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1105 - El último
cuarto del siglo XX se caracterizó por una importante ofensiva del capital
que resultó en variaciones regresivas de las relaciones sociales
capitalistas (1), en el marco de un clima de época que había
generalizado la ausencia de alternativas globales en el imaginario
popular. Sin embargo, en los últimos tiempos se vive un cambio de clima
social, particularmente a partir de la batalla de Seattle en noviembre de
1999. Desde entonces, se han sucedido importantes manifestaciones
populares que rechazan el orden existente y que incorporan propuestas, tal
como el encuentro de Porto Alegre en enero de 2001.
Puede pensarse, así, en el comienzo de un proceso de constitución de un
proyecto alternativo global. El punto a enfatizar no transita tanto por el
programa sustentado, sino por la posibilidad de llevarlo a cabo, de
sujetos que lo hagan viable. La afirmación se vincula a la existencia de
propuestas programáticas que, teniendo antigüedad desde su formulación
inicial, no contaban con fuerza social y política para hacerlas realidad.
Lo nuevo está dado por sujetos que actúan en el escenario conflictivo de
la resistencia callejera y enarbolando un arco ampliado de demandas,
bastante lejos de la homogeneidad y, sin embargo, coincidente en señalar
el obstáculo común que afecta a trabajadores, ecologistas, representantes
de los derechos de las mujeres, los jóvenes, las minorías sexuales y otros
actores. En algunos casos, se agota el reclamo en propuestas de reformas y
en otros asume carácter anticapitalista.
La reestructuración capitalista tuvo epicentro en la valorización
financiera, en tanto respuesta del capital a la crisis capitalista
expresada en el deterioro de la tasa de ganancia, especialmente entre los
últimos años de los sesenta y los primeros de los setenta. Hay que
recordar para ese mismo periodo el auge de la resistencia de los
trabajadores y de los pueblos a escala global. El resultado de ese
ejercicio del poder del pueblo podía medirse por la instalación en el
conjunto de la sociedad de una agenda global favorable a las demandas por
mejoras en la calidad de vida de la mayoría de la población.
La crónica periodística cotidiana, en el despertar del nuevo siglo,
devuelve una realidad de signo contrario. El desempleo y subempleo global
abarca a un tercio de la población económicamente activa en todo el mundo.
Según datos de la OIT, se estiman en mil millones los parados en el
planeta. La misma fuente denuncia que la mitad de la población vive con
menos de dos dólares diarios. Son cifras alarmantes y que contrastan con
el dato previsto para 1997 por el PNUD, que asigna a 225 fortunas
individuales igual capacidad de apropiación de riquezas que al 47 por
ciento de la población mundial, o sea, 2500 millones de personas.
A fines de los años sesenta se hacía evidente la caída de la tasa de
ganancia de los capitales más concentrados en el orden mundial. El
economista chileno Orlando Caputo (2) resalta el fenómeno en EU:
"En los noventa la economía norteamericana continuó con un crecimiento de
la masa y de la tasa de ganancia, inaugurando un periodo en que la
acumulación capitalista se da en condiciones de una tasa de ganancia
relativamente elevada, situación que es muy diferente de la de la década
de los setenta y gran parte de los ochenta en que la economía
norteamericana funcionaba con una tasa de ganancia relativamente baja". La
situación en otros países capitalistas desarrollados no será distinta y,
tanto en Europa como en Japón, se procesan transformaciones importantes en
los últimos dos decenios para intentar restablecer un ciclo expansivo de
la tasa de ganancia. Se trata de un proceso que está más allá de la actual
crisis norteamericana.
Crisis y cambios
Una de las respuestas de los capitales altamente concentrados ante la
crisis de rentabilidad en los sesenta y ochenta fue el refugio en las
formas dinerarias de acumulación, alimentando un ciclo de negocios
especulativos nunca visto con anterioridad, por su extensión y velocidad
de circulación. Es que el fenómeno sería acompañado de una veloz
transformación operada en el campo de la ciencia y la técnica y sus
aplicaciones por las instituciones del mercado de capitales. La suma de
ambos asuntos (mercado de capitales y desarrollo tecnológico) derivó en el
tramo final del pasado siglo en importantes mutaciones en las formas de
organización económica de la sociedad. Son variaciones que se procesan en
el capitalismo, manteniendo incólume la explotación de la fuerza de
trabajo e incorporando nuevas formas de su manifestación. El impacto
regresivo sobre el conjunto de la sociedad se hace visible como desempleo,
pobreza y exclusión de millones de personas. Al mismo tiempo, las grandes
ganancias de las corporaciones transnacionales, junto a las fusiones y
absorciones de capitales que concentran y centralizan la propiedad,
definen la contracara de los beneficiarios del orden surgido de la crisis
de aquellos años.
