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200507
-
. El 27
de mayo se acaba un medio golpista en Venezuela
(Parte I)
. Los medios golpistas de Venezuela ya tienen su 'Libro
Negro'
(Parte II)
. En
Caracas se debate sobre los medios y el poder en la 'Revolución
Bolivariana'
(Parte III)
.
Telesur y el sentido de
su existencia en las Jornadas de Caracas
(Parte IV)
El 27 de mayo se
acaba un medio golpista en Venezuela (Parte I)
El próximo 27 de mayo en
Venezuela arderá Troya. No porque vaya a haber un golpe de estado o cosa
parecida (aunque un sector agite con ese objetivo), sino por algo más
sencillo, lo que lo hace más incomprensible: Ese día finalizará la concesión
a RCTV (Radio Caracas Televisión) nacida hace 20 años.
Esa medida legal, que ha
sido aplicada decenas de veces en Europa, Estados Unidos, Canadá y América
latina desde 1969, sin haber provocado una campaña internacional, esta vez
tiene en Venezuela un escenario de confrontación, como si se tratara de la
expropiación del canal.
El asunto es que este canal
de TV no es cualquiera, no es uno más: Lideró, junto con las otras
estaciones privadas, la resistencia al régimen nacionalista de
Hugo Chávez
desde 1998. Y desde el año 2002, se transformó en el cauce de expresión
política, propagandística, y parcialmente financiera y organizativa, de la
oposición al gobierno.
RCTV se constituyó en una
suerte de 'frente suprapartidario' sucedáneo, entre 2001 y enero de 2003, y
desde entonces ha cumplido ese rol a falta de partidos capitalistas fuertes.
Sin la actuación de los
medios opositores, especialmente de RCTV, el golpe de Estado del 11 de abril
de 2002 no habría tenido reproducción social masiva y menos legitimación
pública. En ese sentido fueron protagonistas de los sucesos, lo que les
imputa un grado de responsabilidad mayor en la sangre derramada esos tres
aciagos días. En otra proporción, pero con el mismo contenido de
responsabilidad, RCTV y los otros canales opositores, tuvieron un rol
criminal, como el que denunció Koffi Annan, hace dos semanas en Ottawa,
refiriéndose al genocidio de Rwanda. Allí dijo: 'Los medios de comunicación
en Rwanda fueron usados para diseminar odio, para desmoralizar la gente y
más aún para guiar a los genocidas hacia sus víctimas'.
Si sustituyéramos la
cantidad de muertos (casi un millón en Rwanda-Burundi) y el lugar de los
hechos, esta acusación le cabría en perfección de jurisprudencia a los
dueños de Radio Caracas Televisión, Venevisión, Globovisión y otros medios
venezolanos durante 2001, 2002 y 2003.
Ellos por ellos mismos
La burguesía venezolana
quedó vaciada de fuerza entre las masas pobres y parte de la clase media, en
un proceso complicado que nació en 1989 con el Caracazo, y culminó en 1998
con su desplazamiento del poder central del Estado. La derrota física que
sufrieron en abril de 2002, selló su final, pero ya para ese momento los
conductores de la oposición burguesa era, en forma directa, una fracción de
esa misma clase. No fue una casualidad que el presidente de facto entre el
12 y el 13 de abril de 2002 fuera el al mismo tiempo, el presidente de la
Cámara empresaria más fuerte del país.
Marcel Granier y Gustavo
Cisneros, por Radio Caracas y VeneVisión respectivamente, ejercieron las
nuevas figuras centrales en la política nacional por parte del bando
capitalista. Roles que desde 1945 habían ocuparon Acción Democrática y
COPEI, con figuras como el ex nacionalista Rómulo Betancourt y el
socialcristiano Rafael Caldera.
Esto explica la irritación
política que se percibe en Venezuela desde hace tres meses entre las clases
altas y sectores de la media. Todo, porque al gobierno le dio la gana de
rescindir la concesión que usufructuaba desde el 20 de septiembre de 1952 y
que fuera renovada hace 20 años.
Además de la campaña
internacional contra el cese de la concesión apoyada en sectores de la
derecha europea, yanqui y latinoamericana, en las calles de las ciudades
venezolanas se respiran tufos a conspiración. Si bien el nivel de militancia
está lejos de alcanzar el de 2001, 2002 y enero de 2003, se nota una leve
reactivación apoyada en sectores medios.
