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2309 07 - Palenque -
Desde México -
Palenque - Certeramente bien lo dijo
Nicolás Maquiavelo (1469-1527), en medio de las fulgurantes
teorizaciones que lo singularizan hasta el día de hoy, a más de cinco
siglos de haberlas emitido:
“O un gobierno es fuerte o es moral. O se funda en el ideal o tiene en
cuenta las sórdidas realidades. En más de una ocasión han de emplearse
medios injustos para garantizar la justicia. ¿Hay que renunciar a
utilizarlos, porque no están de acuerdo con el estricto ideal de la
justicia absoluta, o hay que consentir, de manera deliberada, que la
justicia práctica se salve a costa de la justicia teórica? En política
hay que transigir de forma continuada, con uno mismo y con los demás,
con el propio ideal y las propias convicciones: para durar, para
subsistir, para vencer”.
Y los émulos pueblerinos mexicanos de las sórdidas realidades enunciadas
por Maquiavelo --principalmente la derecha que se encaramó al poder
desde el año 2000, con su emblemático líder Fox-- de haber leído esas
palabras, lo cual es muy dudoso pues su ignorancia sólo es superada por
su ambición de poder, naturalmente ya se hubieran inclinado por los
“medios injustos”, hacia las “sórdidas realidades” de nuestra política.
Y no estarían afiliados a la moral sino a la fuerza, y en el caso
concreto nuestro, a la chicana y a la trampa, antípodas de todo ideal de
toda convicción. Su objetivo es durar, subsistir, vencer. No importa por
cuál vía. Y lo están practicando o, al menos, tratando de lograrlo.
Esta reflexión no tiene nada de teórica, sino muy concretamente actual y
contingente, del momento. Ahí están las indefiniciones calderonistas
diciendo respetar al Congreso por sus decisiones que limitan a la
telecracia en sus desmedidos afanes de enriquecimiento y de poder, sin
que quede clara su verdadera actitud ante este asunto, que sí asumieron
sus propios legisladores panistas, rectificando la escandalosa
indignidad de la ley televisa del 2006. Ahí está el uso inconstitucional
de las fuerzas armadas en una función policíaca para perseguir al narco
y al crimen organizado, aplastando en su paso los derechos humanos de
quienes, ajenos, se les atraviesan en el camino. Ahí está el designio
apenas disfrazado de enajenar a favor del capital privado las riquezas
petroleras y energéticas del país, so pretexto de que eso es lo
“moderno” y lo “realista”. Ahí está su intentona para que los jodidos
paguen los impuestos que los opulentos --que le financiaron sus campañas
negras en el 2006-- no quieren pagar, lo cual impide integrar una
verdadera y real reforma fiscal. Y ahí está el caso, también
emblemático, del insultante enriquecimiento particular de la pareja Fox-Sahagún,
que llegaron en la medianía económica al gobierno en el 2000 y hoy, sólo
seis años después, excretan sus prosaicas vanidades de nuevos ricos, que
además se presumen intocables.
El caso de los Fox es más que emblemático. Es una papa ardiente en manos
de Felipe Calderón. ¿Dónde habrán de aparecer las “manos limpias” de que
alardeó en su campaña? ¿Y dónde su apego a la ley y al estado de
derecho? Si es cierto que la Secretaría de la Función Pública, como
conjeturó por radio Francisco Labastida Ochoa, actualmente senador por
el PRI, tiene todos los expedientes del enriquecimiento sin duda ilícito
de los Fox, ¿cuándo Germán Martínez Cázares, su titular, dará a conocer
los pormenores de esta repetida sórdida realidad? ¿Hasta que su jefe lo
instruya a hacerlo? ¿Y cuándo lo hará el jefe?
¿Dónde, por otra parte, está el cumplimiento calderonista de su oferta
de ser el “presidente del empleo”, si está lanzado a negar y combatir
derechos constitucionales a los trabajadores en general, pero en
especial a los mineros y metalúrgicos actualmente en lucha
reivindicatoria de su contratación colectiva, con lo cual está atentando
contra empleos ya creados, que habrán de desaparecer si persiste tal
política? Pues que no nos vengan con la engañifa de que los culpables de
las agresiones a los mineros sólo son German Larrea y el secretario del
Trabajo, Javier Lozano Alarcón, y Calderón se mantiene en este asunto
con las “manos limpias”. Todos ellos son culpables, por igual, aunque
más Calderón por dejar hacer al subordinado lo que se le antoja en este
conflicto que a más de un año de estallado ya debiera estar plenamente
resuelto con sólo que se aplicara un mínimo de “justicia práctica”, ya
no aspiremos a la justicia teórica, ni siquiera al propio ideal ni a las
propias convicciones que delineaba
Nicolás Maquiavelo hace 500 años o más.
Mientras en México no se
aplique la justicia teórica ni nos acerquemos al “estricto ideal de la
justicia absoluta” no habrá paz social ni conciliación reales, ni será
creíble ningún llamado calderonista al diálogo y a la conciliación. La
justicia está siendo conculcada todos los días. Por lo mismo, la
ilegitimidad de Felipe Calderón está siendo a cada día confirmada con
sus propias acciones. A cada momento se confirma que no tiene piernas de
jinete ni siquiera para ser un buen cabalgador de la demagogia.
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