Por esos años, el economista norteamericano James Tobin (3)
proponía obstaculizar el nuevo fenómeno colocando "un grano de arena en el
engranaje" del nuevo régimen de acumulación que emergía. La propuesta se
conoce como Tax Tobin y trataba de establecer un impuesto a las
operaciones de compra y venta de divisas, para ser administrado por los
organismos financieros internacionales y que pudiera intervenir en un
mercado que iniciaba un trayecto de volatilidad y que actualmente asume
características inusitadas. En efecto, se estima que circula en todo el
mundo una cifra cercana a los 2 billones de dólares por día (4).
Son recursos que incluyen el endeudamiento externo, el lavado de dinero,
la venta de armas, el tráfico de personas y drogas, la corrupción y
múltiples formas que asume la especulación financiera. En los años ochenta
y subsiguientes, las políticas económicas que se impusieron en escala
global fueron denominadas "neoliberales", aunque no eran nuevas ni
liberales. El viejo ideario liberal sirvió de argumentación ideológica
para reducir los salarios y el gasto público, en tanto forma de recomponer
la rentabilidad del capital y contaron con todo el peso del Estado para su
implantación, incluso aplicando estrategias represivas, apoyadas con
iniciativas ideológicas de manipulación del consenso por intermedio, entre
otros, de los medios masivos de comunicación.
Fueron políticas ejecutadas en Chile desde 1973 y en Argentina de 1976 en
adelante, durante los respectivos procesos dictatoriales; cumplieron el
papel de "ensayo general" que les permitió aplicarlas luego en Gran
Bretaña y EU con Thatcher y Reagan en 1979/1980 y generalizadas después en
buena parte del mundo (5). La propuesta de Tobin de poner freno al
desarrollo de la especulación financiera había fracasado. La extensión de
los mercados de capitales se transformó en una realidad. El endeudamiento
externo fue uno de los mecanismos privilegiados para ese fin en los años
setenta y complementado luego con los fondos de pensión.
Según datos del Comité de Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (6),
la deuda norteamericana supera los 5 billones y un monto similar acusa la
deuda de Europa y Japón y la del resto de países es cercana a los 2.5
billones. La suma de 17.5 billones da cuenta del fenómeno de expansión de
la deuda en todos los países y, al mismo tiempo, relativiza la importancia
del peso del endeudamiento de los países "emergentes" (eufemismo para
esconder el carácter dependiente) y debilita los argumentos
grandilocuentes sobre las consecuencias mundiales que acarrearía el "default"
(cesación de pagos) de alguno o todos los países capitalistas
dependientes, por caso, Argentina, Brasil o México. Un estudio de Sevares
(7) señala que, "según estimaciones del FMI, en el mercado
internacional de capitales entran entre 300 mil y 500 mil millones de
dinero sucio cada año. Naciones Unidas estima, a su vez, que cada año se
lavan 600 mil millones, una suma equivalente al 2 por ciento del PBI
mundial, dos veces el PBI argentino, una vez el español y casi un año de
exportaciones estadounidenses". El informe de Sevares continúa señalando
que "las ganancias anuales del tráfico de droga se calculan en 300 a 500
mil millones de dólares, es decir, de 8 por ciento a 10 por ciento del
comercio mundial; la "facturación" de la piratería informática, 200 mil
millones; las falsificaciones, 100 mil millones".
Desde la formulación de la iniciativa Tobin, más que obstáculos, la
política económica que se hizo hegemónica en casi todos los países del
mundo ha favorecido la "globalización neoliberal". De ese modo, se
generalizó el uso de términos tales como "apertura", "desregulación",
"privatizaciones". El común denominador fueron las regresivas reformas
estructurales, con epicentro en el aliento a la "iniciativa privada y los
mercados" y el desarrollo de nuevas funciones de los Estados nacionales.
La socialdemocracia gobernante durante los años ochenta en Europa terminó
aplicando las políticas "neoliberales", las que se generalizaron en el
Este europeo en los noventa con la caída del Muro de Berlín y la
desarticulación de la URSS. América Latina potenciaría en el noveno
decenio los experimentos "neoliberales" inspirados en el Consenso de
Washington (8). Con la crisis asiática, dichas políticas
desembarcan en el área de influencia del yen (9). Los propósitos
reformistas del economista norteamericano habían fracasado y el
"capitalismo de casino" (10) se había terminado imponiendo en el
paso del siglo XX al XXI.
Variaciones en las relaciones capitalistas de producción
Junto al crecimiento de las relaciones capitalistas y de intercambio, se
verifica un proceso de salarización informal en el conjunto de los países.
Ello trae aparejada una tendencia a la desindicalización de la fuerza
laboral y define nuevos problemas sociales, económicos y políticos que es
necesario abordar. Son cambios en las formas que asume el trabajo en la
actualidad, que se extiende en flexibilización y afecta las formas de
vivir de la mayoría de la población. Actualmente se constituye en norma el
trabajo a tiempo parcial e informal y resulta minoritario el empleo
permanente y registrado. El impacto es regresivo en la masa salarial y
actúa en la recomposición de la tasa de ganancia.
