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Encrucijada política en Oaxaca
Julio Pomar
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Resistencia y Represión en OaxacaBenedicto XVI: Los asombrosos disparates del Papa y la reacción musulmana - México: Elecciones 2006 - México Al día 

141006 - Palenque - En la crisis de Oaxaca, que ha tensionado al país entero, lo que prevalece en el actual gobierno y en las cúpulas dirigentes del derechista PAN y del también derechista, aunque un poco menos, PRI, es un enfermizo, mórbido
temor: que la caída de Ulises Beltrán Ruiz como gobernador de la entidad, provoque una repercusión política que pudiera llevar a la caída de Felipe Calderón como presidente designado o, antes, a su no asunción del poder.
Airadamente, los enemigos de la desaparición de los poderes en Oaxaca -demanda "no negociable" de los maestros de la Sección 22 y de la APPO (Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca)- arguyen que eso sería darle la entrada a la posibilidad de que Calderón no llegue a gobernar. Y también argumentan que eso sería darle un triunfo al PRD y al obradorismo, que según ellos está manipulando tras bambalinas al movimiento oaxaqueño. Pero la caída de Ulises, efectivamente sería una gran derrota psicológica de la derecha, empezando por Fox y terminando con Calderón. Una represión en
Oaxaca demostraría, una vez más, la ineptitud política de la derecha vernácula


Aquella visión no está tan ajena a la realidad percibida, pero es
insuficiente. Habría que decir que cualquier derrota del
foxismo-calderonismo-panismo-yunquismo, sobre todo para efectos de imagen
pública, sería favorecer la causa de Andrés Manuel López Obrador y los
millones de mexicanos que siguen repudiando el fraude electoral. Es
incompleta porque las cúpulas de la derecha (Fox-Calderón-PAN) y la
casi-derecha (PRI) se han ido por la percepción fácil de que los
protestatarios oaxaqueños son indefectiblemente obradoristas, o están
militando en su causa. Lo cual es palmariamente subjetivo y deviene falso.
Los protestatarios  de Oaxaca lo fueron muchos años antes de que se diera la
campaña presidencial del 2006. Equivocados en sus tácticas de lucha, o no,
son una fuerza social que navega en la política local y nacional desde
cuando menos el principio de los años 80. No nacieron como corriente con el
obradorismo. Que objetivamente su esfuerzo converja con el pejismo, eso lo
dan las circunstancias políticas del país. El movimiento de los oaxaqueños
confluye espontáneamente con la acción opositora.

Se trata de un núcleo, el de los maestros oaxaqueños, que ha mirado
cercenadas las posibilidades de su bienestar social y profesional, en una de
las tres entidades más atrasadas y pobres de la República (junto con Chiapas
y Guerrero), que ocupa el último lugar en educación y tiene uno de los tres
mayores índices de analfabetismo. Ellos, los maestros, no han aceptado
ninguna mediación o alianza con ningún poder central, ni siquiera con el
sindicato del cual constituyen la Sección 22, el nacional del magisterio, a
cuyos dirigentes acusan de "charros", y han hecho una política de "no
compromiso" con nadie para terminar marchando por sus propias fuerzas --las
movilizaciones, paros y plantones tanto en Oaxaca como en el Distrito
Federal-- para llevar adelante su lucha. Hay una fuerte dosis de dogmatismo,
que es común a la llamada "disidencia" magisterial de la CNTE (Coordinadora
Nacional de Trabajadores de la Educación) que cuenta con un 13 por ciento de
adherentes al SNTE en el país.  Es visible que a tal conducta los obliga la
habitual cerrazón a las demandas populares que practican con empeñoso
denuedo las estructuras de gobierno tanto local como  federal, pero que
ellos, maestros y maestras, han alentado a su vez desorbitadamente en aras
de una "pureza" sindical y un radicalismo político que, como cualquier
organismo social, están muy distantes de poseer a cabalidad.

Una visión objetiva del movimiento de los maestros de Oaxaca --no
complaciente para con ellos-- hace ver dos elementos importantes en su
complicadísima trama histórica. Uno, su movimiento se inició en las luchas
de la COCEI (Coalición Obrero Campesina Estudiantil del Istmo) de los 70 y
80, paralelamente a la cual surgió el PROCUP-PDLP (Partido Revolucionario
Obrero y Campesino-Partido de los Pobres), por una parte, y en el liderazgo
de Felipe Martínez Soriano como rector de la Universidad de Oaxaca, quienes
se lanzaron a una lucha contra los cacicazgos locales y las represiones que
ejercía el gobierno priísta de Manuel Zárate Aquino, a quien tiraron del
poder en 1977. Posteriormente, ya después de los incidentes del desalojo de
junio de este 2006, se constituyó la APPO, con 400 distintos grupos del
estado, de la cual es miembro la Sección 22 del SNTE, con el propósito de
encauzar las luchas sociales, estimulados por las torpezas mafiosas y las
ambiciones corruptas de los gobernadores José Murat, el anterior, y Ulises
Ruiz, el actual. Este último, con fama previa de "operador" electoral
(mapache) del derrotado candidato del PRI, Roberto Madrazo, vio caérsele la
"buena estrella" ante este fracaso; hoy está políticamente aislado y en la
imposibilidad de gobernar, y eso da pie a la demanda de su renuncia o
deposición, a la cual la alianza PRI-PAN se opone por el mencionado temor al
"efecto demostración" que ello traería contra el espurio presidente Calderón.

Dos, de este movimiento surgieron diversas expresiones armadas clandestinas,
señaladamente el EPR (Ejército Popular Revolucionario), hacia los 90, que no
han dejado de operar en los casos de crisis política o social y a quienes
desde el poder se asigna una peligrosidad mucho mayor de la que en realidad
tienen, como pretexto para la represión oficial tanto local como federal.
Como comentario al margen, incluso se ha querido ver en ellos a unos émulos
del "senderismo" peruano, que como se sabe reclutó a sus militantes entre
maestros rurales de regiones muy empobrecidas del país andino, ya que ambos
abrigan una visión maximalista parecida, la del todo o nada, con el
sacrificio aparejado.

El fenómeno de la insurgencia armada popular, vendría a ser un motivo más de
temor entre la élite gobernante. La visión simplista y engañosa desde el
poder derechista (Fox-Calderón-PAN-Yunque) y el partido casi-derechista (PRI
), ha querido identificar engañosamente a López Obrador con el conglomerado
de fuerzas oaxaqueñas, tanto civiles como armadas, como si se tratara de una
sombría trama general de subversiones y clandestinajes.

Entre esas variables anda el conflicto de Oaxaca. Calderón no quiere que Fox
le deje a él la papa caliente del problema, para no "quemarse" de entrada.
Quiere que Fox apechugue con la responsabilidad a la que durante seis años
no pudo responder, acunado entre las sábanas de oro de Los Pinos y las
fantasías frívolas del poder. Pero sobre todo temen que la caída de Ulises
Ruiz le llegue al presidente designado. Y en eso está la encrucijada.

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