210711 -
La Jornada
- Internet es una tecnología y Facebook un programa que la
usa. Las tecnologías surgen de equis necesidad, y los programas,
de equis propósito. Si de veras necesitamos de muchos amigos, si
realmente nos resulta indispensable localizar a la novia de ayer
o al compañerito de primaria, adelante… ¡Facebook!
Cuando siendo adolescente pateaba las calles de una gran ciudad
y ejercitaba la concentración mental para asesinar al director
de mi escuela, solía detenerme en los escaparates de las
librerías. Un libro que estaba en todas llamaba mi atención:
Cómo ganar amigos e influir sobre las personas, de Dale
Carnegie.
(Ver:
¿Quién está detrás de Facebook?)
A pesar del exultante cintillo que lo recomendaba (¡millones de
copias vendidas!), nunca lo compré. Me bastó abrirlo y leer la
primera recomendación para constatar que la obra iba contra mis
ideales: No critique, ni condene, ni se queje.
En el ciberespacio hay redes y… telarañas. Internet es una red
(de redes), y
Facebook una telaraña (de personas). Internet
vincula,
Facebook captura. Ambos sistemas enlazan. Sólo que
Internet fue diseñada con fines públicos y Facebook, así
como el libro de Carnegie, manipula lo público con fines
privados.
¿Qué ideología profesaban los jóvenes de la Universidad de
Stanford que a finales de los sesenta exploraban las
potencialidades de la red? Digamos que el proverbial pragmatismo
de la elitista democracia yanqui los invitó a responder una
puntual petición del Pentágono: crear un sistema de comunicación
descentralizado, capaz de resistir un ataque nuclear.
Como el proyecto no mencionaba que el sistema evitara la censura
(o que se inspirara en la igualdad de derechos entre las fuentes
de información), el Estado no reparó si los investigadores
apoyaban la guerra de Vietnam o acudían a recitales para
cantarle We shall overcome a Ronald Reagan, gobernador de
California. Licencias del american way, que no volverán.
(Ver:
Sobre
Facebook)
Internet fue concebida con el espíritu desinteresado de una
comunidad de científicos, y Facebook surgió de la traición de
Mark Zuckerberg a los amigos que, junto con él, diseñaron el
programa para hacer amigos. Una historia que Ben Mezrich contó
en Multimillonarios por accidente (Planeta, 2010) y que los
reacios a la lectura pueden apreciar en La red social, la buena
y simplona película de David Fincher (2010).
Mark Zuckerberg es el dueño de
Facebook (el hombre del año según la cavernícola
revista Time), y Peter Thiel (inventor del sistema de pago
electrónico PayPal) opera como piedra angular de su ideología.
Por motivos de espacio, remito a Google el perfil de este
ciberdinosaurio del mal. De mi lado, me detengo en René Girard
(1925), filósofo y antropólogo francés, y alter ego de Peter
Thiel.
En julio de 2008, en una revista de la derecha mexicana que
presume de libre (y no menos manipuladora que Time), se dijo que
“…la teoría antropológica de René Girard empieza a ser
considerada la única (sic) explicación convincente sobre los
orígenes de la cultura”. ¿Cuál sería esta ignota teoría? Nada
menos que la vapuleada mímesis del deseo que, según Girard,
configuramos gracias a los deseos de los demás.
Las piruetas intelectuales de Girard rinden tributo a sicólogos
racistas, como Gustave Le Bon (1841-1931), y encajan en la
mentalidad de tipos como Thiel: la gente es esencialmente
borrega y se copia una a otra sin mucha reflexión. El sitio
Resistencia Digital (RD) puso el ejemplo de la burbuja
financiera: cuando
Bill Gates compró parte de las acciones de Facebook, los
tigres de
Wall Street dedujeron que valía 15 veces más.
(Ver:
Privacidad en Facebook: Cómo protegerla)
El segundo inversionista de Facebook se llama Jim Breyer
(miembro de la junta de Walmart) y el tercero es Howard Cox, de
In-Q-Tel, ala de inversión en capital de riesgo de la
CIA. El
Proyecto Censurado (iniciativa de la Universidad de Sonoma State,
California, que ventila los temas que ocultan los medios) dice
que la FBI
recurre a Facebook en remplazo de los Infragard creados durante
el primer gobierno de
W. Bush: 23 mil microcomunidades o células de pequeños
comerciantes patrióticos, que ofrecen los perfiles sicopolíticos
de su clientela.
Facebook y su experimento de manipulación global acabaron con
las teorías conspirativas. Por izquierda y derecha, millones de
personas, que en principio estiman la democracia y la libertad
(valores que para Thiel son incompatibles), parecen no reparar
en que la privacidad es un derecho humano básico.
Atrapados en la cultura neoliberal (auténtica red de redes),
gobiernos, instituciones y usuarios le entregan a Facebook redes
de contacto, relaciones, nombres, apellidos y fotografías que se
prestan al reconocimiento facial, la geolocalización móvil, la
estadistica ideológica y los perfiles de mercado y sicológicos.
(Ver:
Problemas que
genera Facebook)
En ese sentido, Facebook es un subproducto ideológico de la
imparable metástasis totalitaria que se expande en Estados
Unidos. En lugar de las ambidextras obsesiones del púdico
George Orwell, Facebook se nutre de la profecía que Jack
London describió en El talón de hierro (1908): la instauración
de un Estado policiaco, plagado de alcahuetes anónimos.