zarista firmaron un pacto
(el Convenio de San Petersburgo) que le dio la parte norte de Irán a
Rusia y la parte sur a Inglaterra (donde, no por casualidad, estaban los
principales yacimientos petroleros). Ni siquiera consultaron con el
gobierno iraní.
Anglo-Persian empezó a extraer petróleo en 1908, o sea,
Irán fue el primer país productor de petróleo comercial a escala
industrial del Medio Oriente. A continuación, la I Guerra Mundial
estableció el papel central del petróleo para el imperialismo en la
época moderna. En esa época, las marinas eran la principal arma de
dominación global, y los nuevos buques de guerra que funcionaban con
petróleo eran más rápidos y de mayor alcance que los buques de carbón.
En 1912,
Winston Churchill, a cargo de la marina inglesa, abandonó el
carbón y adoptó el petróleo, así que el control del petróleo se volvió
esencial para la supremacía naval y la hegemonía global. Tras la derrota
de Alemania en la I Guerra Mundial, lord Curzon declaró que los aliados
"flotaron a la victoria encima de una ola de petróleo". (Everest, p. 31)
Pero la importancia del petróleo iba más allá de su
papel militar. Pasó a ser un insumo económico esencial (cuyo precio
afectaba el precio de producción, las ganancias y la competencia) y un
instrumento de rivalidad: el control del petróleo implicaba control de
los que dependen de él y de la economía global en general. Además, el
petróleo del Medio Oriente era una fuente de las enormes
"superganancias" que necesita el capitalismo en los países
imperialistas. El petróleo iraní desempeñó un papel importante en el
desarrollo industrial de Inglaterra. Winston Churchill dijo que el
petróleo iraní era "un premio de fantasía que rebasa nuestros sueños más
ambiciosos". (Stephen Kinzer, All the Shah's Men)
La enorme brecha entre los imperialistas y sus víctimas
se veía claramente en Abadán, una gran ciudad en el suroeste de Irán
donde Anglo-Persian construyó sus refinerías. Manucher Farmfarmaian, un
funcionario del gobierno iraní encargado del petróleo, describió los dos
mundos que chocaron en Abadán:
"Pagaban un salario de cincuenta centavos al día, nada
por vacaciones o por estar enfermo o discapacitado. Los trabajadores
vivían en una barriada llamada Kaghazabad, o Ciudad de papel, sin agua
corriente ni electricidad, por no decir nada de los lujos como heladeras
o ventiladores. En el invierno había inundaciones y la barriada se
convertía en un lago plano. El barro llegaba hasta la rodilla y
utilizaban canoas para transportarse… El verano era peor… Las casuchas
de Kaghazabad, hechas de barriles de petróleo oxidados aplanados con
martillos, se convertían en hornos… Todas las grietas apestaban de
azufre por el petróleo que quemaban… En el sector británico de Abadán,
había céspedes, jardines de rosas, canchas de tenis, piscinas y clubes;
en Kaghazabad no había nada, ni una tienda de té, un baño ni un árbol".
(Manucher Farmfarmaian y Roxane Farmfarmaian, Blood and Oil: Inside
the Shah's Iran, Nueva York: Modern Library, 1999, citado en Kinzer,
p. 67)
La brutalidad y la humillación de la dominación colonial
prendieron muchas veces resistencia masiva del pueblo iraní. En 1905,
surgió un movimiento democrático de la nueva clase media urbana; en el
verano de 1906 manifestaciones por todo el país pedían un parlamento
elegido democráticamente y el fin del control absoluto del sha.
Participaron maestros, intelectuales, artesanos, tenderos y
comerciantes, trabajadores industriales y del campo, y hasta un sector
influyente de los clérigos islámicos. Se redactó una constitución y a
finales de 1906 se inauguró el majlis (parlamento). En 1908 el sha envió
a sus matones y una brigada de cosacos entrenados en Rusia a atacar el
majlis y poner fin a la "revolución constitucional". En 1911, con la
ayuda de Inglaterra y Rusia, el sha cerró el parlamento y arrestó a
muchos delegados.
