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251007 - Nuevo Rumbo
- Las aguas suben turbias
Pocos dudan del triunfo de Cristina en primera vuelta,
aunque muchos desean que no fuera así. Para que el sordo gobierno
–dicen- dé cuenta del descontento que se vive por abajo, y que tiende a
acrecentarse.
Y aunque el aburrimiento electoral que se vive y que registramos todos
sea parte de la realidad, ¿ello se explicaría solamente por la falta de
disputa o que el resultado ya es conocido de antemano? ¿Allí terminaría
la cosa, nos preguntamos nosotros? Creemos que no. Que una mirada tan
sesgada a lo que incuestionablemente emerge no sólo es equivocada, sino
le sirve a quienes repiten una y otra vez que están dirigiendo hacia
buen puerto la resolución de los graves problemas y contradicciones que
vive el país. Concretamente, le viene bien al matrimonio Kirchner, a
este gobierno y al próximo, para hacernos creer que hay un consenso
férreo alrededor de su política, sus figuras, y que tras ellos se ha
recuperado la institucionalidad tan gravemente cuestionada en 2001/2002.
La realidad sin embargo es un tanto terca. Se la puede ignorar, también
intentar tapar, pero termina aflorando y provocando creciente
descontento para luego producir estallidos. En Córdoba por ejemplo, se
sigue ocultando que las cifras más altas estuvieron en la abstención que
llegó al 31,28%, y que sumada a los votos nulos y en blanco alcanzó a
más de 800.000 personas, bastante más que cualquiera de los dos
candidatos que siguen disputándose el triunfo (Schiaretti o Juez), y que
rondarían no más allá del 25 % cada uno, cifra que surge después de
descontar las abstenciones. Pero esto quedaría en meras cifras si no
tomáramos en cuenta la percepción popular que mayoritariamente considera
que hubo fraude, que hubo y hay perro, no sólo montado por los
políticos, sino también ahora por la Justicia.
Por eso movilizaciones multitudinarias ganaron las calles para repudiar
y reclamar un control del voto que no deje lugar a dudas de quién
finalmente ganó, aunque la crisis abierta difícilmente encuentre
mecanismos que reestablezcan la confianza de la población.
¿Y en Tucumán?
Pocos días antes, el 26 de agosto en Tucumán, los medios hicieron
aparecer la reelección de Alperovich (candidato K) ganando por un 78%
(!¡), lo que fue caracterizado “como un hecho histórico”. La realidad,
un tanto mas triste y menos altisonante, redujo esa cifra a un modesto
55.02 % dado que la abstención-votos en blanco y anulados superó el 30%.
Igualmente, aquí no termina la cosa, porque un nuevo procedimiento
llamado “acople” hizo que se sumaran artificialmente votos a Alperovich,
como si representaran un caudal propio en las elecciones a gobernador.
Por el contrario, olvidando supuestas diferencias, orígenes y proyectos
políticos que los separarían, -y como en un vil y descarnado comercio-,
decenas de partidos provinciales que aprobaron su legalidad entre gallos
y medianoche, apostaron al caballo del comisario y al comisario mismo (Alperovich)
para separarse luego en las legislativas y rapiñar algunos puestos. Allí
ya desnudo y sin acoples, el reelecto gobernador obtuvo la módica suma
del 24.76 % (descontada la abstención que sumó el 27.13%). Por tanto,
también en Tucumán y en las legislativas, la fuerza de Alperovich
terminó detrás de la abstención, el voto en blanco y los anulados.
Habiéndose eliminado la famosa “ley de lemas” cuestionada hasta el
hartazgo por la población de todo el país por antidemocrática, se
terminó inventando un nuevo procedimiento mucho más siniestro que el
anterior (el llamado acople), y que por lo “exitoso” de su estreno en
Tucumán amenaza con ser utilizado en distintas provincias del país. Así
se evidencia que la crisis de los partidos políticos es tan profunda y
sin retorno, que se borraron de un plumazo las supuestas fronteras
políticas que separan. a unos de otros partidos.
Igualmente la astucia por perpetuarse en los cargos nos preparaba otra
novedad. En Catamarca se termina de aprobar que una coalición denominada
Frente Cívico y Social que postula candidatos a diputados nacionales en
la provincia, (oficialistas por supuesto) fueran pegados a las boletas
de tres fórmulas presidenciales, las de Cristina Kirchner, Ricardo López
Murphy y Ricardo Lavagna, bajo el argumento esgrimido por el actual
gobernador Brizuela “que de esta manera la gente irá a las urnas a
votar”. El método se lo ha titulado “lemas invertidos”…
Una distancia sideral
¿Cómo no tener entonces la certera percepción de que las inmensas
distancias que separan a los supuestos “representantes” de los
“representados” pueda tener caminos o vehículos de retorno? ¿Qué
elemento constituyente de democracia formal permanece hoy en las
cáscaras vacías de los actuales partidos políticos?
