados militarizados como Israel, y levantar las sanciones en mercados económicos de primer orden como Irán disminuiría los desembolsos del Tesoro y mejoraría los flujos económicos y las oportunidades de sectores productivos en todo el mundo musulmán, poblado por 1.500 millones de personas.

Dirigir las inversiones hacia el creciente mercado, interno y externo, de la energía y la tecnología limpias crearía nuevos puestos de trabajo y reduciría el costo de la vida, al tiempo que mejoraría los niveles de vida. Una política fiscal fuertemente gravosa para los multimillonarios, en especial para toda la élite rectora de Wall Street, y un tope máximo para todos los ingresos superiores a un millón de dólares pueden financiar la seguridad social y el sistema integral de salud pública nacional, lo que reduciría los gastos que soportan la industria y el Estado. La transición de imperio a república requiere un profundo reajuste del poder social y una decidida reestructuración de la economía de EE.UU. Sólo entonces será capaz de competir económicamente con China en la economía mundial.

La transición de potencia imperialista militarista, corroída por una élite política corrupta en deuda con una élite económica especuladora y parasitaria, a república con una economía productiva equilibrada y competitiva exige decisivas transformaciones políticas y una profunda revolución ideológica. Para llevar a cabo esta revolución política y económica es necesaria una nueva configuración del Estado, que persiga la creación de inversiones públicas industrias competitivas, profundice el mercado nacional y amplíe los servicios sociales.

Para ampliar los mercados de ultramar, Washington debe poner fin a los boicots y la sumisión militar a Israel y a la quinta columna israelí incrustada en las principales instituciones políticas y financieras que controlan el poder legislativo [47] .

Poner fin a la construcción del imperio de base militar abriría el flujo de financiación pública hacia las innovaciones tecnológicas de uso civil; levantar las restricciones a la venta de tecnología en el extranjero podría reducir aún más el déficit comercial y mejoraría la producción local a niveles competitivos.

El avance hace necesario un choque frontal con los ideólogos del capital financiero y el rechazo de sus esfuerzos por desviar la atención de su papel en la destrucción de América. En lugar de echar la culpa a China por lo que en realidad son desequilibrios estructurales de origen interno, es preciso enfrentar éstos antes de que nos conduzcan a nuevas guerras comerciales costosas y autodestructivas, si no a algo peor.

Los desequilibrios internos de China son profundos y penetrantes, y con el tiempo pueden debilitar los pilares de su expansión externa. En China, las desigualdades de clase, el desarrollo regional desigual, la riqueza privada y la corrupción pública, y el trato discriminatorio de los inmigrantes como ciudadanos de segunda categoría (un sistema de doble ciudadanía) se resolverá internamente a medida que las divisiones socioeconómicas se traduzcan en la lucha de clases. Los cambios fundamentales en el sistema de salud privatizado hacia un sistema nacional integral de salud pública son esenciales, pero estos cambios requieren un renacimiento de la lucha de clases contra el Estado y los intereses creados de particulares [48] .

Conclusión

Al igual que en el pasado, una potencia imperial en decadencia que se halle frente a profundos desequilibrios internos, pérdida de competitividad en el comercio de mercancías y dependencia excesiva de las actividades financieras, recurrirá a la revancha política, las alianzas militares y las restricciones comerciales para frenar su desaparición [49] . La propaganda, que azuza las emociones chovinistas contra China y presenta a éste país como el nuevo chivo expiatorio, y la forja de alianzas militares para rodear a este país no tienen absolutamente ningún efecto, y no han impedido que todos sus vecinos ampliasen los lazos económicos con China. Por otra parte, no hay perspectivas de que esto cambie en un futuro próximo, y China va a seguir obteniendo tasas de crecimiento de dos dígitos. El imperio estadounidense seguirá enfangado en el estancamiento crónico, las guerras sin fin y una creciente dependencia de la subversión política, la promoción de regímenes separatistas que, previsiblemente, acaban derrumbándose o siendo derrocados. A diferencia de otras potencias coloniales anteriores, EE.UU. no puede negar el acceso de China a las materias primas estratégicas, como hizo en su día con Japón. Vivimos en un mundo postcolonial en el que la gran mayoría de países comercian e invierten con quienquiera que pague el precio de mercado. China, a diferencia de Japón, depende de una seguridad de los mercados conseguida por medio de la competitividad económica –el poder del mercado– no la conquista militar. Y también a diferencia de Japón cuenta con una multitud de trabajadores, por lo que no le es necesario conquistar y explotar el trabajo extranjero mediante colonización.

La construcción del imperio de China está en sintonía con los tiempos modernos, y viene impulsada por una élite libre de hacer frente al mundo en sus propios términos, a diferencia de unos EE.UU. plagados de especuladores financieros que se comen la economía y la erosionan causando estragos en los centros industriales y convirtiendo las casas abandonadas en estacionamientos de automóviles.

