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(a) Los piqueteros son un producto directo del cierre masivo de industrias
privatizadas que daban trabajo a decenas de miles de obreros y que una
década después de su privatización dejó sin empleo al 80% de sus
trabajadores8 lo que provocó que las viejas identidades vinculadas al
trabajo y a las demandas sindicales se transformaran. No es casual que
muchas organizaciones piqueteras adopten el nombre de Movimiento de
Trabajadores Desocupados (MTD).9
En este sentido, el corte de ruta, que da origen al piquete, es una
nueva forma de lucha que permite entrelazar ocupados en todas sus vertientes
-y con diversas demandas- con los desocupados que han sido expulsados del
mercado formal. Además, se suma a las diferentes huelgas generales
realizadas por las diversas centrales sindicales y la revuelta del 16 y 17
de diciembre de 1993 en la Provincia de Santiago del Estero donde miles de
personas destruyeron los símbolos del poder (poder ejecutivo, legislativo y
judicial) y las propiedades de varios políticos.10
(b) Según la investigación de un grupo de sociólogos de la Universidad de
Buenos Aires, el 18 de agosto de 2000 los obreros de la fábrica metalúrgica
Gip Metal, en Avellaneda, que habían sido despedidos, decidieron ocupar la
fábrica y comenzar a producir por cuenta propia. Desde ese momento comenzó
en la Argentina un proceso inédito de recuperación de fábricas quebradas y
abandonadas. Estas no son tomas motivadas por cuestiones ideológicas ya que
el objetivo principal es la defensa del trabajo y la mayoría de los que
impulsaron las tomas carecían de experiencia política o gremial. En poco más
de dos años, más de 100 fábricas están siendo gestionadas por los
trabajadores en diversas modalidades11 lo que dio pie al nacimiento del
Movimiento Nacional de Fábricas Recuperadas.
(c) Si bien estos hechos marcan la protesta de varios sectores sociales en
diferentes regiones del país, el fenómeno más importante para comprender el
surgimiento de las Asambleas en las grandes ciudades es el empobrecimiento
de las clases medias que dio origen a la for-mación de una nueva capa social
muy heterogénea e híbrida denominada los nuevos pobres.
Esta categoría novedosa se caracteriza por lo heterogénea e híbrida.
Pertenecen a esta capa social profesionales, empleados del sector público y
privado que han caído de manera abrupta o escalonada; otros que han perdido
su lugar de trabajo y no encuentran uno nuevo, han dejado de salir de
vacaciones, no pueden pagar más las cuotas de un colegio privado ni de la
medicina prepaga que adquirieron en los noventa, venden el coche, o
comenzaron arreglos en sus casas que debieron abandonar a medio hacer. Están
lo que decidieron aceptar los retiros voluntarios en los procesos de
privatización y terminaron quebrando en los nuevos emprendimientos que
iniciaron. Hay quienes tuvieron un trabajo estable y una buena posición
durante varios años y ahora, en la curva de la madurez, se las arreglan como
cuentapropistas sin ningún tipo de beneficios sociales ni perspectivas de un
futuro mejor.
A diferencia de los pobres estructurales, que están concentrados en áreas
geográficas delimitadas (por lo general villas miserias) la pobreza
de las clases medias es difusa y dispersa en las grandes ciudades, e
invisible o de puertas adentro porque cualquier edificio de clase
media puede albergarlos.12 En el citado estudio de la Consultora Equis se
consigna que en la Capital y el Gran Buenos Aires donde viven 4,5 millones
de pobres, el 60% proviene de la clase media.
La descomposición social, la desocupación, y la estrepitosa caída de las
clases medias son los elementos sociales que confluyeron en una bomba de
tiempo que estalló el 19 y 20 de diciembre de 2001 y que derivó en el
surgimiento de las Asambleas.
EL SURGIMIENTO DE LAS ASAMBLEAS
Una de las particularidades de la insurrección del 19 y 20 de diciembre
generada por la salida a las calles de miles de personas golpeando sus
cacerolas fue su carácter inusitadamente espontáneo13 sin banderas
partidarias y sin que ninguna organización política pudiera reclamarla como
propia.
A diferencia de las manifestaciones políticas tradicionales con los
militantes encolumnados detrás de banderas partidarias, el 19 de diciembre,
después de las diez de la noche, miles de familias recorrieron las calles de
la ciudad de Buenos Aires (y otras provincias) con sus hijos pequeños sobre
sus hombros e incluso llevando a sus perros en un clima totalmente festivo a
pesar de que se movilizaban desafiando el estado de sitio. Mareas humanas
surcaron las principales avenidas mientras desde los balcones miles de
personas golpeaban sus cacerolas con alegría y bronca convirtiendo a la
cacerola en un arma de resistencia. Y por primera vez en la historia
argentina, un gobierno civil fue derrocado por una movilización popular sin
que tomaran parte las Fuerzas Armadas.
