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120906 - Palenque - A
José Ramón Fernández en su relativo
retiro, por anti americanista y pumista
Los acontecimientos sociales o políticos nunca son lineales.
Zigzaguean pues sus rutas son frecuentemente escabrosas. Tienen
altibajos y
detenciones, junto con avances y momentos de alto empuje. Igual que la
vida
misma de cada ser humano. Esta verdad tan elemental, tan obvia, la
esconden
o quieren ignorar truculenta y mañosamente quienes ven derrota y
desinflamiento definitivo del movimiento
obradorista en su cambio de
perspectiva y de circunstancia. Era obvio que la integración de las
cámaras
legislativas federales traería reajustes en la intensidad y forma de ese
movimiento, para los partidos que integran la Coalición por el Bien de
Todos, lo mismo que la decisión prefabricada del Tribunal Electoral del
Poder Judicial de la Federación, que se negó a establecer la claridad
del
voto de los mexicanos del 2 de julio. Nunca, que se sepa, un movimiento
popular se mantiene en las cumbres de la acción. Pero siendo así, es
obvio
que el obradorismo no ha claudicado, sólo asume un tono distinto, con
arreglo a las cambiantes circunstancias.
Hasta ahora el obradorismo ha sido congruente con sus propias
postulaciones
de una resistencia a la vez civil y a la vez pacífica en su denuncia y
lucha
contra el fraude electoral. No ha tenido expresiones violentas ni ha
acudido
a los enfrentamientos físicos con otros grupos o con las fuerzas del
orden.
No se ha dejado provocar. Y qué bien que así haya sido, que la prudencia
haya guiado sus pasos y acciones. Ha aprendido --y con él la izquierda
en
general-- que en una situación tan compleja y delicada, acudir por su
parte
a tales recursos hace tiempo que hubieran quedado descalificados ante
los
amplios sectores del pueblo que los apoyan y apoyaron, primero, votando
por
sus candidatos y, segundo, acudiendo a sus mítines, concentraciones y
"asambleas generales", con una entrega nunca vista en la historia
política
de México. Hubiesen caído redondos en el juego de la trampa provocadora
que
les tienden desde enfrente.
Mediocres, desatinados y absurdos aparecen los
críticos de derecha, centro
e izquierda que quieren que el obradorismo practique una resistencia
civil
pacífica que sólo sea pacífica y ya no resistencia ni civil. O sea, que
este
movimiento renuncie a todo tipo de acción, a toda protesta, que se
limite al
silencio cómplice ante lo que ellos --y muchísimos más mexicanos--
consideran un atentado a la democracia; que quieren que como borregos
--y no
hablo del tránsfuga Borrego Estrada-- los adeptos a esta lucha
simplemente
se pasen a las filas del Nuevo Orden
Calderonista-Yunquista, ya
que --dicen-- ya los fregaron y deben aguantarse, en aras del sacrosanto
designio de los plutócratas y los neoliberales.
No
obstante, por los altibajos que toda lucha tiene, que ahora está
registrando el movimiento originado en la protesta y la denuncia contra
el
fraude, ya ella se ha abierto a otras perspectivas, como las que le
depara
la Convención Democrática Nacional, que empezará a efectuarse la tarde
del
16 de septiembre en el Zócalo. Por ello habrá desfile militar el 16, con
lo
que se respeta, no se teme al Ejército; habrá Grito del 15 --o dos
Gritos--
y se abren acuerdos en los dos ámbitos parlamentarios federales. No se
ve
por ningún lado que el obradorismo haya cedido posiciones de lucha
pacífica
o que haya claudicado, ni que haya renunciado a negociar.
Los críticos y los enemigos del movimiento obradorista no están sabiendo
leer adecuadamente las acciones del mismo, tal como les ocurrió el
primero
de septiembre con el bloqueo al informe foxiano nunca externado. Les
harían
falta unas clases intensivas de alfabetización política a esos que no
saben leer. |
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