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Borocotó o Bulimia criolla, mercenarios y bastardeo institucional
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Kirchner, Borocoto, Ibarra y Macri ante el fervor popular.

La trascendencia del “pase” de Borocotó tiene que ver con la praxis misma de ese “pase”. Borocotó ocupo el tercer lugar en la lista encabezada por Mauricio Macri en las elecciones para diputados nacionales del 23 de octubre pasado en Capital Federal. Esta lista triunfó en los mencionados comicios con más de 600.000 votos.

Actual legislador por la ciudad autónoma de Buenos Aires, Borocotó alcanzo un escaño en la cámara baja del congreso de la nación en representación del partido PRO que lidera el actual presidente de Boca Juniors.

Borocotó pensó –estimo- que había sido un hábil jugador de la política criolla. Un “gran divulgador” de la ciencia medica. Una estrella mediática bastante atractiva, siempre sonriente y de una presencia correcta a base de trajes lustrosos y opiniones contundentes. La gran estrategia –habrá concluido Borocotó- estaba dando sus frutos.

El “doctor divulgador” procuro nunca atarse a ningún caudillo político. Prueba de ellos es su gran habilidad para saltar de los sucesivos barcos antes que estos se hundieran. Por supuesto que estos saltos nunca lo llevaron a las profundidades del río. Como todo buen roedor, Borocotó salto del Barco de Luís Patti al barco de su tocayo Eduardo Duhalde; no conforme con esto, formo parte de la tripulación del barco de Domingo Cavallo en donde trabó relación con Alberto Fernández otro subordinado al padre de la convertibilidad. La abrupta caída de Cavallo a manos de Ibarra en las elecciones para jefe de gobierno porteño, lo llevo a integrar la fragata del macrismo. Finalmente y para asombro de muchos, sin estar Macri en pleno proceso de naufragio, Borocotó dio el salto más importante de su carrera: el salto al kirchnerismo.       

Poco más de dos semanas posteriores al triunfo de Macri y antes de tomar posesión formal de su flamante cargo como diputado nacional Borocotó anuncia en conferencia de prensa con Alberto Fernández el “pase” político del año. Sin rubores el “gran divulgador” arguyo diferencias con su ex jefe político y manifestó su voluntad de colaborar con el oficialismo. "Yo me incorporo al grupo, con un deseo común, pero como independiente" dijo descaradamente.      

Borocotó pasa a ser, entonces, otro lacayo mas, adepto a las cretinas directivas del titular del ejecutivo nacional.

Ante esta situación cabe preguntarse ¿que se puede esperar de un hombre que cambia de bando político antes de asumir como legislador nacional? ¿Que se puede esperar de un hombre que traiciona a millares de personas que depositaron su voto y confianza en una lista que él mismo integro?

Buena parte de la prensa nacional se interroga sobre la decisión del susodicho “doctor divulgador”. “No comprenden” la actitud de tan eminente personaje de la elite porteña. El “pase” de Borocotó es precisamente un “pase”. Así como grandes estrellas de los deportes copan los medios de comunicación por las contrataciones millonarias que convienen, con Borocotó sucede exactamente lo mismo. La gran diferencia estriba en que un Batistuta o un Ginobili son deportistas mientras que un Borocotó, un Kirchner, una Cristina K, unos Fernández, un Gines Gonzáles García, un Daniel Bravo, un Rafael Roma, una Graciela Ocaña, son funcionarios públicos. Grandes pillos que exprimen al máximo sus investiduras y luego, ante el ocaso del rey, proceden a rotar a otros principados.

Hoy en día, el principado vigente es el principado patagónico. Los “nuevos vientos” del sur produjeron importantes mutaciones en buena parte de la clase política de estirpe justicialista.

Antes fue Menem. Antes fue Cavallo. Antes fue Duhalde. Ahora es Kirchner.   

Y hablando de Kirchner hay que hacer hincapié en su actitud ante este gran “pase”. El primero que dio la cara junto a Borocotó fue – como dije antes- Alberto Fernández. El presidente por su parte, por varios días permaneció en silencio. Ya lo había hecho ante Cromagnon y al igual que en aquella dramática situación, prefiero medir el fervor popular de los damnificados y el resto de la sociedad.

En esta situación, el pedido de juicio político a Ibarra estaba de por medio. Borocotó anuncio el pase y había que determinar el juego de reacciones político-sociales. Se aprobó el juicio político y Borocotó – quien por esas horas fue el centro de penetrantes miradas e insultos varios- no tuvo más “remedio” que aportar uno de los treinta votos necesarios para aprobar la iniciativa. El buen medico se auto-prescribió la receta que habría de salvarlo de un feroz y final linchamiento político.    

Aprobado el inicio de juicio político y suspendido Ibarra, todas las miradas volvieron a Borocotó y a sus contratantes.

El presidente K, dueño del pase de Borocotó no tuvo mas remedio que expedirse sobre el tema. En uno de esos tantos actos en donde solo se escucha su voz y nadie puede incomodarlo, el presidente K regurgito: “Borocoto es un hombre de bien”. La representación del “bien”, en clave de K, puede ser atribuida al “lombrosista” doctor divulgador.

Es extremadamente preocupante que el presidente K avale estas sucias jugadas. En realidad, no tiene mas remedio puesto que él y su séquito fueron los principales dirigentes que intervinieron en la contratación de Borocotó.  En este sentido, la actitud de Kirchner repugna a la repéblica, a las instituciones, a nos los ciudadanos argentinos.

¿Qué nos impide pensar que Borocotó, al realizar esta grosera y despiadada maniobra – en connivencia con el presidente K- no hará lo mismo dentro de la facción a la cual ahora pertenece? ¿Que confianza se puede tener un sujeto que, como todo buen mercenario, se vende al mejor postor, que no tiene problemas en prostituirse y traicionar a millares de ciudadanos?

Pero el presidente K dice que Borocotó es un “Un hombre de bien” y ciertamente, el presidente K se las tira de honrado, dialoguista y demócrata.
En suma: Borocotó es un caso grosero de toda una maquinaria infernal basada en la traición, la cobardía y el bastardeo republicano. Borocotó, como muchos otros de su calaña, se vendió al poder de turno a cambio de alguna que otra dádiva que presume de inadvertida. Borocotó “el bulímico”, trago miles y miles de votos en una multitudinaria ingesta oligárquico-pantagruélica repleta de caviar y champaña para finalmente vomitarlos sobre la cabeza de sus electores.

La sociedad tiene entonces una doble función de contención: por un lado es un gran escupidero que recepta los vómitos y gargajos de la clase política. Por otro lado, es un gran inodoro por donde fluyen los desechos resultantes de una gran orgía románica; orgía en donde además, se cocinan las artimañas que habrán de perjudicar a nos los ciudadanos de la tan prostituida Republica Argentina.

Kirchner y su grupo comandan esa orgía política.  Borocotó es ahora, otro flamante integrante del equipo de entrenamiento.


 

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