El carácter espontáneo de la masiva participación en el cacerolazo del 19 de
diciembre y el efecto que tuvo -el derrocamiento de un presidente- no pudo
ser canalizado por ningún partido político justamente por el descrédito
hacia todas las fuerzas políticas, incluidas las opositoras de izquierda,
aunque éstas no han tenido experiencia de gestión gubernamental. El 19 de
diciembre la irrupción en las calles fue una reacción directa contra el
decreto de estado de sitio del presidente De la Rúa y la forma de desafiar
al poder esa noche permite aventurar que el ciclo iniciado el 24 de marzo de
1976 se cierra con la impertinente y masiva violación del decreto
restrictivo de los derechos civiles.14
A poco más de un año de su creación creemos necesario diferenciar dos etapas
de las Asambleas. La primera estuvo marcada por la necesidad de permanecer
en las calles. La segunda, una vez consolidadas, por la búsqueda de
legitimidad en su ámbito natural, el barrio.
1. LA REAPROPIACIÓN DE LAS CALLES
Después del cacerolazo del miércoles 19 de diciembre se realizaron tres
cacerolazos más sin que mediara organización alguna. El viernes 28 de
diciembre contra el presidente Rodríguez Saa -que había asumido el día 23-
por el nombramiento de políticos conocidos y desprestigiados. El martes 1 de
enero, otro, la misma noche que asumía como presidente Eduardo Duhalde- y el
jueves 10, el cuarto. En todos, las características fueron las mismas: su
inorganicidad, la falta de preparación, el desconocimiento de su realización
hasta que aparecía el sonido de las cacerolas, la masiva participación de
familias y de personas que nunca habían participado de manifestaciones
callejeras, y una consigna única que se fue imponiendo: "Que se vayan
todos". Recién el viernes 25 de enero, bajo una lluvia torrencial, se
realizó el primer (quinto) cacerolazo planificado, esta vez organizado por
decisión de las Asambleas barriales de reciente creación.
Lo que marcan los cacerolazos es la efervescencia política que se vivió en
la Argentina después de la caída de De la Rúa; la necesidad de seguir
manifestándose de manera espontánea, original, y por fuera de las
estructuras partidarias, y la disposición de la gente a permanecer en las
calles.
No es casual que el surgimiento de las Asambleas tampoco fuera el producto
de la convocatoria de los partidos políticos, de centrales sindicales, ni
siquiera de movimientos sociales. Las Asambleas son, en primer lugar, fruto
de la movilización exitosa del 19 y 20 de diciembre que le permitió
comprobar a la gente devenida en pueblo su fuerza al derrocar
a un gobierno constitucional, hecho sin precedentes en la historia argentina
y que en la década de¡ noventa en América Latina se repitió sólo en otros
cinco países.15
La noche del 19 tuvo la dinámica típica de los momentos de efervescencia
revolucionaria. Se salió a las calles contra el estado de sitio, se marchó
sin que nadie diera la orden hacia la Plaza de Mayo que es el símbolo del
poder político y hacia la casa del ministro de Economía, Domingo Cavallo,
-considerado responsable de la crisis económico-financiera-- para repudiarlo
in situ y exigir su inmediata dimisión. Cuando los medios de
comunicación anunciaron la renuncia de Cavallo nadie quiso conformarse con
ese hecho y abandonar las calles. Se redobló la apuesta pidiendo que se
fueran todos, y en primer lugar el presidente de la nación. El retorno a los
hogares después de las 2 de la mañana y la reaparición en la Plaza de Mayo
al día siguiente resistiendo la represión policial forzaron la renuncia de
De la Rúa y no hicieron más que reafirmar que no había que abandonar las
calles.
Las asambleas son una consecuencia directa de la necesidad de permanecer en
las calles, espacio público recuperado masivamente. Por eso no es casual que
todas hubieran comenzado a reunirse en las esquinas o en plazas públicas
como gesto de presencia en el lugar (re)apropiado durante el 19 de
diciembre. "Nadie sabe quién citó ni para qué: ¿Reunión de vecinos,
cacerolazo, asamblea? Apenas tímidos e ignotos cartelitos (...) En la
esquina de la sombra, un grupito con cara de, mira a un grupito en la vereda
del sol, y otro en la tercer esquina, y en la cuarta (...) alguien convocó
pero nadie convocó (...) En medio de la calle, en medio de la nada, se
confecciona el cartel: día, hora y lugar de la reunión. Se muestra a la
gente. Se lee. En la plaza, se canta el himno. Acaba de nacer una Asamblea
barrial".16
Las primeras reuniones de las Asambleas fueron de refundación (a) política,
(b) cultural y (c) espacial. No es que no existieran asambleas en diversos
ámbitos, pero éstas siempre se constituían para una actividad o conflicto,
tanto en las fábricas como en la universidad, o incluso en un barrio por un
reclamo puntual. Siempre eran convocadas por alguna organización política o
social y desaparecían al poco tiempo. De hecho, al ser un fenómeno novedoso
ni siquiera tenían un marco de referencia espacial.
