0306 - Pese a los esfuerzos del estado
federal mexicano para combatirlos, los narcotraficantes mexicanos ahora
son los principales suministradores de drogas en EE.UU., imponiéndose a
las mafias colombianas, dominicanas, rusas, israelíes, nigerianas,
asiáticas y jamaiquinas; al tiempo que extienden sus tentáculos hacia el
Perú para controlar el segundo mayor centro de producción de cocaína del
mundo, incluso mediante posibles lazos con Sendero Luminoso. Un profundo
trabajo de investigación nos permite ingresar a las entrañas actuales de
estos grupos criminales a fin de vislumbrar sus reales potencialidades y
debilidades, así como el grave peligro que representan para los países
donde proyectan su tenebroso accionar.
"Conoce a tu enemigo tanto como a ti mismo y ni en cien batallas serás
derrotado": Sun Tzu,
El arte de la guerra
(siglo V, a. C.).
Investigaciones sobre la estructura y proyección de las mafias del
narcotráfico realizadas por agencias antinarcóticos y servicios secretos
del Perú, México y Estados Unidos (EE.UU.), identifican a siete
principales cárteles de la droga en territorio mexicano, quienes
perpetran sus acciones mediante alianzas estratégicas y grupos celulares
compartimentados que maniobran con relativa autonomía económica y
operacional, utilizando mecanismos y redes clandestinas para el
encubrimiento, corrupción, represión e impunidad, infiltrados en
diversos niveles del estado federal mexicano.
Claramente las organizaciones del narcotráfico mexicano más poderosas
son: el "Cártel de Tijuana" de los hermanos Arellano Félix, el "Cártel
de Colima" de los hermanos Amezcua Contreras y el "Cártel de Juárez",
legado de los Carrillo Fuentes; a quienes se añaden, el "Cártel de
Sinaloa", de Joaquín "El Chapo Guzmán" en complicidad con Héctor Luis
Palma Salazar, "El Güero Palma", y el "Cártel del Golfo" comandado por
Osiel Cárdenas. Pero estas comunidades criminales, no están completas
sin el grupo de Pedro Díaz Parada "El Cacique Oaxaqueño" y el "Cártel
del Milenio"de la familia Valencia.
Desentrañando su centro de gravedad
Ahondando en el interior de estas mafias, establezcamos la ubicación
geográfica donde maniobran y tienen su centro de gravedad: el Cártel de
Tijuana, liderado por Francisco "El Tigrillo" Arellano Félix y Manuel
Aguirre Galindo "El Caballo", se caracteriza por ser uno de los grupos
más violentos, y tiene su zona de influencia en Tijuana, Mexicali,
Tecate, Ensenada y El Valle, actuando entrelazado con Francisco Cázares
Beltrán y miembros de la familia Zatarín, mantiene grupos operativos en
los municipios de Mazatlán, Culiacán y la Noria, en Sinaloa;
simultáneamente, hay fuertes indicios sobre un pacto soterrado para el
tráfico de drogas y el lavado de activos, entre los cárteles de Tijuana
y del Golfo.
Por su parte el Cártel de Colima, de los hermanos Amezcua Contreras,
señalados como los "Reyes del Éxtasis", ha consolidado su región de
expansión en siete estados: Baja California, Nuevo León, Aguascalientes,
Jalisco, Colima, Michoacán y Distrito Federal, teniendo sus principales
plataformas de operaciones en Colima, Tijuana, Guadalajara y Apatzingán;
destacando entre sus pares, por los numerosos "laboratorios"
clandestinos que posee y su eficaz método para la fabricación de drogas
sintéticas mediante la importación masiva e ilegal de seudoefedrina,
efedrina y fenilpropanolamina, cuya venta como insumos farmacéuticos
recién está siendo controlada en México.
En lo concerniente al Cártel de Juárez -herencia de Amado Carrillo
Fuentes, "El señor de los cielos", fallecido en 1997 durante una cirugía
estética, y de Ismael "El Mayo" Zambada (encarcelado pero aún activo);
sigue como la organización con mayor capacidad y flexibilidad operativa
en México, gracias a que no sólo se dedica al trasiego de cocaína y
marihuana, sino también facilita el traslado de heroína por sus
territorios de influencia a cambio de cuotas de estupefacientes;
conservando un férreo dominio en 21 estados: Chihuahua, Sonora,
Coahuila, Sinaloa, Durango, Zacatecas, Nuevo León y Tamaulipas; también
en Jalisco, Michoacán, Querétaro, Morelos, Distrito Federal, Puebla,
Oaxaca, Veracruz, Tabasco, Chiapas, Campeche, Yucatán y Quintana Roo.
