Como principal potencia global después de la II Guerra
Mundial, Estados Unidos le arrebató las colonias a sus rivales por todo
el mundo e instituyó relaciones opresivas en grandes partes de Asia,
África y Latinoamérica. Irán era un premio gordo. En 1953, la Agencia
Central de Inteligencia (CIA) organizó un golpe de estado que devolvió
al poder al sha Mohammed Reza Pahlavi. Fue un punto de viraje de la
historia de Irán y de todo el Medio Oriente. Colocó en el trono a un
tirano brutal: un títere que aplastó la oposición y obedeció los deseos
de Washington. Esta fue una proclamación de que Estados Unidos era la
nueva potencia regional, en vez de Inglaterra. Sembró las semillas de la
revolución iraní de 1979, que llevó al poder a los clérigos
fundamentalistas islámicos e inició el nuevo capítulo tenso y peligroso
de las relaciones entre Estados Unidos e Irán que continúa hoy.
El petróleo, el Medio Oriente y el ascenso del
imperialismo estadounidense
La importancia económica y militar del petróleo aumentó
enormemente después de la I Guerra Mundial. Surgieron nuevas industrias
dependientes del petróleo: automóviles, caucho, petroquímicos y
plástico. Las economías y fuerzas militares de Estados Unidos, Europa y
Japón funcionaban cada vez más con petróleo. Un memorando de 1944 del
Departamento de Estado lo llamó "una fuente estupenda de poder
estratégico y uno de los mayores premios materiales de la historia
mundial".
Durante la II Guerra Mundial, la clase dominante
estadounidense se enfocó cada vez más en el Oriente Medio por su
posición estratégica en la intersección de África, Asia y Europa, y
porque tiene la mayoría de las reservas petroleras mundiales. Los
estrategas estadounidenses se dieron cuenta de que sería crucial
controlar esa región para ganar la guerra y salir como principal
potencia imperialista.
Dominar el Oriente Medio requería tres cosas: reemplazar
a Inglaterra y Francia; contener o reprimir a los movimientos
nacionalistas y antiimperialistas de la posguerra; e impedir que la
Unión Soviética, en ese entonces un país socialista, adquiriera
influencia.
Todos estos factores se concentraron en Irán después de
la guerra.
En 1946, estalló en Irán la primera confrontación de la
posguerra entre Estados Unidos y la URSS. En ese entonces Inglaterra
ocupaba el sur del país y la URSS ocupaba el norte (donde estableció
repúblicas soviéticas, o mini estados, en Azerbaiyán y Curdistán). La
alianza entre Estados Unidos y la URSS durante la guerra se estaba
deshilvanando, reemplazada por hostilidad y, pronto, la guerra fría. El
presidente Harry Truman escribió: "Si Rusia controla el petróleo de
Irán, directa o indirectamente, el equilibrio de materias primas del
mundo y la economía del mundo occidental sufrirán graves perjuicios". (Amin
Saikal, "The Rise and Fall of the Shah", p. 33) [Los lectores
encontrarán una discusión importante de la naturaleza de la II Guerra
Mundial y del papel de Estados Unidos en "Forjar
otro camino", Bob Avakian, presidente del Partido Comunista
Revolucionario, EU, en particular la sexta parte, en revcom.us]
Para Truman Irán tenía una posición de tanta importancia
estratégica que amenazó soltar una "superbomba" (una bomba nuclear) si
las fuerzas soviéticas no se retiraban. (No era una amenaza vacía: en
1945 Estados Unidos soltó dos bombas atómicas en Japón). Poco después
las fuerzas soviéticas se retiraron de Irán.
Irán: Indignación popular y nacionalización del
petróleo
El pueblo iraní sufrió enormemente como consecuencia de
lo que un historiador llama "el desorden social, la confusión política y
las dificultades económicas" durante la II Guerra Mundial. (Saikal, p.
26) Cuando la guerra terminó, la inestabilidad política continuó, junto
con una creciente ola de indignación contra los imperialistas ingleses.