Mientras la actual élite imperial de EE.UU. se encuentra perpleja sopesando la forma en que puede contener el ascenso de China a potencia mundial, la masa de la clase obrera estadounidense no encuentra el modo de pasar de un imperio militar a una república productiva. La decadencia económica y las élites políticas y sociales establecidas han conseguido despolitizar el descontento; las crisis económicas sistémicas han sido convertidas por ellos en enfermedades privadas individuales. A más largo plazo, algo se tiene que romper. El militarismo y el poder sionista desangrarán a Estados Unidos, y lo aislarán de tal modo que la necesidad inducirá una respuesta contundente. Cuanto más tiempo tome, más violento será el renacimiento de la república.

Los imperios no mueren en paz, y las élites económicas instaladas en su extraordinaria riqueza y poder no renuncian pacíficamente a sus posiciones privilegiadas. Sólo el tiempo dirá cuánto tiempo el pueblo de Estados Unidos es capaz de soportar la expropiación de sus viviendas, la servidumbre a sus empresarios, la colonización de la quinta columna y el imperio basado en el poder militar que llevan a la descomposición interna - Traducido para Rebelión por S. Seguí

Notas

[1] Ian Kershaw, Hitler: 1936-1945, vol.2, Londres 2008. Según el eminente estudioso Frederick Clairmont: “Para Hitler, India era el modelo de imperio colonial depredador, y afirmaba jubilosamente que la Unión Soviética sería su India.” “Operation Sea Lion: Looking Back”, carta a un colega de la Sorbona, abril 2010.

[2] Gabriel Kolko, Políticas de guerra, Grijalbo 1974

[3] Chalmers Johnson, Nemesis: The Last Days of the American Republic, Metropolitan Books 2007

[4] James Petras, The US and China: One Side is Losing, the Other is Winning y The US and China: Provoking the Creditor, Hugging the Holyman, en petras.lahaine.org

[5] Herbert Bix, Hirohito and the Making of Modern Japan, Harper-Collins 2000

[6] Edward Miller, Bankrupting the Enemy: The US Financial Siege of Japan before Pearl Harbor, US Naval Institute Press 2007

[7] James Petras y Morris Morley, “The Imperial State”, en James Petras et al. Class, State and Power in the Third World, Allenheld and Osmund 1981

[8] Defense Strategy for the 1990’s, publicado más tarde como Defense Planning Guidance, borrador 1992

[9] Diana Johnstone, Fools Crusade: Yugoslavia, NATO and Western Delusions, Monthly Review 2002

[10] Los manifiestos neoconservadores son emblemáticos de esta nueva élite de poder. Véase The Project for the New American Century, Information Clearance House, 2000

[11] En relación con los altos cargos estadounidenses que han promovido la guerra con Iraq véase James Petras, The Power of Israel in the United States, Clarity Press 2006

[12] La clase gobernante china ha producido varios centenares de multimillonarios y probablemente las peores desigualdades de Asia. Véase The Financial Times (FT) 30.3.2010

[13] La promoción y el crecimiento de nuevas industrias chinas de alto nivel tecnológico han conducido a controles más estrictos de las transnacionales tecnológicas extranjeras (FT 22.2.2010). China sustituye a EE.UU. como mayor fabricante de turbinas de viento y mayor productor de “carbón limpio” (FT 29.3.2010). Sobre el creciente control chino de su economía véase FT 8.4.2010.

[14] En casi cada número del Financial Times hay al menos un artículo en el que se responsabiliza a China de los “desequilibrios globales”. Véase FT 31.3.2010, 6.4.2010, etc.

[15] El presupuesto militar estadounidense se ha más que duplicado en los últimos diez años, alcanzándose la cifra de un billón de dólares, del que el 70% corresponde a los gastos de las actuales guerras y la preparación de otras nuevas, y el resto para el pago de pensiones y otros.

[16] En los casos de Kenia y Zimbabue (antes Rhodesia), la potencia imperial británica accedió a conceder la independencia ante la prolongada resistencia, a cambio de generosas compensaciones a los propietarios europeos por las propiedades perdidas.

[17] James Petras, The Power of Israel in the United States y Zionism, Militarism and the Decline of US Power, Clarity Press 2008

[18] Esto es especialmente el caso de las sanciones del gobierno estadounidense contra Irán, Siria y antes Iraq, promovidas por la configuración de poder sionista. China ha realizado recientemente, entre otras, una inversión de 5.000 millones de dólares en los yacimientos gasíferos iraníes, Global Research 8.3.2010

[19] En 2010, China y en menor medida India han sustituido a Estados Unidos como principales importadores de petróleo saudí, FT 22.2.2010.

