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Algunas lecturas de la elección del 2006
Julio Pomar
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El Estado Mayor Presidencial (EMP) no es el ejército - México: Elecciones 2006 - México Al día 

130906 - Palenque - Las elecciones de este año, cuyo proceso total está aún en curso de desarrollo, han dejado algunas lecturas preliminares que las fuerzas de la democracia y el pueblo debieran tomar en cuenta. La primera de esas lecciones es que la oligarquía, el gobierno de los pocos, y muy ricos por añadidura, jamás estará dispuesta a soltar el poder que conquistaron cuando el PRI perdió el horizonte social, popular y nacionalista que le dio sustento por siete décadas, que al final de esa etapa estaba muy menguado por la acción combinada durante esa etapa de los mismos derechistas fuera y dentro del ex partidazo, y de los intereses plutocráticos internacionales, esto es, las fuerzas del imperio. Principal responsabilidad histórica y política en la caída real del PRI la han tenido unas dirigencias partidarias muy "pragmáticas", cada vez más enredadas en complicidades con las fuerzas de la regresión interna. Que ahora viajan a la cola del PAN, en acecho para conquistar pequeñas parcelas de poder, perdido ya el gran aliento político, social y popular que tuvo este partido en la post Revolución, verdadera alianza de las fuerzas populares de entonces.

Ya lo han dicho los panistas desde el comienzo del sexenio de Vicente Fox Quesada, personero de ellos y, sobre todo, de la alianza entre grandes empresarios, alto clero y fuerzas externas del imperio. Ellos se quedarán en el poder por décadas. Ese es su designio y a ello han convocado a todas las clases y sectores sociales que de alguna forma les son afines, en algunos casos alienadamente, como cierto segmento de las clases medias que marcha al revés del reloj de la historia, esto es, conservadora o reaccionariamente.

Hasta hoy la derecha real, la de los poderes fácticos, ha tenido éxito, pero
si ha vencido, no ha convencido más que a esos adherentes habituales, a su
clientela normal, la que siempre ha estado en contra de los avances
populares y nacionales, pero que ha crecido desde que el viejo partido de
Estado, el PRI, abandonó sus trincheras populares y nacionalistas.

 

Para todos ellos no hay más potencia en el mundo que la estadunidense. En

muchos de esos sectores priva la pretensión de una suerte de anexión de

México por Estados Unidos. Se dicen pragmáticos, pues. Y predican: si no

puedes con el enemigo, únete a él. Que en este caso significa "sométete a

 él", entra a su servicio. En la frontera norte, y en algunas extensas zonas

del norte, sectores poderosos de la burguesía local, que frecuentemente es

también nacional (Monterrey, por ejemplo), junto con segmentos de las clases

medias, hace muchos años piensan que a México "le iría mucho mejor" si fuera

anexionado por los Estados Unidos. De ahí el éxito de Carlos Salinas

(1988-1994) en estas zonas norteñas, quien les "llenó la pupila" con su

prédica de que con él ingresábamos ya al "Primer Mundo". La izquierda no ha

sido capaz de competirle con eficacia a la derecha en esta vasta zona del

país, pese a que en materia de desigualdad social no escapan a las

lacerantes realidades que se dan en otras regiones.

 

Pero también en el centro católico  --los Estados de Guanajuato, Querétaro,

partes de Jalisco y Michoacán, y Colima, que integran lo que se conoce como

el Bajío, ruta histórica de la plata novohispana y entonces granero del

país-- con gran peso económico y una influencia poderosa de la iglesia

integrista y ultra, existe si no la tendencia a ser anexionados por Estados

Unidos, pues están muy alejados de la frontera, sí a servirles de punto de

apoyo para el dominio interior coaligado (de lo cual es muestra más que

fehaciente Fox, ex empleado de angora de la Coca Cola). Aquí tampoco la

izquierda ha podido articular y ejercer una política popular que se oponga a

los latrocinios sociales que cometen las clases privilegiadas.

 

En parte porque el control clerical en esta parte del país es asfixiante. No

en balde el primer presidente de derecha, no priísta, ha sido Vicente Fox,

precisamente surgido de Guanajuato, de padres extranjeros --él estadounidense

avecindado en la zona y ella española, aunque de ascendencia gitana-- y más

concretamente de una de las cunas del sinarquismo, o fascismo rural y

provinciano que surgió como resultado excrecente de la Guerra Cristera de

fines de los 20 del siglo pasado, o sea, la ciudad de León, también llamada

Sinarcópolis. Lemas y emblemas cristeros fueron seguidamente ostentados por

Fox tanto en su campaña electoral como en los primeros tiempos de su

presidencia, junto con el desprecio y atentado a lemas y emblemas del

liberalismo juarista.

 

Y no en balde una de las regiones más empobrecidas de México está en estos

estados, con particular énfasis en Querétaro y en Michoacán, entidad ésta

última gran expulsora de mano de obra, pese a la existencia de un cardenismo

romántico --referido al expresidente agrarista y expropiador del petróleo

(1936-1940)-- que se expresa en apoyos populares a los dos Cárdenas

vivientes  --Cuauhtémoc y su hijo Lázaro, actual gobernador-- quienes no se

sumaron enérgicamente a la candidatura de López Obrador, aunque tampoco

abjuraron de ella, y ahora se han apresurado a reconocer al panista Calderón

como presidente electo de México y dan por bueno el dictamen encubridor del

fraude de Estado del Tribunal Electoral que ungió al espurio, instando a

todos los mexicanos a aceptar este resultado.

 

La oligarquía, encaramada por hoy en el poder presidencial, no tiene

ninguna intención de soltarlo. Ahora se escuda en un torcido respeto a la

legalidad, a las instituciones y al llamado Estado de Derecho. Mañana quien

sabe qué harán. Sobre todo si se entiende en lo que vale el mensaje

calderonista, del doble lenguaje inveterado del PAN, donde a la vez que

convoca a la concordia de todos los mexicanos, enarbola la prédica de que

con él "los pacíficos" vencieron a "los violentos", lo cual es un anticipo

de la "mano dura" ("firme", dice él) que habrá de aplicar, junto con las

voces ultras que desde el gobierno  (Abascal) y el PAN (Héctor Larios)

amenazan con "quitarle" el registro de partido al PRD y lanzarlo a la

ilegalidad y a la proscripción. Esa es la primera gran lectura que las

fuerzas populares y democráticas deben y pueden tener del proceso electoral

del 2006. La derecha y la oligarquía no dejarán el poder de manera fácil,

por más que se rasguen las vestiduras por la democracia. O sea, por "su"

democracia, que no es la del pueblo ni de la nación.

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