Son cambios que afectan a la clase trabajadora y que han dificultado
procesos de recomposición en su capacidad para enfrentar con éxito la
resistencia al nuevo cuadro de relaciones sociales capitalistas
existentes. Apuntamos a una reflexión local y global, es decir, a
respuestas desde los trabajadores en sus lugares de empleo o actividad
económica y en el ámbito regional y mundial, es decir, una estrategia de
aquellos que siguen siendo la mayoría de la población, aunque una parte
esté en una creciente situación de desempleo, exclusión o marginación.
Todas son formas que asume la explotación capitalista al inicio del tercer
milenio.
No puede pensarse el régimen capitalista actual sin considerar las
modificaciones ocurridas en el Estado capitalista. En todos los países se
han operado procesos de transformaciones bajo el denominador común de las
reformas estatales. Se destacan entre todas el fenómeno de las
privatizaciones, las desregulaciones y las reformas administrativas. Son
en conjunto una batería de acciones que, con matices en cada país, apuntan
al fortalecimiento de la iniciativa privada. El lenguaje se concentra en
la eficiencia de la actividad privada por encima de la estatal, en los
beneficios del libre mercado contra las regulaciones estatales y en una
mayor eficiencia de los agentes del Estado en función de las nuevas
demandas del bloque social en el poder.
Todo es, en definitiva, una estrategia para mejorar los negocios de los
capitales más concentrados a escala global. Así, el capital transnacional
negocia con los Estados nacionales la radicación de sus inversiones en
función de las ventajas ofrecidas. Eso reduce el papel de cada Estado
nación a simple competidor por la recepción de capitales ávidos de
ganancias. La diferencia tiene que ver con los distintos grados de
soberanía con que ejercen sus funciones los gobiernos nacionales. Ello
determina un conjunto de países con un grado mayor de autonomía y de
ejercicio de su poder imperial: EU, Europa Unida y Japón. Es claro que con
disputas por la hegemonía mundial entre ellos, pero contenida en el
acuerdo inestable que implica el Grupo de los 8 (G8) que nuclea a los
principales países capitalistas, EU, Canadá, Alemania, Francia, Italia,
Gran Bretaña y Japón, más Rusia recientemente incorporada; y los distintos
foros y ámbitos de discusión y elaboración de políticas de la escena
internacional, tales como la Organización Mundial del Comercio (OMC), el
Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y otros.
Lo dicho define una tríada de ejercicio del poder mundial: las empresas
transnacionales, los gobiernos de los países capitalistas más
desarrollados y los organismos internacionales. Es claro que ese poder no
es posible sin la mediación de los capitales más concentrados con
actuación a nivel local y regional, los gobiernos de los Estados nación
que disputan la atracción de esos capitales internacionales y un conjunto
de organizaciones e individuos que actúan en la lubricación de un conjunto
sistémico que favorece el modus operandi de la realidad capitalista. Un
lugar simbólico de importancia en ese sentido se define todos los años en
el Foro Económico Mundial que se realiza en Davos, Suiza.
Ese es otro de los rasgos de las relaciones capitalistas de este tiempo:
la tendencia a la ruptura de las fronteras económicas y políticas en el
ámbito global. Vulgarmente denominada "globalización", es la nueva forma
que asume la expansión de las relaciones capitalistas en tiempos de
transnacionalización del capital, internacionalización de la producción y
privilegio a la valorización financiera. Aun con la simplificación que
representa, es bueno citar a Henry Kissinger cuando señaló que "la llamada
globalización no es otra cosa que el rol dominante de EU. (11)".
Esta cita resalta la tendencia a la recomposición de la hegemonía
norteamericana y se expresa económica, militar y culturalmente. La ruptura
de la bipolaridad en los años noventa es un dato central del nuevo
escenario en el proceso de la lucha de clases.
El conjunto de reestructuraciones del capitalismo en el ámbito mundial
demandó la adecuación de las estructuras supranacionales de coordinación
del capital transnacional y de los países más desarrollados. Nació así el
G-7, luego G-8. Dicho organismo pretende asumirse como la dirección de los
procesos de acumulación a escala global. Su reciente cumbre se realizó en
Génova, Italia, con el propósito de discutir los caminos para profundizar
el proceso de desregulación. Es una agenda que los capitales más
concentrados intentaron instalar, primero, en las discusiones frustradas
por un Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI) negociado secretamente en
la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y,
segundo, en la también abortada Ronda del Milenio de la OMC. Ambas
negociaciones sostenían la necesidad de otorgar seguridad jurídica a las
inversiones internacionales y el aliento a una nueva ronda de
desregulaciones, tal como se sostiene también en las secretas
negociaciones por el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
En síntesis, se trata de variaciones en las relaciones capitalistas que se
definen en la relación capital-trabajo, en el ámbito del poder del Estado
y en la nueva dinámica de las relaciones internacionales a favor del
proceso de transnacionalización. Representa la afirmación de un poder
global que se asienta en una fase de expansión parasitaria de la economía
global sustentada en la disminución de la masa salarial y el gasto público
social. Son dos caras de la lucha por la disminución de los costos de
producción y mejora de la competitividad de los capitales y aun de los
países en el escenario mundial. El objetivo pretendido es el aumento de la
tasa de ganancia.