El punto focal de esa indignación era la enorme brecha
entre las riquezas que Inglaterra ganaba por el control exclusivo de los
recursos petroleros iraníes, y lo poco que le pagaba a Irán y la pobreza
agobiante de la mayoría. Por ejemplo, en 1947 la compañía Anglo-Iranian
Oil sacó ganancias (descontados los impuestos) de 40 millones de libras
esterlinas (o sea, 112 millones de dólares), pero solo le pagó a Irán 7
millones de libras en impuestos. (Stephen Kinzer, All the Shah's Men,
p. 67)
Las condiciones de trabajo en los campos petroleros eran
tan malas que los trabajadores se declararon en huelga en Abadán (donde
se llevaba a cabo la mayor parte de la producción) en 1946. Pandillas de
criminales organizados por Inglaterra atacaron a los trabajadores en
huelga y estallaron motines. El 1º de Mayo, el Día Internacional del
Trabajador, docenas de miles de personas marcharon en Teherán y Abadán
bajo la dirección del Partido Tudeh de Irán (un partido comunista
prosoviético y no revolucionario). (Kinzer, pp. 52, 65)
A finales de los años 40, cobró fuerza un amplio
movimiento que pedía el control de las riquezas petroleras. Devino en el
Frente Nacional, una diversa alianza bajo la dirección de Mohammed
Mossadegh, un político nacionalista burgués. En abril de 1951, Mossadegh
contaba con tanto apoyo que logró que el parlamento (majlis)
nacionalizara Anglo-Iranian Oil, y el sha se vio obligado a aceptarlo.
Una semana después, Mossadegh fue nombrado primer ministro. La
nacionalización de la industria petrolera fue un desafío sin precedente
en el Oriente Medio, donde los monopolios imperialistas extranjeros
controlaban la producción petrolera.
Inglaterra y Estados Unidos contraatacan
La nacionalización iraní afectó sobre todo los intereses
del imperialismo inglés: Anglo-Iranian Oil era la mayor empresa del
imperio en el extranjero y una fuente crucial de petróleo. A Inglaterra
le preocupaba que la nacionalización tuviera repercusiones por toda la
región y le diera un golpe contundente al imperio, que ya estaba
tambaleando.
Inglaterra contraatacó: organizó un boicot internacional
del petróleo iraní, apeló a los tribunales internacionales y se movilizó
clandestinamente para tumbar a Mossadegh. Inicialmente Estados Unidos se
distanció, pero en 1953 se unió a Inglaterra para planear el golpe. La
confrontación con la Unión Soviética se estaba intensificando y a
Estados Unidos le preocupaba que Irán cayera bajo el control soviético.
Pensaba que solo un cambio de gobierno lo podría impedir.
La CIA puso a Kermit Roosevelt (nieto del presidente
Teddy Roosevelt) a cargo de la operación en Irán y el 4 de abril de 1953
le dio un millón de dólares para "causar la caída de Mossadegh" y
"colocar en el poder a un gobierno que llegue a un acuerdo petrolero
equitativo, permita que Irán sea sólido y solvente económicamente, y
procese vigorosamente al Partido Comunista, que es fuerte y peligroso".
(Historia de la CIA abierta al público.
http://www.nytimes.com/library/world/mideast/041600iran-cia-index.html)
Mossadegh y la nacionalización de la industria petrolera
contaban con gran apoyo popular: en 1951 el majlis la aprobó
unánimemente y en 1953 Mossadegh ganó un plebiscito nacional con una
mayoría aplastante. Por otro lado, el pueblo iraní odiaba a Inglaterra.
(Kinzer, pp. 82, 165) La CIA trazó vínculos con los monarquistas, el
alto mando militar y las clases adineradas en una alianza contra
Mossadegh, para dividir y debilitar su Frente Nacional.