a) En lo político. Toda persona puede participar de las Asambleas sea cual
fuere su origen político, militancia partidaria o ideología. No se pone
ninguna condición para participar de las mismas. De hecho, es un lugar de
encuentro de: personas que por primera vez salen a las calles a protestar
sin ninguna experiencia política previa, militantes de partidos políticos y
movimientos sociales (principalmente de izquierda), antiguos militantes de
la década del setenta que después de muchos años encuentran un espacio
ideológicamente amplio. Asimismo, es transversal en lo que respecta a la
pertenencia de clase. Es más, incluso participaron desde el primer momento,
en su carácter de vecinos, funcionarios de segunda línea del gobierno de la
Ciudad de Buenos Aires, en un intento de despegarse del régimen que
venía de ser derrocado aunque esto provocara muchos roces dentro de las
Asambleas.
b) En lo cultural. Uno de los primeros debates fue respecto de la
denominación de las Asambleas: ¿vecinales? ¿Barriales? ¿Populares? Cada
Asamblea decidió el nombre de manera autónoma según la mayor o menor
influencia de los partidos de izquierda que presionaron por la definición de
populares. En el barrio de San Telmo hubo un acalorado debate al
respecto. "‘¿Por qué no votamos un nombre?’, insta un vecino, sentado en una
tarima y después de varios intentos se llega a la votación. Empieza entonces
la discusión sobre el nombre, si ‘Autoconvocados de San Telmo’, como propone
uno; ‘y de Monserrat’, como agrega otro; ‘Asamblea Popular de San Telmo’,
sostiene un tercero; ‘y de Monserrat’, agrega el otro; ‘Saquémosle
Popular para no espantar a los vecinos que no tienen práctica de
militancia’, reflexiona el actor; ‘Multisectorial Vecinos de San Telmo
Carlos Almirón’, propone el docente; ‘y de Monserrat’, insiste el otro. Gran
abucheo, aunque también hay aplausos y apoyos."17
c) Lo novedoso también es que son autoconvocadas, lo que permite que
los vecinos la sientan como propia desde un primer momento. Todos son
dueños de la Asamblea y nadie es su dueño. A diferencia de los partidos
políticos donde uno se suma a una estructura existente y donde claramente
están establecidas las jerarquías, en las Asambleas cualquiera se puede
incorporar en todo momento en un plano de absoluta igualdad.
Por otra parte, como reacción a la política tradicional las Asambleas nacen
con un rechazo a los liderazgos y de hecho, hasta el día de hoy, la búsqueda
de una práctica horizontal es una de las inquietudes de todas las Asambleas.
Por esta razón nadie puede determinar de qué se habla y de qué no y en un
primer momento tuvieron una alta cuota de catarsis, de necesidad de descarga
de la bronca, de manifiesto entusiasmo por demostrar solidaridad entre
pares. Había quienes planteaban sus problemas laborales, los ruidos molestos
provocados por otros vecinos, el aumento de los precios de los medicamentos,
la confiscación de los ahorros, la corrupción, los efectos del
neoliberalismo y cualquier otro tema que tuviera que ver con la vida
política y cotidiana.
La mayoría de las Asambleas no tienen prefijado un orden del día. Una
vez que están todos juntos -aunque uno llega y se va cuando quiere- cada
vecino es libre de proponer cualquier tema para que el conjunto lo debata.
Ante la imposibilidad de discutir todo y la necesidad de encontrar una vía
organizativa para tareas puntuales surgieron las comisiones específicas
donde se debaten más en profundidad los temas que 50 o 100 personas no
pueden abarcar a lo largo de 3 o 4 horas.
A diferencia de las reuniones políticas tradicionales, la asamblea suele
tener un clima barrial/familiar donde los vecinos incluso se acercan con sus
propias sillas traídas de sus hogares o los perros que acompañan las
reuniones y las marchas.
d) En lo espacial. La mayoría de las Asambleas se reúnen en las calles, se
muestran, son visibles. Algunas adoptaron el nombre del cruce de calles
donde se concentran (Corrientes y Juan B. Justo), de una plaza (Plaza
Dorrego), o de un barrio (Liniers), refundando espacios y desconociendo las
divisiones barriales existentes en la memoria colectiva o las instrumentadas
por los organismos gubernamentales que han dividido la ciudad en 16
circunscripciones electorales.
Ignorando cualquier tipo de experiencia previa los vecinos deciden organizar
la Asamblea sobre una base territorial, como una continuidad de la salida a
las calles el 19 de diciembre que se hizo desde los barrios. Por la hora
tardía del discurso del presidente De la Rúa, la mayoría de la población
estaba en sus hogares al momento de que estallara su indignación personal
por el estado de sitio, y lo trasladara a lo político cacerola en mano.