Tendencias de una contraofensiva: de Chiapas a Seattle
Mirando la realidad desde los perjudicados por las variaciones de las
relaciones capitalistas, nos encontramos con una multiplicidad de
fenómenos. Están aquellos que expresan claramente una pérdida de ingresos
económicos y representan un deterioro de la calidad de vida. También
aquellos que afectan a las personas por razones de género, edad, raza o
territorio de vivienda. La afectación del medio ambiente y las condiciones
de trabajo y vida discriminan regresivamente a los sectores de menores
ingresos o sin ellos. El impacto en materia de salud y educación es
notorio, máxime en una época donde la formación continua se constituye en
un imperativo. Pero también debe prestarse atención a aquellos fenómenos
derivados de la fragmentación social, política y cultural generada.
El resultado es la falta de respuesta integral a la ofensiva del capital.
Claro que no es un aspecto absoluto y en ese sentido se pueden consignar
variadas experiencias de resistencia, muchas de las cuales pueden ser
consideradas exitosas. En el ámbito latinoamericano, no es un dato menor
constatar la supervivencia de Cuba y una diversa lucha política sostenida
en un abanico que incluye la insurgencia colombiana, las potencialidades
electorales e incluso experiencias gubernamentales de fuerzas populares y
de izquierda. Por la importancia que asumen y el carácter de este
artículo, sólo tomaremos aquellas desarrolladas en los últimos años y que
en nuestra opinión contribuyen al cambio en la situación social y política
mundial, generando tendencias de transformación del clima de época desde
su manifestación explícita contra la "globalización neoliberal".
Entre ellas y por su conocimiento internacional, vale destacar la lucha
zapatista en Chiapas (12) que puso en el primer nivel de
visibilidad, desde 1994, antiguos reclamos de las poblaciones aborígenes
del sur de México y que promovió en 1996 el Primer Encuentro
Intercontinental por la Humanidad y Contra el Neoliberalismo, donde
participaron cientos de militantes y dirigentes políticos y sociales de 40
países. También cabe citar aquella protagonizada por los trabajadores
ferroviarios en París a fines de 1995 y que concluyó con el alejamiento
del gobierno de derecha y su programa de reestructuración regresivo en
Francia y con impacto en el ámbito mundial, ya que en París el activismo
de 30 países, organizados en entidades de resistencia global a las
políticas hegemónicas, protestan ante la reunión de la OCDE y lleva a la
suspensión del AMI (13). Son experiencias notorias que se suman a
otras de igual magnitud y conocimiento y a muchas desconocidas por la
prensa mundial y por ello con escasa socialización. Todas ellas expresan
luchas locales y/o nacionales con repercusión internacional, a tal punto
que pueden considerarse como iniciadoras de una protesta global y que años
más tarde se haría visible al conjunto de la sociedad mundial,
particularmente desde la "batalla de Seattle", ciudad sede de la
promocionada Ronda del Milenio de la OMC (14), hasta la "contracumbre"
que organizaron los movimientos de protesta global en Génova, Italia.
Creo que son acontecimientos clave para entender la crisis capitalista
procesada en último lustro del siglo XX. Es que no puede entenderse la
manifestación mexicana de la crisis en 1994-1995 (devaluación de la moneda
mexicana en diciembre de 1994), las devaluaciones europeas en el periodo o
las dificultades para instalar en toda Europa el Tratado de Maastricht, ni
las expresiones de la crisis en Asia de 1997, Rusia de 1998 y las más
recientes de Brasil en 1999, y Turquía y Argentina a fines de 2000 y
comienzos de 2001, sin pensar la dinámica social en confrontación en ese
lapso en el ámbito local y mundial. Es una crisis que se procesa entre
Bolsas, maniobras sobre monedas y mercados de capitales, pero que tiene
como trasfondo la reorganización regresiva del capitalismo y, por lo
tanto, las respuestas de los distintos actores sociales y políticos. Son
viejos y nuevos actores sociales subordinados que intentan articular una
respuesta global a la ofensiva del capital.