Aunque siete de sus líderes fueron apresados, el
grupo de los Carrillo Fuentes sobresale gracias a la habilidad para
el lavado de activos, por medio de la compra y venta de hoteles,
casinos, constructoras, casas de
cambio de divisas, gasolineras, líneas aéreas, cadenas de farmacias,
entre otros, sin dejar de estrechar nexos con organizaciones
independientes, como la de Juan y Héctor Beltrán Leyva, Ignacio
Coronel y células colombianas y peruanas, teniendo como eficaz
operador al experimentado capo Juan Esparragoza Moreno, "El Azul".
Se conoce que sus cabecillas se movilizan desde
Ciudad Juárez, Ojinaga, Culiacán, Monterrey, Distrito Federal,
Cuernavaca, Guadalajara y los balnearios de Cancún y Acapulco.
Gracias a su alianza con los cárteles de
los Valencia y de Sinaloa, el Cártel de Juárez afianza su teatro de
operaciones en Durango, Sinaloa, Guerrero y Michoacán, donde cultiva
marihuana y amapola (insumo de la heroína), las dos únicas drogas de
origen natural que produce México, ya que la cocaína se importa
desde Sudamérica.
A su turno, el Cártel de Sinaloa, de "El Chapo Guzmán" o Joaquín
Guzmán Loera, acciona en 17 estados mexicanos: Baja California,
Sonora, Sinaloa, Durango, Zacatecas, Nayarit, Nuevo León,
Tamaulipas, Jalisco, Colima, Guanajuato, México, Morelos, Distrito
Federal, Guerrero, Chiapas y Quintana Roo. Usando como centros de
comando las ciudades de Tepic, Nayarit, Distrito Federal, Cuatlitlán
y Toluca.
En rumbo de colisión
La peligrosidad de "El Chapo Guzmán" se patentizó cuando ordenó la
tristemente célebre balacera en la discoteca "Christine", el
homicidio del Cardenal Posadas Ocampo, la ejecución de Rodolfo
Carrillo Fuentes (capo del Cártel de Juárez), y al protagonizar en
el 2001, una fuga espectacular desde el penal de máxima seguridad de
Puente Grande (Jalisco); además su organización tiene fuertes lazos
con las mafias colombianas, y hace poco, se descubrió que el ex
Director de la Coordinación de Giras del Presidente Vicente Fox,
Nahum Acosta, filtraba información al Cártel de Sinaloa.
Dicho escenario del narcotráfico incluye otro temido actor: el
Cártel del Golfo, liderado por Osiel Cárdenas Guillén "El Mataamigos",
funciona con un brazo paramilitar de sicarios integrado por
desertores del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales del Ejército
mexicano, "Los Zetas", y por ex-comandos de elite del Ejército de
Guatemala, "Los Kaibiles"; quienes actúan de manera muy violenta al
perpetrar ajustes de cuentas o al hacer respetar sus ámbitos de
influencia, frente a las arremetidas de otros cárteles.
El Cártel del Golfo tiene sus dominios en Nuevo Laredo, Matamoros,
Reynosa y Miguel Alemán en Tamaulipas, así como Morelia en
Michoacán. Aunque Osiel Cárdenas está preso desde marzo del 2003,
informes de inteligencia afirman que continúa manejando su
organización desde el Penal de La Palma (México), con la ayuda de su
hermano Ezequiel Cárdenas Guillén.
De otro lado, la mafia de Pedro Díaz Parada "El Cacique Oaxaqueño",
es a la fecha, la más grande productora y traficante de marihuana en
la zona del Istmo de Oaxaca, sin que por ello haya descuidado el
contrabando de cocaína.
Su territorio criminal abarca siete estados: Chihuahua, Durango,
Tamaulipas, Distrito Federal, Veracruz, Oaxaca y Chiapas; teniendo
sus pilares más importantes en Santa María Zoquitlán en Oaxaca y
Arriaga en Chiapas.
El Cártel del Milenio o Cártel del Aguacate, encabezado por Armando
Valencia "El Maradona"-actualmente preso- y su primo Luis, a quien
se recuerda por ordenar el asesinato de su otro primo, el capo
Rodolfo Valencia Contreras; demuestra un gran dinamismo y mucho
potencial para dejar de ser una banda menor y robustecer sus
dominios en Nuevo León, Tamaulipas, Jalisco, Colima, Michoacán y
Distrito Federal, siempre desde su cuartel general ubicado en
Guadalajara, capital de Jalisco.