El lugar de expresión política fue la casa de cada uno, que cobró otra
dimensión al encontrarse en la calle con conocidos y desconocidos que
-unificados por la cacerola y sin necesidad de consignas políticas- ocuparon
el barrio para protestar. Muchos comenzaron a marchar, pero muchos más se
quedaron allí donde estaban, en las esquinas del barrio, golpeando sus
cacerolas. La calle, convertida en terreno peligroso durante la dictadura
militar por temor a la represión, y en democracia por la violencia
delictiva, es buscada como objeto reapropiatorio que quiebre el
individualismo y el encierro puertas adentro de décadas. "...estuvimos
muchos años en el ‘no te metás’, la gente tenía mucho miedo. (...) la gente
se manifiesta con dolor. Gente que nunca pudo gritar lo que pasaba".18
Por esta razón, y sumado al hecho que el clima del verano lo alentaba, las
Asambleas comenzaron a reunirse en plena calle y desde la primera reunión se
construyó una nueva identidad (Corrientes y Juan B. Justo) porque los
asambleístas deciden en qué área -al margen de todo lo constituido-
comenzarán a actuar.
2. LA CONSOLIDACIÓN Y LAS ACCIONES CONCRETAS EN LOS BARRIOS
El fenómeno de las Asambleas incluso fue visto positivamente -en un
primer momento- -por los medios de comunicación ligados históricamente a la
burguesía argentina ya que consideraban que éstas representaban una reacción
positiva a los desprestigiados partidos políticos porque los asambleístas
abiertamente los repudiaban. El primer artículo del diario La Nación
que las analiza incluso considera que "las Asambleas vecinales (son), cuna
de futuros líderes" (27 de enero, 2002). Sin embargo, dos semanas después un
editorial del diario alertaba de que podían convertirse en soviets.19
La caracterización de revolucionaria de la situación vivida en la
Argentina por algunos partidos de izquierda llevó a que éstos intentaran que
las Asambleas -junto a otros sectores sociales- no abandonaran las calles y
mantuvieran un grado de movilización permanente alrededor de todas las
reivindicaciones sociales, algo que fue imposible de sostener salvo para
aquellos militantes dispuestos a correr detrás de cuanta manifestación se
organice. La movilización no se pudo sostener -en primer lugar- por la
consolidación del gobierno de Eduardo Duhalde que tenía el apoyo del
principal partido político, el peronismo, y había logrado llenar el vacío
producido después de la caída de De la Rúa. Segundo, porque la consigna "que
se vayan todos" no podía concretarse en la realidad por la falta de una
alternativa real que pudiera hacerse cargo del vacío de poder que el
peronismo sí había logrado llenar. La existencia de más de 100 asambleas en
el centro neurálgico del país y unas 200 en todo el territorio nacional no
las convertía per se en organismos de doble poder -en el
sentido soviético del término- con capacidad de disputarle el poder político
al gobierno.
Dado que las Asambleas no tienen antecedentes históricos ni espejos en los
cuales mirarse, durante los primeros meses las reuniones se caracterizaron
por la búsqueda de un camino que permitiera orientarlas políticamente. Como
dice Pepa Vivanco, de la Asamblea de Scalabrini Ortiz y Córdoba, "tenemos la
sensación de estar construyendo algo nuevo, pero no sabemos exactamente de
que se trata".20
Los militantes de los partidos de izquierda, munidos de un saber
histórico, intentaron imponer sus consignas revolucionarias
aunque la realidad demostrara que decrecía la movilización general. Y
también se enfrascaron en tediosos debates que los tenía como protagonistas
antagónicos según su extracción partidaria y que estaban muy lejos de
reflejar las necesidades concretas de los vecinos por reconstruir los
tejidos sociales en el barrio.
"¿Cómo abortar un proceso asambleario? ¿Cómo reducir una asamblea de 400
personas a una de 75? (...) En nuestra asamblea existen varios grupos
políticos identificados y semi-identificados y otros en proceso de
identificación... digo esto porque al principio algunos que ni se saludaban,
no decían nada sobre eso y a medida que nos fuimos conociendo, nos dimos
cuenta que se conocían de antes de otro lado y que venían juntos... y hasta
comenzaron a animarse a decir ‘soy del MST’, ‘soy del PTS’, ‘soy Militante
de la no violencia activa’... (PH), (...) La intervención desesperada de los
grupos políticos que a horas de definirse el sí o el no al congreso
piquetero, fueron con refuerzos humanos votantes y esto fue notorio (...) ¿Y
por qué se estaba yendo la gente? Porque se rompió el clima asambleario en
base a acusaciones, insultos y mantos de sospecha por parte de los
militantes de las corrientes a cuanto inexperto vecino se mandase un cagada
(...) Las corrientes deberían tener otra conducta, están aparateando las
asambleas... las quieren dirigir y nadie los llamó para eso... actuar así no
es ser revolucionarios es estar en contra del proceso de organización más
grande que viviera esta ciudad y este país en décadas... están
abortándolo".21
En realidad, el problema mayor de la izquierda radica en que (a), no
previeron el cacerolazo del 19 de diciembre y el efecto que éste tendría
para derrocar a De la Rúa; y (b), no imaginaron ni tenía en su acervo
ideológico la formación de las Asambleas. No obstante, hay que señalar que
una de las contribuciones más importantes de los partidos de izquierda fue
la de tratar de conectar a las Asambleas que iban surgiendo a través de una
Asamblea de Asambleas que se reunía los domingos a la tarde en un
parque público (Parque Centenario). Conocida como la Interbarrial,
los domingos de enero y febrero de 2002 miles de personas concurrieron a
discutir al aire libre en un clima festivo todos los temas que cada Asamblea
planteaba.