De Seattle a Porto Alegre
Un nuevo fenómeno de la resistencia al capitalismo deviene de las
protestas globales transitada entre los acontecimientos de Seattle en
noviembre de 1999, la promocionada Ronda del Milenio de la OMC y el
encuentro del Foro Social Mundial en Porto Alegre en enero de 2001. Antes
de Seattle, existió Chiapas y París, tal como dijimos, pero la seguidilla
de luchas globales fueron muchas: el 14 de junio de 1997 en Amsterdam
(Holanda) se reunieron 50 mil manifestantes contra el desempleo, la
precariedad y las exclusiones sociales derivadas de las políticas
neoliberales; a fines de febrero de 1998 en Ginebra (Suiza), se convoca la
primera Conferencia Mundial de Acción Global de los pueblos (AGP),
intentando coordinar la resistencia global y que convocaría a sucesivas
protestas simultáneas en varias ciudades, las que se denominaron "día de
acción global"; en 1998, contra la reunión del G-8 en Birmingham
(Inglaterra) y de la OMC en Ginebra y en 1999 contra la reunión del G-7 en
Colonia (Alemania) y en Millau (Francia) contra el juicio a José Bové por
la acción de desmantelamiento de un McDonald's impulsada por la
Confederación Campesina Francesa. En junio de 1999, se reúne en París el
encuentro internacional "Contra la Dictadura de los Mercados" convocada
por ATTAC, CADTM y otras organizaciones de resistencia global que, entre
otras cosas, reclama la anulación de la deuda externa del Tercer Mundo y
donde participan mi1 representantes de 80 países y culmina en una
manifestación callejera sobre la Bolsa de París.
Luego de Seattle, el movimiento se acelera y adquiere dimensiones mayores.
En enero de 2000, se realiza la protesta global contra el Foro Económico
Mundial de Davos (Suiza); en marzo de ese año, se realiza la marcha
mundial de las mujeres que concluye en octubre en una movilización en
frente de la sede mundial de la ONU; en abril de 2000, en Washington, EU
se reúnen 30 mil manifestantes para protestar contra la reunión conjunta
del FMI y el BM y por la anulación de la deuda del Tercer Mundo y se
acompaña con movilizaciones en varias ciudades, incluso en Argentina; el
primero de mayo, será día de acción global y Londres se transforma en el
epicentro de las masivas protestas y de la represión; se suceden acciones
con miles de manifestantes en Windsor (Canadá), Bologna (Italia), Okinawa
(Japón), Filadelfia, Los Angeles y Nueva York (EU), Melbourne (Australia),
Bangkok y Chiang Mai (Tailandia), Belén, Brasilia, Bangalore (India),
Bruselas (Bélgica), Niza (Francia), Dakar (Senegal). Se destaca la
contracumbre del FMI y del BM en Praga (República Checa) donde 15 mil
activistas protestan y son reprimidos, logrando la anticipación del final
de la reunión. Fue también día de acción global y se registran
movilizaciones en 40 ciudades del mundo. En Argentina, se ganaron las
calles y fue resaltado periodísticamente la acción de un grupo que en
Plaza de Mayo se encolumnó para bajarse pantalones y mostrar en qué
situación dejan al pueblo las políticas de los organismos financieros
internacionales.
Quizá en el momento de mayor acumulación de la resistencia a la
globalización neoliberal, se realiza la reunión del FSM a fines de enero
en Porto Alegre (Brasil) (15), también llamado el anti- davos, por
realizarse en simultáneo y con objetivos alternativos. Con gran presencia
en la prensa mundial, 20 mil personas protagonizaron una experiencia de
protesta y propuesta al orden global neoliberal. Esta tarea se realiza en
20 conferencias multitudinarias y más de 400 talleres, inaugurada con una
interminable marcha callejera y festival artístico; incluyó un foro de
parlamentarios que recogió entre sus propuestas el establecimiento de la
Tasa Tobin y la anulación de la deuda externa de los países del Tercer
Mundo y otro foro de ciudades que alentó las experiencias de protagonismo
popular, tal como la del presupuesto participativo experimentada por la
administración de la ciudad anfitriona. Fue un encuentro que balanceó el
nuevo fenómeno de la resistencia global y relanzó con perspectivas de
programa la constitución de un movimiento internacional con estrategia
propia.
Estamos hablando de una experiencia protagonizada por viejos luchadores
con historia militante de "otra época" y que convergen con nuevas
generaciones e incorporan nuevos sentidos a la confrontación. Muchos de
los nuevos militantes de la protesta global son desempleados con historia
en el movimiento obrero, en los partidos de izquierda y la lucha
anticapitalista, y articulan su experiencia bajo nuevas identidades de
movimientos sociales con el movimiento sindical y los partidos políticos.