[20] En un cálculo per cápita, Israel tiene las mayores fuerzas armadas, el mayor número de aviones de combate y de bombas nucleares del mundo. Con el respaldo de Estados Unidos ha invadido más países que el resto de países de Oriente Próximo juntos.

[21] Chalmers Johnson, The Sorrows of Empire, Owl Books 2005

[22] Desde 2000, Estados Unidos ha entregado 6.000 millones de dólares a Colombia como respaldo al ejército, la policía secreta y los escuadrones de la muerte, y tiene más de mil consejeros militares y mercenarios operando en Colombia. Los acuerdos militares con Brasil y el resto de América Latina tienen un carácter mucho menos intrusivo.

[23] El desplazamiento de EE.UU. como socio comercial dominante en América Latina, en beneficio de China, recibió una atención ínfima comparado con la que recibe la visita de cualquier dirigente israelí.

[24] Por ejemplo, el gobierno satélite de Kirguistán ha sido derrocado en 2010, el de Ucrania derrotado electoralmente en 2009, y el de Georgia se enfrenta a una oposición popular masiva a raíz de su desastrosa aventura militar.

[25] James Petras, US-Venezuela Relations: Imperialism and Revolution, petras.lahaine.org 5.1.2010

[26] Véase “China Mobile Group axes Google”, Financial Times, 25.3.2010 y 22.2.2010

[27] Congressional Research Services, “China’s Holdings of US Securities: Implications for the US Economy”, 30.7.2009

[28] Véase el informe sobre las acusaciones del Congreso de EE.UU. a China de manipulación monetaria, Financial Times, 6.4.2010

[29] Yang Yao, “Renmibi Adjusted will not Cure Trade Imbalances”, FT 12.2.2010

[30] Stephan Roach, “Blaming China will not Solve America’s Problems”, FT 30.3.2010

[31] Véase FT del 22.2.2010, sobre los temores a una burbuja. Dos meses más tarde, China había “deshinchado” la burbuja, al forzar a los bancos a reducir sus préstamos en un 43% en el primer trimestre, Al Jazira, 15.4.2010

[32] En contra de las acusaciones de descuidar su mercado interior, éste creció en un 15% el pasado año. Las importaciones chinas están creciendo a un ritmo mayor que sus exportaciones. Véase Jim O’Neill “Tough Talk on China Ignore Economic Reality”, FT, 1.4.2010

[33] Financial Times, 12.4.2010

[34] “Obama to press Hu on Teheran Sanctions”, FT 13.4.2010

[35] En una reunión del G20, EE.UU. hizo circular una carta de condena a China, pero sólo cinco países la firmaron. “G20 attack China on exchange rate”, FT 31.3.2010

[36] China marcha en primer lugar, destacado, en energías limpias. Sus inversiones sobrepasaron las de EE.UU. en 2009, y es el primer inversor en tecnologías de energías renovables, con un incremento de la capacidad instalada del 79% en 5 años. BBC News, 26.3.2010

[37] Financial Times, 12.4.2010. Proyección de crecimiento basada en el primer trimestre de 2010.

[38] Al Jazira, 12.3.2010

[39] Cf. China Daily, 24.3.2010 sobre los diferentes enfoques relativos a Afganistán.

[40] La dinámica política china para asegurarse el suministro de materias primas queda ilustrada por sus masivas inversiones en minas de hierro en Rusia y África, FT 13.4.2010

[41] Al Jazira, 5.3.2010

[42] El comercio entre China y EE.UU. representa hoy únicamente el 12% del comercio total chino. FT, 30.3.2010

[43] “Shangai plans to equal New York as a global financial centre by 2020”, FT 24/25.4.2010

[44] Financial Times, 13.4.2010

[45] “China vows to tackle the social divide”, Al Jazira 5.3.2010

[46] En relación con una recomendación similar de “reequilibrar” el peso en la economía británica del sector financiero y el sector I ndustrial, véase Ken Coults y Robert Rowthorne "UK: Either a Large Trade Surplus or Grim Prospects for Profits and the Fiscal Deficit", citado en FT 14.4.2010

[47] Tras una votación que arrojó 300 votos a favor y 10 en contra, el Congreso firmó una carta elaborada por el lobby israelí AIPAC de respaldo a Israel y exigencia a Obama de que se retracte de sus “presiones” sobre Israel para que deje de apropiarse de tierras palestinas. Véase FT 24/25.4.2010

[48] Waikeung Tam, “Privatizing Health Care in China: Problems and Reforms”, Journal of Contemporary Asia, vol. 40(1), feb. 2010, p. 63-81

[49] “US tightens missile-shield encirclement of China and Russia”, Global Research, 4.3.2010

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