Argentina Al día
Las mercancías y la gente
Pedro Brieger
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Negocio del hambre en Argentina - Hambre y Pobreza

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1005 - Cada vez que alguien intenta cruzar una frontera de manera ilegal y muere en el intento, se reaviva el drama de la inmigrantes. En todos los casos, el fenómeno de la migración tiene un alto componente político. Algunos se escapan de las guerras, otros de las persecuciones religiosas y de las penurias económicas o, simplemente, porque no ven ningún futuro en sus países y tratan de alcanzar uno donde se viva mejor, o por lo menos un poco mejor.
Paradójicamente, en un mundo cada vez más globalizado, interconectado al instante y con facilidades de traslado que no existían cien años atrás, se hace mucho más difícil cambiar de país. El mercado desregula las mercancías pero regula a la gente, salvo cuando por razones políticas o económicas se quiere incentivar un flujo migratorio. En los años 50 y 60, Europa necesitaba manos trabajadoras y baratas para ser reconstruida y se convocó a los argelinos y a los turcos para que fueran en masa. En los 90 ya no se los precisó más, y no se los quiere, ni a ellos, ni a sus hijos nacidos en Alemania o Francia.
Antes de la caída del Muro de Berlín, los ciudadanos del bloque soviético eran recibidos como héroes en Occidente y se festejaban los ingeniosos métodos que utilizaban para saltar el muro. Ahora que ya no sirven más como propaganda contra el comunismo, no se los quiere. Todo lo contrario. Cuando en Francia hubo que votar por la adhesión a la constitución europea, la derecha convirtió al inmigrante del Este en su principal arma de propaganda para explicar por qué había que votar en contra. La imagen del "plomero polaco" que viene a trabajar por un salario más bajo pasó a ser el enemigo número uno de los franceses, como si hubieran estado invadidos por plomeros.
Algo similar todavía sucede con los balseros que cruzan el Caribe para llegar a Miami. Si son cubanos, son recibidos con los brazos abiertos, pero a los haitianos, dominicanos o ecuatorianos se los deporta sin miramientos. Ni que hablar de los mexicanos, que intentan cruzar la frontera y son cazados como ratas; como los africanos que se abalanzan sobre las vallas erigidas en los enclaves españoles de Ceuta y Melilla en el norte de Africa. Claro, ningún gobierno español, sea socialista o conservador, quiere más africanos, negros, musulmanes o árabes en su territorio.
Si todos los gobiernos reivindican los derechos humanos, ¿por qué la libre inmigración no es uno de ellos?

El Valle de Lágrimas del Presidente Kirchner - Volteretas de la deuda argentina De albricias y estafas recurrentes - Vomitar sobre los votos o Eduardo Lorenzo "Borocotó"

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