Y esto vale tanto para el oficialismo como para la oposición, marcados
todos por la misma crisis de representación-dominación que con toda
agudeza pegó un salto cualitativo a partir de la rebelión del 2001-2002
y que dejó herida de muerte a toda la clase política, sus partidos e
instituciones. Finalmente, como si nada hubiera ocurrido, se terminaron
quedando todos y haciendo las peores componendas y travestismo político
para no caer. Sueltos de cualquier institución partidaria que los
contuviera, llevaron el personalismo a extremos nunca vistos, echando
por tierra cualquier idea o proyecto colectivo de país y de sociedad.
Terminaron de convertir así el juego político en una mera moneda de
cambio que todo lo puede: comprar, vender, corromper, cooptar, mentir o
acallar como sea. El “todo vale” que todos conocemos, que busca votos y
apoyos inmediatistas sin medir ninguna de las consecuencias que ello
trae aparejado para el futuro. En esto el gobierno y el FPV de K. llevan
sin dudas, la más completa delantera y sin abstención alguna de quienes
los acompañan.
Porque tampoco operó la mentada renovación política kirchnerista. Al
igual que con los más siniestros intendentes del conurbano bonaerense a
los que Cristina denunció no hace tanto tiempo como parte de una mafia,
al igual que la impresentable sociedad actual con Rico (¿será por los
derechos humanos?) para obtener un poco más de votos, se quedó con todo
lo viejo, repudiado y caduco.
Por todo esto, la percepción popular puede medirse en una repetida y
contundente frase: ¿Se creen que somos giles?
Tal vez por esa razón el ex Presidente Duhalde con una mirada un tanto
más allá de los votos y las presiones diarias del poder, ha salido a
plantear que se ocupará de dos temas que considera fundamentales y de
los que nadie se acuerda (refiriéndose críticamente al gobierno):
reorganizar al Partido Justicialista hoy hecho jirones, y trabajar sobre
una reforma política ya varias veces prometida y ni siquiera esbozada.
Ambas preocupaciones dan cuenta de la necesidad que tiene el sistema
capitalista de ir construyendo diques de contención estratégicos que
impidan llegar a situaciones límites como las vividas hace apenas cinco
años atrás, las que sin dudas, representaron grietas mucho más graves y
profundas que las de otros países del Continente, y que lejos de cerrar
o cicatrizar, siguen tan abiertas como amenazantes.
De eso no se habla ni de aquello tampoco
Es innegable que los viajes hechos por Cristina al exterior tuvieron un
claro objetivo. Alejar cualquier preocupación de los amos del Norte,
hacer buena letra en búsqueda de apoyo e inversiones, además de dar
claras señales de apoyo a la comunidad Israelí. Y para no dejar lugar a
dudas que su cercanía con el Presidente Chávez sólo está dada por
negocios, viajó a Brasilia a entrevistarse con el mismo Lula y
empresarios de ese país, hoy tan prestos a invertir en la Argentina como
a mantener excelentes relaciones con EE.UU.
Aún así, la candidata fue increpada por los índices inflacionarios,
tanto en Brasil como en EE.UU. Y peor aún, los brasileros tenían hecha
ya la proyección inflacionaria de este año y que les da un 17% para
nuestro país.
La realidad es que muy lejos de la marcha peronista, y más lejos aún de
“combatir al capital”, y sin otra similitud con Evita que la de ser
mujer, Cristina intenta separar su figura de “esposa K”, sin
conseguirlo. Todo aparece tan claramente producido y orquestado, tan
acartonado, ampulosamente shopppineado y detallista hasta la
superficialidad más extrema, que resulta muy difícil creer en el
ejercicio de un espontáneo liderazgo político. No hablamos de carácter,
porque seguramente lo tiene. Pero innegablemente, y a no dudarlo,
gobernarán estrechamente los dos, entre otras cosas porque todo está
pensado y dirigido para que él pueda volver a la Presidencia finalizado
el mandato de Cristina. ¿Será por aquello que detrás de un gran hombre
siempre hay una gran mujer?
¿O logrará Cristina liberar al debate los temas hoy prohibidos?
¿Reconocerá la falsedad de los actuales índices del Indec?
