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301207 -
Perfil -
La realidad desnudó la crisis siempre negada por el gobierno
Con el Gobierno nacional muy expectante de la participación del
ex presidente –o debería decir copresidente– Néstor Kirchner en
el complejo operativo de liberación de tres de los rehenes en
poder de la Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC),
que ubica al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en la
búsqueda de un nivel de alto protagonismo en la política
internacional que lo compense de la derrota sufrida en el
referéndum por la reelección ilimitada, la semana política con
la que se despide el 2007 le ha demandado a la administración de
Cristina Fernández de Kirchner dedicarle tiempo y esfuerzo a
lograr que las cámaras de Diputados y Senadores sesionaran para
tratar el plan de ahorro energético.
La aprobación por parte del Congreso de la ley que enumera las
acciones que contempla dicho plan era la medida “espectacular”
que la Presidenta había dejado trascender hace una semana. Se ha
tratado, al fin y al cabo, del reconocimiento de la realidad.
Una realidad que muestra que, en la Argentina, hay una crisis
energética. Una crisis que es producto del crecimiento y la
falta de inversión y que por años, con un empecinamiento
incomprensible y digno de mejor causa, el Gobierno había venido
negando sistemáticamente.
Por otra parte, el episodio de la aprobación legislativa es una
nueva demostración de que, cuando hay real voluntad política, el
Parlamento puede funcionar a pleno y con las mayorías necesarias
como para satisfacer los requerimientos más urgentes del Poder
Ejecutivo.
Por supuesto que lo acontecido con la aprobación
de este plan genera otros interrogantes, a saber:
¿Por qué no lo planteó antes el presidente Kirchner –perdón,
debí decir el ex presidente pero ocurre que el otro día hasta la
Presidenta lo llamó presidente– para generar un debate más
amplio en relación con el tema del adelantamiento de la hora,
que genera resistencias en las provincias de Neuquén, Mendoza,
San Luis, San Juan, La Rioja. Catamarca, Salta, Chaco y
Misiones?
¿Por qué no se desarrolló mucho antes un plan de estímulo al uso
racional de la energía por parte de la población?
¿Cuando habrá un enfoque realmente serio y sostenido en relación
con el desarrollo de nuevas formas de energía teniendo en cuenta
que Kirchner –Néstor– había sido advertido de esta situación de
escasez por quien fue y continúa siendo secretario de Energía de
la Nación?
En el informe técnico que se le hizo llegar al entonces
candidato Néstor Kirchner a comienzos del año 2003, su autor, el
actual secretario de Energía, Ingeniero Daniel Cameron, decía en
uno de sus párrafos:
“La producción de gas presentaba una evolución razonable; a
partir de la pesificación de los contratos, no tiene capacidad
para:
. Reponer reservas (salvo aquellas que surjan –en el documento
original que presenta llamativas faltas de ortografía se lee
“surgan”– asociadas a la exploración de petróleo).
. Desarrollar (movilizar) reservas, con lo cual, de no
revertirse la situación actual, se encuentra comprometido el
abastecimiento del invierno de 2003 o en su defecto de 2004.
Respecto de la producción de petróleo, podemos
decir que el esfuerzo exploratorio sólo se mantendrá si el WTI
se mantiene (mantendrá-mantiene, como se ve la variedad de
vocabulario es escasa) por encima de los 21 U$S/BIL; para
precios inferiores, de mantenerse (otra vez) las actuales
retenciones la exploración tenderá a paralizarse.
Respecto de la generación de energía eléctrica, la situación de
riesgo se presentará dentro del 2º o 3º año, a partir de la
reversión de la actual recesión, ya que ingresado en una etapa
expansiva, el crecimiento de la demanda en los primeros dos o
tres años oscilará entre el 6% y el 9%”.
Tras la lectura de este documento, queda claro que el gobierno
de Néstor Kirchner tenía información precisa de la crisis
energética que el país afronta. Por lo tanto, se hace
imprescindible que, junto con las medidas en general buenas que
contempla la ley, se avance sobre otras que le permitan al país
hacer frente a los cuellos de botella que presenta la actual
disponibilidad de electricidad. Es por eso que el desarrollo de
fuentes alternativas de generación de energía debería ser una
prioridad. Prioridad que, hay que decirlo, ha sido desatendida
por un tiempo demasiado largo por todos los gobiernos. Ojalá que
Cristina Fernández, a pesar de ser Kirchner, entienda la
verdadera dimensión de este problema.
En este marco, hay que prestarle atención al proceso de
“reargentinización” de YPF. Circunstancia curiosa la de esta
operación fogoneada por este gobierno ya que uno de los
integrantes del matrimonio presidencial –Néstor– fue una pieza
clave en la increíble rosca política que culminó con la
privatización de YPF.
Siempre vale la pena hacer memoria, y mucho más cuando se trata
de un gobierno que permanentemente echa mano de ella en forma
parcializada.