Hay que insistir en la categoría "articulación", ya que aparecen nuevos
movimientos que asumen globalmente la lucha anticapitalista (no es un
problema de antiglobalización o "globafóbicos" como algunos sostienen,
sino de resistencia a la globalización capitalista) y también el clásico
movimiento sindical que reasume perspectiva de confrontación
internacional. Debe señalarse que la "batalla de Seattle" o las recientes
contracumbres de Buenos Aires o Quebec contra el ALCA no hubieran sido
posibles en Argentina sin la convocatoria del movimiento sindical,
particularmente de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA). Junto a la
CTA, se articula un amplio bloque de personalidades y organizaciones
sociales y políticas en el camino de formular un proyecto alternativo que
tiene un eje en la coyuntura en la lucha por realizar una consulta popular
para resolver el tema de la pobreza en Argentina (16).
En diciembre de 1999, se realizó la primera cumbre sindical del Mercosur
con 400 dirigentes, en paralelo a la cumbre de presidentes. Allí se
cuestionó la estrategia de integración impulsada por los gobiernos en la
región y las negociaciones con EU, decidiéndose acciones convergentes con
la protesta global. En agosto de 2000, se realizó en Brasilia una reunión
alternativa de dirigentes sindicales contra la reunión de presidentes de
América Latina y, en diciembre de ese año en Florianópolis(17), 700
dirigentes protagonizaron, también paralelizando la cumbre de presidentes
del Mercosur, una reunión convocada por la Coordinadora de Centrales
Sindicales del Cono Sur (CCSCS) que entre otras resoluciones impulsó la
protesta global contra el ALCA en Buenos Aires y Quebec. Las autoridades
de Quebec montaron un cerco de tres metros de altura y más de 4 km de
extensión para aislar la protesta del lugar de funcionamiento de la III
Cumbre de Presidentes convocada por la OEA. Mientras los activistas
derribaban parte del muro de contención tras lanzar rollos de papel
higiénico, la respuesta de las fuerzas de seguridad se materializó con
gases. La movilización porteña del 6 de abril pasado contó con la
presencia de manifestantes de varios países del continente americano
(mayoritariamente provenientes del movimiento sindical) e incluso europeos
y fue convocada regionalmente por la CCSCS y también por el FSM. Las
luchas globales habían desembarcado en Argentina.
No resulta aventurado pensar en una nueva generación de luchadores
internacionales. Es que, durante medio siglo, el recorrido entre las
crisis de los años treinta (aun previamente) y los senta, el capitalismo
remitió la organización de la sociedad al desarrollo privilegiado de los
mercados locales. Las fronteras tendieron a cerrarse y se expandió un
capitalismo centrado en el mercado interno y que difundió, con matices
entre los países, la característica del Estado del bienestar. No sólo las
guerras mundiales cerraron las fronteras al comercio de bienes y
servicios. También la confrontación política e ideológica entre naciones
limitó las esferas de la circulación mercantil entre actores de distintos
países. La Guerra Fría es expresión de la división del mundo en bloques
comerciales, sin acceso para todos los pretendidos actores en el mercado
internacional. En rigor, a fines del siglo y con la reestructuración
transnacional a que aludimos, es que vemos una recuperación de los flujos
internacionales de mercancía y dinero, los que habían sido frenados en
buena parte del siglo XX. Como una vuelta al pasado, vuelve a instalarse
la dimensión mundial en la protesta de los actores subordinados. En
efecto, la consigna "Proletarios del mundo, uníos" daba cuenta del tipo de
organización requerido para la confrontación exitosa del capitalismo
existente en oportunidad de publicarse el Manifiesto Comunista en 1848. La
realidad de la organización para la confrontación en buena parte del siglo
XX estuvo dada por organizaciones de tipo nacional que proponían un
programa de reivindicaciones con impacto nacional. Lo nuevo en la
actualidad está dado por la aparición de actores globales, de una nueva
dimensión de la lucha internacional contra la hegemonía del capital.
Esta afirmación nos obliga a incorporar nuevos interrogantes a la
resistencia cotidiana que levanta un programa reivindicativo y un conjunto
de acciones y medidas que se "resuelven" en el ámbito local. ¿Puede
pensarse en vencer la ofensiva capitalista en la reestructuración de las
relaciones capital-trabajo, restringiendo las luchas al ámbito de una
empresa o incluso de un país? ¿O ello requiere de la articulación de
reclamos en esferas regionales (Mercosur, América latina, p. e.) o incluso
internacional? Las organizaciones patronales hegemónicas en países como
Argentina remiten sus decisiones a casas centrales localizadas en el
exterior, particularmente Europa y EU y desde allí ejercen una acción
combinada de lobby sobre los gobiernos locales, aprovechando el peso de
los gobiernos de países capitalistas desarrollados en los organismos
mundiales. Por otra parte, la acción de los movimientos reivindicativos, e
incluso políticos, estuvo orientada durante años a demandar al Estado
nación. Con las nuevas funciones de los Estados asumidos con las sucesivas
reformas estatales, se pone en discusión la efectividad de la
absolutización en la demanda a satisfacer necesidades mediante la acción
del Estado. La "autonomía" en la organización de la respuesta popular para
satisfacer necesidades se inscribe como parte importante del carácter que
asumen nuevas experiencias del movimiento social.