¿Se prohibirá la exportación de todos los alimentos producidos en
nuestro territorio si ellos pretenden ser cobrados a valor dólar ?
¿Aceptará que existe un aumento inflacionario que desborda el corsé del
aguante popular? ¿Y que los conflictos salariales que se avecinan son
justos? ¿Se impedirá mandar a reprimir trabajadores y movilizaciones
populares que reclamen por sus derechos?
¿Se reconocerá por fin que un país en serio no tiene la mitad de
trabajadores en negro? ¿O con niveles alarmantes de desnutrición? ¿Qué
es necesario parar los negocios de viviendas de súper lujo para
construir masivamente viviendas populares? ¿Que tenemos el derecho a
viajar y transportarnos como personas y para ello dejar de engordar
parásitos?
¿Se negará a aumentar las tarifas de los servicios públicos?
¿Dirá por fin que la desaparición de Julio López muestra que los
genocidas siguen actuando impunemente? ¿Se pondrá toda la fuerza
gubernamental y estatal para esclarecer el hecho y castigar a los
responsables?
¿Se decidirá por fin recuperar soberanía energética y defender
tenazmente los bienes naturales?
¿Hablará claramente y sin tapujos sobre la deuda externa de más de 165
mil millones de dólares? ¿Se reconocerá que lo que pagamos al FMI y aún
postergando necesidades elementales de la población no nos liberó ni ahí
de seguir tan colonizados como antes?
A esta altura si contestáramos que sí, o dudáramos, no sólo nos
pasaríamos de ingenuos, sino de irresponsables. Porque responder a todos
estos interrogantes de manera positiva implicaría sin dudas haber tenido
otro proyecto de país y de sociedad que el matrimonio K y su entorno
nunca buscaron siquiera bosquejar.
Los cambios gubernamentales operados por la estrecha sociedad del
matrimonio K, no cambiarán tampoco ahora para ese lado. Si de algún
cambio se habla, no nos molestemos en abrir las manos. No vendrá para
nosotros o para recuperar el país y nuestros recursos. Y aunque los
índices de crecimiento económico sigan siendo altos, favorecidos por los
precios internacionales.
No hay otra
La esperanza se fue corriendo hacia el descreimiento, y el descreimiento
se encamina a la protesta y el reclamo. No hablamos del escenario
electoral que no deparará grandes sorpresas, ni en propios ni extraños
(léase Cristina versus oposición). Tampoco por la izquierda que no verá
aumentar su caudal. Hablamos del día después, cuando no nos quede otra
que prepararnos para el reclamo y la movilización que acompañe. Aún
cuando nos cueste mucho construir redes solidarias y nuevos organismos
para hacerlo. No habrá otra. Aún cuando los burócratas de la CGT o del
CTA sigan enfrentando a sus propios afiliados y negando sus reclamos.
Aunque muelan a palos a quien proteste, como lo hicieron los directivos
de la UTPBA con un trabajador, o favorezcan a los empresarios como lo
hicieron en la larga y ejemplar huelga de FATE que reclamaba un aumento
salarial superior al pautado por el gobierno, o de los trabajadores del
pescado de Mar del Plata que superexplotados exigen se los blanquee, o
de los textiles de La Plata que reclamaban efectividad, o el carneraje
abierto impulsado por la UTA en subterráneos…
No hay lucha que libren los trabajadores que no sea bombardeada por los
dirigentes sindicales, sean de donde sean. Ni qué hablar del papel de la
CTERA en las huelgas docentes de Santa Cruz o Neuquén…
Y lo peor es que si de “representación sindical” hablamos, ocurre más o
menos lo mismo que en la política. La mentada “representación” no
existe.
Comenzando porque la mitad de los trabajadores que lo hacen en negro no
están afiliados a ningún sindicato. Y que sólo 2 de cada diez en todo el
país lo están. Ello no sólo daría cuenta de las inmensas
transformaciones operadas en el mundo del trabajo, sino también del
desprestigio (repudio) que tienen los dirigentes sindicales y los
sindicatos mismos, ubicados como los ven los trabajadores, en las más
altas escalas de opulencia y del poder. El mejor ejemplo es Moyano, un
claro empresario que en sus ratos libres oficia de dirigente sindical (y
que de esa manera renueva su utilidad de cercanía con el poder) Siempre
dispuesto a devolver favores, hace poco más de un mes se ocupó de
convocar a un gran almuerzo de empresarios con el objetivo de hacer
campaña electoral a favor del gobierno. Fue allí donde con total soltura
dijo en su discurso que “es preocupante que los que tienen una 4 x 4 no
la disfruten ya sea por los robos o por el riesgo de que los maten”,
aunque inmediatamente para que no lo critiquen, les recordó amablemente
la necesidad de blanquear a los trabajadores en negro…
Sin embargo, no todo viene a favor de estos burócratas-empresarios.
