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190110 - Cuando los ministros de
Haití
se llevan el 50% del dinero para ayuda se llama "corrupción".
Cuando las ONG se llevan el 50% se llama "gastos generales"
El esfuerzo de ayuda para
Haití
emprendido por los
Estados Unidos
está empezando a parecerse peligrosamente a la criminalmente
lenta y desorganizada ayuda del gobierno usamericano a la ciudad
de Nueva Orleans cuando fue devastada por el huracán
Katrina en 2005.
Hace cuatro años el presidente
Bush se hizo célebre por el mutismo y desapego que mantuvo
cuando se rompieron los diques en Louisiana. A manera de
contraste, pocas horas después del terremoto de Haití el
presidente
Obama prometió hacer todo lo posible para ayudar a los
supervivientes del desastre.
La retórica de Washington ha sido muy diferente en el caso de
esas dos catástrofes, pero el resultado puede ser el mismo. En
ambos casos, muy poca ayuda llegó en el momento en que más se
necesitaba y, en el caso de Puerto Príncipe, cuando las personas
atrapadas bajo los edificios derrumbados todavía estaban vivas.
Cuando lleguen los equipos de rescate extranjeros con equipo
pesado ya será demasiado tarde. No es de extrañar que haitianos
enfurecidos estén levantando barricadas con rocas y cadáveres.
En Nueva Orleans y Puerto Príncipe existe idéntico terror
oficial al saqueo por parte de la población local, por lo que la
primera ayuda en llegar ha sido la de tropas armadas.
Actualmente hay 3.500 soldados, 2.200 marines y 300 sanitarios
rumbo a Haití.
Por supuesto que habrá saqueos porque, con las tiendas cerradas
o aplanadas por el terremoto, esa es la única manera que tiene
la gente para conseguir alimentos y agua. Haití es uno de los
países más pobres del mundo. Yo estaba en Puerto Príncipe en
1994, la última vez que las tropas de USA desembarcaron allí,
cuando la población local destrozó sistemáticamente las
comisarías de policía, llevándose la madera, las cañerías e
incluso extrayendo los clavos de las paredes. En la comisaría de
policía en la que me encontraba resonaron de pronto gritos de
alarma de la gente que estaba saqueando la planta superior
porque descubrieron que no podían volver a bajar: habían cortado
y robado entera la escalera de madera.
Siempre me han gustado los haitianos por su coraje, su
resistencia, su dignidad y originalidad. A menudo se las
arreglan para evitar la desesperación frente a los desastres más
devastadores o frente a la falta de toda perspectiva de que su
vida vaya a mejorar. Su cultura, en particular su pintura y su
música, son de las más interesantes y vibrantes del mundo.
Es triste escuchar a los periodistas que se han abalanzado a
Haití tras el terremoto dar unas explicaciones tan
mistificadoras e incluso racistas sobre la razón por la que los
haitianos son tan pobres, viven en aldeas de chabolas con
servicios sanitarios mínimos, escaso abastecimiento eléctrico,
insuficiente agua potable y carreteras que son como lechos de
ríos.
Tal cosa no sucedió por accidente. En el siglo XIX fue como si
las potencias coloniales jamás perdonaran a los haitianos haber
organizado una exitosa rebelión de esclavos contra los franceses
propietarios de las plantaciones. Los marines usamericanos
ocuparon el país desde 1915 hasta 1934. Entre 1957 y 1986 los
USA apoyaron a
Papa Doc y a Baby Doc, y temieron que pudieran ser
sustituidos por un régimen favorable a la vecina
Cuba revolucionaria.
El Presidente
Jean-Bertrand Aristide, un carismático sacerdote populista,
fue derrocado en 1991 por un golpe militar y restaurado en 1994
con la ayuda de USA. Pero los estadounidenses siempre recelaron
de cualquier signo de radicalismo de este vocero de los pobres y
los marginados y lo mantuvieron atado en corto. Tolerado por el
Presidente Clinton, Aristide fue tratado como un paria por la
administración Bush, que lo hostigó sistemáticamente a lo largo
de tres años que culminaron con una rebelión exitosa en 2004
dirigida por gángsteres locales que actuaban en nombre de una
elite haitiana cleptocrática apoyada por los miembros del ala
derecha de la Partido Republicano en USA.
Tantas críticas al presidente Bush se han centrado en sus
guerras en Afganistán e Irak que nunca sus acciones igualmente
culpables en Haití suscitaron condenas. Pero si Haití es hoy un
Estado fallido gobernado en parte por la ONU -en la medida en
que está gobernado por alguien-, las acciones estadounidenses de
los últimos años tienen mucho que ver con ello.
Los haitianos están pagando ahora el precio de esta débil y
corrupta estructura de gobierno porque no hay nadie para
coordinar los esfuerzos más elementales de auxilio y rescate. Su
debilidad se ve agravada porque la ayuda se ha canalizado a
través de ONG extranjeras. Una justificación es que de esa forma
es probable que se robe menos dinero, aunque ello no garantice
que gran parte de ese dinero llegará a los pobres de Haití. Un
chiste amargo de Haití dice que cuando un ministro de Haití se
lleva el 15% del dinero de la ayuda se llama "corrupción", y
cuando una ONG o una agencia de ayuda se lleva el 50% se llama
"gastos generales".
Muchos de los programas gubernamentales de ayuda y de las ONG
más pequeñas están dirigidos por personas capaces, enérgicas y
desinteresadas, pero otros, a menudo los más grandes, son poco
más que tinglados altamente rentables para quienes los dirigen.
En Kabul y Bagdad es sorprendente lo poco que han conseguido los
costosos esfuerzos de las agencias de ayuda de USA. "El
despilfarro de la ayuda está por las nubes", dijo un ex director
del Banco Mundial en Afganistán. "Se está produciendo un saqueo
en toda regla, en su mayoría por parte de empresas privadas. Es
un escándalo". Consultores extranjeros en Kabul cobran
frecuentemente entre 250.000 y 500.000 dólares al año en un país
donde el 43% de la población sobrevive con menos de un dólar
diario.
Todo esto no augura nada bueno para los haitianos que esperan
ayuda a corto plazo o una vida mejor a largo plazo. La única
manera de que esto realmente suceda es consiguiendo que los
haitianos tengan un Estado legítimo que funcione y satisfaga las
necesidades de su pueblo. El ejército usamericano, la burocracia
de la
ONU o las ONG extranjeras nunca van a hacer eso ni en Haití
ni en ningún otro lugar.
No hay nada de nuevo en esto. Los estadounidenses se preguntan
con frecuencia por qué su ocupación de
Alemania y
Japón en 1945 tuvo
tanto éxito mientras que medio siglo después, en Iraq y
Afganistán, ha sido tan desastrosa. La respuesta es que no
fueron los USA sino las eficiente maquinaria de los Estados
alemán y japonés las que recompusieron sus países. Allí donde
esa máquina era débil, como en
Italia, la
ocupación de los USA se apoyó, con resultados desastrosos, en
las elites locales corruptas e incompetentes, como están
sucediendo ahora en día en
Iraq,
Afganistán y
Haití -
Counterpunch - Traducido para Rebelión por
LB
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