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080608 - Todos
creen que el conflicto debe terminar. Pero no termina, aunque se
levante el paro desde esta noche. Todos discuten temas distintos
pero el resultado es similar, y el conflicto sigue.
Para el Gobierno, demostró dos cosas:
–Son vulnerables, también le “entran las balas”. (“Tenemos que
entender que ya no hay una aprobación del sesenta y pico, ahora
será del cuarenta”, se lamentaba un altísimo funcionario días
atrás.)
–Deben reconstruir la autoridad presidencial. La figura del
doble comando es anterior al paro agrario, pero creció a su
sombra. Hay quienes creen que el Gobierno, con la creciente
presencia de Néstor K, cava su propia fosa. En la Rosada
sostienen lo contrario: Néstor aporta y apuntala, no quita votos
sino que los suma. En ese contexto, la tapa de Crítica de la
Argentina del pasado miércoles fue reveladora: mostró al
Presidente desnudo y ayudó a explicar la pelea desde su
estrategia política. El Kirchner-zen que se dispone a una lucha
larga y dolorosa no parece el Kirchner sobreactuado de las
“amenazas a los oligarcas” o el extemporáneo que cita a
Tamborini-Mosca para anular Rosario.
–¿Y si mañana se juntan diez empresas y dicen que no quieren
pagar más el impuesto a las ganancias? –sintetizó Alberto F en
una reunión de la mesa chica.
El Gobierno discute, en el fondo, quién gobierna. A medida que
se agrandan los reclamos del campo y salen de la discusión
puntual para discutir el modelo económico global, el Gobierno se
frota las manos: ése es su terreno, ahí pueden responderle que
formen un partido y compitan en las urnas.
Es cierto: gobernar no significa ceder sin más a las presiones
de un sector. Pero tampoco es ignorar al resto y aplicar
políticas manu militari.
–Martín se equivocó –dicen ahora los ministros que
sobrevivieron. Pero el anuncio inconsulto del aumento de las
retenciones no fue un caso aislado: formó parte de una política
agropecuaria que nunca, en los últimos seis años, existió. O que
tuvo pequeños y aislados períodos de vida.
La posición oficial respecto de los pools de siembra es endeble:
los critican, acusándolos de maximizar ganancias, pero uno de
sus cuestionadores,
Jorge Capitanich, fundó un
pool de soja transgénica y el propio Gobierno aún mantiene
la medida dictada por Cavallo de eximir a los fideicomisos de
impuestos a las ganancias e ingresos brutos. El progresismo que
mantiene el IVA al 21% y a la transferencia de acciones sin
pagar un peso es difícil de creer.
Y del otro lado, las imágenes de la leche derramada. Importa
poco la explicación técnica que pueda darse: los camiones
tirando leche significan leche que no llega a los hogares
pobres, en un país donde un tercio de la población vive por
debajo de la línea de pobreza. Si pudiera calificarse, la de hoy
de Crítica de la Argentina es una “edición urgente”: intentamos
reunir, en una misma mesa, Gobierno, oposición, intelectuales,
ruralistas, Iglesia, para discutir cómo será el país que sigue.
El que empieza mañana. Cuando los dos sectores vuelven a mover
las piezas.
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