A esta lista negra, se añade el Cártel de Chihuahua o Cártel de los
Arriola, dirigido por los hermanos Óscar Arriola Márquez (capturado
en enero del 2006), Miguel y Luis Arriola Márquez (presos desde el
2004), cuyo epicentro se encuentra en Saucillo, estado de Chihuahua,
Coahuila y Nuevo León. Este grupo -que está ligado con el Cártel de
Sinaloa y con el de Juárez- es muy proclive a lavar activos mediante
gasolineras, distribuidoras de alimentos, constructoras, tiendas de
automóviles y procesadoras de ganado en México y EE.UU. Igualmente,
se dedica al trasiego, comercialización y distribución de droga en
Colombia, Venezuela y EE.UU. utilizando a México como base
operativa.
Otros rasgos del monstruo
Una precisión: hasta fines del 2005, los narcotraficantes en la
frontera de Nuevo Laredo, pagaban 280 dólares por transportar un
kilo de heroína; 180 de cocaína; 110 de metanfetaminas y sólo 12
dólares por el Kilo de marihuana.
Es que para esta hierba prefieren los camiones: el paquete pesa unos
9 kilos y colocado en EE.UU. vale 25 mil dólares, por ello suelen
traficar entre 1 y 5 toneladas de marihuana.
Si la marihuana es llevada en automóvil se paga mejor al "burro": 58
dólares por kilo en lugar de los 12 si es en camión, debido al
riesgo de ser descubierta. De todas maneras los camiones son los más
detectados,
principalmente por el Ejército: el 90% de esos vehículos revisados
en el 2005, traían droga. A su vez, el 60% de los autos contenía
estupefacientes. Del mismo modo, se paga más por el contrabando de
drogas químicas y
naturales en la costa del Océano Pacífico y menos por la del Golfo
mexicano.
Pero el pago aumenta mucho si el transporte es por aire o mar. El
motivo: los envíos son mayores.
Otro detalle revelador: en el estado de México, sede del Distrito
Federal, las mafias han establecido sus reales en la zona oriente:
Netzahuatcóyotl, Chimalhuacán, Ecatepec y en Iztapalapa, donde el
control del tráfico de
drogas fue durante mucho tiempo liderado por Patricia Buendía, "Ma'Baker",
y a pesar que ella y su sucesor Carlos Morales, ya fueron apresados,
los narcotraficantes al menudeo siguen obteniendo ingentes ganancias
con gran impunidad.
En verdad, el corredor de Ecatepec, que incluye parte de las
circunscripciones de la capital mexicana: Gustavo A. Madero y
Venustiano Carranza, es dominado por las mafias rusa, colombiana y
nigeriana, quienes han incursionado además en la prostitución,
contrabando y piratería, junto al tráfico de personas y armas,
teniendo al barrio de Tepito como zona de contactos donde se mueven
con mucha libertad.
En simultáneo, la península de Yucatán es considerado el territorio
más usado para el arribo de cargamentos de cocaína, esencialmente
procedentes de Colombia y Centroamérica. Sobre las playas de
Quintana Roo se desembarca continuamente alijos de droga colombiana.
La ruta para el paso de estupefacientes va desde la frontera con
Belice hasta las costas de Yucatán, donde los narco-aviones
aterrizan en zonas planas de Yucatán y Campeche.
Incluso algunos servicios secretos sospechan que desde esta región
operaría Diego Montoya Sánchez "Don Diego", actual jefe del Cártel
Valle del Norte (Colombia) y el narcotraficante colombiano más
buscado por la Interpol y EE.UU.
Una frontera caliente y porosa
Marcada por un rudo clima desértico, geografía agreste, el río Bravo
y escasa población al sureste estadounidense, como parte de una
frontera binacional que se prolonga desde el Océano Pacífico hasta
el Golfo de México a través de unos 3,379 kilómetros; la región
limítrofe entre México y EE.UU. ofrece un contexto ideal para las
actividades ilegales, rebasando a los 33 puntos de cruce legítimo.
Sin duda, la lucha conjunta antinarcóticos de México y EE.UU. es una
labor titánica, dado que la frontera binacional es una de las más
activas del mundo: estadísticas oficiales indican que cada año, 90
millones de vehículos privados, 4.4 millones de camiones y 48
millones de peatones cruzan de México hacia EE.UU., y otros 1.1
millones son capturados tratando de ingresar ilegalmente. Sólo en
Ciudad Juárez (México) la población crece en 50 mil personas por
año, dado que la frontera Juárez-El Paso (Texas), recibe los
impactos más fuertes del flujo migratorio interno mexicano.