Es necesario, entonces, tener en cuenta los nuevos fenómenos que se
presentan en la lucha de clases global, tanto por los cambios hacia
adentro de las empresas y el nuevo contenido de la categoría trabajadores,
que se extiende en el conjunto de la sociedad con independencia del
carácter de empleado o no, como por la nueva función estatal y además por
el proceso de internacionalización en curso. Ello exige pensar en sujetos
sociales que confronten local y globalmente la estrategia del capital más
concentrado y que hoy se expresa como "globalización neoliberal".
Pensando en alternativas
¿Puede confrontarse el parasitismo de la economía capitalista actual? ¿Es
posible poner freno a la exclusión propia de este modelo de acumulación de
capitales? ¿Es dable pensar en reorganizar la sociedad a pesar del
autoritarismo de las clases sociales dominantes en el poder? Son
interrogantes que podrían cerrar nuestra reflexión. Sin embargo, vale la
pena intentar un esbozo de propuestas.
Se trata de pensar en respuestas globales que, por lo menos, obstaculicen
la estrategia del capital. En ese sentido, destaco la "iniciativa Tobin",
asumida por la red ATTAC (18) en todo el mundo y que apunta a
limitar el movimiento internacional del capital especulativo. Contra
aquellos que minimizan el impacto económico y político de la medida en
cuestión, deberían prestar atención a la negativa que pronuncian en los
centros mundiales de poder económico ante tamaña pretensión por restringir
el "libre movimiento de los capitales". Se trata de una propuesta que
tiene sentido de aplicación global y que no es operativa en forma aislada.
Puede ser un punto de partida para enfrentar el centro estratégico de la
propuesta de variación de las relaciones capitalistas que se sustentan en
ese eufemismo llamado "libertad de los mercados", particularmente de los
movimientos de capitales. Recordemos que estamos transitando una época con
eje en la acumulación hegemonizada por la forma dinero del capital.
En ese, sentido adquiere relevancia la necesidad de discutir el orden
económico mundial y las instituciones que lo conforman. El sistema de
gobierno transnacional que definen los organismos multilaterales y las
cumbres de jefes de gobierno de las principales potencias capitalistas
debe ser puesto en discusión. Ello implica poner fin a la injerencia de
los ajustes y las políticas de reestructuración de primera y segunda
generación que impulsan el FMI y el BM, del mismo modo que obstaculizar la
recreación de la agenda sustentada por la Ronda del Milenio en el marco de
la OMC y para generalizar la liberalización favorable a la seguridad
jurídica. Una agenda internacional para discutir el problema del
endeudamiento externo es fundamental.
El programa podría completarse con demandas que acentúen las
reivindicaciones de los trabajadores por el pleno empleo, la elevación de
los salarios, las jubilaciones o los ingresos de los sectores populares,
la reducción de la jornada laboral, las condiciones de trabajo, la
educación y salud para todos, por la cuestión de género, medioambientales,
etc. Siempre nos interrogan si hay recursos para tantas demandas y nos
cansamos de reiterar que una redistribución progresiva del ingreso (19)
y aún más, la eliminación de la explotación, son escenarios posibles. Sin
embargo, debe ponerse énfasis en la capacidad que se logre para organizar
social y políticamente a los actores populares, oganizarlos en la
perspectiva de generalizar sus propuestas en el ámbito social y lograr la
masividad de la movilización para la transformación de la realidad. Muchos
seguimos identificando esta transformación con el socialismo. Se trata de
pensar en otra sociedad, tal como sostiene el FSM cuando nos convoca a
pensar que otro mundo es posible.
Alguna vez sostuvimos que el mayor éxito de los impulsores de las
políticas neoliberales radicaba en la destrucción de sujetos resistentes.
Es el efecto logrado luego de aplicar mecanismos de violencia explícita,
como las dictaduras militares, o implícita, mediante la transferencia de
ingresos desde los más empobrecidos a los más enriquecidos. Redes sociales
como ATTAC, Jubileo Sur y muchas otras son parte de un proceso que incluye
a antiguos militantes sociales y políticos, junto a nuevas camadas de
jóvenes, hombres y mujeres que buscan un lugar para construir un nuevo
tiempo que privilegie las aspiraciones, necesidades y deseos de la
humanidad.
Notas:
1 La aceleración de las relaciones de intercambio en el ámbito
mundial ha privilegiado el ciclo de circulación de la forma dinero del
capital, superando por varias veces la circulación de mercancías. Incluso,
debe consignarse un retraso relativo en la evolución de la forma
productiva en relación con el proceso de valorización financiera.
