110607 - Palenque -
Desde México -
Si ya es un grave y muy peligroso error político y social meter al
ejército en el combate a los cárteles de la droga en nuestro país, peor,
muchísimo peor es que la administración de Calderón le pida apoyos a
Estados Unidos, con la idea de recrear aquí una versión calderonista,
que no mexicana, del “Plan Colombia”, que vulnere de plano la soberanía
nacional, según lo reveló (viernes 8 de junio) el congresista
norteamericano de nombre hispano Silvestre Reyes, presidente del Comité
de Inteligencia de la Cámara de Representantes de Estados Unidos.
Los resultados del
llamado “Plan Colombia” no pueden ser catalogados como exitosos ni por
la más afiebrada de las percepciones calenturientas de quienes tanto en
EU como en Colombia lo pergeñaron, sino todo un fracaso por las secuelas
de violencia que ha desatado y por las corrupciones castrenses que en su
operación y bajo su cobijo se han desarrollado en aquel país hermano,
para desgracia doble de sus habitantes, ya que además de no detener el
negocio de las drogas, han hecho crecer la violencia en el país. Y eso
es a lo que se dispone a ir Calderón, utilizando a placer las facultades
que tiene. Si hay algún país más uncido al dominio imperial de los EU en
América Latina, ese es, precisamente, Colombia, cuyas élites gobernantes
no han sabido responder históricamente, nunca, al mandato de soberanía e
independencia que el pueblo colombiano abriga.
Calderón en su
reciente gira europea dijo por vez primera una cosa sensata, cuando
afirmó que mientras en Estados Unidos no se haga algo importante para
combatir el tráfico de drogas, el problema no se resolverá. O sea, es
sensato decir que si el más grande mercado mundial de las drogas, el
norteamericano, con sus secuelas y coadyuvantes de lavado de dinero y
corrupciones, no es atendido por el gobierno de EU, difícilmente podrán
salir ellos y nosotros los latinoamericanos del círculo perverso de la
economía de los estupefacientes. Pero de esa afirmación de sensatez, la
revelación del congresista norteamericano Silvestre Reyes revela a su
vez que Calderón se equivocó redondamente en la consecuencia lógica de
su afirmación, se fue a las antípodas ilógicas al solicitar a la
superpotencia que nos proteja de ese flagelo. Se “pasó de tueste” en su
pánico por no encontrar caminos propios y autónomos para afrontar
internamente ese combate, lo cual equivale a reconocer que fue un error
meter al ejército mexicano en esa lucha. Y dispuso andar un camino que a
ojos vistas vulnera gravemente la soberanía nacional. Si estuviera
teniendo éxito real con el ejército, lo lógico, también, sería que ni
siquiera se le ocurriese pedir ayudas externas, sino en todo caso,
coordinación y acciones concertadas, pero cada quien en sus ámbitos de
soberanía.
Silvestre Reyes fue
muy ingenuo o muy malvado cuando afirmó, en el marco de la Reunión
Interparlamentaria México-Estados Unidos, que “hay avances en la
petición formulada por Calderón... pero no queremos adelantarlo, para no
alertar a la delincuencia... a los narcotraficantes”. El solo anuncio
por Silvestre Reyes de esta petición de Calderón es un alerta a la
delincuencia, que puede echar al traste el esfuerzo combinado que se
lograse echar a andar. Ya se verá que las frases de Reyes de que este
plan no implica la dotación de armas, logística militar y presencia
oficial estadunidense en México, se las lleva el viento. Estados Unidos
es una superpotencia absolutamente intervencionista y cuando un
gobernante de otro país le abre una ínfima rendija, ellos meten todo el
cuerpo, validos de su poderío, y la historia de su expansionismo y
hegemonía no dejan lugar a dudas en esta afirmación.
No ha satisfecho a
nadie la aclaración de la Cancillería mexicana, formulada el sábado 9,
de que no habrá aquí una copia o réplica del “Plan Colombia”, aunque sí
se negocia más apoyo de Washington a México en esa tarea (según dijo el
embajador de México en EU, Arturo Sarukhán). Manlio Fabio Beltrones,
coordinador de la fracción del PRI en el Senado, advirtió que por medio
de la Comisión Permanente se le exigiría a Calderón información “precisa
y clara” sobre este asunto, ya que una cooperación de este tipo, dijo,
“no puede fundarse en la pérdida de la soberanía nacional”. Mucho más
duros y precisos fueron los perredistas Raymundo Cárdenas y Tomás
Torres, quienes revelaron que ya hay una acción intromisoria
norteamericana, encubierta en la cooperación, a integrantes del CISEN
(Centro Nacional de Investigación y Seguridad) sin que se haya informado
de ello al Congreso. O sea, lo que para Beltrones no pasa de ser una
expectativa peligrosa, para los perredistas es un hecho que ya está
violando la soberanía del país.
Según Silvestre Reyes, el congresista
hispano-norteamericano que reveló los hechos, la petición para esa
cooperación la hizo Calderón dos o tres meses atrás, lo cual supone que
la entrada del ejército mexicano a la lucha anti-narco la planteó el
jefe de la administración federal ya bajo el supuesto del sometimiento a
la ayuda de Estados Unidos, lo cual hace el problema de soberanía mucho
mayor. Un titular del Ejecutivo que ni siquiera tiene el valor político
de confesar que no puede él solo contra el narco-comercio, sino que debe
depender del apoyo que le brinde la poderosa nación del norte, es que no
tiene claras las responsabilidades de un mandato, el que dice haber
recabado en las urnas el 2 de julio pasado. Mal anda, pero muy mal,
quien así reacciona ante la responsabilidad inherente al cargo de dar la
lucha, incluso la vida, por la soberanía nacional.