Este turbio escenario se confirma con la presencia del Alcalde de
Tijuana (México): el mexicano Jorge Hank Rhon, uno de los hombres
más ricos (tendría unos mil millones de dólares, según la revista
Forbes) y atosigados de escándalos en México; propietario del hotel
y centro comercial Pueblo Amigo, Hank lidera el Grupo Caliente, un
imperio de centros de juego y diversión que abarca el hipódromo de
Agua Caliente en Tijuana, y una cadena clandestina de casas de
apuesta en todo México.
Para colmo, Hank es uno de los más importantes contrabandistas de
animales exóticos en peligro de extinción y diversos círculos lo
acusan públicamente de tener relaciones con el Cártel de Tijuana e
incluso haber ordenado asesinatos de periodistas. Como era de
esperarse con estos antecedentes, durante su gestión edil iniciada
en el 2004, la violencia y el narcotráfico en Tijuana y ciudades
aledañas alcanza niveles nunca vistos.
Próspera y maléfica empresa
Los cárteles mexicanos ya ocuparon el primer lugar como
suministradores de drogas ilegales a EE.UU., imponiéndose a los
colombianos, dominicanos, rusos, israelíes, nigerianos, asiáticos y
jamaiquinos: proveen el 92% de la cocaína, son los segundos
abastecedores de heroína, los principales
surtidores de marihuana y están cada vez más implicados en la
producción de drogas sintéticas.
El papel de México como centro del narcotráfico estuvo creciendo
desde hace diez años, pero su control del comercio de drogas (más de
50 mil millones de dólares anuales en México) exhibe una fuerte
tendencia a consolidarse, generando un panorama siniestro, donde las
organizaciones delictivas han desatado una ola de violencia sin
precedentes a nivel nacional y especialmente en las ciudades
fronterizas, disputándose los corredores de introducción y trasiego
de drogas que van desde la frontera sur en Oaxaca y Chiapas pasando
por la costa del golfo de México hacia Tamaulipas y la frontera con
los EE.UU.
Las mafias mexicanas obtienen drogas desde varios países
sudamericanos, habiéndose especializado primero sólo en las redes de
distribución y comercialización, ahora tienden a fomentar y
controlar la producción y el traslado/recepción desde el Perú o
Bolivia y otros puntos intermedios, con la intención de dominar todo
el narco-proceso, recibiendo para ello asesoría de la mafia rusa,
israelí y estadounidense.
Un detalle actual que contradice la retórica optimista oficial: en
el documento "Estrategia Nacional Contra las Drogas", expuesto en
febrero del 2006, por la Oficina Nacional de Políticas Contra las
Drogas de EE.UU. ante el Congreso de su país, se admite que los
cárteles mexicanos, logran ganancias superiores a los 13 mil 800
millones de dólares cada año por la venta de droga en EE.UU.,
correspondiendo 8 mil 500 millones de esa cifra, al tráfico de
marihuana.
Constituyéndose esta última droga, en la fuente
primaria de utilidades para las mafias mexicanas, superando a las
ganancias potenciales que obtienen del tráfico de cocaína, heroína y
drogas sintéticas, de manera conjunta. En definitiva, unas 5.000
toneladas de marihuana, 300 toneladas de cocaína, 10 toneladas de
heroína y 12 de metanfetaminas, son introducidas cada año por los
narcotraficantes mexicanos a territorio de
EE.UU., siendo los
cárteles de Juárez, Tijuana, Sinaloa y del Golfo, los de mayor
poderío.
Nueva fuerza letal
Certificando esta trayectoria dominante, el informe: "Evaluación de
la Amenaza Nacional del Narcotráfico", entregado en enero del 2006
al Consejo de Seguridad Nacional de
EE.UU. en base a investigaciones de la
CIA, Agencia de Inteligencia del Departamento de Defensa, la DEA y
el Departamento de Seguridad Interna, entre otras agencias; concluye
que "los cárteles mexicanos se han convertido y permanecerán en el
futuro previsible como el grupo más poderoso, particularmente en la
distribución de cocaína, marihuana y metanfetaminas".