"La primera reunión Interbarrial -escribió Modesto Emilio Guerrero- se
realizó el segundo domingo de enero, cuando ya funcionaban unas veintitrés
asambleas vecinales. No todas asistieron, aún así se reunieron unas
trescientas personas. Hasta su segunda reunión, funcionó mediante una lista
de oradores y orden del día que se confeccionaba caóticamente, como todo
hasta ese momento. Se debatía libremente, aunque predominaban los
pronunciamientos y expresiones generales (...) Al segundo encuentro de
barrios asistió casi el doble de vecinos. La tercera contó con casi dos mil
personas; la cuarta con más de dos mil quinientas, y a la quinta asistieron
casi tres mil miembros. Desde esta asamblea, la cantidad comenzó a
mermar con la misma fuerza que ascendió. La última, del domingo 24 de
febrero, contuvo unos dos mil setecientos asistentes".22
En vez de que la Interbarrial recogiera las inquietudes de cada Asamblea, la
necesidad de los partidos de izquierda de imponer sus consignas llevó a que
la Interbarrial se convirtiera en un ámbito de debate estéril entre
partidos. Sergio, de la Asamblea de Liniers leyó un discurso en la misma
Interbarrial criticando el accionar de esos grupos: "Quienes estamos
participando sabemos que hoy las asambleas están pasando por un reflujo
objetivo, pero parte de este reflujo es debido a las peleas de los aparatos
de MST y PO fundamentalmente (pero tampoco escapan la mayoría de los demás
partidos de izquierda) quienes en vez de ayudar al desarrollo de las
asambleas han hecho de ellas un coto de caza o un trampolín para imponer sus
propias tácticas. No solo han dividido el Acto del 1ro de mayo, sino
que como todas saben hubieron en Parque Centenario dos brutales batallas
campales para regocijo de la derecha y del gobierno".23
Vaciada de su contenido dinámico y de encuentro inicial, el enfrentamiento
físico entre militantes terminó por destruirla.
Una vez que las movilizaciones fueron menguando y ante la llegada del frío
invierno, las Asambleas se plantearon el abandono de las calles. Lentamente,
de movimiento de protesta callejero las Asambleas pasaron a tener como
objetivo la reconstrucción del entramado social. Como señalan Julieta Mira y
Carlos Juárez Aldazábal, "ante el tejido social corroído durante décadas por
las formas dictatoriales y democráticas del capitalismo neoliberal, desde el
barrio se apostaba a una nueva construcción, un nuevo inicio de la Nación
desde una nueva voluntad colectiva".24
Tomando en cuenta las diferencias y particularidades de cada barrio, las
Asambleas fueron organizando compras comunitarias, ollas populares para los
más necesitados, bolsas de trabajo para desocupados, encuentros culturales,
comedores, marchas contra los aumentos de precios de las empresas de
servicios privatizados o apoyando a los trabajadores que habían tomado
fábricas.
En este sentido, La Trama, un encuentro entre la cultura y la política
organizado por la Asamblea de Palermo Viejo el 25 y 26 de mayo de 2002,
refleja esta intencionalidad de reconstruir el entramado social en el
barrio. Palermo Viejo cambió su fisonomía en los últimos cinco años. De ser
un barrio donde se concentraban bodegas y talleres de reparaciones de autos,
pasó a convertirse en un barrio poblado por pequeños bares, restaurantes y
teatros. Esta metamorfosis tuvo su origen en la instalación del diario El
Cronista Comercial en el corazón del barrio y de varios canales de
televisión, que atrajeron periodistas, actores y gente de la cultura.
La Trama permite entender cómo fue evolucionando el propio
pensamiento de los asambleístas. La idea surgió porque en el barrio hay
muchos teatros y porque, pero uno de los problemas de los vecinos del barrio
que viven allí desde hace mucho tiempo es que no lo conocen, y éste en
particular tiene características históricas interesantes. Una vez que
alguien propuso la idea de hacer algo para conocer el barrio, surgió la idea
de hacer una caminata. En la asamblea hay un joven que conoce muy bien el
barrio por ser repartidor de diarios y, junto a unos arquitectos, organizó
un recorrido. Salieron treinta y cinco miembros de la asamblea un sábado a
la tarde, con perros y bicicletas a recorrer el barrio.