Un lujoso volante a tres
colores, repartido por centenas de miles en Caracas el sábado 15 de abril,
dice: '¡No más desempleados en Venezuela! Nuestro Apoyo total a RCTV. No al
Cierre de RCTV', y la firma una tal 'Asociación Civil de Desempleados de
Venezuela LA ESPERANZA'.
El cinismo es manifiesto:
comienza con el costoso volante, cuyo valor en monedas podría alimentar a
decenas de desempleados varios días y termina con el lagrimón vertido por
'los desempleados': Justamente ellos, los causantes de los cierres fabriles,
los saboteos industriales y comerciales, las crisis financieras y quienes
controlaron casi un siglo la renta petrolera. Desde comienzos de mayo,
cuando se acerca la fecha del cese de la concesión, grandes cadenas
comercializadoras de alimentos están desabasteciendo los supermercados y
bocas de expendio.
Volver al pasado
El caso de RCTV y otros
canales en Venezuela retomó, mutatis mutandi, el camino original de la
prensa (y los medios de información) en sus momentos inaugurales de los
siglos XVII, XVIII y XIX, cuando la burguesía, como clase en ascenso y
progresista, se representaba a sí misma en forma directa. Sus periódicos,
tanto como sus parlamentarios, escritores y partidos, constituían
herramientas de acción sin otra mediación que la acción misma.
Pero con RCTV hay una 'pequeñita' diferencia:
representan lo opuesto que sus choznos de clase, porque aspiran
devolver a la nación venezolana y a sus trabajadores a las
condiciones anteriores de dependencia, sometimiento al Departamento
de Estado, y niveles de explotación y control social, donde los
medios 'del espacio radioeléctrico' fueron fundamentales como
formadores de la opinión pública que sostuvo aquella realidad.
Karl Marx decía que
'entre dos derechos iguales la única solución es la guerra'. Los
dueños de RCTV dicen, con razón, que ellos se han puesto a derecho
(con el fisco al que no le pagaban impuestos, pero nunca lo dijeron)
y con la Ley Resorte que rige las concesiones televisivas en
Venezuela.
Pero Granier y sus
socios olvidan que ellos iniciaron una especie de 'guerra' en abril
de 2002 con su golpe de Estado, sus muertos, sus campañas negras y
sus desastres. Esa guerra ha tenido varios escenarios y etapas y
cualquiera que sepa algo de historia política sabe que no parará
hasta un desenlace definitivo.
El cese de la
concesión al canal 2 (RCTV) es una potestad tan legal del gobierno,
como la de Granier a pedir que se la prorroguen 20 años más. El
asunto es que entre los dos derechos media una guerra sorda (aunque
no muda) entre la clase y el imperio que representa RCTV y el pueblo
venezolano y el gobierno bolivariano
Los
medios golpistas de Venezuela ya tiene su 'Libro Negro'
(Parte II)
Acaba de aparecer
en Caracas, la edición del 'Libro Blanco sobre RCTV', una
investigación de 362 páginas que se alza en libelo de incriminación
de las tropelías que ha realizado la empresa Radio Caracas
Televisión (RCTV), cuya concesión de 20 años expira el próximo 27 de
mayo y no será renovada.
Son ocho capítulos
en los que se puede leer y verificar en forma documental la
particular historia de la concentración de los medios en Venezuela,
que siguiendo la tendencia de todo país dependiente de algún Estado
imperialista, dejó en dos o tres dueños el control del llamado
'Espacio radioeléctrico nacional' desde comienzos del siglo XX. Uno
de esos dos 'dueños', el segundo, es (fue) RCTV; un grupo empresario
nacido en 1920, ligado al negocio del entertaiment y el periodismo
radiotelevisivo en 1930 y conformado por una de las familias
burguesas más viejas, corruptas y sólidas del país: los Phels.
En el caso de
Venezuela, dos grupos capitalistas, RCTV y Venevisión, manejan el
78% de las estaciones de televisión (VHF), el 82% de las estaciones
conocidas como de la 'banda UHF' y el 75% de los ingresos brutos
facturados. El acusado 'estado totalitario' de la República
Bolivariana no cuenta, hasta el próximo 27 de mayo, con más del 7%
de las estaciones y el 2% de la facturación (todo a diciembre de
2006). (Libro Blanco sobre RCTV, Caracas, marzo 2007, Cap. I, II, VI)
Un capítulo
especial relata el contradictorio régimen de concesiones de casi 100
años, que habiendo sido protectivo en la letra, dejaba en manos de
los empresarios el control de las concesiones del espacio
radioeléctrico, la facturación publicitaria de Estado, el negocio
del papel, el comercio de la producción de contenidos y los cargos
de Ministro de comunicaciones y Director de los entes de control.
