|
260906 - Palenque -
La misma jeringa, aunque con diferente bitoque, como solía decir en sus
poemas Nicomedes Santacruz, extraordinario bardo peruano negro ya
fallecido, que llenó toda una época en el país andino con sus décimas
improvisadas en
televisión y con sus cantares. Lo de Brasil, con los movimientos
electorales que desembocarán en los comicios del próximo domingo 30, es
lo que mueve a esta reflexión.
Allá, en tierra luso-americana, ha habido una embestida feroz de la
derecha --mediática, de los poderes fácticos y de los partidos
conservadores, así como un sector del centro del espectro político--
contra
la reelección de
Luiz Inacio Lula da Silva, actual presidente de centro
izquierda en aquél país latinoamericano. En Brasil sí se permite la
reelección presidencial, y en eso está Lula da Silva, tratando de
reelegirse. No entramos aquí al entramado de la muy compleja situación
política brasileña, pero nos fijamos en lo que la derecha de allá está
queriendo hacer contra Lula da Silva, que se parece muchísimo --parece
una
calca-- a lo que la derecha de México instrumentó contra López Obrador
en la
pasada contienda, con la diferencia de que acá se hizo ilegal y
hamponescamente desde el poder público y los medios, y allá se hace
desde
los poderes fácticos (grandes empresas, grandes medios de comunicación,
como
la televisora O Globo, etc.).
Primero, acusan a Lula de representar al "populismo" y ya sabemos qué
significa lanzar esta acusación, que es la misma que le lanzan a cuanto
político o gobernante latinoamericano pretende desarrollar o aplica una
política popular, de beneficio a las grandes mayorías, que sobre todo es
sensible en Brasil, quizás el país con más agudas desigualdades del
mundo.
La derecha de allá, igual que la de acá, se revuelve en sus furores
contra
Lula, de manera casi idéntica a como se comporta la derecha nativa de
México. Pareciera que la derecha de la región se ha globalizado en lucha
contra el pueblo, so capa de luchar contra el "populismo", y en
obediencia
servil a dictados del imperio.
Segundo, la derecha está lanzada contra evidentes actos de corrupción en
el
gobierno de Lula, al cual le han aplicado no la lupa, sino el
microscopio
para descubrir los desvíos de recursos o acciones ilegales, cuando antes
no
lo hicieron contra actuaciones similares de los gobiernos neoliberales,
y
también de derecha, como el que encabezó Fernando Henrique Cardoso, el
anterior gobernante emparentado ideológicamente con sus iguales de otras
partes, como el mismísimo doctor Ernesto Zedillo. La corrupción existe y
ha
existido en todas partes de nuestro subcontinente. Es parte del
acontecer
diario de nuestras naciones. Es intolerable, pero en este caso, la
evidencia
es que esta lucha contra la corrupción esconde primordialmente la
pretensión
de los "dueños" de Brasil de que ellos puedan seguir practicando la
inveterada e incorregible corrupción que han protagonizado, como el caso
del
ex presidente Collor de Melo, una especie de Salinas brasileño.
Tercero, la derecha está lanzada a una "guerra sucia" contra Lula. Y en
ello utilizan todas las argucias y suciedades que aquí vimos en México,
de
Calderón y el grupúsculo ultraderechista Yunque, contra López Obrador y
la
Coalición por el Bien de Todos.
No obstante todo ello, una última encuesta de preferencias electorales,
coloca a Lula 15 puntos arriba del opositor Geraldo Alckmin,
socialdemócrata, La campaña del miedo orquestada contra Lula da Silva no
ha
logrado cambiar la intención de voto del grueso del electorado, en su
inmensa mayoría muy pobre. Al decir de muchos en Brasil, esta tendencia
del
voto es irreversible. Lula ganará el domingo con suficiente margen como
para
no necesitar ir a una segunda vuelta electoral. Ya veremos qué ocurre.
|
|