Durante más de 100 años, el imperialismo
ha dominado a Irán con intrigas clandestinas, intimidación económica e
intervenciones e invasiones militares. Esta dominación son los
antecedentes de la hostilidad de Estados Unidos hacia Irán hoy y las
actuales amenazas de guerra. La
primera parte de
esta serie exploró la rivalidad de las potencias europeas para explotar
a Irán y sus recursos petroleros antes y después de la I Guerra Mundial.
La segunda parte
detalló cómo Estados Unidos tumbó al gobierno laico nacionalista de
Mohammed Mossadegh en 1953 y volvió a poner en el poder a un
administrador leal: el brutal sha Mohammed Reza Pahlavi. La
tercera y cuarta
partes examinaron las consecuencias de 25 años de dominación
estadounidense para el país y la población, y cómo sembraron las
semillas de la revolución de 1979. La
quinta parte
examinó cómo la revolución de 1979 y la respuesta de Estados Unidos
contribuyeron al ascenso del fundamentalismo islámico. La
sexta parte
exploró la lógica imperialista, el cinismo y las necesidades de la
maniobra de 1985-1986 de Ronald Reagan de enviar armas a cambio de poner
en libertad a los rehenes.
La parte 7
explora las crecientes hostilidades estadounidenses hacia Irán: desde el
derrumbamiento de la Unión Soviética en 1991 hasta 2001, cuando George
Bush tomó las riendas.
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El derrumbamiento de la Unión Soviética: Un
sismo geopolítico
El derrumbamiento de la Unión Soviética en 1991 fue un
sismo geopolítico y creó nuevas oportunidades y nuevas amenazas para el
imperialismo estadounidense. De un golpe el principal rival al poderío
global estadounidense desapareció (por lo menos temporalmente). Los
estrategas del imperio yanqui se vieron ante una oportunidad histórica
de extender su dominación global por la fuerza y resolver decisivamente
una gran variedad de obstáculos, para forjar un imperio indiscutible e
indisputable.
La nueva mezcla de oportunidades y necesidades remoldeó
la actitud estadounidense hacia Irán. Durante la guerra del golfo
Pérsico de 1991, Estados Unidos hizo retirar a Saddam Hussein de Kuwait
y destruyó gran parte de su infraestructura militar e industrial,
mientras Irán permaneció neutral. Después, los dirigentes de la
República Islámica tomaron medidas iniciales para normalizar las
relaciones con Estados Unidos, que se fueron a pique con la toma de la
embajada estadounidense en Teherán en 1979. El ayatola Jomeini murió en
1989 y una nueva dirección más pragmática dirigida por el presidente
Rafsanjani subió al poder. Irán quería atraer nuevas inversiones
extranjeras y más comercio para apoyar su economía.
A Estados Unidos no le interesaba, dado que la República
Islámica era un obstáculo a sus metas en varios frentes. El
derrumbamiento de la Unión Soviética no resolvió sus problemas en el
Medio Oriente; de hecho, agravó unos y abrió una caja de Pandora en Asia
central. Estados Unidos entraba en conflicto más y más con Irán en ambas
regiones. Sin la Unión Soviética, los estrategas estadounidenses no se
sentían en la necesidad de enemistar a Irán e Irak y se sentían libres
de atacar a los dos.
"Contención doble": Preservar el statu quo
dominado por Estados Unidos
El gobierno de Clinton adoptó una política de
"contención doble", con medidas económicas para castigar a ambos países,
con la meta de debilitarlos y aislarlos. Temía que las necesidades y
ambiciones regionales de Irán y el crecimiento del fundamentalismo
islámico pusieran en peligro su dominación del Medio Oriente.
La revolución de 1979 en Irán, con su carácter islámico
y anti Estados Unidos, todavía tenía influencia en las poblaciones de
las tiranías frágiles pro Estados Unidos, como Arabia Saudita, los
estados del Golfo, Jordania y Egipto. El derrumbamiento de la Unión
Soviética debilitó (a veces mortalmente) muchos partidos y movimientos
pro soviéticos, y esto fortaleció aun más las tendencias
fundamentalistas islámicas, que pasaban a ser el principal polo de
oposición a Estados Unidos y sus clientes. La revolución iraní y la
derrota soviética en Afganistán envalentonaron a los islamistas, que
ahora podían decir que como ya habían contribuido a la caída del sha y
luego de una superpotencia, ¿por qué no podían hacer lo mismo en cuanto
a Estados Unidos?