En esa línea y partiendo de sus bases de operaciones
en México, los cárteles han robustecido y expandido su accionar en
las zonas centro-oeste, en los grandes lagos y el noreste: Los
Angeles, San Francisco, San Diego, Las Vegas, Seattle, Nueva York,
Chicago, Miami, Tampa, Dallas, Houston, Kansas City, Oklahoma City,
Detroit, Atlanta, Birmingham, Little Rock y Honolulu entre otras 100
ciudades.
Complicando todavía más el tema, surge el involucramiento entre las
mafias mexicanas de las drogas y las reservas indias de EE.UU. en la
frontera con Canadá, según se desprende de una pesquisa del diario
The New York Times, en el 2006. Resulta que los narcotraficantes y
contrabandistas de armas y personas, han abierto un enorme "hoyo
negro", a través de las tierras de los indios Mohawk; con lo cual,
en el caso de la frontera canadiense, las drogas van al sur,
mientras las armas van al norte; y en el caso de la frontera
mexicana, las armas y dinero van al sur y las drogas al norte.
Logros insuficientes y cifras alarmantes
Pese a este dramático escenario, la
administración Bush asegura en su informe sobre la lucha contra
las drogas revelado en febrero del 2006, que su homólogo mexicano ha
demostrado una firme decisión política para combatir
el narcotráfico y otros delitos transfronterizos graves. Claro que
esta afirmación ha sido rebatida por varios organismos
independientes y serios, que analizan la evolución del narcotráfico
regional y mundial, argumentando
que está plagado de inexactitudes y manipulado por consideraciones
políticas.
Sin embargo, durante el régimen de Fox varios entes dedicados a
luchar contra el tráfico de drogas, han mejorado su accionar y
capacidad de análisis: como la Agencia Federal de Investigación, y
el Centro de
Planeación, Análisis e Información para el Combate a la
Delincuencia; también el Ejército y la Procuraduría General de la
República (PGR), alcanzando logros trascendentes aunque
insuficientes. Entre el 2004 y 2006, capturaron a seis capos de
diferentes cárteles: los hermanos Arellano Félix, Ismael Zambada,
Osiel Cárdenas, Óscar Arriola Márquez y al guatemalteco Otto Herrera
García (se fugó del Reclusorio Sur, en mayo de 2005).
En simultáneo, la libertad de acción de los cabecillas presos
trasluce la corrupción reinante en la capa intermedia de
autoridades, incluidos los directores de los penales que son
cooptados por los delincuentes, sin que las autoridades federales
puedan impedirlo; permitiendo que una elevada cantidad de los
crímenes que vienen ejecutando las mafias del narcotráfico (el 2005
dejaron más de 1.500 muertos a nivel nacional) fueran planificados y
ordenados desde las cárceles, poniendo al descubierto la ineficacia
del plan "México Seguro", implementado por el gobierno para contener
la violencia y el narcotráfico.
"A la prensa: plata o plomo"
Tan cruda es la realidad, que entre los medios de comunicación
mexicanos, nadie desea ingresar a la fúnebre relación de 15
periodistas que, durante la administración Fox, han sido asesinados
o desaparecidos, a manos del narcotráfico y del crimen organizado.
Los ataques contra la prensa abarcan desde Tijuana hasta Acapulco,
llegando a crear temor en ciudades que antes eran ajenas al
fenómeno, como México D.F.
Crece la sensación, que los narcotraficantes desean fijar una regla
maligna: "a la prensa, plata o plomo". A raíz de ello y ante la
impotencia o desidia del gobierno federal y gobiernos locales para
impedir o castigar los crímenescontra los periodistas, muchos medios
ya no realizan investigaciones sobre el narcotráfico y se limitan a
difundir las informaciones oficiales al respecto. Para algunos, el
recrudecimiento de los ataques en perjuicio de la prensa, estaría
logrando su objetivo de silenciar o la autocensura en diversos
medios, allanando a los narcotraficantes un proceder con mayor
impunidad.
Desde otro plano, gracias a las evaluaciones de la Universidad
Nacional Autónoma de México y de la Universidad Obrera de México, se
conoce que el narcotráfico es el principal empleador, y absorbe más
mano de obra que el
monopolio estatal Petróleos Mexicanos (Pemex) y la transnacional
americana Wal-Mart juntos: mientras en Pemex laboran unas 90 mil
personas y en Wal-Mart 100 mil, a la par, el "negocio" del tráfico
de drogas emplea y
subemplea en México a unas 250 mil personas.
