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Erotismo, Obscenidad y Lascivia ¿Y el amor?
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El romance épico entre la reina egipcia Cleopatra y el general romano Marco Antonio se inmortalizó en un jarrón romano que ahora se alberga en el Museo Británico, según un experto en el arte clásica.

09 - A propósito de "Marco Antonio y Cleopatra", de William Shakespeare

En un texto revelador, el historiador de arte Arnold Hauser, se refiere a la obra teatral de Shakespeare, "Marco Antonio y Cleopatra", de esta forma:
"...la tragedia "Marco Antonio y Cleopatra" es la obra más erótica de todas las de Shakespeare, y aunque no la más obscena, sí la más lasciva..."
En dos renglones, Hauser utiliza tres palabras de uso bastante frecuente y cuyo significado generalmente es confuso o se intercambia.

La palabra obsceno, tiene que ver con todo lo que se relaciona con la sexualidad sin pudor. Es decir, todo lo que sexualmente se expresa, realiza o piensa sin escrúpulos, sin recato o vergüenza. En este sentido, Hauser dice que la tragedia es impúdica, o sea, que carece de pudor.

La palabra lascivia, tiene que ver con una inclinación relativamente intensa a los placeres y deleites corporales, especialmente los sexuales. Dice Hauser, que la tragedia es lasciva, lo que se advierte claramente al leerla. Los dos históricos amantes sentían –o, mejor, padecían- una irresistible atracción y dependencia corporal uno del otro. Y esta deleitable dependencia-experiencia que el romano y la egipcia vivían con intensidad, era un fin en sí misma. Ambos, con su actitud atrevida y transgresora, al mismo tiempo que abrumados por contradictorias sensaciones, desafiaban con temeridad las reglas del mundo de su tiempo. Se hundían y emergían constantemente en un mar de sensualidad y escepticismo.

La tercera palabra, erótico, la reservé para el final. Erótico, erotismo, estrictamente, vienen de Eros que es el dios del amor entre los griegos y que para los romanos es Cupido.
Sí, dice Hauser, es la obra más erótica de Shakespeare. Sin dudas. Precisamente, es uno de los grandes atributos de esta tragedia. Con un formidable ejercicio de la libertad creadora, Shakespeare reivindica el erotismo como una de las más plenas y reconfortantes manifestaciones humanas. El erotismo no se define rápidamente. El erotismo es un vasto y complejo campo de la experiencia humana que tendemos a esquivar o a ocultar porque lo consideramos una debilidad del ser o un intruso indeseable en nuestras vidas. Sin embargo, nos produce satisfacción sumirnos en sensaciones eróticas. El erotismo es mucho más que mera sexualidad, que en todo caso es la vehiculización del mismo, ya que, como dice Octavio Paz, en el abrazo erótico nos perdemos como personas y nos recobramos como sensaciones. Y precisamente, en estas sensaciones personales, intransferibles, inasibles, difíciles de memorar, donde recorremos mesetas y valles, se enciende, renace, palpita, se reconstruye, se reconoce, ese eterno instante que llamamos amor.

Con simple presencia física, o lejos en el ritual del recuerdo, cualquiera sea la forma de aproximación de los que se aman, el erotismo y el amor son indisolubles, van de la mano, se complementan, se compenetran, comulgan, se alzan a alturas innominadas, reptan y vuelan al unísono. El erotismo es mucho, muchísimo más que intercambio carnal. Se trata de una experiencia vital a la que el ser humano debe entregarse con la naturalidad con que respira. Originado en el impulso sexual –que también es absolutamente natural y puro- el erotismo lo enriquece sin límites. Cada experiencia es renovadora y creadora. El erotismo también es una celebración, especialmente de la vida y que conduce a esa otra cumbre humana que es el amor.

Entre Marco Antonio y Cleopatra, sexualidad, obscenidad, lascivia, amor, erotismo, son simplemente palabras. La dependencia mutua que padecen, es la que sienten todos los que experimentan fuertemente el amor. A esa poderosa dependencia se entregan ignorando y desafiando, subversivamente, el orden de su tiempo, orden que a ellos se les antoja infinitamente menos importante que el sentimiento que los une. En el amor intenso, el arquetípico al menos, existe una gran carga de escepticismo, porque lo que plantea y defiende, casi... no es de este mundo. Y como seguramente no lo es de otro, su existencia es casi irreal, es fenoménica, no tiene cabida ni contención, no tiene destino, es marginal, subvierte, transgrede.

Es por eso que los amantes, viviendo la eternidad del instante, en su inmensa dicha, están esencialmente solos.

Luego de la muerte de Marco Antonio, el poeta pone en los labios de Cleopatra:
 
- Cleopatra: "No queda nada notable bajo la luz de la luna..."
Y luego, antes de suicidarse:
- Cleopatra: "Yo tengo anhelos inmortales... Esposo, ya voy"

 

 

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