Reconocieron las casas más antiguas, las bodegas que se usaron en algún
momento, el problema del olor que existía sesenta o setenta años atrás y que
hoy ya no existe. Al recorrerlo descubrieron una gran cantidad de teatros,
bares y restaurantes, y que uno de los problemas que hay a nivel cultural es
que si la gente quiere ir al teatro tiene que salir del barrio, va al centro
de la ciudad. Siendo que Palermo Viejo tiene muchos lugares que están
ligados a la cultura, centros culturales y demás, ¿por qué ir fuera del
barrio si lo tienen dentro de él? Además, por qué no organizar una actividad
en el barrio, para la gente del barrio y con acceso gratuito?
Los asambleístas, en vez de llevarle al barrio una propuesta armada y
cerrada, lo recorrieron para que la gente se sumara a la propuesta y
encontraron que muchos se querían sumar. Lo que comenzó con una idea de
veinte actividades, terminó congregando unas doscientas. Los bares y
restaurantes se ofrecieron para hacer menúes promocionales el fin de semana,
para exponer cuadros y hacer muestras donde pudieran exponer pintores; los
teatros ofrecieron hacer obras con entrada gratuita; muchos espacios
culturales se ofrecieron para hacer mesas políticas. Tal vez uno de los
hechos más novedoso fue que los bares y restaurantes abrieron sus puertas
para que se realizaran debates políticos y que en un espacio cerrado se
organizara una feria artesanal.
La Trama del 25 y 26 de mayo fue una muy modesta experiencia de
autogestión, porque fue la Asamblea que articuló a los diferentes sectores
sociales del barrio. Si bien es difícil calcular cuánta gente participó,
Julieta Mira, integrante de la Asamblea estima "que más de 5.000 personas se
acercaron al barrio a participar del encuentro".25
Una característica que han desarrollado las Asambleas es que combinan el
reclamo al Estado y la organización al margen del Estado suplantándolo
incluso donde se ha retirado como producto de los procesos de privatización
de los servicios sociales. "(Comedores, merenderos) todo esto es parte de
una economía de resistencia -dice Gustavo Vera de la Asamblea 20 de
diciembre de Parque Avellaneda-. Desde marzo la agenda de las asambleas
cambió, la devaluación atacó el bolsillo y ahora se enfatizan el hambre y la
desocupación. Hay una metamorfosis social catastrófica. Sin comer no se
puede dar batalla".26
El sociólogo peruano Aníbal Quijano considera que "los Estados en la
periferia han comenzado a trabajar contra la mayoría de sus poblaciones,
porque han sido reprivatizados. No existe la posibilidad de recapturar este
Estado; pero al mismo tiempo hay otro proceso más extendido de lo que se
sospecha. Hay un proceso de formación de nuevas formas de autoridad política
cuya tendencia es comunal y el desarrollo de este proceso no puede hacerse
sin la lucha contra el Estado". Tomando en cuenta la experiencia de Ecuador,
y de las asambleas en la Argentina, Quijano se atreve a profetizar que "lo
que viene es la emergencia de reconstitución de formas de autoridad pública
que suponen un autogobierno donde los electores tienen la posibilidad de
usar mecanismos M control inmediato de sus elegidos".27
Esto es justamente lo que sucede con muchas Asambleas, cuando algunas de sus
iniciativas político-sociales reemplazan al Estado, y le dan a su accionar
la característica de un doble poder de hecho. "Con resistencias en
algunos, con la intuición de la necesidad en otros -los más vecinos,
los más ligados al medio territorial-, las asambleas han ido de a poco
asumiendo esta situación y el hecho de que deben encarar simultáneamente
todas las tareas que antes cumplían los organismos que han desaparecido; más
que querer ser todo los asambleístas sentían que debían serlo".28
Las tomas de espacios estatales (y otros privados) abandonados y recuperados
por las Asambleas es uno de los hitos fundamentales de la experiencia
asamblearia. Fruto de la necesidad de tener un espacio físico donde reunirse
durante el invierno, lo que en muchos casos surgió como necesidad física
terminó constituyendo experiencias autogestionarias. Las Asambleas
tomaron terrenos baldíos, espacios de tierra a la vera del ferrocarril,
clínicas abandonadas, bares y pizzerías cerrados o mercados municipales
abandonados por años, siempre con el objetivo de darle un contenido
comunitario.
