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201011 -
AsiaTimesOnline
- Si el presidente de
Estados Unidos
Barack Obama pretendiera realmente librarse del nuevo hombre
del saco du jour, Joseph Kony, de Uganda –un antiguo monaguillo
convertido en político/profeta cristiano místico, que se trajina
al menos a 60 esposas-, hubiera ordenado al Fiscal General
estadounidense Eric “A todo gas” Holder que tramara un complot y
subcontratara para el golpe a un lunático iraní vinculado con el
cartel de la droga en
México.
(Ver:
Libia y la gran mentira)
El Plan B supondría ordenar a las
Naciones Unidas que le dijeran a la
Organización del Tratado del Atlántico Norte que impusiera
una zona de exclusión aérea sobre los “rebeldes” del Ejército de
la Resistencia del Señor (LRA, por sus siglas en inglés) de Kony
y después les bombardearan hasta la inconsciencia.
El Plan C consistiría en machacar al LRA hasta la muerte con
aviones teledirigidos, una flota de MQ-9 Reapers; pero la base
más cercana de este tipo de aviones se encuentra lejos, en
Djibuti, en el
Cuerno de África.
(Ver:
Cuerno de África y el crimen del hambre)
Como no había incautos mexicanos disponibles y los “rebeldes”,
en esta ocasión, son los chicos malos,
Obama se decantó por la opción imperial clásica: tiró de un
AfPak y ordenó un incremento de botas y semen sobre el terreno,
enviando a 100 tipos de las Fuerzas Especiales estadounidenses
para que ayudaran a un dictador corrupto –el presidente ugandés
Yoweri Museveni- a aplastar a su panda de “rebeldes” locales.
Puede excusarse que cualquiera vea a Uganda como una
Libia al revés, porque eso es exactamente lo que es; el
dictador, en este caso, consigue la etiqueta de chico bueno –uno
de “nuestros hijos de puta”- mientras los “rebeldes” hacen un
pacto con el diablo. ¿Pero es eso todo?
(Ver:
Depredadores financieros)
Necesito poner en marcha un incremento
La realidad de Uganda es de un caos homicida absoluto. Al igual
que los “rebeldes” del LRA, el gobierno de Museveni (ayudado por
Washington) ha perpetrado también masacres horrendas contra los
civiles. Kony puede resultar incluso un amateur comparado con
Museveni, una especie de dictador perpetuo que acaba de
supervisar el desplazamiento y asesinato masivo de al menos
20.000 ugandeses en nombre de las corporaciones británicas.
Además, Museveni robó básicamente las elecciones ugandesas
celebradas a principios de este año.
El incremento de
Barack Obama en Uganda debería considerarse como un
intercambio crucial de favores con Museveni, que ha enviado
miles de soldados ugandeses a las fuerzas de la Unión Africana
que están combatiendo a los
islamistas de núcleo duro de los al-Shabab en Somalia. Por
tanto, mientras Uganda combate en una guerra por poderes para
Estados Unidos en
Somalia, Washington ayuda al dictador a librarse de los
“rebeldes” del LRA. No es de extrañar que el Pentágono se haya
encariñado tanto con Uganda; Museveni consiguió recientemente 45
millones de dólares en equipamiento, incluidos cuatro aviones
teledirigidos pequeños.
El LRA –un grupo irregular de duros fundamentalistas cristianos-
tiene su base en el norte de Uganda pero se reparte por cuatro
países, incluido el nuevo Sudán del Sur y el Congo, en África
Central. No llevan armas pesadas. No tienen posibilidad de
desestabilizar al gobierno ugandés, mucho menos de representar
una amenaza para la “seguridad nacional” de
Estados Unidos. El
hombre del saco Kony puede estar escondido en algún lugar a lo
largo de la inmensa frontera entre el Congo y Sudán, y puede que
no le queden más que 400 guerreros.
La proximidad de Uganda con el nuevo país de Sudán del Sur es
clave en toda la ecuación. Hasta ahora, el LRA ha sido para el
Sudán del Norte una especie de cortafuegos armado
convenientemente contra el títere de Occidente, Museveni. Pero
sobre todo, toda esta zona constituye un bien inmueble de muy
alta calidad donde se juega la feroz batalla entre
China y los
estadounidenses/europeos, una batalla centrada en el petróleo y
los minerales, todo ello formando parte de la Gran Guerra del
Siglo XXI por los Recursos de
África.
(Ver:
OTAN/NATO)
He ahí el reino mineral
Todo eso nos lleva a Uganda como una nueva tierra de provisión.
¡Ah, cuantas posibilidades ofrecen las guerras humanitarias!
Para revestirse de una apariencia de éxito, los pasos iniciales
del incremento africano de
Obama tendrían que incluir una base militar con una larga
pista de aterrizaje y un mini-Guantánamo donde encerrar a los
“terroristas”. Si eso suena demasiado bueno para ser verdad, es
porque lo es; piensen que los cuarteles de
AFRICOM del Pentágono contemplarán pronto la posibilidad de
viajar en el tiempo desde Stuttgart,
Alemania, a algún
lugar de Uganda.