Como el principal estado islámico en la región, Irán
representaba un reto ideológico a la globalización y "modernización"
imperialistas dirigidas por Estados Unidos. La República Islámica
representaba un polo de oposición a unas metas políticas estadounidenses
en la región, tanto como una fuente de inspiración (y a veces apoyo
directo) para varias tendencias islámicas.
El gobierno de Clinton consideró el "proceso de paz" de
Israel y los palestinos, auspiciado por Estados Unidos para parar la
lucha palestina y fortalecer a Israel, una medida crucial para debilitar
la oposición a Estados Unidos y fortalecer su control regional. Pero
Irán era un obstáculo, por su apoyo político a los palestinos y su apoyo
material a Hezbola en Líbano y a las fuerzas palestinas islamistas.
A Estados Unidos le preocupaba también el potencial de
que Irán se volviera una fuerza regional poderosa debido a su tamaño,
ubicación, enormes reservas petroleras y esfuerzos de establecer lazos
con las potencias globales. El hecho de que la guerra de 1991 contra
Irak debilitó a ese país como baluarte contra Irán contribuyó a esas
preocupaciones.
Por su parte, Irán tenía muchas ganas de atraer nuevas
inversiones extranjeras para aumentar la producción de petróleo y
fortalecer la infraestructura industrial y militar. A comienzos de los
años 90, Irán ofreció a la gran compañía petrolera estadounidense Conoco
mil millones de dólares para desarrollar la industria petrolera y de
gas. Esto provocó un escándalo en Estados Unidos y llevó a la imposición
de sanciones económicas en 1995 para impedir que las compañías
estadounidenses invirtieran en Irán (y más tarde para castigar a las
compañías extranjeras con inversiones en Irán).
Una nueva "gran caza" en Asia central
El derrumbamiento soviético tuvo enormes consecuencias
para Estados Unidos —e Irán— en Asia central. De repente, los estados
que antes eran parte de la Unión Soviética y que tienen enormes recursos
energéticos —Turkmenistán, Uzbekistán, Tayikistán, Kirguizistán y
Kazajistán (donde hoy se está desarrollando el mayor proyecto petrolero
del mundo)— eran países independientes. Se desató una competencia feroz
entre Estados Unidos, Rusia, China y las potencias europeas por el
acceso, la influencia y el control. Zbigniew Brzezinski, funcionario del
gobierno de Jimmy Carter, advirtió: "Para Estados Unidos, el principal
premio geopolítico es Eurasia… La primacía global estadounidense depende
directamente de por cuánto tiempo y qué tan eficazmente mantiene su
preponderancia en el continente eurasiático".
Irán quiso ampliar sus lazos históricos, geográficos,
culturales y lingüísticos con estas nuevas repúblicas. También quiso
participar en los nuevos acuerdos sobre energéticos, enfocados en la
construcción de oleoductos y gasoductos de Asia central a los puntos de
distribución al mercado global. Irán está ubicado entre los ricos
yacimientos del mar Caspio, al norte, y el golfo Pérsico, al sur, y ya
tenía una red de ductos. ¿Así que por qué no transportar el petróleo y
gas por medio de Irán?
Como informó Revolución: "Si los oleoductos se
dirigen hacia el sur, a través de Irán, la contención de Irán se
suspendería… El plan que surgió en esa época fue construir oleoductos y
gasoductos hacia el sur, de Turkmenistán al mar, a través de Afganistán
y Paquistán. La ruta por Irán quedó vetada". (Ver
"El petróleo y la guerra de Afganistán", Obrero Revolucionario
#1126, 11 de noviembre de 2001, en: http://www.rwor.org/a/v23/1120-29/1126/oil_afghanistan_s.htm)
En los años 80 y 90, Estados Unidos y su aliado Arabia
Saudita organizaron y financiaron clandestinamente los grupos sunitas
fundamentalistas (como el Talibán) para aislar a Irán y contrarrestar a
los islamistas chiítas inspirados por Irán, especialmente en Pakistán y
Afganistán. Tales intrigas clandestinas fortalecieron el fundamentalismo
religioso reaccionario y el sectarismo por toda la región.
El choque sobre estrategia en los años 90
Un fuerte debate en el seno de la burguesía durante los
años 90 sobre la estrategia global en el mundo post soviético moldeó la
estrategia estadounidense hacia Irán. La estrategia de los
neoconservadores la presentaron altos funcionarios del gobierno de
George Bush padre (que otra vez se encontraron en el gobierno de Bush
hijo): iniciar ataques militares de prevención para tumbar a los rivales
potenciales y establecer la hegemonía global unilateral.
