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La sinrazón, o cuando sólo algunos indultos son ilegítimos: Corte Suprema Argentina
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Fallo de la Corte Suprema argentina anulando

 

230707 - Martín Carrasco Quintana - En una decisión inconcebible, una mayoría especial de la Corte de la Nación Argentina dictó la ilegitimidad de algunos de los indultos dictados hace ya años por un Poder Ejecutivo votado por el pueblo
 

Cuando alguien se ha pasado la vida metido entre expedientes y sobre pasillos de repetidos tribunales de justicia, no hay derecho a que la Corte Suprema de Justicia de la Nación le propine un fallo como el que anuló los indultos presidenciales dados por Carlos Menem cuando estaba facultado para hacerlo. (Ver: Argentina y la anulación de indultos)

 
No hay caso, ni tiene vuelta. La eterna corporación judicial -que tiene muchos afiliados- va a salir con que un cronista de temas jurídicos tiene que ser abogado; no es así.
 

Si bien ese es el criterio de un excelente ex juez de la Corte bonaerense, pues el cronista o analista de fallos sólo tiene que ponerlos en castellano elemental y hacerlos potables para el hombre común.
 

O no tan común: un ingeniero o un médico -que también leen los diarios- nada sabe de cosas como “repetir el pago”,”interponer un interdicto de recobrar”, o “imponer las costas en el orden causado”.
 

Los cronistas judiciales no necesitan necesariamente título, porque no abogan, porque no dictaminan y porque no dictan resoluciones de ningún calibre.
 

Esto es para atajarse, lo mismo que los que comentan fútbol o polo sin haber tocado jamás una pelota o una bocha.

(Ver: Hijos, nietos y familiares de represores enfrentaron al juez Lorenzetti, de Argentina)
 

Razón elemental
 

Pues para lo judicial, lo que sí es indispensable es un mínimo de lógica; de saber por dónde comienza y por donde concluye un razonable juicio que invoca algún punto de la panoplia axiológica de la Constitución Nacional y de las leyes que le siguen en la pirámide.
 

Entonces es cuando salta el fallo de la Corte Nacional, que no tiene pies y tampoco cabeza, a menos que se admita la funcionalidad del organismo a las tendencias políticas de coyuntura que rigen el momento.
 

Cuando dijo ese cuerpo que una decisión tomada hace mucho con apoyo en un resorte de exclusiva acción ejecutiva por manda directa de la Carta Magna fue ilegítima, dijo en realidad, “tiremos todo por la ventana”.
 

Apoyo logístico
 

El esperpento con forma de fallo hace agua por todos lados. Por eso, han salido a  abonarlo en los medios de prensa los mismos que lo firmaron. Uno sabe que las sentencias se sustentan a sí mismas. Cuando el juez que las dictó tiene que salir a darles apoyo extrajudicial, andamos del todo mal.
 

La Corte, vale recordarlo, tiene por misión fundamental decir qué dicen la Constitución y las leyes dictadas en su consecuencia. Y tiene que decirlo al influjo del tiempo.
 

Veamos: no es lo mismo la expresión de una norma constitucional analizada en 1949, que si se la mira en 2007. Para que no ande la gente cambiando de norma fundamental a cada rato, pues para eso está la Corte: para darle actualidad y dinámica.
 

Fue sin querer
 

Precisamente, ese es el argumento que le quedó en el monedero de la cartera -si la usa- a la ministra Carmen Argibay cuando salió también por la puerta falsa para justificarse con los que no entienden nada.
 

Esta magistrada dijo que le había costado lo que invocó Winston Churchill con mejor fortuna ante el pueblo británico, no firmar la nulidad del indulto dado al ex general Santiago Omar Riveros, causa que abre el caudal.
 

Dijo al doctora Argibay que había dado prioridad al “Estado de derecho” y nunca tan válidas las comillas porque se puede decir que uno inventa.
 

No, así lo dijo, cuando el Estado de Derecho es el que permite que las sucesivas camadas de la Corte Suprema de Justicia puedan rever sus antiguos criterios.
 

Lo que pasa es que la doctora Argibay sabe con quién habla y sus cofrades del abortismo y el progresismo nada digieren sobre la diferencia entre política agonal y política estructural; que es ésta la que los tribunales de justicia deben seguir en sus mudanzas interpretativas.
 

A medias
 

De todas maneras, las cortes interpretan hacia delante, cosa de acomodar la estructura jurídica del Estado a las mutaciones raigales del tiempo social. Pero ponerse a decidir, sólo para hacerle el gusto a  alguien, sobre una decisión (que seguía siendo legítima) adoptada hace muchos años, es contra toda la estantería lógica.
 

Y si viéramos con ojos del valor Equidad todo este espanto jurisdiccional, pues nos quedaríamos tuertos, porque no se abarcaron los casos de indultos dados a personas sin uniforme; digamos, Mario Firmenich, que es el primero de los nombres de asesinos civiles también indultados, que le viene a uno a la memoria y a la bronca.
 

Con razón política o sin ella, en un tiempo irrepetible, Carlos Menem amnistió a militares terroristas y a terroristas civiles. Tuvo, al menos, vocación igualitaria.
 

Si estuvo mal, estuvo mal para todos: “O el poncho nos tapa a todos, o no hay manta para nadie”, como dijo Arturo Jauretche.


Pero Jauretche se murió, como otros sesudos y no quedan pensadores políticos en la Argentina.

Lo que queda está en la Corte de la Nación.

Martín Carrasco Quintana. Nació en La Plata. Periodista de extensa trayectoria en el diario La Nación. Cubrió los más sonados juicios orales que se realizaron a partir del regreso de la democracia en la Argentina; por su profesión pudo viajar por el mundo y se especializó en el sistema judicial actuado anglosajón. En abril de 2004 presentó su primer libro Cómo matar a un caudillo, resultado de una infatigable tarea de colección de datos en el copioso e inexplorado expediente judicial por el asesinato de don Juan Facundo Quiroga.


 

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