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111107 - Desde México -
Palenque - El presidente bolivariano de Venezuela,
Hugo Chávez Frías, lo dijo así,
invocando al prócer uruguayo José Gervasio Artigas: “Con la verdad no ofendo ni
temo”.
En México se dice: “La verdad no peca pero incomoda”. Ambas expresiones
son aplicables a la calificación que hizo el mandatario venezolano del ex
gobernante español
José María Aznar. “Fascista”, le dijo Chávez al derechista
hispano, y esta es una verdad que se cae de evidente, aunque a Aznar en aciago
momento lo hayan elegido por el voto una mayoría de españoles. Su política
interna y externa ha estado plagada de desplantes derechistas, reaccionarios,
que en conjunto configuran una actitud de intolerancia y agresividad propias de
un fascista, no de un demócrata.
La postura de Aznar ante la invasión
estadounidense de Irak, de activo apoyo
servil a George Bush en su agresión a ese país árabe, tiene en sí todos los
ingredientes de un posicionamiento fascista. Ni siquiera Fox, con ser tan
endeble política y mentalmente, se sumó a apoyar la invasión de Bush a Irak.
Pero Aznar sí, en lo que se conoce como el “trío de las Azores”, donde EU,
Inglaterra y España juntaron, en neo santa alianza, sus afanes criminalmente
colonialistas para agredir a los iraquíes. Pero el injerencismo derechista de
Aznar no se define sólo por el asunto iraquí. En cada caso que se le presenta la
ocasión arremete verbalmente, como “cruzado”, contra quien o quienes en el mundo
practican una política propia, nacionalista y democrática, o simplemente a
quienes quiere satanizar desde su óptica, sin importarle la verdad.
Recordemos su intromisión en el
proceso electoral mexicano del 2006 a favor de
la “campaña negra” de Felipe Calderón Hinojosa contra
Andrés Manuel López
Obrador, que debió haber sido motivo de la aplicación inmediata del Artículo 33
constitucional (“Los extranjeros no podrán, de ninguna manera, inmiscuirse en
los asuntos políticos del país”, y “el ejecutivo de la unión tendrá la facultad
exclusiva de hacer abandonar el territorio nacional, inmediatamente y sin
necesidad de juicio previo, a todo extranjero cuya permanencia juzgue
inconveniente”) pero no lo fue.
En el caso de Venezuela, ha sido recurrente la animosidad intromisoria y abusiva
de Aznar contra el gobierno, el pueblo y el dirigente del país bolivariano. En
todo momento se le sale a Aznar el gachupín, el colonialista que es, a
diferencia radical de los transterrados españoles de los 30 del siglo pasado
(refugiados, republicanos, se les llama aquí con absoluto respeto y amorosa
cordialidad) que vinieron a México y a otros países latinoamericanos, entre
ellos Argentina y la misma Venezuela, que nutrieron nuestra vida y cultura,
huyendo de la masacre fascista de
Francisco Franco Bahamonde. Tanto y tanto se
inmiscuye este personaje del fascismo español en asuntos que son sólo de los
latinoamericanos, que alguna vez tenía que tener respuesta. El que se ríe se
lleva. Y la respuesta fue una verdad que no se puede negar: Aznar es fascista. Y
la verdad no peca aunque incomode.
En rigor, lo que sucede es que Aznar, con una explicable pero injustificable
tolerancia de los socialistas hueros del gobierno español, hace las veces de
peón de brega de Bush y la derecha norteamericana en América Latina, y de su
propio expansionismo financiero y energético en nuestra región. No
importa que
José Luis Rodríguez Zapatero haya ganado las elecciones que lo encumbraron al
gobierno español por dos razones: la crasa mentira de Aznar de querer atribuir a
ETA el atentado del 11 de marzo en la estación de Atocha, y su promesa, que
felizmente cumplió, de zafar el apoyo español a la invasión a Irak, pues ahora
el socialista Rodríguez Zapatero defiende el expansionismo hispano en nuestras
tierras, debido a que “poderoso caballero es Don Dinero”, y se permite tener
actitudes como la que tuvo al declarar triunfador a Felipe Calderón en las
elecciones mexicanas, sin jamás haberse tomado la molestia de cohonestar su
declarada ideología de izquierda, labios para afuera, con esa postura, de claro
corte injerencista, como si fuera un neo Aznar.
Es obvio que Zapatero y Felipe González, y de pasada el Rey, están actuando en
América Latina con una estrechísima perspectiva española, con el agregado de que
es hispanista y neo colonial. No quieren que se les descomponga el tinglado
español de difíciles equilibrios con la agresiva derecha propia, pero pretenden
ilógicamente que esa debe ser la política de nuestros países, como si se tratara
de colonias vasallas y obsecuentes. Ignoran que ya no hay Cortes de Cádiz.
Montados los socialistas hispanos en la Moncloa, o sea, en el complicado arreglo
con sus derechistas españoles, pretenden que esa debe ser también, por mecánico
trasplante conceptual, la principal prioridad latinoamericana, esto es, el
arreglarse con la derecha vernácula, cuando ésta está cada vez más sometida al
imperio norteamericano, como nítidamente se advierte en Venezuela, Bolivia,
Ecuador, Nicaragua y México, y los demás. Y donde, caso de Venezuela, están
inmersos en la batalla local para cancelar el proyecto de liberación
bolivariano, que puede llegar hasta un nuevo golpe de estado con apoyo
norteamericano, así como español, según se colige de diversos indicios.
O sea que más allá del exabrupto monárquico
del Borbón (“¿por qué no te
callas?”, dirigido irrespetuosamente a todo un jefe de estado venezolano, muy
parecido en su prepotencia al “comes y te vas” de Fox versus don
Fidel Castro Ruz en Monterrey), lo que se revela es una política de estado española que es
neo colonial, ya no bajo el impulso de la cruz y la espada, ni bajo la divisa
del saqueo del oro indígena y la esclavización, pero sí bajo la clarinada de que
estos indios están para callar y obedecer, como dijo el afamado ideólogo Marqués
de Croix, y aguantarse a seguir siendo esclavos de la globalización neoliberal,
y del propio expansionismo hispanista actual. Pero sin duda, hay de españoles a
españoles, muchos de los cuales están avergonzados de tener un rey de ese
talante, o simplemente de tener rey.
Y la cuestión final es si el presidente Chávez calumnió, mintió o falseó cuando
calificó de “fascista” a Aznar, o simplemente expresó una verdad. Pues aunque la
mona se vista de seda, mona se queda. Y Aznar ni siquiera, a lo que se ve,
pretende vestir tafetanes de seda. Son los socialistas y el Rey quienes le
quieren embutir el ajuar democrático al neo fascista ex jefe del gobierno
hispano...
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