Paralelamente, el costo por la inseguridad en México se estima en
108 mil millones de dólares anuales, equivalentes al 15% del PBI, y
en México D.F. esa cifra llega a 19 mil millones; los cálculos del
Instituto Mexicano para la Competitividad, incluyen gastos en
vigilancia privada, monto de lo robado, seguros, inversiones truncas
y la afectación al consumo y el trabajo. A su turno, un estudio del
Senado de Francia revela que el narcotráfico en México representa el
9% del PBI mexicano.
Pese a todo ello, al final de la gestión de Fox y como parte del
"Plan Azteca", instrumento rector de la lucha contra el
narcotráfico, el Ejército erradicó 127 mil 756 hectáreas de
Marihuana y 77 mil hectáreas de amapola;
desmanteló 3 mil 957 pistas de aterrizaje, 2 mil 137 campamentos, y
la PGR capturó a 64 mil presuntos delincuentes al servicio del
narcotráfico. Por último, aunque en el 2005 se decomisaron 30
toneladas de cocaína, 330 kilogramos de heroína, 887 kilos de
metanfetaminas, mil 760 toneladas de marihuana y 280 kilos de goma
de opio, el poder de los cárteles del narcotráfico se profundiza en
México y sus tentáculos se extienden con
fuerza hacia otros países.
La conexión peruana
Varias pesquisas sindican como uno de los responsables del
incremento de la influencia del narcotráfico mexicano en Perú y
Bolivia, a un cabecilla del Cártel de Juárez todavía prófugo, Juan
José Esparragoza Moreno, "El Azul"
(por el color de su piel), con 57 años de los cuales 30 ha dedicado
al tráfico de drogas. Esparragoza muestra gran capacidad para tejer
relaciones y coordinar acciones criminales con capos de diversos
cárteles mexicanos,
así como para ejecutar venganzas y comprar la lealtad de influyentes
jefes policiales, jueces y funcionarios gubernamentales.
En los años noventa, Esparragoza Moreno intentó conformar la
"Federación Mexicana del Narcotráfico", bautizada como "La Paz del
Norte", pretendiendo realizar un "control de daños", luego de los
asesinatos del cardenal Juan
Posadas Ocampo, del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio y
del priísta José Ruiz Massieu, ya que dichos crímenes pusieron los
reflectores internacionales sobre las organizaciones del
narcotráfico mexicanas, dificultando sus actividades. Ahora estaría
empeñado en la nueva misión de consolidar la proyección de los
cárteles mexicanos en dos de los más importantes centros mundiales
de producción de cocaína: el Perú y Bolivia.
Echando raíces en el Perú
Los rastros más notorios de una fuerte presencia de los cárteles
mexicanos en el Perú, se remontan al año 1995 cuando se capturó en
Piura, a la banda peruana "Los Norteños", intentando sacar por el
puerto de Paita (Piura) unas 3,5 toneladas de cocaína hacia
territorio mexicano (al ser capturado el cabecilla peruano de esta
mafia,confesó sus nexos con los capos mexicanos).
En los años sucesivos, se produjeron confiscaciones similares en
otros puertos norteños peruanos, comprobándose que los
destinatarios/clientes, también eran narcotraficantes mexicanos. Un
hecho adicional confirmó este rumbo: durante el 2005, por primera
vez se capturó en el Perú, a 120 mexicanos traficando droga para los
cárteles de su país.
Otro hecho de suma importancia: en el Perú la producción potencial
de cocaína alcanzó en el 2005, las 140 toneladas, siendo decomisadas
por las fuerzas del orden apenas 11 de ellas, mientras todo indica
que entre 70 y 80 toneladas estarían siendo compradas por los
cárteles mexicanos de: Juárez, Tijuana, Sinaloa y del Golfo,
quedando el resto de cocaína para el consumo interno y para ser
"exportadas" por otras organizaciones del narcotráfico.
Sin duda materia prima no les faltará, pues la ONU calcula que hasta
el 2005, en el Perú existían 53.900 hectáreas de hoja de coca, de
las cuales sólo se usan 9 mil para el consumo tradicional, medicinal
y comercial; la
diferencia está disponible para que los traficantes de drogas
produzcan cocaína, ante la falta de suficientes programas viables de
sustitución de cultivos ilegales.