Esa vieja práctica
fue intentada de nuevo en 1998 cuando ganó la presidencia el
movimiento bolivariano. El grupo económico del diario El Nacional le
propuso al presidente Chávez un canje: lobby a su favor en Estados
Unidos y la Unión Europea (donde Chávez era mal visto), a cambio del
Ministerio de Comunicaciones y la gobernación de la Isla de
Margarita. El mismo propósito tuvo Fedecámaras con el Ministerio de
Economía y el Banco Central.
Cuatro capítulos
detallan los manejos fraudulentos que tuvieron los dueños del canal
desde 1952 en sus obligaciones con el Estado, en tres segmentos
clave: las corruptas relaciones con los gobiernos de AD y COPEI, la
monopolización y las deudas al fisco. Dos capítulos muestran el
poder que tuvo RCTV para importar y producir contenidos con efectos
nocivos en la salud de los niños y adolescentes, razón por la cual
fue sancionada en varias oportunidades por gobiernos anteriores al
de Chávez. El último capítulo registra las opiniones de importantes
ONG europeas y norteamericanas sobre la conducta conspirativa de
RCTV y los medios comerciales venezolanos.
El poder y los
medios
El cese de la
concesión es un hecho administrativo en su forma pues se basa en una
prerrogativa de Estado, establecida en la Ley Orgánica de
Telecomunicaciones (año 2000) y por el derecho de discreción que le
confiere la Constitución Bolivariana al Ejecutivo para dar,
prorrogar, cesar o derogar concesiones del espacio radioeléctrico.
Esta formalidad
legal, que ajusta a derecho lo que hace el Estado venezolano, se
asienta en razones políticas que a veces se dicen y a veces no.
El tipo de Estado
burgués del siglo XX diseñó formas de ejercer la política donde lo
mejor es no decir todo lo que se hace y hacer mucho de lo que se
niega que se hace. ¿Acaso los gobiernos venezolanos anteriores al de
Chávez informaron de las razones que llevaron a los grandes
negociados y nombramientos de ministros puestos por los grupos y
cámaras empresarias?
Este modo de
aplicar políticas públicas le permitió establecer una fantasía
democrática: hacerle creer al pueblo que todo lo que se hace es
legal e igualitario, cuando en realidad todo o casi todo se negocia
a trastienda con los grupos capitalistas, y luego se dice lo
necesario, cuando no lo indispensable, y si se puede, nada. Esto ha
sido así antes de que Chávez fuera engendrado.
El gobierno
venezolano tiene derecho a usar sus poderes discrecionales de orden
político para ejercer el derecho a cortarle la concesión a RCTV, un
medio anti democrático, proyanqui, golpista y causante de muertes
civiles en 2002, con similar responsabilidad que los medios de
Rwanda en el genocidio de ese país africano.
El problema no
radica en castigar a un medio golpista cuya conducta anti
periodística ha sido cuestionada por parlamentos europeos y
latinoamericanos, organismos independientes como el CPJ (Comité to
Protect Journalist) y del propio imperialismo como el COHA (Consejo
de Asuntos Hemisféricos Americanos)
Problema sería si
el gobierno de Chávez usa un criterio similar (el poder discrecional
del Estado) para cercenar el derecho de información, de publicación,
difusión y organización, de los movimientos sociales, sindicalistas,
políticos o intelectuales críticos dentro del movimiento
bolivariano. En este aspecto se han visto casos aislados de censura
que constituyen graves errores, pero no hay signos de que funcione
un sistema de represión contra los más de 300 medios comunitarios,
que incluye radio, televisión y otros formatos de expresión. El más
conocido caso de censura hasta ahora fue el acto gubernamental
apoyado por Chávez que sacó del aire el programa de alto rating del
respetado periodista Walter Martínez.
El cese de la
concesión a RCTV adquirió un denso contenido político por tratarse
del medio insignia del golpismo venezolano. En las oficinas de sus
dueños se planificaron buena parte de las estrategias y acciones de
los días previos al golpe del 11 de abril de 2002, y sobre todo, la
'Operación Miraflores', como la llamó Marcel Granier, el presidente
del canal cesanteado.