El Frente Nacional era una coalición de diversas fuerzas
políticas, como el Partido Tudeh, nacionalistas y ultranacionalistas y
fundamentalistas islámicos. Estados Unidos e Inglaterra se enfocaron en
conseguir el apoyo de los fundamentalistas islámicos agrupados en torno
al ayatola Seyyed Abolqassem Kashani (mentor del ayatola Jomeini, que
tomó el poder en la revolución de 1979). Esos clérigos fueron hostiles
al padre del sha porque socavó las instituciones y tradiciones
islámicas. Con su gran influencia en las masas de pobres urbanos,
inicialmente se unieron a la alianza de Mossadegh. Pero temían mucho más
la creciente influencia del Partido Tudeh, que Mossadegh toleraba por
sus propias razones. Esa preocupación, junto con los grandes sobornos
que les daban Estados Unidos e Inglaterra, los llevó a volverse en
contra de Mossadegh y apoyar el golpe de estado que organizaba la CIA.
El boicot del petróleo iraní dirigido por Inglaterra
perjudicaba a las capas adineradas. Por medio de agentes iraníes, la CIA
organizó incidentes y repartió propaganda que sembró confusión, paralizó
a la población y la volvió contra Mossadegh.
19 de agosto de 1953: Día de infamia en Irán
El 15 de agosto de 1953, tras meses de movilizaciones,
el sha mandó arrestar a Mossadegh y nombró al general Zahedi, un militar
pro Estados Unidos, como primer ministro. Los agentes de la CIA en
Teherán le dieron mucha publicidad a la orden de arresto; además,
sobornaron a oficiales de las fuerzas armadas y pagaron $50,000 a
pandillas para causar disturbios por la ciudad gritando lemas contra
Mossadegh. Luego despacharon a unidades de la policía a restablecer el
orden público.
El 19 de agosto, las pandillas a sueldo de la CIA se
apoderaron de las plazas gritando "¡Viva el sha! ¡Muera Mossadegh!". El
ejército atacó la residencia de Mossadegh y una unidad de tanques la
tomó a pesar de una fuerte resistencia. Mossadegh escapó pero se dio
cuenta de que todo estaba perdido y se entregó. El general Zahedi se
subió a un tanque, fue a Radio Teherán y anunció la victoria del golpe.
El sha le dijo a Roosevelt: "Por el trono estoy en deuda con dios, con
mi pueblo, con mi ejército… y con usted". (Kermit Roosevelt,
Countercoup: The Struggle for the Control of Iran, pp. 199-202)
Las duras repercusiones del golpe de estado
Después del golpe de estado, se conservó el nuevo nombre
de la compañía petrolera nacionalizada (Compañía Nacional Petrolera
Iraní), pero el control de la producción y la venta del petróleo iraní
pasaron a un consorcio de corporaciones transnacionales. Cinco
corporaciones estadounidenses recibieron el 40%, Anglo-Iranian Oil (hoy
British Petroleum) solo recibió el 40%, y las compañías francesas y
holandesas recibieron el 20%. El nacionalismo que latía en Irán y en
toda la región presionó a esas compañías a aumentar las ganancias de
Irán al 50%, pero a Irán no se le permitió revisar las cuentas. Un
historiador dice que el acuerdo fue "uno de los contratos más atractivos
de la industria petrolera en el Medio Oriente, desde el punto de vista
de las condiciones de pago". (Kinzer, p. 196; Larry Everest, Oil,
Power & Empire, p. 44; Rashid Khalid, Resurrecting Empire,
p. 91)
Estados Unidos logró instalar al sha en el poder
firmemente, por primera vez, y dispersar, desmoralizar o aplastar a la
oposición. El sha gobernó los 25 años siguientes como leal instrumento
del imperialismo yanqui en Irán y la región, y se mantuvo en el poder
con brutalidad y terror.
El golpe de estado de 1953 tuvo un profundo impacto en
la política y la conciencia iraní. Fue un día de infamia para millones
de personas que repercutió décadas y sembró las semillas de la
revolución que estalló en 1979.