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031006 - Palenque -
El caso de los cinco cubanos presos en cárceles de
Estados Unidos es sólo
propio de la sádica arrogancia con que en la superpotencia se trata a
quienes, en una óptica cerrada a toda inteligencia, se percibe o inventa
como enemigos del llamado "american way of life". Es escandaloso el
asunto, por diversos motivos. No sólo los cinco cubanos no espiaban a
los EU con fines "desestabilizadores" o conspirativos en la potencia,
sino que indagaban las posibles acciones de grupos terroristas que desde
territorio o grupos estadounidenses pretendiesen atentar contra la
soberanía de Cuba. La acción
de los cinco cubanos presos era, pues, parte de la lucha contra el
terrorismo, sólo que asumida según criterios propios de la sociedad
cubana en defensa de su propia integridad.
Sometidos desde su aprehensión en 1998 a una dura y excesiva
incomunicación, en cárceles separadas de distintas ciudades, bajo la
prohibición de recibir regularmente a sus abogados y a sus parientes,
los
cinco cubanos obtuvieron pese a todo ello un fallo a su favor el 9 de
agosto
de 2005 en la Corte de Apelaciones de Atlanta, EU, la cual revocó las
condenas impuestas a ellos por una corte de Miami y ordenó un nuevo
juicio
imparcial, que no se podía dar en la atmósfera hostil de esa ciudad de
Florida, donde señorean con el apoyo oficial estadounidense los grupos
de
exiliados anticastristas y, especialmente, la "mafia" miamesa encabezada
por
la llamada Fundación Cubano-Americana de los Mas Canosa.
Sin embargo, se realizó el nuevo juicio en el tribunal de circuito para
apelaciones de la propia Atlanta, el 9 de agosto de este 2006,
pero la
bancada de los 12 jueces de este lugar -con la oposición de sólo dos de
ellos -desestimaron la decisión de los tres jueces que en la propia
Atlanta
hace un año (agosto del 2005) dictaminaron nulo el juicio de los cinco
cubanos, teniendo en cuenta uno de los argumentos presentados por los
abogados de la defensa sobre la imposibilidad de realizar un juicio
justo
en la ciudad de Miami, dado el clima de intolerancia existente contra
los
acusados antes, durante y después del juicio.
Esta nueva injusta e infame decisión aprobada en la instancia de
apelación
demuestra la parcialidad casi absoluta de los órganos de justicia
norteamericanos. Con su decisión, este tribunal de circuito de Atlanta
nuevamente pasó por encima del dictamen de cinco expertos de la Comisión
de
Derechos Humanos de la ONU, que el 27 de mayo de 2005 estableció que "la
detención de los cinco cubanos condenados en Miami fue arbitraria y
violatoria del derecho internacional" y que, como ya se señaló, "el
juicio
no tuvo lugar en un clima de objetividad e imparcialidad". Los cinco
expertos de la ONU representaron a sendos países miembros de la ONU
(Argelia, España, Irán, Hungría y Paraguay). Nada de ello fue tomado en
cuenta por el tribunal del circuito de Apelaciones de Atlanta que
ratificó
aberrantemente mantener como válidas las condenas que la corte de Miami
ya
les había impuesto.
Así, este último veredicto sobre los cinco cubanos aumenta el vergonzoso
espectáculo de unas sentencias arbitrarias y de todo punto injustas, ya
que
la fiscalía no ha sido capaz de probar que los cubanos aprehendidos
estuviesen conspirando o espiando contra Estados Unidos. El proceso,
desde
el punto de vista legal norteamericano no ha concluido, ya que este caso
puede ser elevado al tribunal supremo o retornar a los tres jueces de
Atlanta para que analicen los restantes nueve argumentos que son
apelados
por la defensa.
La inicua decisión aprobada por 10 de los 12 jueces (dos jueces votaron
en
contra) del pleno del circuito de Atlanta es una demostración más del
carácter político de este caso, porque ningún abogado con dos
centímetros de
frente, esto es, imparcial y que se respete, puede llegar a considerar
(como
aparece en el documento de 120 paginas emitidas) que la ciudad de Miami
es
una ciudad de amplia diversidad y donde se puede elegir un jurado
imparcial
capaz de juzgar a cinco luchadores antiterroristas.
La campaña internacional a favor de los cinco, convocada para septiembre
se
habrá de incrementar, sin duda, valorando que sólo la solidaridad
internacional acabará por poner fin a la tremenda injusticia que ha
provocado que esos cinco hombres se encuentren presos ya hace ocho años.
Los
cubanos secuestrados son: Gerardo Hernández Nordelo (40 años, nacido en
La
Habana, con profesión en relaciones internacionales), Ramón Labañino
Salazar (42, La Habana, economista), René González Sehwerert (49,
Chicago,
EU, piloto), Fernando González Llort (42, La Habana, relaciones
internacionales), y Antonio Guerrero Rodríguez (47, Miami, EU,
ingeniero).
La supuesta "imparcialidad" del jurado del circuito de Atlanta, recogida
y
defendida por diez de los jueces participantes nunca existió y, según lo
han
expresado los abogados defensores norteamericanos, ellos lo saben
perfectamente. Saben por ejemplo que los grupos efectivamente
terroristas
miameses se encargaron de filmar las placas de los coches de los
miembros
del jurado como forma de presionarlos; saben que la mafia los
transportaba
hasta el monumento de la organización Hermanos al Rescate; y saben
también
que terminado el juicio dichos miembros del jurado y esa mafia
terrorista se
dieron apretones de manos y abrazos, alborozados por la decisión.
Por añadidura, encuestas realizadas en Miami previas a la realización
del
último juicio también demostraron que más del 90 por ciento de los
anglos y
más del 80 por ciento de los latinos están en contra del gobierno de
Cuba y
que no cambiarían su forma de votar en el caso de ser seleccionados como
jurados.
Es evidente que la solidaridad internacional habrá de ser un punto de
apoyo
muy significativo para que los cinco cubanos sean liberados prontamente
y se
supere este atropello a sus derechos individuales y al derecho
pretenda. De eso no hay duda alguna.
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