Corría el año 1992 y el menemismo perseguía con furor la
privatización de YPF. Se trataba de la última joya de la abuela
que quedaba en pie. De entre todas ellas era, como alguien dijo
entonces, el diamante de rubí.
Ahí fue que Néstor Kirchner tuvo un papel decisivo. La
historia fue así.
La privatización de YPF era resistida por muchos opositores de
aquel gobierno así como por varios de los legisladores
justicialistas. En ese momento, Néstor Kirchner era el
presidente de la Ofephi (Organización Federal de Estados
Productores de Hidrocarburos), que comprende las provincias de
Santa Cruz, Chubut, Salta, Neuquén, Formosa, Mendoza, Jujuy y La
Pampa. Para vencer esa oposición interna, Kirchner sugirió que
fuera esa organización la que impulsara fuertemente la mentada
privatización, a cambio de que se le reconociera a cada uno de
los estados provinciales que la integraban el pago de regalías
supuestamente mal liquidadas.
Hay que mencionar que el 30 de agosto de 1991 el entonces
presidente Carlos Menem con su ministro de Economía, Domingo
Cavallo, y su ministro del Interior, José Luis Manzano, firmaron
con Santa Cruz un acuerdo de conciliación por el cual se le
reconocía a la provincia una deuda de 480 millones de dólares
cuyo pago quedaba atado a la aprobación de la privatización de
YPF.
El martes 22 de septiembre de 1992 los gobernadores de las
provincias integrantes de la Ofephi se reunieron con el ministro
Manzano para llevar adelante las tareas que permitieran la
votación de la ley. Los memoriosos recuerdan al gobernador
Kirchner dando una conferencia de prensa en la Casa Rosada
pidiendo que los disidentes del PJ dieran, al menos, quórum.
Esos mismos memoriosos mencionan –sin querer entrar en mucho
detalle, por las dudas– las dádivas que se les ofrecieron a
algunos de esos legisladores rebeldes para que ocuparan sus
respectivas bancas.
Finalmente, la ley se trató y se aprobó. El miembro
informante del menemismo en esa sesión fue el Dr. Oscar Parrilli,
diputado por la provincia de Neuquén entonces y hoy secretario
general de la Presidencia de la Nación. La historia ha rescatado
la imperdible frase con la cual inmortalizó su fe de menemista
de pura cepa, cuando dijo:
“No pedimos perdón por lo que estamos haciendo. Esta ley servirá
para darle oxígeno a nuestro gobierno y será un apoyo explícito
para nuestro compañero presidente Menem”.
Dicho esto, corresponde acordarse, también, de la frase que
el presidente Kirchner dijo en el Salón Sur de la Casa Rosada a
fines de febrero de este año. Fue la siguiente:
“Sabemos el genocidio que pasó nuestra industria petrolera, la
increíble privatización. Si YPF hubiera quedado en manos
nuestras, estaríamos recaudando entre 20, 25 y hasta 30.000
millones de dólares por año”.
Por todo esto es que hay que seguir de cerca este proceso de
recompra de parte del paquete accionario de YPF por un grupo
empresarial afín al Gobierno encabezado por Enrique Eskenazi. Es
curioso observar cómo se va reproduciendo la matriz menemista de
empresarios cercanos al gobierno de turno que van comprando
empresas vinculadas a los servicios públicos o a sectores
estratégicos, como el de la energía.
Decíamos al comienzo de la columna de lo intenso de la actividad
presidencial en esta última semana del año 2007. De esa
actividad destaco el buen discurso que la jefa de Estado
pronunció en La Cava hablando sobre la exclusión y la necesidad
de no ocultarla y de trabajar para encontrarle una solución.
Asimismo, señalo un nuevo paso de la Presidenta en su política
del “cambio que no cambia”. Esto ocurrió al nombrar al abogado
Julio Vitobello como titular de la SIGEN (Sindicatura General de
la Nación). La SIGEN es un órgano de control que debería estar
en manos de personas que no tuvieran ninguna relación de
pertenencia con el gobierno al cual deben monitorear. Esto
responde a una norma de sentido común que no necesita ninguna
aclaración extra. Pues bien, el señor Vitobello representa
exactamente lo contrario a este concepto ya que, hasta un día
antes de asumir este cargo, se desempeñaba como subsecretario de
Coordinación y Evaluación presupuestaria en la Jefatura de
Gabinete a la que, de ahora en más, deberá controlar. En esta
labor tenía responsabilidades ligadas a las reasignaciones
presupuestarias consecuentes a los tan cuestionados
superpoderes. ¿Es creíble que, quien hasta ayer nomás dependía
del jefe de Gabinete, Alberto Fernández, pueda exhibir una
postura realmente independiente al tener que evaluar el quehacer
de su ex jefe y del resto de los funcionarios de un gobierno del
que fue parte?
Perón decía: “La confianza es buena pero el control es mejor”.
“Con controles como éstos, cuánta desconfianza”, agregaría
Perogrullo.
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