Con este nombre se
accionó el plan de convertir una marcha opositora en un golpe de
estado el día 11 de abril. Y lo lograron. Marcel Granier fue uno de
sus arquitectos desde el comando central de Radio Caracas
Televisión, donde se monitoreó toda la operación mediática para
legitimar ficcionalmente la asonada.
Los libros
'negros' de América latina
Lo llamativo del
'Libro Blanco' es que debe ser un caso inédito en la historia de las
relaciones entre el Estado y los medios en Latinoamérica. Se trata
de un expediente acusatorio donde el cuestionado es el medio
(supuestamente democrático) y no el gobierno (supuestamente
arbitrario). Normalmente ha sido al revés.
América latina
tiene memoria de varios 'libros' de este tipo, pero casi siempre
aparecieron tras la derrota (o caída) de dictaduras o regímenes muy
autoritarios, surgidos en la mayoría de los casos de golpes de
Estado.
Un detalle curioso,
que quizá contenga la novedad del caso venezolano y de los tiempos
que corren, es que este libro sobre RCTV haya sido definido como
'Blanco', y no, como sus similares anteriores, que tuvieron por
apellido 'negro'.
Dos razones quizá
lo expliquen: que surja de un gobierno nacionalista anti yanqui
contra un medio proyanqui, y, al mismo tiempo, que refleje la
cultura mestiza Caribe donde la palabra 'negro' ya no es sinónimo de
'malo', 'feo' o 'peligroso', como se encargó de instalar desde 1952
Radio Caracas Televisión. Es algo parecido a lo que ocurre con el
vocablo 'indio', que ya no designa lo mismo que antes en Bolivia,
Ecuador y Perú, donde grandes procesos sociales redignificaron la
palabra.
Se conoció el
'Libro negro de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez' en la propia
Venezuela, pero también el 'Libro Negro del Trujillato' en el caso
de la República Dominicana y así en otros lados: Cuba 1959,
Nicaragua 1979, Perú 1955. En estos eventos funcionaron como actas
de acusación contra regímenes dictatoriales asesinos sostenidos por
el gobierno de Estados Unidos.
Un caso atípico de
'Libro negro' fue el que se escribió contra el derrocado gobierno de
Juan Domingo Perón en 1955. Hubo dos diferencias: el régimen no era
dictatorial a pesar de sus rasgos autoritarios y su carácter
bonapartista, y había sido definidamente anti yanqui desde su
nacimiento.
Además tenía otro
mérito: había favorecido a la clase trabajadora en el terreno
sindical, económico y social, como ningún régimen latinoamericano de
entonces (aunque al costo de imponerle un control totalitario a
través de la CGT). Este poder social nuevo de la clase obrera
argentina era lo que más le preocupaba a los autores del 'Libro
Negro'. Las otras libertades reclamadas eran adornos argumentales
para ellos.
Eso explica que el
'Libro Negro' contra Perón haya sido escrito por golpistas
reaccionarios ultramontanos que luego hicieron lo mismo que
denunciaron pero aumentado y multiplicado hasta el terror de Estado
en 1976 y la entrega total de la nación al control de Estados
Unidos. El Libro Negro contra Perón en 1955 tuvo como antecedente el
'Libro Azul' que publicó con su firma el ex embajador Braden, de
Estados Unidos en Argentina, en febrero de 1946, que poco después
fue contestado por el 'Libro Azul y Blanco' publicado con la firma
de Juan Domingo Perón.
Este 'Libro Negro'
de 1955 contra Perón es útil al caso de RCTV que se debate en
Venezuela. Allí se registraron muchos abusos de poder, pero se
destaca la brutal concentración del poder mediático en manos del
gobierno (con el ahogo de toda la prensa opositora, a izquierda y
derecha); más aún: ese poder fue puesto en las garras de un tipo con
aliento nazi que fue el tristemente célebre Secretario de Prensa del
gobierno peronista, Raúl Apold.
El 'Libro Blanco
sobre RCTV' abre un capítulo nuevo en la historia de los libros de
acusación contra la libertad de prensa. No sólo porque se trata de
un gobierno que acusa a un medio, también porque ya no es 'negro'
sino 'blanco', el color que designa a los malos de la película.
