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Calderón arma su coalición, pero con los violentos reales
Julio Pomar
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291106 - Palenque - El nombramiento por Felipe Calderón de Francisco Ramírez Acuña como el secretario de gobernación para su administración, que supuestamente se iniciará dentro de dos días (el 1º de diciembre), deja en claro tres cosas:

(1) Las palabras tantas veces repetidas de un “gobierno de coalición” se las ha llevado ya el viento como hojarasca de otoño. Si hay alguien menos negociador o coalicionista que Ramírez Acuña, que nos lo muestren (si acaso Manuel Espino Barrientos, presidente del PAN). Pero aquél siempre estará en la cúspide de los anti coalicionistas, al menos con nadie que no sean él, su estrecho grupo jalisciense de ultraderecha y sus intereses económicos personales, que en su paso por la gubernatura de Jalisco se le pudieron detectar, especialmente por su protección a un redomado pillo—voz populi, aún sin comprobación ministerial, pero que ya vendrá—como Abrahám González Uyeda, su secretario de administración y finanzas o algo así; esto es, el que tenía que ver con las concesiones y contratos a particulares para obras públicas o tareas oficiales. Así que ya puede Calderón hacer coaliciones con quien quiera, que ahí estará Ramírez Acuña para torpedearlas o para enviarlas a los vestidores apenas sus inexistentes protagonistas se salgan del script establecido.

(2) Calderón está pagándole la factura de su “destape” a un personaje extremadamente violento, según lo demostraron los hechos de la Tercera Cumbre Iberoamericana y de la Unión Europea efectuada en Guadalajara hace dos años, donde los desmanes de sus gorilas contra protestatarios hicieron espeluznarse y palidecer a más de un bragado macho de Jalisco. Y sobre todo, cuando Ramírez Acuña se pasó orondamente por el arco de los acontecimientos non sanctos las reconvenciones (pues eso son, aunque se les titule de “recomendaciones”) de la Comisión Nacional de Derechos Humanos por esas represiones, cuya nefasta fama le dio la vuelta al mundo. Y si Calderón alega, con este nombramiento, que lo lleva ahí “para hacer cumplir la ley”, pues no se distingue a cuál ley se refiere, pero de acuerdo con su ejecutoria, debe de ser la Ley de la Selva.
Un violento que como secretario de Gobernación no sólo nunca sacará a Calderón de los atolladeros a los que se enfrente por razón natural de su debilidad política intrínseca—verbigratia,
Oaxaca—sino que los agudizará hasta grados extremadamente peligrosos ya no para Calderón y su administración, sino para el país. Esta debilidad (con ilegitimidad de por medio) está llevando a Calderón a poner frente a sus “enemigos” a duros, violentos, intratables e intolerantes, para que lo protejan, de la misma manera que no sale a la calle, ni a la panadería, si no va rodeado de un enjambre de guardaespaldas y operadores de seguridad. De ahí que hayan dejado en la cuneta de las ambiciones a la señora Josefina Vázquez Mota, quien mapache y fraudera de votos y todo lo que se le quiera endilgar, representaba una opción negociadora, no violenta, en la cartera de Gobernación. Será mapache pero no es “dura”.

(3) No hace falta sino que comience el nuevo gobierno designado para que se vea que los violentos son los que parece predominarán en la política calderonista. De acuerdo con la historia reciente y con pláticas de este columnista con militares, la llegada de Ramírez Acuña a Gobernación se sumará a la casi segura llegada del general Oropeza Garnica a la Defensa Nacional. La fama que persigue a este general es la de un “duro”. Ni más ni menos, fue el encargado de operar la persecución del grupo guerrillero de Lucio Cabañas y a él como militar se le atribuye el haberlo ultimado. Pero por añadidura, no fueron los generales Hermosillo ni Acosta Chaparro quienes organizaron la represión y el “peinado” de insurrectos en los estados sureños de México, sino el general Oropeza Garnica. Así que se está configurando un gabinete de seguridad ominoso bajo la responsabilidad de Calderón. O sea, los “violentos” no están en el lado de López Obrador, sino que los violentos sin comillas se están alineando en el entorno de Calderón, como ya se presumía tras observar la “guerra sucia” mediática que protagonizaron otros violentos (sin comillas) en la campaña electoral pasada.

A sólo unas horas de la asunción de Felipe Calderón como presidente efectivo aunque ilegítimo, después de haber sido el presidente designado por el Trife, los hechos que rodean esa toma de protesta no pueden ser más preocupantes. No se sabe por cuales razones el aún presidente Fox sufrió un “desvanecimiento” la semana pasada en su rancho de la Gorda Atorada, cercano al también suyo de San Cristóbal, pero hay voces que presumen que se trató de un acto involuntario de estupefacción ante los preparativos de los violentos (sin comillas) del gobierno que sucederá al suyo. Pero estas son sólo presunciones sin ningún fundamento. Lo que sí parece certero es que Calderón se está rodeando y protegiendo con violentos e intratables.

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