En consecuencia, los cárteles mexicanos orientan los máximos
esfuerzos para afianzar su dominio en los selváticos valles del Alto
Huallaga y del Río Apurímac - Ene entre las andinas ciudades de
Ayacucho, Cuzco y Apurímac, donde adquieren cocaína de alta pureza,
siendo altamente probable que además hayan establecido nexos de
cooperación con remanentes del grupo terrorista Sendero Luminoso
(SL), dado que comparten los mismos territorios de sembríos de hoja
de coca ilegal y producción de cocaína; eso explicaría en parte, por
qué en los últimos meses SL asesinó a 13 policías en la zona.
Igualmente, aparecen serios indicios que en San Gabán (Puno), cerca
de la frontera con Bolivia, las mafias mexicanas habrían promovido
el sembrío de unas 3.500 hectáreas de hojas de coca frente a las 400
hectáreas que existían en el 2004, y también estarían tras la
propagación de cultivos ilícitos en Parques Nacionales como: Tingo
María, Manu, Bahuaja Sonene, Cordillera Azul, Otishi, Tabaconas y
Yanachaga-Chemillén.
Todo esto ocurre en un clima particular: el Perú dio un salto
cualitativo en el narcotráfico, mientras hasta la década de los
noventa era productor de pasta básica de cocaína que vendía a los
colombianos, hoy produce cocaína, debido entre otros motivos, al
"efecto globo" por la aplicación del Plan Colombia y la consiguiente
reducción en la oferta colombiana. Peor aún, informes oficiales
confirman el aumento de los cultivos de coca en el Perú,
evidenciando así la ausencia de una política de Estado que enfrente
de manera eficaz un problema con muchas aristas.
¿En el reino del espanto?
Los narcotraficantes mexicanos emplean el siguiente modus operandi
en el Perú: luego de asegurarse que la droga por la que han pagado
sea conducida desde la selva hasta la costa, utilizan los puertos
norteños peruanos de Chimbote (Ancash), Salaverry (La Libertad) y
principalmente el puerto de Paita en Piura, donde alquilan o compran
a través de testaferros, medianas embarcaciones pesqueras dedicadas
a acopiar y trasladar los cargamentos de droga hacia alta mar, para
luego ser transbordados a narco-buques de mayor calado que llevarán
la droga por el Océano Pacífico hacia Centroamérica, Norteamérica,
Europa y Asia.
Sobre el particular, agencias antinarcóticos extranjeras siguen la
pista de una probable gran mafia del narcotráfico peruano que en
coordinación con sus pares mexicanas, se habría aliado para el
contrabando de drogas, con empresas formales exportadoras de harina
de pescado y otros productos hidrobiológicos (el 2005 se encontró
cocaína en paquetes congelados de pescado y en marzo del 2006, en
latas de atún), aprovechando que dicho sector atraviesa por una
etapa de gran dinamismo. En este esquema, adicionalmente
participarían empresas que poseen flotas de camiones, buses de
pasajeros y cisternas, para llevar la droga de la selva hacia la
costa y abastecer de insumos químicos a los narcotraficantes.
Desde esa perspectiva, surge una profunda inquietud por la
posibilidad que los narcotraficantes mexicanos incrementen el lavado
de activos y el contrabando de drogas sacando provecho de manera
perversa de un nuevo
entorno respecto al Perú y México: en los últimos años el Perú se ha
convertido en el tercer destino para las inversiones mexicanas en
Sudamérica, después de Argentina y Brasil. A su vez, la Unidad de
Inteligencia Financiera del Perú, advierte que el narcotráfico
introduce en el sistema financiero peruano unos 380 millones de
dólares anuales, de un total de dos mil millones de dólares lavados
cada año.
En paralelo, la Balanza Comercial peruano-mexicana ha crecido
rápidamente hasta llegar a los 500 millones de dólares anuales, y en
otro plano, desde febrero del 2006 la empresa AeroMéxico realiza
vuelos diarios nocturnos en la ruta Lima-México D.F., pudiendo
transportar más de 100 pasajeros en cada vuelo, de los cuales en
promedio, el 50% se queda en México, un 35% continúa viaje hacia
EE.UU. y un 15% sigue a Europa, es decir, las mismas rutas usadas
por los narcomensajeros o "burros" transportadores de droga al
servicio de las mafias mexicanas.
Acentuando esta circunstancia favorable para el narcotráfico
mexicano, en el Poder Judicial peruano el extendido fenómeno de la
corrupción constituye una vulnerabilidad de carácter estructural;
mientras que la Policía Nacional en general y las unidades
antinarcóticos en particular, padecen una aguda carencia de recursos
que las hace presa de la corrupción, y pese a sus esfuerzos, les
niega la capacidad para desarticular una mayor cantidad de
organizaciones del narcotráfico e incautar un volumen superior de
drogas. Se ha caído en esta situación, por que el Estado peruano
destina únicamente 140 millones de dólares anuales contra el
narcotráfico, siendo la mayor parte de esta suma, ayuda externa.