En
Caracas se debate sobre los medios y el poder en la 'Revolución
Bolivariana' (Parte III)
Dos importantes
eventos, uno internacional, otro local, ocurren en Caracas en medio
de rumores conspirativos, amenazas de 'guarimbas' (saboteos
callejeros) y campaña demonizadora, provocados por el cese de la
concesión al canal Radio Caracas TV, el próximo 27 de mayo.
El primero es la
Jornada Internacional El derecho Ciudadano a Informar y estar
Informado, que comenzó ayer 18 de mayo y culminará en el Teatro
Teresa Carreño, con la participación de 25 figuras del periodismo,
las letras y los medios de Europa, Norteamérica y América latina.
Fue convocado por
el gobierno venezolano, bajo el lema 'La información no es una
mercancía', para enfrentar la campaña internacional organizada por
RCTV y propalada por sus medios y parlamentarios amigos en medio
planeta.
Se debaten ideas en
4 mesas temáticas cuyos ejes centrales de preocupación son las
relaciones entre el derecho social a la información, a informar, y
la intromisión del poder económico y político a través del control
de los medios de comunicación.
Gentes como el
chileno Manuel Cabieses, el indo-británico Tariq Alí, los cubano
Abel Prieto y Mirian Elizalde, el belga Michel Collon, el alemán
Haral Neuber, el francés Ignacio Ramonet o los venezolanos Luis
Brito García y Blanca Eckout, dan suficiente solidez internacional
para no ser tenido en cuenta.
Su
representatividad y la incuestionable reputación moral, académica y
profesional de la inmensa mayoría de sus participantes, sirven de
mentís a la campaña internacional pagada y propagada por RCTV y
apoyada por la derecha internacional.
La conquista de
una nueva opinión pública
El segundo es la
Primera Asamblea Nacional de Medios Comunitarios y Alternativos de
Venezuela, que debatirá los días 19 y 20 de mayo en los salones del
Palacio Federal y reunirá a más de 300 medios no comerciales y no
estatales.
Aunque contará con
la participación de algunos medios y reporteros amigos de América
latina, tendrá una composición definida por militantes del nuevo
periodismo venezolano, unos 5 mil jóvenes que se dedican desde hace
5 y 7 años, a difundir las ideas de la revolución bolivariana,
debatir sus contradicciones, cuestionar a funcionarios corruptos o
ineficaces, y defender lo que en Venezuela se llama 'el proceso
revolucionario'. Son los constructores de una de las tres o cuatro
conquistas más poderosas de la 'revolución bolivariana' hasta hoy:
el desarrollo de una nueva opinión pública.
La historia social
y cultural del siglo XX demostró que sin una sólida y democrática
opinión pública, ninguna revolución triunfante, o proceso anti
imperialista, pudo sostenerse mucho tiempo. Incluso cuando los
recursos financieros permitieron democratizar un poco la renta
nacional, bajando la miseria porcentualmente, como ocurrió en la
mayoría de los gobiernos nacionalistas.
Sin una
concientización política profunda, los procesos se debilitan,
degeneran y caen. Claro, advirtiendo que no hay opinión pública en
el vacío ni por fuera del enfrentamiento de clases: sólo se sostiene
cuando la gente siente confianza en la economía y en la política, y
en quienes la dirigen. El recuerdo de la derrota sandinista de 1989
es triste porque mostró lo contrario de lo que se debía hacer.
Las conquistas
económicas y políticas parciales se evaporan si no se asientan en
una cultura social nueva, revolucionaria, capaz de cualquier
sacrificio para defender lo logrado. El asiento para ello depende de
una combinación compleja de factores, donde una nueva opinión
pública es decisiva. Por lo menos en las primeras etapas, y sobre
todo cuando los procesos están poco acompañados por otros del mismo
signo, como es el caso de Venezuela.
Si algo puede
mostrar como mérito la llamada 'revolución bolivariana', es la
democratización de la vida política y social de Venezuela. Sin este
detalle sería incomprensible, entre otras cosas, el poderoso
movimiento comunitario de prensa independiente –ni oficial ni
comercial– que sosteniendo 'el proceso', enriquecen con las armas de
la crítica, sus deformaciones heredadas y adquiridas.
Unos 320 medios que
abarcan televisión, cine (con salas de cine en los barrios), radios,
sitios web de consumo popular, revistas periódicas, diarios. Todos
agrupados en dos organizaciones no gremiales, más bien militantes,
donde se destaca la Asociación Nacional de Medios Comunitarios,
Libres y Alternativos (ANMCLA).