Durante su gobierno de ocho años, Bill Clinton era el
paladín del "derecho" de tomar acciones unilaterales para determinar el
ambiente global por la fuerza si era necesario, aunque puso énfasis en
las alianzas con otras potencias imperialistas y una postura general de
"multilateralismo energético".
Clinton nunca dudó en utilizar la fuerza militar, como
con la intervención de la OTAN en Yugoslavia, la preservación de la zona
donde se prohibía volar en Irak y el ataque contra Sudán. Era partidario
de la expansión de la OTAN al viejo bloque soviético. Pero lo hizo en el
contexto de una "norma multilateral" más tradicional (en que Estados
Unidos siempre tiene el control y un veto). Además, centró la atención
en el fortalecimiento de la posición económica estadounidense en el
mundo y en el fomento agresivo de la globalización imperialista y los
"acuerdos de libre comercio", que beneficiaban al capital financiero
estadounidense.
Clinton nunca adoptó una estrategia de cambio de
gobierno hacia la República Islámica. Se enfocó en las amenazas, pero
también ofreció el incentivo de mejores relaciones. Las metas de las
amenazas estadounidenses, según el "Informe al Congreso sobre la
Seguridad Nacional" de Clinton (11 de enero de 2000), eran "cambiar las
medidas del gobierno iraní en varias esferas clave". El informe vio "con
interés… los indicios de cambio en las medidas del gobierno iraní".
Los neoconservadores pensaban que el gobierno de Clinton
desperdiciaba la victoria en la guerra fría, que la situación estaba a
la deriva y que las amenazas aumentaban. No les gustaba el
multilateralismo de Clinton (en oposición al unilateralismo), ni tampoco
el énfasis en el aspecto económico de la nueva ola de globalización (en
beneficio del imperialismo estadounidense). Vieron la oportunidad de
reconfigurar radicalmente las relaciones globales por medio de una línea
dura, acciones unilaterales y una enorme intensificación del uso de la
fuerza militar, y un programa energético de "cambio de gobiernos".
A sus ojos, aunque Saddam Hussein no era una gran
amenaza a Estados Unidos, tenían que reconfigurar radicalmente el Medio
Oriente. Si no, seguiría siendo un semillero de las fuerzas opuestas a
Estados Unidos, especialmente las fuerzas fundamentalistas islámicas,
que obstaculizarían la dominación estadounidense de la región… una meta
que comparte toda la clase dominante, a pesar de sus diferencias sobre
cómo lograrla.
Esta batalla se entrelazó con un fuerte debate sobre el
significado del resurgimiento del fundamentalismo islámico, provocado
por serios retos islámicos a los gobiernos de Egipto, Argelia y
Afganistán. Robert Dreyfuss escribió que hubo básicamente dos bandos en
la clase dominante: los que "dicen que Estados Unidos no tiene nada que
temer de la derecha islámica" vs. "los partidarios del choque de las
civilizaciones [abogado por los académicos derechistas como Samuel
Huntington y Bernard Lewis], que creen que el mundo islámico es
fundamental e irrevocablemente hostil al Occidente".
La captura de la presidencia por George Bush en el 2000,
seguida por los ataques del 11 de septiembre del 2001, llevó a la
consolidación de la estrategia neoconservadora y el inicio de la "guerra
contra el terror" para ponerla en práctica: desencadenar la máquina de
guerra para derrotar al fundamentalismo islámico, tumbar a los estados
que obstaculizan las metas estadounidenses, transformar radicalmente las
relaciones globales y reafirmar la posición de Estados Unidos como única
superpotencia por décadas. En esa estrategia, Irán iba a ser un blanco
principal de la guerra para expandir el imperio, como veremos en la
última parte de esta serie.
Fuentes
Ali M. Ansari, Confronting Iran – The Failure of
American Foreign Policy and the Next Great Conflict in the Middle East,
capítulo 4: "The United States and the Islamic Republic", pp. 132-146
Bob Avakian, “Los grandes retos de la nueva situación",
Revolución #36, 26 de febrero de 2006
Zbigniew Brzezinski, The Grand Chessboard – American
Primacy and Its Geostrategic Imperatives, p. 30
Robert Dreyfuss, Devil’s Game--How the United States
Helped Unleash Fundamentalist Islam, p. 316
Larry Everest, Oil, Power & Empire: Iraq and the U.S.
Global Agenda (Petróleo, poder e imperio: Irak y la agenda global
de Estados Unidos), capítulo 8: "A Growing Clamor for Regime Change"
Vali Nasr, The Shia Revival – How Conflicts within
Islam Will Shape the Future, capítulo 5: "The Battle of Islamic
Fundamentalisms", pp. 160-168