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091006 - Palenque -
Aún antes del primero de diciembre, en que
supuestamente asumirá
Felipe Calderón las funciones
de presidente designado, corre muy fuerte la voz de que el suyo será un
gobierno represivo. A eso lo inclinan tanto su alianza
con los poderes reales (fácticos) de México, incluidos el duopolio
televisivo y el oligopolio radiofónico, como el estar plagado su equipo
de miembros del ultraderechista grupo
El Yunque. Lo de Oaxaca, ecuación insoluta hasta hoy para el foxismo,
despejará en principio dudas al respecto.
Siguen diciendo los comentarios de pasillo y de calle entre políticos
perredistas y priístas (los panistas guardan discreto o cómplice
silencio),
así como entre periodistas, que si a Calderón se le ocurre llevar a
colaborar con él al frente de la Secretaría de la Defensa (SDN) al
general
José Alfredo Oropeza Garnica, esa perspectiva represiva será mayor. En
los
ambientes militares, de los cuales también se cuelan informaciones y
comentarios, se señala (1) que quien en el último año del sexenio tiene
bajo
sus órdenes el desfile militar del 16 de septiembre, es casi seguramente
quien encabezará la próxima SDN, y (2) que el general Oropeza Garnica se
destacó como represor cuando estuvo al mando de la región militar de
Guerrero y Chiapas, en que militares sitiaban los enclaves guerrilleros
de
Lucio Cabañas en la primera entidad mencionada, en los 70 y 80.
Aunque aún
es muy prematuro definir el papel que jugarán los militares en el
próximo
tiempo, ese es un dato que ya se anuncia como ominoso, pero siempre será
preferible que las fuerzas armadas se mantengan en el respeto a la
Constitución, a las instituciones y, sobre todo, al pueblo del cual
proceden
y al cual deben servir y respetar preminentemente. Su respetabilidad
social
se pondría en duda de no actuar así con el pueblo.
De ser verdaderas las versiones de que el general secretario de la
Defensa,
Clemente Vega García, se negó siquiera a sacar a la calle, para efectos
presuntamente sólo "disuasivos", a tropas militares tanto en Atenco como
en
Sicartsa y ante el plantón obradorista del corredor
Zócalo-Reforma-Periférico, confirmaría que los militares no están ya
dispuestos a ser utilizados por los políticos como en el pasado lo
fueron, sin plena legalidad. Se dice que el general secretario Vega
García, exigió
lo mismo al presidente Fox -su jefe supremo según la ley- que al
secretario de Gobernación, Abascal, que la orden se le diera por
escrito,
sin lo cual no habría acción castrense. Esto es, para que en cualquier
circunstancia no hubiera dudas del origen de la movilización o acción
militar. Ni dejes de cumplir tu guardia, ni cumplas comisión que no te
den,
dice una máxima castrense.
Lo cual, de ser cierto, habla bien del talante que las autoridades
militares
guardan ante el poder de los civiles en el gobierno. No están dispuestos
a
suplir la ineficacia política de los gobernantes en turno, con su acción
que
por razón natural es dura y determinante, como en el 68, aunque esta no
resuelva los conflictos, sino que los deja larvados para el porvenir.
Por
fortuna para el propio Fox, hasta ahora no hubo, por esa actitud
militar,
una intervención represiva mayor, aunque tal presencia se detectó tanto
en
Atenco y en Sicartsa como en el cerco al Palacio Legislativo de San
Lázaro,
con elementos de la Policía Federal Preventiva, a quienes se señala como
militares vestidos de gris. En Oaxaca, como en cualquier parte, debe
prevalecer la negociación política, por complicada que sea, y nunca la
represión.
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