Cualquier estudiante de
realpolitik sabe que
Estados Unidos no hace intervenciones “humanitarias” per se.
El incremento del
AFRICOM va en paralelo con el nombre real del juego:
minerales preciosos y minería. Sucede que Uganda –y el cercano
Congo oriental- tienen cantidades fabulosas de, entre otros,
platino, cobre, cobalto, estaño, fosfatos, tentalita, magnetita,
uranio, mineral de hierro, yeso, berilio, bismuto, cromo, plomo,
litio, niobio y níquel. Muchos de ellos son los ultra-preciosos
tierras raras, sobre los cuales
China ejerce un
monopolio virtual.
La fiebre por el mineral de
África es ya una de las guerras por los grandes recursos del
siglo XXI. China va
a la cabeza, seguida por compañías de la India, Australia,
Sudáfrica y Rusia (que, por ejemplo, ha construido recientemente
una refinería de oro en Kampala). Occidente se está quedando
rezagado. El nombre del juego para
Estados Unidos y los
europeos, que no se andan con rodeos, es socavar la miríada de
acuerdos comerciales de
China por toda
África.
Después tenemos el ineludible ángulo de Oleoducstán. Uganda
puede tener “varios miles de millones de barriles de
petróleo”, según Paul Atherton, de Heritage Oil, como parte
del reciente descubrimiento de petróleo, el mayor hasta ahora,
en tierras de África Subsahariana. Eso implica la construcción
de un largo oleoducto de 1.200 kilómetros de largo, con un coste
de 1.500 millones de dólares, que iría hasta Kampala y la costa
de Kenia. También tenemos otro oleoducto desde el “liberado”
Sudán del Sur. Washington quiere asegurarse de que todo ese
petróleo esté solo a disposición de
Estados Unidos y
Europa.
(Ver: Además de los crímenes perpetrados contra el pueblo de
Libia, el hasta ahora impune
Nicolás Sarkozy,
preside un gobierno que es una auténtica cloaca de corruptos.)
Obama, el rey de África
La administración
Obama insiste en que los 100 elementos de las Fuerzas
Especiales serán “asesores” y no tropas de combate. Piensen en
Vietnam en los primeros años de la década de los sesenta; se
empezó con “asesores”, y el resto es ya historia. Ahora se
espera que los “asesores” se dispersen desde Uganda a Sudán del
Sur, la República Centroafricana y la República Democrática del
Congo.
Y ni siquiera es la primera vez que esto sucede.
George W Bush intentó lo mismo en 2008. Acabó en un desastre
sin paliativos debido –nada nuevo bajo el sol- a la corrupción
del ejército ugandés. Kony recibió un aviso y se escapó horas
antes de que atacaran su campamento.
Por tanto, en la superficie tenemos una edificante narrativa
acerca del primer presidente negro de
Estados Unidos
profundamente preocupado por la “crisis humanitaria” en otra
nación africana: Uganda. Y en una perfecta historia tapadera
para la satrapía estadounidense, se dedica a apuntalar a Uganda
como base de avanzada para que Washington hunda su daga dentro
del África islámica.
La cantilena oficial de Washington martillea en el hecho de que
el LRA ha “asesinado, violado y secuestrado a decenas de miles
de hombres, mujeres y niños”. Ahora compárenlo con la
devastación perpetrada por Washington durante más de dos décadas
sobre Irak: al menos
1,4 millones de personas asesinadas directa e indirectamente,
millones de refugiados, una guerra civil entre sunníes y chiíes
que aún sigue viva y coleando y el flanco oriental de la nación
árabe totalmente destruido.
Compárenlo con el estruendoso silencio de la Casa Blanca de
Barack Obama cuando los racistas “rebeldes” del este de
Libia acorralan, acosan, torturan e incluso eliminan a los
africanos subsaharianos.
África ha estado luchando desde hace una eternidad contra los
múltiples aspectos del gran amo blanco esclavista genocida,
ayudado y amparado por múltiples corrientes de serviles
dictadores/cleptócratas negros, para acabar topándose a
principios del siglo XXI con un presidente estadounidense con
ascendencia directa africana que no tiene nada mejor que ofrecer
que fuerzas especiales, aviones teledirigidos, incrementos
bélicos e intervenciones “humanitarias” impregnadas de
hipocresía.
Pepe Escobar
es autor de “Globalistan: How the Globalized World is Dissolving
into Liquid War” (Nimble Books, 2007) y “Red Zone Blues: a
snapshot of Baghdad during the surge”. Su último libro es “Obama
does Globalistan” (Nimble Books, 2009). Puede contactarse con él
en: pepeasia@yahoo.com
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