Tal vez uno de los casos más interesantes de recuperación de predios haya
sido el de la Clínica Portuguesa. En agosto de 2002 dos asambleas del barrio
de Flores que necesitaban un espacio donde reunirse decidieron ingresar en
el edificio abandonado hace seis años de lo que había sido una clínica y que
estaba clausurada. Grande fue su sorpresa al encontrar en su interior cuatro
pisos equipados con instrumental médico y las instalaciones en perfectas
condiciones. Frente a la nueva situación, los asambleistas cambiaron sus
planes y decidieron convocar médicos y enfermeros para reacondicionar la
clínica y armar un proyecto de obra social que permitiera que los
trabajadores de las fábricas tomadas que carecen de cobertura médica
tuvieran acceso a la salud.
La Asamblea de Palermo Viejo recuperó las callecitas que rodean a un mercado
municipal semiabandonado e impulsó allí un proyecto productivo para decenas
de personas que a raíz de la falta de trabajo apelan a la fabricación de
artesanías como método de subsistencia. Sugestivamente, los artesanos
decidieron bautizar a la feria La Trama, por considerarla una
continuación de aquella que había funcionado durante el evento La Trama
que había organizado la Asamblea meses atrás.
Los lugares recuperados, que no le aportaban nada al barrio excepto mugre,
peligro de contaminación y riesgo para la comunidad fueron transformados en
espacios de participación colectiva. En vez de luchar solamente por la toma
revolucionaria del poder, después de la cual todo cambiaría, muchas
Asambleas han constituido formas embrionarias de poder alternativo que han
sido legitimadas por los vecinos y por las autoridades locales.
CONCLUSIÓN
Ha pasado un año desde la creación de las Asambleas que han realizado un
cambio cualitativo desde su surgimiento. Pasaron por una etapa de
movilizaciones (que tampoco han abandonado) para ir construyendo espacios de
poder en base a la organización de los vecinos, algo que el Estado/gobierno
está muy lejos de poder realizar.
Es imposible saber adónde van las asambleas. Todo es nuevo, como con las
fábricas recuperadas y el movimiento piquetero. En la fábrica metalúrgica
Gip Metal pasaron 48 horas entre los despidos y la ocupación; en ese
momento, los obreros no sabían hasta dónde llegarían con la medida y que
ésta se extendería. Los piqueteros tampoco podían prever en 1995-1996 cuando
comenzaron a organizarse que la desocupación pasaría a ser un fenómeno
estructural que se agravaría.
Pero la formación de las asambleas ha cambiado la realidad social de la
Argentina en cuatro aspectos:
1. Ha contribuido a una revalorización de otros movimientos sociales, en
especial de los piqueteros, habitualmente deslegitimados por los medios de
comunicación debido a su persistencia en los cortes de rutas. Según Toty
Flores, del MTD-La Matanza, la legitimidad de las Asambleas proviene de su
origen de clase media y su relación con los piqueteros los fortaleció.29
Silvano Villagra, del movimiento piquetero Barrios de Pie, reconoce que la
organización asamblearia de los vecinos también influyó en la práctica
asamblearia de su movimiento.30
2. La clase media empobrecida, después de haber sufrido las consecuencias de
las reformas estructurales sin articular una respuesta social, ahora ha
encontrado espacios de organización para transformar su realidad.
3. Alrededor del barrio surge una nueva dimensión socio-política
resignificativa que trasciende el mero lugar de hábitat y status. Esto es
así también en el caso de los piqueteros que también remarcan lo
territorial. Al haber sido expulsados del mercado formal -que por lo general
mantiene separados a los trabajadores- su lugar de encuentro natural pasa a
ser lo territorial. Se organizan como piqueteros allí donde viven, y
realizan sus experiencias de lucha en las calles, comunitarias o de
producción, también allí donde viven; esto es, en lo territorial. Lo que une
a los vecinos de las Asambleas, en primer lugar, es lo espacial.
4. El tema del poder aparece con una nueva dimensión. ¿Se lo toma? ¿Es el
poder la arquitectura del Estado? ¿Se construye poder a través de las
experiencias de autogestión? ¿Se construye un contrapoder? "Yo defiendo que
las asambleas deben ser órganos de contrapoder y autodeterminación del
pueblo -dice Elbio de la Asamblea de Ciudadela Norte- y con cada paso que
damos para poner en dudas la autoridad de los gobiernos nacional, provincial
y municipal estamos construyendo ese contrapoder".31
Está claro que hay tareas que las Asambleas ya no esperan que las haga el
Estado, toman la iniciativa y las hacen ellas mismas, como con la ocupación
de predios abandonados. No se le plantea al gobierno que los arregle sino
que las Asambleas los recuperan para la comunidad, también como muestra de
poder. Es probable que estemos en la antesala de una nueva etapa, la de los
proyectos productivos a largo plazo ligando diferentes experiencias
sociales. Es imposible saber adónde van las Asambleas aunque sí es posible
afirmar que como nueva forma de participación político/ciudadana han llegado
para quedarse.
1. El PBI de la Ciudad de Buenos Aires representa el 25% del PBI nacional;
La Nación, 13.05.2002.