I Guerra Mundial: La división de la región y del
botín
Durante la I Guerra Mundial, una vez más Irán fue campo
de batalla de las potencias imperialistas rivales. Se declaró neutral,
pero las fuerzas inglesas invadieron el sur para proteger el transporte
petrolero y se libraron muchas batallas.
Las potencias occidentales, especialmente Inglaterra y
Francia, anunciaron que peleaban para liberar al Medio Oriente de la
dominación feudal y autoritaria del imperio otomano. En realidad,
peleaban para determinar cuál potencia iba a controlar la región, su
posición estratégica y su riqueza petrolera.
En público prometieron independencia a los pueblos de la
región, pero en secreto Inglaterra, Francia y Rusia negociaban cómo
repartírsela. Eso solo se sabe porque en 1917 los bolcheviques de Lenin
tumbaron al gobierno del zar y, en un despliegue de internacionalismo,
publicaron los tratados secretos, como el Pacto Sykes-Picot de 1916, que
descubrieron en los archivos del Ministerio de Relaciones Exteriores.
El gobierno revolucionario de Rusia repudió el Pacto
Sykes-Picot, que le dio a Rusia Constantinopla (ahora Estambul, en
Turquía), tierra en ambos lados del Bósforo y grandes extensiones de las
provincias a lo largo de la frontera. Además, anuló todas las demandas
territoriales de los zares en Irán, exhortó a Irán a rechazar la
dominación inglesa, y prometió amistad y apoyo a su independencia e
integridad territorial.
Pero Inglaterra redobló la intervención en Irán y se
comprometió a "parar a toda costa la propagación del comunismo a Irán,
utilizarlo como una base de primera línea en la campaña contra los
bolcheviques" y ayudar a los contrarrevolucionarios rusos en el norte de
Irán. (Saikal, p. 17)
En 1919, Inglaterra impuso el Acuerdo Anglo-Persa a
Irán. Con ese acuerdo se adjudicó el control exclusivo del "ejército, la
hacienda pública, el sistema de transporte y la red de comunicaciones de
Irán". Inglaterra "impuso la ley marcial y gobernó por decreto". (Kinzer,
p. 39) A partir de 1921, apoyó una serie de golpes militares del
despiadado Reza Khan, que se declaró sha en 1926. Así empezó la dinastía
Pahlavi, y Reza Shah gobernó como títere del imperialismo británico y
llevó a cabo una brutal represión contra toda rebelión popular.
Estados Unidos pelea para agarrar su parte del
botín
Como hasta ese momento Estados Unidos no había
desempeñado un papel importante en el Medio Oriente, muchos pensaban que
era un país dedicado a la reforma y sin metas imperialistas. Esa idea
errónea la fortaleció la declaración de "14 puntos" del presidente
Woodrow Wilson, que defendía de palabra el derecho a la
autodeterminación de las naciones después de la I Guerra Mundial.
Pero tras bastidores se estaba tramando una intensa
rivalidad imperialista por el petróleo y el poder. Tras la guerra,
surgieron temores de una escasez de petróleo. En 1920, Estados Unidos
protestó vigorosamente contra la monopolización de los recursos
petroleros del Medio Oriente por Inglaterra y Francia, y se dio una
fuerte lucha entre carteles rivales (y los estados que representaban).
En 1928, Inglaterra se vio obligada a darles a las
compañías estadounidenses una tajada del petróleo iraní, en vista de su
creciente poder global y de la fuerza de sus compañías: Standard Oil
(ahora Exxon) abastecía la mitad del petróleo a Inglaterra. El
historiador del petróleo John Blair describió el resultante acuerdo
"Línea roja" como "un ejemplo sobresaliente de una combinación
restringida para el control de una gran porción del petróleo mundial por
un grupo de compañías que juntas dominan el mercado mundial de esa
mercancía". (Everest, pp. 38-39)