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Estados Unidos y América latina
Pedro Brieger
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0407 - Fuente "Revista Actitud, Buenos Aires - Estados Unidos parece haber dejado en un lugar marginal a Latinoamérica.  ¿Es tan así?. El editor de Internacionales de ACTITUD sostiene que Washington considera que nuestro continente sigue siendo vital para sus intereses.

 

La reciente gira del presidente George Bush por Uruguay, Brasil, Colombia, Guatemala y México renovó el debate sobre la relación entre la primera potencia mundial y América Latina. 

Muchos analistas sostienen que Estados Unidos gradualmente ha perdido el interés por esta región del mundo y que esto se debe en gran parte al giro populista de algunos regímenes, al clima poco favorable para las inversiones, la falta de “seguridad jurídica” o su mayor preocupación por el Medio Oriente y el mundo islámico. Algunos sostienen que no está entre sus prioridades porque ya no organiza golpes de Estado como antaño, como si esta fuera la única forma de intervención política.  El mundo ha cambiado y es indudable que hoy no hay condiciones para organizar golpes al estilo “tradicional” para imponer dictadores como Somoza, Batista, Trujillo o Pinochet.  Otros consideran que lo fundamental es la falta de inversiones.  El 6 de febrero, en una entrevista a la BBC de Londres, Claudio Loser -ex economista del Fondo Monetario Internacional y ardiente defensor de las políticas impulsadas por el FMI en los 90´- aseguraba que "hay una tendencia a reducir la ayuda que Estados Unidos da directamente a la región, con algunas excepciones como en Colombia. Esto refleja nuevamente la posición de dejar de lado u olvidarse de la parte económica de América Latina".   Los datos demuestran que incluso esta afirmación es falaz.  Según datos oficiales del Departamento de Estado en 2004 el comercio de Estados Unidos en la región excedió los 445.000 millones de dólares, las exportaciones de América Latina a Estados Unidos aumentaron el 10 por ciento y las inversiones superaron los 300.000 millones de dólares. Un informe de la CEPAL de 2004 señala que entre las 50 principales empresas transnacionales no financieras del mundo, según ventas consolidadas, que tienen presencia en América Latina, 22 son estadounidenses. Y entre las  “top ten”, aparecen cinco: General Motors (1), Wal Mart (3), Bunge (6), Ford Motor (9) y Delphi (10).

Es verdad, que en las campañas electorales hay muy pocas referencias a Latinoamérica (salvo Cuba) y sólo se escuchan algunas frase generales de compromiso.  Sin embargo, es ingenuo afirmar que Estados Unidos “se olvida” de América Latina.  La región sigue siendo fundamental y –aunque muchos no lo crean- todavía la consideran su “patio trasero” (backyard), palabras textuales utilizadas por Porter Goss cuando era director de la CIA en 2005, en una audiencia del senado estadounidense.


Vemos los hechos.


* En primer lugar, la Casa Blanca no ha abandonado el proyecto del ALCA (Area de Libre Comercio de las Américas) como idea global para todo el continente americano que impulsaron desde comienzos de los noventa tanto demócratas como republicanos.  Este proyecto estratégico surgió para afianzar un proceso de integración basado en el famoso “consenso de Washington” en la década que la inmensa mayoría de los presidentes abrazaron las teorías neoliberales, y para que el intercambio comercial favoreciera de manera clara a las empresas estadounidenses.  Gracias a diversos movimientos sociales, sindicatos y ONGs se supo de la existencia de un proyecto que se manejaba secretamente y que debía lanzarse con bombos y platillos en 2005.  La historia es conocida; en la Cumbre de las Américas de noviembre 2005 en Mar del Plata a la oposición de los movimientos sociales se le sumó la del Mercosur en pleno y Venezuela. 


* El golpe de Estado que derrocó por 48 hs. a Hugo Chávez en abril de 2002 contó con la colaboración y apoyo directo del Departamento de Estado que financió –y continúa financiando- por diferentes vías a numerosas organizaciones de la oposición venezolana.


* Más de un embajador norteamericano ha intervenido abiertamente en procesos electorales (como en Nicaragua, ver ACTITUD 15) y en algunos países la embajada de los Estados Unidos es un factor de poder real y público.  En el altiplano todavía resuenan las palabras del embajador Manuel Rocha en 2002 vinculando a Evo Morales con el narcotráfico y amenazando con retirar las inversiones y frenar las exportaciones del gas y de la industria textil en un intento por impedir su triunfo en las elecciones de ese año.

 

* Amén del poder de lobby de los embajadores, los congresistas y empresarios norteamericanos no se quedan atrás al momento de presionar en cada uno de los países de América Latina para firmar Tratados de Libre Comercio (TLC) bilaterales que favorezcan a sus empresas o productores.  Carlos Mesa, en el corto período que estuvo como presidente de Bolivia. lo conoció en carne propia.  Las presiones para que Pacific LNG obtuviera la concesión exclusiva del gas boliviano fueron tan grandes que incluso un documento confidencial del Banco Mundial fechado el 8 de enero de 2004 amenazaba con reducir a un tercio la ayuda del organismo a Bolivia si el gobierno decidía que el destino del gas no fuera Estados Unidos.

Uno de los casos menos conocido es la presión que se ejerció durante los últimos años desde Washington para que la Republica Dominicana desgravara de impuestos la importación de los edulcorantes producidos en Estados Unidos que -por su bajo precio- son una amenaza para la producción del principal producto agrícola dominicano, el azúcar. Poco después de asumir la presidencia en 2004 Leonel Fernandez recibió una carta del congresista Jerry Weller donde, sin ningún tipo de empacho, le decía que si el parlamento dominicano aprobaba los impuestos su país probablemente quedaría excluido del Tratado de Libre Comercio que se estaba negociando.  El impuesto fue abolido. 