2. Ana María Fernández, "El mar en una botella"; publicado en la revista
El campo grupal, Año 4, nº 32 - Marzo 2002, Buenos Aires.
3. Para ver un análisis minucioso respecto de la década en América Latina,
ver Brieger, Pedro: "De la década perdida a la década del mito
neoliberal". En La globalización económico-financiera. Su impacto en
América Latina (AAVV), Ed. CLACSO, Buenos Aires 2002.
4. Clarín, 14 de enero de 2003.
5. Clarín, 10 de junio de 1999.
6. Clarín, 23 de noviembre de 2001.
7. Clarín, 17 de diciembre de 1999.
8. Ariel Ogando: "Desocupados y cortes de ruta en el noroeste argentino". En
revista Herramienta, nº 15. Buenos Aires, otoño 2001.
9. Ver Toty Flores, De la culpa a la Autogestión. Un recorrido del
Movimiento de Trabajadores Desocupados de La Matanza. MDT Editora,
Buenos Aires, diciembre 2002.
10. Ver el trabajo de Nicolás Iñigo Carrera y María Celia Cotarelo Clase
obrera y protesta social en la Argentina de los '90. Agencia Wayruro, 26
de junio 2001.
11. "Una investigación de la UBA sobre las fábricas recuperadas por sus
obreros". En Página/l2, 5 de enero 2003.
12. Para comprender en profundidad el fenómeno de los nuevos pobres,
ver el excelente trabajo de Alberto Minujin y Gabriel Keesler, La nueva
pobreza en la Argentina, Buenos Aires, Ed. Planeta, 1995.
13. Ver Pedro Brieger "Testimonio de una pueblada". En El grano de arena, nº
120, 26/12/2001.
14. Ver Emilio Cafassi; Olla a presión (cacerolazos, piquetee y asambleas
sobre fuego argentino. Univ. de Buenos Aires, abril 2002. Pp. 79--82
15. Antes de De la Rúa, cayeron como producto de movilizaciones populares:
Fernando Collor de Melho, en Brasil, en diciembre 1992; Carlos Andrés Perez,
en Venezuela, en mayo de 1993; Abdalá Bucaram, en Ecuador, febrero de 1997;
Raúl Cubas Grau, en Paraguay, en marzo de 1999; Jamil Mahuad, en Ecuador, en
enero de 2000; y Alberto Fujimori, en el Perú, en noviembre de 2000.
16. Alejandro Horowicz; en Oscar Caram, Que se vaya todo, Manuel
Suárez Editor, Buenos Aires 2002. Pág. 22.
17. Página/12, 20 de enero de 2001.
18. Asucena, Asamblea de Almagro; en Oscar Caram, ob. cit. Pág. 30.
19. "Si bien es cierto que el auge de estas asambleas aparece como una
consecuencia del hartazgo público ante las conductas poco confiables de la
clase política, debe tenerse en cuenta que tales mecanismos de deliberación
popular encierran un peligro, pues por su naturaleza pueden acercarse al
sombrío modelo de decisión de los soviets", (La Nación, 14 de
febrero 2002).
20. Denis Rolland y y Joelle Chassin; Pour comprendre la crise argentine.
Institut d'Etudes Politiques, Strasbourg, enero 2003. Pág. 186.
21. Pollo (seudónimo), Para militantes y militados, 13 de febrero 2002. En
www.indymedia.org
22. Modesto Emilio Guerrero, "Emergencia y desafíos de las asambleas
barriales", revista Herramienta, nº 19, Otoño 2002; Buenos Aires,
Argentina.
23. Discurso ante la Interbarrial, 25 de abril 2002. En
www.palermoviejo.netfirms.com.
24. Julieta Mira y Carlos Juárez Aldazábal "Cultura y política en un barrio:
La Trama de la Asamblea de Palermo Viejo". Ponencia presentada en las
V Jornadas de Sociología de la UBA, noviembre 2002.
25 Julieta Mira; "La lucha política en un barrio mirada desde la economía
política. Las estrategias comunicacionales y culturales de la Asamblea
Vecinal de Palermo Viejo 2002-200". (MS, inédito)
26. Gustavo Vera, "Asamblea Popular 20 de diciembre, Parque Avellaneda"; en
Oscar Caram, ob. cit., Pág. 80.
27. Entrevista con Aníbal Quijano, Buenos Aires, julio 2002.
28. Cristina Feijóo y Lucio Salas Oroño; "Las asambleas y el movimiento
social". En Qué son las Asambleas Populares, Ed. Continente/Peña
Lillo; Buenos Aires, 2002. Pág. 24.
29. Entrevista con Toty Flores, enero 2003.
30. Entrevista con Silvano Villagra, enero 2003.
31. Elbio, Asamblea de Ciudadela Norte; en Oscar Caram, ob. cit. Pág. 63.
Fuente Hika, nº 147, septiembre de 2003 |