¿Socio de las mafias mexicanas?
Una indagación basada en el documento: "Séptima actualización de
personas identificadas por la Policía Nacional, el Ministerio
Público y los servicios secretos del
Perú, como cabecillas de
organizaciones del narcotráfico y
otros delitos conexos a nivel nacional e internacional", publicada
por el diario El Comercio de Lima en febrero del 2006, sindica a
Miguel Arévalo Ramírez -peruano residente en Weston, Florida (EE.UU.)-
como el jefe de una
mafia que traficaría entre 15 y 20 toneladas de cocaína anuales
desde el Perú hacia México, mediante los puertos costeros peruanos.
Según el informe, Arévalo Ramírez, de 42 años y nacido en Tocache,
Perú (por mucho tiempo emporio selvático del narcotráfico)
traficaría drogas desde los 17 años, bajo el seudónimo de "Eteco".
Del mismo modo, habría estado asociado con el narcotraficante
colombiano Vicente Rivera Ramos "Vicentico" (preso en Colombia) y
está casado con Magda Ruiz Fonseca, cuyos hermanos fueron
encarcelados tras ser sorprendidos junto a dos colombianos, con 500
kilos de cocaína durante enero del 2003, en Chiclayo, Perú.
¿Pájaro de alto vuelo?
Arévalo Ramírez igualmente, es propietario de la aerolínea Atlantic
Airlines, que opera una flota de 30 aviones, cada uno capaz de
transportar entre 20 y 50 pasajeros en Honduras (Tegucigalpa, San
Pedro de Sula, La
Ceiba, Puerto Lempira, Roatán, Guanaja y Utila), y en
Nicaragua (vuela a
Bluefields, Corn Island y Puerto Cabezas); pero la compañía además
posee siete aviones Boeing 737, dos de los cuales alquila a la
aerolínea peruana Star Perú, mientras pretendería gestionar una
autorización para operar en
EE.UU.
Por consiguiente, este presunto cabecilla peruano, cuyo padre y
hermanos registran en Lima tres empresas sospechosas en rubros como:
turismo, comercialización de alimentos y aviación, es considerado un
"objetivo
primordial del año 2006" por las entidades antinarcóticos peruanas y
su actuación corroboraría los vínculos que han establecido las
mafias del narcotráfico de
México y el Perú.
Reflexión final
A pesar de los esfuerzos del estado federal mexicano para combatir
el narcotráfico, los cárteles de su país no sólo han pasado a ser en
EE.UU. los mayores proveedores de cocaína, segundos traficantes de
heroína, los
principales surtidores de marihuana y cada vez se implican más en la
venta de drogas sintéticas; sino que también, en el camino se
impusieron a las otras mafias de las drogas en EE.UU. y ahora
pretenden controlar la
producción y el traslado de cocaína directamente desde el Perú,
donde ante la falta de una agresiva estrategia integral
antinarcóticos, es posible que los cárteles mexicanos afiancen lazos
con los remanentes terroristas de
Sendero Luminoso, haciendo recrudecer la violencia en las zonas
productoras de coca-cocaína e incrementando el narcotráfico y los
delitos conexos en el
Perú.
Por otra parte, de los siete mayores cárteles que operan en México,
el de Juárez ha sido el más golpeado en su estructura principal con
la captura de siete dirigentes; por el contrario, la organización de
Díaz Parada, que opera desde Oaxaca, no ha registrado la captura de
cabecillas en los seis años del gobierno de Fox; entre tanto, las
mafias han desatado una ola de violencia particularmente en las
ciudades fronterizas, disputándose los corredores de introducción y
trasiego de drogas hacia EE.UU., evidenciando con ello, la ausencia
de una estrategia eficaz de seguridad pública.
Finalmente, de continuar esta tendencia sin que el estado federal
mexicano adopte mecanismos efectivos para prevenir la reactivación
de los sembríos de amapola y marihuana, es altamente probable que
México se convierta en un consumidor importante de drogas, con el
consiguiente aumento de la inseguridad ciudadana, mientras las
mafias del narcotráfico tienden a lograr mayores espacios de poder
para facilitar sus actividades, infiltrando y
corrompiendo más organismos del estado federal y de las regiones,
socavando gravemente la gobernabilidad.