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Naufraga la Iniciativa Mérida
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080608 - Palenque - El panorama no le pinta para nada halagüeño al actual inquilino de Los Pinos. Un recuento breve lo hace ver así. De yerro en yerro, cada semana acumula más pifias, y hasta lo que pudiera considerarse un acierto --su negativa, hasta hoy, a sumarse a la intención intervencionista de EU con motivo de la llamada Iniciativa Mérida-- se aprecia como otro desbarre, no como una respuesta digna. Lo cual quiere decir que a Calderón Hinojosa se le están angostando peligrosamente los márgenes de maniobra en su pretendida conducción de la administración pública.

El hecho es que los índices, bastante medianos o mediocres, de las encuestas sobre su gestión de 18 meses, le están siendo negativos, ya que en vez de subir está bajando puntos respecto de los meses finales del 2007, y eso considerando que sus registros estaban mucho más bajos que los de Fox para los respectivos comienzos de gestión de cada uno de ellos. Quiere decir que la gente, inserta en una sociedad mucho más avisada, no se cree las pamplinas mediáticas en que el calderonismo ha gastado mucho más dinero que Fox, si se comparan el último año del de las botas y el primero del actual sexenio. Mitofsky ha dado buena cuenta de ello en una de sus últimas mediciones.

Uno de los elementos del fracaso en curso de Calderón es el famoso Plan México-Iniciativa Mérida, el sucedáneo mexicano del siniestro Plan Colombia. Plan tramado sin consulta con el cuerpo político mexicano, sino sólo por las pistolas del michoacano, ahora resulta que también los legisladores estadunidenses están en la misma situación. Bush no les consultó sino que se lanzó por sus pistolas a crearlo, cheek to cheek con Calderón, y ello explica en alguna medida que de mil 400 millones de dólares prometidos inicialmente por el texano, los legisladores yanquis lo hayan recortado hasta unos módicos 350 millones de los mismos billetes verdes. Si no me consultaste, parecieron decir representantes y senadores a Bush, tampoco te puedo soltar la escarcela a tal nivel.

Cuando todo eso se le vino encima al calderonismo, es evidente que hubo una reacción de profunda molestia en su seno. Lo recortado del presupuesto fue un buen pretexto de Calderón para vestirse de niño héroe y casi aventarse envuelto en la bandera tricolor desde el alcázar del Castillo de Chapultepec. Así que mandó a decirles a los norteamericanos con Camilo Mouriño que con los condicionamientos atentatorios de la soberanía mexicana con que el Senado yanqui aprobó la muy recortada suma inicial --apenas la cuarta parte de lo prometido, si Pitágoras no miente-- era imposible que su administración aceptase esa cooperación. Ahí empezó a naufragar la Iniciativa Mérida y sufrió otro duro golpe la lucha contra el avasallante narco.

Así, lo que desde un principio debió ser una postura de soberanía, esto es, no tramar ayudas unilaterales condicionadas que ponían en entredicho la autonomía mexicana, se queda envuelto en la bruma de un toma y daca que más parece un regateo en el tianguis semanal, donde montones de papas y jitomates se negocian entre vendedor y marchante según se vea que el sapo necesita de un tamaño de pedrada suficiente. O lo que es lo mismo, pareciera haber dicho la dupla Calderón-Mouriño: no me vendo por tan poco, o como el célebre caricaturista Abel Quezada puso en uno de sus últimos cartones, de cuando un supuesto “periodista” contaba un delgado fajito de billetes ante un funcionario: “Uh, licenciado, con tan poquito ni me corrompo”.

Que todo esto es un retroceso en la relación bilateral, de por sí desbalanceada, asimétrica, entre México y EU, no cabe duda. Pero no lo comenzó Calderón, ni siquiera Fox, aunque cuando les tocó el turno de actuar lo hicieron más solícitos que sus dos antecesores. El asunto del sometimiento de la soberanía mexicana a los Estados Unidos comenzó con Salinas de Gortari y siguió con un brío no menos espeluznante con Zedillo Ponce de León, en dos sexenios sucesivos, de 1988 a 2000. Hasta el grado que hoy es común la imagen de que vivimos en un protectorado de los EU, donde los únicos que se protegen son los norteamericanos del poder y los únicos desprotegidos son los intereses nacionales de México, como se ve en la intentona privatizante de nuestro petróleo y en las demás privatizaciones previas que dizque nos iban a llevar ipso facto al llamado Primer Mundo.

         En la reunión bilateral de legisladores que se realizó recientemente en Monterrey eso mismo salió a relucir, incluso de parte de los norteamericanos. El momento elegido por Calderón para buscar la Iniciativa Mérida no pudo ser más inoportuno, cuando un presidente estadunidense de pocas luces pero mucha agresividad ya estaba declinando plenamente en la aceptación de sus congéneres nacionales y cuando, desde esa óptica, cualquier trato suyo internacional habría de ser sometido al fuego de la contienda electoral en el hiper imperio.

         Así que nadie se extrañe de los resultados del calderonismo. Sin una visión estratégica de gobierno, ya que hablando en serio este no lo es, el calderonismo está envuelto en yerros miles que ni las encuestas a modo ni la propaganda mediática han podido ya ocultar por mucho tiempo. Habrá que comenzar a pensar en serio en la propuesta de Muñoz Ledo, de cambiar al actual jefe de la administración pública federal, para que la nación no siga por la senda de la debacle.

 

 

 

 

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