2 Orlando Caputo, La economía de EU y de América Latina en las
últimas décadas. Ponencia presentada por el autor en la reunión del Foro
Social Mundial, realizado en Porto Alegre en enero de 2001 y en el
Encuentro de Economistas sobre la Globalización, en La Habana, Cuba, en
enero de 2001.
3 James Tobin, "A proposal for international monetary reform"
(Propuesta para una reforma monetaria internacional), Eastern Economic
Journal, vol. 4, USA, julio y octubre de 1978, pp. 153-159. Tomado de la
sección documentos del Sitio de ATTAC en Internet: www.attac.org/argentina.
4 El Banco de Basilea estimaba en 1998 que la circulación diaria de
capitales superaba los 1.8 billones de dólares. Mismo sitio anterior.
5 Perry Anderson, La trama del neoliberalismo. Mercado, crisis y
exclusión social, Eudeba, Argentina, 1998.
6 Eric Toussaint. Sitio de ATTAC en Internet. Serie documentos.
7 Julio Sevares, Documento presentado al Consejo Académico de ATTAC-Argentina.
Puede leerse en el sitio de Internet mencionado.
8 Emir Sader, compilador, El ajuste estructural en América latina.
Costos sociales y alternativas, Ediciones Clacso (Consejo Latinoamericano
de Ciencias Sociales), Argentina, marzo de 2001.
9 Ponencia coordinada por el autor en el Seminario Internacional
organizado conjuntamente por Clacso ATTAC-Argentina: El impacto social del
movimiento internacional de capitales. De próxima aparición como libro
editado por Clacso y compilado por el autor.
10 Denominación impuesta por Susan Strange.
11 Citado por Kim Moody en Against the current: "What is called
globalization is really another name for the dominant role of the United
States", Henry Kissinger, 1999.
12 El zapatismo demostraba que era necesario y posible la
confrontación y en un momento muy especial: se iniciaba el Nafta o Tratado
de Libre Comercio (TLC) entre EU, Canadá y México. El TLC expresó el
inicio de una estrategia que EU intenta extender con el ALCA a todo el
continente en 2005, con excepción de Cuba. Justo cuando EU mostraba su
intención hegemónica en territorio considerado propio, uno de los pueblos
más afectados por la explotación capitalista señalaba el carácter
contradictorio de las relaciones sociales y la existencia de "otredad" que
se expresa en todo escenario social. La lucha de clases se hacía visible y
echaba por tierra las concepciones finalistas de las ideologías o de la
historia.
13 El Observatorio de la Mundialización, con sede en París y
conformado por destacadas personalidades y presidido por Susan George,
jugó un gran papel en la difusión de una crítica documentada sobre las
implicancias del AMI en sus pretensiones por asegurar derechos
excepcionales a las inversiones de las corporaciones transnacionales.
14 La ronda había sido convocada para noviembre de 1999 en Seattle.
La contracumbre o "batalla de Seattle" ha hecho imposible hasta ahora su
discusión. Se anuncia que en noviembre de 2001 y en Qatar podrán iniciarse
los debates, ya que se trata de uno de los pocos lugares del mundo que
podría impedir la realización de una contracumbre.
15 Folleto de ATTAC-Argentina "En el Foro Social Mundial", editado
por ATTAC-Argentina. Puede leerse en Internet: www.attac.org/argentina.
16 La consulta popular trata de un Seguro de Empleo y Formación de
$ 380 mensuales para cada jefe/a de hogar desempleado/a y $ 60 por mes de
asignación universal para los menores de 18 años, lo que posibilita para
una familia tipo un ingreso superior a los montos que establece la línea
de pobreza en el país.
17 Reunión donde participó la CTA como miembro de la Coordinadora
de Centrales Sindicales del Cono Sur.
18 Es un movimiento que resignifica la propuesta de James Tobin, ya
que agrega como destino de la potencial recaudación, unos 100 mil millones
anuales, a satisfacer necesidades insatisfechas de carácter alimentario,
sanitario o educativo a escala planetaria. Se presenta como una
organización de estudio sobre el funcionamiento del capitalismo actual y
de organización social para contribuir a resolver la fragmentación social
imperante. En ATTAC-Argentina, se sostiene -a diferencia de la propuesta
original de Tobin- que la administración de los recursos podría realizarla
el FSM.
19 Para el caso argentino, la sola eliminación del pago de
intereses de la deuda externa eliminaría el déficit fiscal que justifica
los ajustes actuales. El logro de la demanda del movimiento por la
consulta popular eleva el piso de los ingresos de los trabajadores y,
aunque parcial, contribuye a superar los actuales niveles de pobreza. Lo
mismo vale en relación con la implantación de la tasa Tobin en el ámbito
internacional. El solo hecho de las campañas de movilización impulsadas
son parte de la lucha por constituir sujetos e incidir en la lucha por la
distribución del ingreso e incluso la perspectiva de transformación
social. |
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