* La intervención de Estados Unidos en los años noventa en Haití fue clave para el derrocamiento y posterior regreso del presidente Jean Bertrand Aristide.  Depuesto nuevamente hace tan sólo tres años fue llevado en un avión norteamericano al África.  Desde entonces en Haití hay una fuerza multinacional compuesta por varios países latinoamericanos que respondieron al llamado de la Casa Blanca y que todavía impide el regreso de Aristide por “temor” a una alianza con Cuba y Venezuela

 

* El bloqueo a Cuba continúa a pesar de la oposición de la mayoría de los países del mundo -y en especial los latinoamericanos-; Estados Unidos impide su regreso a la OEA, destina millones de dólares en financiar planes para una “transición”, y el discurso anticastrista en Miami es clave en cualquier campaña electoral.

  

     Quedan en el tintero el Plan Colombia (también ideado en Washington) que ha convertido a Colombia en uno de los cinco principales receptores de ayuda monetaria de la primera potencia mundial o la preocupación norteamericana por las inversiones chinas en Panamá, un sitio estratégico durante todo el siglo XX para Estados Unidos, que tampoco abandonó la idea de construir otro canal interoceánico en Nicaragua; la llamada “Triple Frontera” y las presiones a Brasil, Paraguay y Argentina por militarizar la zona conocida también por sus reservorios de agua del Acuífero Guaraní. Conviene recordar el informe anual del Departamento de Estado que identifica a los países productores de droga y se usa políticamente, como lo demuestra el último que –oh casualidad- elogia a Colombia pero critica a Bolivia, Venezuela y Ecuador.  Jay Olson, directora del Washington Office on Latin America (WOLA), que siempre analiza críticamente la ayuda militar norteamericana, asegura que "después de 25 años y 25,000 millones de dólares en la lucha contra las drogas en América Latina, no estamos ni un paso más cerca de ganar la guerra contra las drogas”.  También están las presiones por evitar el desarrollo de medicamentos genéricos porque afecta a las grandes multinacionales de la  industria farmacéutica, las trabas impuestas a diversos productos (como el camarón panameño o el atún mexicano) porque en su caza “depredan el medio ambiente”, la batalla en Naciones Unidas para evitar el ingreso de Venezuela al Consejo de Seguridad, entre tantos otros temas que demuestran cabalmente que a Estados Unidos sí le importa América Latina, y mucho.  Sino, cómo explicar que -además- todavía tenga 13 bases militares declaradas en Colombia, Ecuador, Perú, Aruba, Curazao, Cuba, Costa Rica, Honduras, El Salvador y Puerto Rico.

 

Dividir al Mercosur

 

Noviembre de 2005 era una fecha clave por Estados Unidos. Todos los funcionarios de primera línea del Departamento de Estado salieron de gira y publicaron artículos explicando la importancia de la cumbre de Mar del Plata que debía ratificar la alianza con Estados Unidos y rubricar el  ALCA, no solamente por su aspecto económico sino también para evitar los cambios políticos en el continente.  Eran conscientes de que la oposición al ALCA crecía, el Mercosur se reforzaba  y que Hugo Chávez asumía un rol de liderazgo impensado unos años atrás.  A pesar de las recomendaciones del Wall Street Journal de que Bush debía recostarse en sus principales aliados (Colombia y México) ambos pasaron casi inadvertidos en la Cumbre y son incapaces de asumir una posición de liderazgo.  Por eso, para Bush, ya parece ser una  obsesión encontrar algún presidente latinoamericano dispuesto a contrarrestar la influencia de Chávez en un continente cada vez más gobernado por presidentes que toman cierta distancia de Washington y que –aún sin identificarse con la propuesta de “socialismo del siglo XXI” de Chávez- estrechan sus vínculos con Caracas.  ¿Está perdiendo Washington a América Latina? se preguntaba la influyente revista Foreign Affairs poco después de la cumbre de Mar del Plata ya que el panorama no podía ser menos desolador. El Mercosur revitalizado incorporaba a Venezuela, le abría las puertas a Evo Morales ya como presidente en Bolivia, e invitaba –ni más ni menos- a Fidel Castro a su reunión de Córdoba en julio 2006.

La Casa Blanca tenía que cambiar la estrategia: dividir -¿y  porque no?- quebrar el Mercosur.   Pocos días antes de comenzada la gira de Bush, y cuando circulaban con fuerza los rumores sobre un posible abandono uruguayo del Mercosur, Lula decidió visitar a Tabaré Vázquez en un claro gesto hacia el bloque y hacia Washington.   En un intento por no quedar al margen, el embajador de la Casa Blanca en Brasil, Clifford Sobel, “contribuyó” al debate.  En una entrevista publicada por la influyente revista económica Exame dijo: “el Mercosur fue importante para Brasil y tiene oportunidad de hacer mucho más, incluyendo una profundización de los vínculos comerciales con Estados Unidos. No es una cuestión de ideología. Es cuestión de obtener resultados".  Ni siquiera hace falta leer entre líneas, el mensaje del embajador es clarísimo.

América Latina fue históricamente una región fundamental para Estados Unidos y continúa siéndolo.  El problema que enfrenta en la actualidad es que la década de los noventa ha quedado atrás y hoy es la única región del planeta donde existe una oposición creciente a los proyectos políticos y económicos de la Casa Blanca.  La gira de Bush parece un intento por revertir esta tendencia.  Brian Dean, un antiguo lobbysta del ALCA que ahora es un director ejecutivo de la Comisión Interamericana de Etanol (presidida por Jeb Bush, gobernador de Florida y hermano del presidente) fue muy elocuente: “ya que no logramos el ALCA vamos por el alcohol...”.

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