Lo novedoso en el
caso venezolano es que estos medios comunitarios están construyendo
una nueva opinión pública nacional. Sin que esté expreso en sus
documentos, esto es lo que se debate estos días 19 y 20 en el
Palacio Federal, al lado de la Jornada Internacional de Medios
convocada por el gobierno de Chávez,.
Este fenómeno se
puede verificar de varias maneras, la más efectiva es la percepción
que se puede tener en las calles de las principales ciudades de
Venezuela, donde comunidades enteras que suman millones de personas,
dividen sus lecturas y audio visión radio televisiva de dos maneras:
a) alternando entre
los medios comerciales tradicionales y los nuevos comunitarios y
b) rechazando
cualquier sintonía que no sea 'su' medio comunitario o uno de signo
contrario. O sea, están los que sólo miran (habrá que conjugarlo en
pasado desde el 27 de mayo) a medios como RCTV o Venevisión y sus
radios colaterales y nunca escuchan o se conectan con medios como
VTV, Aporrea, Vive TV, o Radio Perola.
La conformación de
la nueva opinión pública ha acompañado, casi como la sombra al
cuerpo, la nueva polarización social y política, sobre todo después
del gran acontecimiento: la derrota revolucionaria del golpe de
abril de 2002. El 82% de los medios alternativos venezolanos se
formaron desde esa fecha, como una de las lecciones de aquel
acontecimiento.
En el 'Libro Blanco
sobre RCTV', se registra una cuantificación de este asunto en los
párrafos finales del capítulo I: 'Desde el año 2002, conforme a lo
previsto en el reglamento de Medios Comunitarios y de acuerdo con
datos del Informe del Ministerio del Poder Popular para las
Telecomunicaciones y el Ministerio del Poder Popular para la
Información y la Comunicación (2006), se han habilitado 195 medios
comunitarios, de los cuales 167 son radios y 28 televisoras; una
población de 11.962.227 habitantes, lo que representa el 46,08 con
respecto al total nacional. En cuanto a los medios impresos y
digitales, se editan sistemáticamente 164 medios impresos y están
activos 117 medios digitales.' (pps. 28 y 29, Caracas, marzo 2007, ,
1ra Edic. Min. del Poder Popular para la Comunicación y la
Información)
Cuando los
medios y los fines son los mismos
Los dos eventos que
ocurren en Caracas estos días se complementan, pero vistos en la
perspectiva de los próximos enfrentamientos dentro del país, la
Primera Asamblea Nacional de los Medios Comunitarios adquiere un
carácter menos transitorio que el otro, aunque la Jornada
Internacional le brinda cobertura externa.
Este rol de los
medios alternativos se mide no sólo por lo que representaron en la
defensa del proceso en 2002 y 2003, cuando fueron pieza
insustituible en la defensa de las conquistas, incluida la
institución presidencial; también porque en Venezuela los medios
comunitarios, por su conformación y dinámica, se colocan en el
centro de la escena política como protagonistas cada vez que el
enemigo ataca: son mucho más que informadores.
Sin ellos, los
medios oficiales (incluido TEVES, el sustituto de RCTV desde el 27
de mayo a las 12 de la noche) quedarían sin sostén militante, sin
red independiente, sin estructura autónoma para deslizarse por las
fisuras del poder enemigo y transmitir/organizar la opinión pública
bolivariana para transformarla en acción.
Telesur y el sentido de su
existencia en las Jornadas de Caracas (Parte IV)
Quiero comentar tres aspectos
resaltados por tres ponentes durante los tres días de debate y
explicaciones, durante las "Jornadas sobre el Derecho a Informar y
estar Informado", asunto ocurrido en Caracas los días 19 y 20 de
mayo, convocadas por la emisora Telesur.
Partiendo del hecho de que las
distintas mesas de este encuentro, lo mismo que las discusiones de
la Primera Asamblea Nacional de Medio Comunitarios, ocurrida en la
misma ciudad en las mismas fechas, tratan del mismo problema
–relaciones entre el poder, los medios y el derecho democrático a
informar y ser informado–, vale la pertinencia de las tres
declaraciones que comentaré. Lo que dijeron Tristan Bauer, Yuri
Pimentel y Danny Glover.