Surgen nuevos delegados en las empresas, se desarrollan y fortalecen
camadas de jóvenes activistas en los conflictos, los que dejando atrás
las viejas prácticas de burócratas y matones impulsan con audacia la
democracia sindical, la construcción de agrupamientos integrados por
trabajadores de diversas experiencias, todo lo que posibilita (si las
luchas se acrecientan) que se vayan sentando sólidas bases para una
renovada reconstrucción de la clase trabajadora argentina.
Otra política y construcción es posible
La Asamblea de Gualeguaychú se ha sostenido en el tiempo y de manera
independiente, contra muchos pronósticos agoreros. Ahora, alcanzando
dimensiones nuevas y más complejas, como son las difíciles
articulaciones internacionales que abarcan a nuevos sectores sociales y
demandas.
Tiene la virtud, sin embargo, de cosechar lo que sembró, porque nunca
fue tentada a utilizar o creer los discursos chauvinistas que tanto le
fueron ofrecidos. Siempre pensaron que lo peor que les podía ocurrir era
alejarse de los pobladores de la vecina orilla, del pueblo uruguayo, tan
maltratado y desoído como el nuestro. Por eso activistas de ambas
orillas hicieron el resto y finalmente se juntaron.
El 7 de Octubre pasado, unos 100 argentinos y 300 uruguayos crearon la
Asamblea Regional Argentina-Uruguay. Sus amplios objetivos abarcan la
lucha contra las pasteras, la forestación indiscriminada, el modelo de
subdesarrollo y sordera de los gobiernos de aquí y de allá. Deliberaron
5 horas en el Club Palmirense de Nueva Palmira, Uruguay. Se hizo
presente una importante delegación del Movimiento Sin Tierra de Brasil.
Lo hicieron también los pobladores de Colonia Agraciada de Uruguay, un
pueblo de tamberos que supieron cortar las rutas y fueron presos por
luchar contra la Planta Isusa de ácido sulfúrico que está destruyendo el
medio ambiente. Se denunció también el trabajo esclavo del sector
Forestal de Tranqueras.
Y siguieron las denuncias, desnudando los falsos discursos
frenteamplistas o mal llamados progresistas de Uruguay y de Argentina.
No hubo nadie que reivindicara nada de esas gestiones. Por el contrario,
se unieron más firmemente para continuar y fortalecer la lucha, ahora
conjunta, resolviendo reunirse una vez al mes.
Hace poco más de un año escribimos una nota titulada No todo se compra
ni todo se vende, refiriéndonos a la Asamblea de Gualeguaychú. Allí
destacábamos la metodología empleada para persistir en el tiempo y
progresar. El respeto al debate colectivo, a la asamblea como
institución trabajosamente construida, al voto para dirimir diferencias,
a la acción sostenida por una importante mayoría que se involucra y
participa…
Son valiosos pasos en el camino de ir creando una nueva
institucionalidad, nuestra, de poder de los de abajo, capaz de proyectar
aún simbólicamente nuevas relaciones humanas y solidarias, orientadas no
sólo al reclamo puntual y el rechazo a las condiciones de vida
existentes, sino fundamentalmente encaminadas, a veces a tientas, pero
con firmeza, a la búsqueda de otro proyecto de país y de sociedad. Es
ese camino el que pensamos hay que recorrer, sin esperar más nada de
quienes han dejado de representar cualquier aspiración o necesidad
popular.
Las esperanzas que signaron los primeros años posteriores a la rebelión
del 2001/2002 con el gobierno K., han comenzado su cuenta regresiva. El
tiempo del descrédito ocupa nuevamente su lugar, aún cuando se siga
mirando a la destrucción social y humana en que estamos inmersos, como
si ello fuera algo transitorio, capaz de recuperarse. Nada más lejos de
la verdad. Porque este país que quedó para no irse, el que vemos todos
los días, el que sufrimos por tanta injusticia, no tiene retorno. A
menos que nos dispongamos colectivamente a darlo vuelta de raíz.
Por eso, para eso, necesitamos impulsar la construcción de un proyecto
revolucionario nacional y continental de nuevo tipo, capaz no sólo de
alejarse de los ritmos y agendas que nos marcan los poderosos, como
decidido a incentivar una rebelión tenaz contra el supuesto “orden”
existente.
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