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Fascistas, nacieron para la derrota
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040508 - A los “nazis de huarache”, como muy bien los califica Eduardo Ibarra Aguirre en su última Utopía, les salió el tiro por la culata; que digo por la culata, por el trasero. Su pretensión de que López Obrador es un dictador se esfumó como apestosa flatulencia. No hay otro modo de calificar este nuevo intento de la ultra derecha naca en contra del movimiento popular que encabeza Andrés Manuel López Obrador contra la privatización de Pemex. Las excrecencias del fascista Velasco Arzac sólo son eso, detritus ideológicos de los cuales acaso se puede extraer su ADN político formado por ansiedades de cristero fracasado, un inacabable destino de derrota en derrota y una sucia complicidad tanto del PAN como de Televisa, en una guerra sucia que comenzó Felipe Calderón en el 2006.

 

         La desmesurada, abstrusa, supuesta imagen de López Obrador ideada por los Velasco Arzac y los pocos paniaguados que lo siguen, tuvo un efecto diametralmente contrario al buscado por el energúmeno ideológico de “Mejor Sociedad, etc.”. Los sectores más amplios de la sociedad no sólo no se tragaron la puerilidad estulta, sino que la reprobaron. El hecho que enfurece a estos “fascistas de huarache” es que sólo hubo un líder de masas capaz de detener la intentona privatizante “fast track” de la industria petrolera nacional. Y que ese fue AMLO. Quisieron torpemente reeditar la guerra sucia del 2006, pero ¡ni el IFE! se lo tragó. Ya ordenó a la televisora, aunque con tardanza, que cancele la difusión del espot de marras, y hará falta ver qué tanta energía tiene para hacer entrar en razón y en la ley a la empresa de Azcárraga.

 

         Esta nueva hazaña de los fascistas de petate sólo indica que no saben leer las indicaciones de la vida real, que tienen volteado el “principio de realidad” que los psiquiatras registran en las enfermedades mentales de sus pacientes. A los Velasco Arzac ni haciéndoles lobotomía política se les podría corregir esa irresistible adscripción al mito reaccionario, a la mentira bufante, a la alucinación retrógrada. De equivocación en equivocación se la han pasado durante años, rumiando rencor y resentimiento contra la vida. La amargura de la derrota ya les es consustancial.

 

         Pero no están solos los Arzac en el empeño absurdo. Álvaro Uribe en Colombia no canta mal las rancheras ni hace malos quesos, aunque estos nazcan apestosos y descompuestos, también flatuleicos. Quien en México se encargó de poner en su lugar al descarriado colombiano que dice ser presidente de esa nación hermana, fue nada menos que el rector de nuestra gran Universidad Nacional Autónoma de México, el doctor José Narro Robles, a quien es preciso rendir reconocimiento pleno de confianza en su mandato académico. Por ese solo hecho.

 

Pero además porque, como no lo ha hecho ni lo hará la administración de Felipe Calderón Hinojosa ante el asesinato impune de mexicanos en territorio ecuatoriano por fuerzas armadas uribistas, Narro Robles supo encarnar con su postura la dignidad de todo universitario de México y del mundo, salvo que se trate de los tecos de la Universidad privada de Jalisco o de los yunques que andan creando universidades de membrete o “patito” por todo México. El doctor Narro dejó bien claro que un personajillo como Uribe no tiene calidad moral ni altura de miras para descalificar a una egregia institución, la más antigua de Nuestra América, y según algunas voces autorizadas, una de las más calificadas para el quehacer educativo y moral en el ámbito latinoamericano e internacional.

 

         Y no se diga de los separatistas bolivianos, que intentan         desestabilizar a Evo Morales con algazaras supuestamente “autonómicas”. En este caso también serán derrotados, sin duda porque leen la realidad al revés. O sea, nacieron para perder, como buenos proto fascistas que también son, bajo las órdenes del gobierno imperial yanqui.

 

         El rayo de luz está por hoy en Paraguay, el país guaraní. Fernando Lugo, un ex obispo de la Teología de la Liberación, triunfó incontestablemente en las elecciones de este domingo, enterrando 60 años de oprobioso dominio del llamado Partido Colorado, de los cuales 35 fueron del archi dictador Alfredo Stroessner, eje de la Operación Cóndor contra los luchadores demócratas del Cono Sur.

 

Y ya en Paraguay las fuerzas derrotadas de la derecha nativa pretendieron iniciar en la campaña electoral una guerra sucia más a las que tan afectos son, y lo seguirán intentando en el futuro inmediato contra este triunfo popular. Pero fieles a su sino fatal, estos reaccionarios también serán derrotados en definitiva por los dignos guaraníes que se impusieron a la adversidad de más de medio siglo.

 

 

 

 

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