Sendas jornadas se realizan en el
Teatro Teresa Carreño y en el Palacio Federal en forma simultánea y
correspondiente, donde se abordaron los siguientes temas: "Impunidad
y poder de los grandes emporios de la comunicación", "La
responsabilidad de los Estados", "El uso del espacio radioeléctrico
como bien público", "La propiedad social de los medios", la relación
de los medios llamados alternativos y los nuevos organismos de poder
popular en Venezuela, y las alternativas a la situación actual.
El ponente que llevó el dilema (o trilema: Medios, Poder Político,
Poder Popular) hasta sus últimas consecuencias fue Yuri Pimentel, un
joven político venezolano emergido en los años 80, que hoy ocupa el
cargo de Vicepresidente del canal Telesur. Este hecho, tener una
responsabilidad en un gobierno como el bolivariano, aumenta la
importancia de lo que dijo.
¿Qué dijo?
"Los pueblos
que combaten por ser libres debemos enfrentarnos a esta problemática
en términos de una guerra de liberación, para ello debe integrarse
un frente anti imperialista mundial y una red de contra información
dedicada a desmontar las informaciones generadas por las potencias
hegemónicas y generar un nuevo orden socialista de la comunicación y
la información" (Fuente:
Telesur.org/Jornadas)
Este es el centro de la cuestión.
Las derivaciones conceptuales y políticas de esas declaraciones nos
conducen a asuntos candentes de estrategia, principios y táctica en
la actual realidad de América latina, donde Venezuela es centro de
confrontación de eso que define con acierto Pimentel.
Como es obvio, ser centro no
excluye, sino al contrario, incluye a los otros países que le
alteran el sueño a los jefes del Pentágono en nuestro hemisferio:
Bolivia, Ecuador, donde poderosos movimientos de masas han eyectado
gobiernos independientes de Washington y cabalgan sobre movimientos
sociales muy radicalizados.
Podría extenderse a otros gobiernos como Perú y Argentina, incluso
Brasil y Uruguay, donde hay movimientos de masas que resisten, pero
en otros términos, porque la ecuación se modifica a partir de las
buenas relaciones de sus gobiernos con el poder imperial. Y este,
como se sabe desde que surgió el sistema mundial imperialista a
comienzos del siglo pasado, no es un detalle diplomático.
Hacia delante o hacia atrás
Los resultados de las Jornadas organizadas por Telesur, como los de
la Primera Asamblea de medios comunitarios, adquieren sentido
progresivo, dinámico y útil, si sirven a las definiciones ofrecidas
por Pimentel en las Jornadas.
De lo contrario, corren el riesgo de pasar al olvido y convertirse
en inútiles para esos fines: "
desmontar las informaciones generadas por las potencias hegemónicas
y generar un nuevo orden socialista de la comunicación y la
información". (Fuente:
Telesur.org/Jornadas)
Allí radica la pertinencia del "frente antiimperialista mundial"
que invoca el funcionario, dentro del concepto de que se trata de
"una guerra", o sea de un enfrentamiento sin cuartel entre el poder
imperialista y la resistencia del gobierno bolivariano de Chávez y
el movimiento de masas que lo sostiene. Lo mismo valdría para
Bolivia.
Es lastimoso
ver que ese frente de resistencia se debilita cuando Telesur, que es
una herramienta formidable "para desmontar las informaciones
generadas por las potencias hegemónicas", de allí el valor de su
creación, desaparece de un escenario clave en el hemisferio como
Argentina.
Si no te veo no existes
Jean Paul Sartre solía recordar, refiriéndose al arte en general,
que una obra de creación adquiere existencia a partir del momento en
que alguien la contempla. El periodista argentino Tomás Eloy
Martínez, tan conservador como buen novelista, comentó ese concepto
de Sastre en un excelente estudio sobre los medios venezolanos
escrito para la gran burguesía de ese país (pagado entre otros por
Marcel Granier, presidente de RCTV) en 1985. Allí dice: Una obra no
es solo aquello que es, por lo tanto, sino
también la panoplia personal de apetitos, prejuicios, conocimientos
y deseos que cda hombre deposita sobre ella…" (Radio Prensa
y TV: entre el equilibrio y el estancamiento, T.E. Martínez, 1985,
en: El Caso Venezuela. Una Ilusión de Armonía, Moisés Naim y Ramón
Piñango, Caracas, 1985, pág 364).
