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Los decretos de Necesidad y Urgencia. Malos vientos y peores tormentas para la república
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100907 - ¿Para qué sirve un Poder Legislativo (De Legislar: crear leyes) que sólo actúa como un tinterillo del Poder Ejecutivo?
Bajo la férula del matrimonio presidencial, uno de los tres poderes de la nación argentina, el legislativo, se ha convertido en una simple oficina en donde acólitos empachados de bienestar, hormiguean por vetustos recintos hoy vacíos de capacidad intelectual, pensamiento independiente y conducta republicana.

Un estado de cosas legislativo que entristece y desalienta a cualquier joven de la secundaria, perfectamente harto de que sus maestros se empeñen en hablarle con pompa de las delicias de la formación ética y ciudadana.

Un Poder Ejecutivo como el que padece Argentina, vacilante, que huye del debate, que alienta a los tránsfugas, que miente y distorsiona, que encubre a sospechosos de corrupción y que elude mostrar claramente adonde va el dinero que le confían los ciudadanos, muestra, de esta manera, su debilidad.
El que se niega a debatir, el que descalifica la opinión ajena sin posibilidad de apelación, el que traba sin escrúpulos los pedidos de informes de la oposición, representa todo lo contrario a la idea que tenemos de fortaleza; sí se acerca, a la noción que tenemos de debilidad.

Néstor Kirchner y su mujer son débiles, aunque él no lo parezca cuando vocifera agravios contra el ejército y ella no lo parezca cuando se adorna con frases retóricas altisonantes -pero huecas-,  botox y Louis Vuitton.

Qué es un Decreto de necesidad y urgencia (DNU)

Vayamos directamente a la Constitución Argentina y el texto actual respectivo

Art. 99. El presidente de la Nación tiene las siguientes atribuciones:

Inciso 3. Participa de la formación de las leyes con arreglo a la Constitución, las promulga y hace publicar.

El Poder Ejecutivo no podrá en ningún caso bajo pena de nulidad absoluta e insanable, emitir disposiciones de carácter legislativo.

Solamente cuando circunstancias excepcionales hicieran imposible seguir los trámites ordinarios previstos por esta Constitución para la sanción de las leyes, y no se trate de normas que regulen materia penal, tributaria, electoral o el régimen de los partidos políticos, podrá dictar decretos por razones de necesidad y urgencia, los que serán decididos en acuerdo general de ministros que deberán refrendarlos conjuntamente con el jefe de gabinete de ministros.

El jefe de gabinete de ministros personalmente y dentro de los diez días someterá la medida a consideración de la Comisión Bicameral Permanente, cuya composición deberá respetar la proporción de las representaciones políticas de cada Cámara. Esa Comisión elevará su despacho en un plazo de diez días al plenario de cada Cámara para su expreso tratamiento, el que de inmediato considerarán las Cámaras. Una ley especial sancionada con la mayoría absoluta de la totalidad de los miembros de cada Cámara regulará el trámite y los alcances de la intervención del Congreso.

Esto es lo que, exactamente, dice el texto constitucional. Exactamente esto es lo que les enseñamos a los alumnos en los colegios. Exactamente esto es lo que no se cumple y pocos parecen dispuestos a exigir que se cumpla.

El discípulo superó al maestro

Néstor Kirchner firmó 249 decretos de necesidad y urgencia (DNU), mientras que sólo envió al Parlamento 176 proyectos de ley.

El Centro de Estudios para Políticas Públicas Aplicadas (Ceppa), determinó que:
Primer año de gobierno: Kirchner firmó 67 decretos y el Congreso sancionó 56 proyectos de ley del Poder Ejecutivo
Segundo año de gobierno: se firmaron 73 DNU y se aprobaron 43 proyectos de ley del Gobierno
Tercer año de gobierno: hubo 61 decretos de Kirchner contra 35 leyes del Poder Ejecutivo
Cuarto año de gobierno: 48 decretos y 40 proyectos de ley del Ejecutivo.

Los Kirchner emitieron, entonces, 249 decretos de necesidad y urgencia en cuatro años. Más o menos un Decreto de Necesidad y Urgencia cada seis días

Sin embargo, Carlos Menem firmó, en 10 años, unos 370 decretos. Durante su segunda presidencia emitió 144 decretos.

¿Y el tercer Poder?

Bien, si el Poder Legislativo, o Congreso de la Nación Argentina, o  Cámaras de Diputados y Senadores, o como se nos ocurra llamarlo, conformado como está por la voluntad de todos los ciudadanos, no honran esa extraordinaria representación y opera mediante acuerdos con el Poder Ejecutivo, que sólo satisfacen a la corporación política criolla, dándole la espalda a la gente que creyó en ellos, ¿Qué queda por hacer?. Una lógica elemental, ciudadana, popular, pensaría en la Justicia y en la Corte Suprema.
Sin embargo, a la fecha, ni antes con Menem, ni ahora con los Kirchner, el tercer poder, el judicial, ha dado, al respecto, razonables señales de vida.
Es como si los jueces de la Corte Suprema y los jueces y fiscales de la Nación Argentina, a lo largo y a lo ancho de su territorio y en general, ignoraran la existencia del artículo 99 de la Constitución y que reproducimos más arriba.

¿Es posible que la Corte Suprema no pueda ejercer controles de constitucionalidad al respecto?
¿Es posible que la Corte Suprema
no tenga atribuciones para evaluar la existencia, contenido e intensidad de la necesidad y de la emergencia, cuando el poder legislativo no la hace?

Malos vientos para la república

Si dos de los tres poderes de la república (Ejecutivo y Legislativo) actúan corporativamente y en beneficio de unos pocos, y el tercer poder restante (Judicial), mientras esto ocurre, mira para otro lado, malos vientos soplan sobre Argentina y peores tormentas nos aguardan.


 

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