Visto desde este punto de vista:
Telesur no existe en Argentina. Más allá y más acá de las voluntades
y el esfuerzo diario de sus reporteros, su productora local y las
intenciones caraqueñas, el canal casi nunca existió. Esto quiere
decir que, lamentablemente, Telesur Argentina no es parte de ese
"frente mundial" que convoca Pimentel, ni está al servicio del noble
objetivo que invoca.
Para nutrir este problema cito lo que dijo este sábado 19 de mayo en
Caracas, el actor estadounidense Danni Glover, miembro del Consejo
Asesor de Telesur, que tambièn participa de las Jornadas sobre el
Derecho a estar Informado…
Glover y Katrina
"
El gobierno estadounidense, dijo Glover, siempre trata de aplacar
cualquier tipo de resistencia que existe dentro y fuera de su país y
esa postura tiene un impacto directo en los medios de comunicación
que promueven la guerra y la desinformación… Las personas (en
Estados Unidos) no participan en un debate que les permita entender
que ellos tienen el poder de la información. "Nosotros vemos las
posiciones que toman los medios y la gente debe tomar el poder y
hacerse arquitecto de los medios de comunicación", instó Glover".
(Fuente:
Telesur.org/Jornadas)
Esta es la
otra cara del asunto que plantea Pimentel, aunque de manera
implícita: No habrá frente anti imperialista en el campo
informativo, ni ayudará avanzará la liberación nacional que sirva al
objetivo socialista, mientras no logremos penetrar en las mentes de
una parte del pueblo yanqui, quizá el más adocenado del planeta,
única explicación de lo que denuncia Glover.
Impactar en un segmento de la población pobre de EEUU no es fácil,
aunque ya el presidente venezolano avanzó unos pasos cuando armó el
alboroto el año 2005 en su visita a los barrios negros pobres de New
York, algo similar, aunque más osado, al impacto del Che Guevara
declarando en las Naciones Unidas en 1961.
Cuando se puede y no se quiere
No será una tarea fácil. Eso hace más incomprensible la ausencia de
las emisiones de Telesur en Argentina, en los horarios usado por los
mortales, y no como ocurre, en el horario de los vampiros y las
luciérnagas: a la madrugada. ¿Cuántos argentinos saben lo que Glover
reclama para su pueblo: que Cuba y Venezuela fueron los Estados que
más ofrecieron ayuda a los damnificados del Katrina? Esta
información, bloqueada por los medios que dominan la opinión de
Argentina, tiene un peso descomunal en un país donde la clase media
reacciona ante acciones humanitarias de ese tipo.
Es la misma clase media que hace pendular el país hacia la derecha o
hacia la izquierda desde que el proletariado nacional perdió peso
propio. Allí radica la importancia (objetivos, táctica y estrategia)
de que Telesur aparezca a plena luz del sol (para reflejar lo que
pasa, no sólo lo que dice el Gobierno) y no cuando la ciudad duerme.
Y aquí viene la tercera
declaración que prometí, del cineasta argentino Tristan Bauer,
vertida en estas Jornadas convocadas por Telesur en Caracas, con un
contenido en perfecta sincronía de objetivos con lo expresado por
Pimentel y Glover.
"si somos
capaces de adueñarnos, como ocurre acá en Venezuela, de nuestros
medios, estamos ante la posibilidad de crear una nueva televisión no
sólo para América Latina, sino para el mundo".
(Fuente:
Telesur.org/Jornadas)
Y para que ampliar los alcances de su concepto, señala Bauer:
"si logramos democratizar de verdad el internet estaremos quebrando
ese concepto terrible de emisor – mensaje – receptor".
(Fuente: Telesur.org/Jornadas)
Sin la combinación de estos dos factores (propiedad estatal --y
social-- de los medios y acceso democrático de la red Internet),
todo lo demás será un sueño de verano… que se evaporará cuando
llegue el otoño.
Modesto Emilio Guerrero
es periodista y escritor venezolano y vive en Buenos Aires desde
1993. Fue redactor de la Revista de América (Colombia) y director
del semanario político venezolano La Chispa. En Buenos Aires dirigió
el periódico Comersur. Actualmente escribe editoriales para la
revista Síntesis y participa del Comité Editorial de la revista
literaria Piel de Leopardo. Tiene 4 libros: Cuentos Relatos y Poemas
(1985), Haití, el Ultimo Duvalier (1986), Panamá, Soberanía y
Revolución (1990) y Después del 4-F (1993).
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