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El amor desciende a los infiernos
Rafael Colombo
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 Acerca de Moulin Rouge y Orfeo - Paris, Francia. 1899

Un desconsolado poeta llamado Christian (Ewan Macgregor) cuenta su historia de amor. El racconto supone internarnos en los bajos de París.

Christian, en aquel entonces, era un joven escritor recién llegado a la capital francesa; lleno de ideales y sueños se localiza en una habitación en Montmartre. En una disparatada situación llega a conocer a “los hijos de la revolución”, entre ellos el pintor bohemio Toulouse Lautrec (John Leguizamo

De un momento para el otro, sus nuevos amigos lo llevan al Moulin Rouge para introducirlo en el mundo de la noche. Durante el espectáculo aparece Satine (Nicole Kidman), la  principal atracción del lugar.

Paralelamente el propietario y principal animador de las interminables jornadas de show, Harold Ziegler (Jim Broadbent) conversa con “El Duque” (Richard Roxburgh), un hombre con mucho dinero. Deslumbrado por la belleza de Satine “El Duque” resuelve invertir en el club a cambio de poseerla.

Así es como en el  romántico contexto de la noche y las estrellas, la historia de amor entre Satine y Christian nace para morir.

La fatalidad en el destino

La historia de Moulin Rouge tiene como principal referencia, la historia de amor entre Orfeo y Euridice.

Orfeo es un personaje de la mitología griega que nació en Tracia. Eagro y Caliope (Calíope, “Bella Voz”) son los padres de Orfeo. De ellos supo heredar su pasión por la música y el canto. Para estimular sus dones, Apolo regaló una cítara a Orfeo. El sonido de este instrumento y  su voz calmaba el rugir de la selva y contenía la furia del mar.

Luego conoce a la ninfa Eurídice y se enamoro al instante. Deciden casarse y celebrar su compromiso en un bello campo en Tracia. La abundante comida y bebida se funde con las múltiples canciones y poemas que se recitan.

Finalizada la Pantagruélica celebración, Eurídice camina por los campos desconociendo que la muerte también paseaba por esos lugares. El cielo y las nubes se tiñen de rojo. Los dioses observaban, impotentes, la fatalidad en el destino de la ninfa.

Antes de reunirse con Orfeo, Eurídice sumerge su cuerpo dentro de las cálidas aguas de un lago; ya los penetrantes ojos del cazador Aristeo, atisban su final. Su irrefrenable deseo de poseerla, aun a sabiendas de su ya efectivo compromiso con Orfeo, lo consume por completo.

Ante el peligro ya manifiesto, Eurídice lograr huir por los bosques. Nunca pudo imaginar  la serpiente que habría de morder su pie y traspasarle el mortal veneno. Los pájaros y árboles, enmudecen ante el grito de la ninfa. Cuando Orfeo descubre lo sucedido ya era demasiado tarde.

Los vestigios de vida en Eurídice ya han desaparecido. El terrible recorrido por los senderos de las sombras ya había comenzado.

En la desesperación, Orfeo desciende a los Infiernos. En la puerta se despide de los paisajes y la luz; al atravesar el tenebroso umbral, los ojos se pierden en la oscuridad del Estigia, uno de los cinco ríos del infierno, mientras espera la llegada de Caronte, el barquero infernal que escolta las almas hasta el otro lado del río.

La mágica voz de Orfeo surte efecto sobre Caronte, que pierde la noción del tiempo y conmovido, conduce a Orfeo hacia el Reino de Hades.

La visión antigua del infierno es bastante interesante. Según J.C. Lohest las descripciones de Homero, Virgilio y Dante presentan algunas similitudes: el lugar es muy amplio, las sombras iluminan un territorio dividido en regiones, los ríos tienen aguas que exhalan vapor y fuego, infinidad de fantasmas se dispersan silenciosamente en busca de un perdón que nunca llega.

Cuando nuestro héroe se aproxima al Reino de Hades toma inmediatamente su citara y comienza a Cantar. Su bella voz cautiva al infierno; los soberanos,  torturadores y almas varias, atienden a Orfeo, que expresa con añorada humanidad su romántico reclamo.

La emoción invade a Perséfone y Hades que mandan a llamar a Euridice para que vuelva a los brazos de Orfeo.

Antes de partir Perséfone impone una condición: Orfeo caminara delante de Euridice sin mirar hacia ella mientras ambos estén en las tinieblas. De lo contrario, Orfeo perderá a su amada instantáneamente.

En el camino de regreso, Orfeo guía la sombra de Euridice por medio de su voz; ella es feliz mientras escucha a su esposo y sigue el sonido de la música. Cercanos a la salida, Orfeo vuelve sus ojos desesperadamente: al instante la sombra de la ninfa desaparece. El poeta Virgilio dice: "súbitamente, como el tenue humo que en las auras se disuelve, se desvaneció ante sus ojos..."

Los reiterados cantos y demás súplicas de Orfeo no tuvieron respuesta alguna.

Sin consuelo, Orfeo regresó a Tracia; el rechazo a toda mujer derivó en su muerte. Las bacantes, al no poder seducirlo, optaron por descuartizarlo. Al morir, pudo regresar al Reino de Hades y reunirse con Eurídice, donde se miran el uno al otro para toda la eternidad.

Analizando esta historia, un profesor de Ética en la Universidad de Barcelona llamado Norberto Bilbeny sostiene que Orfeo es un personaje inteligente; un héroe que vio frustrada su felicidad debido a la espontaneidad. Un simple descuido arrancó a Orfeo de lo que mas quería. A Orfeo “se lo sorprende como un amante olvidadizo y descuidado” mientras que, paradójicamente, supo vencer todos los escollos del infierno.

Por su parte, Herbert Marcuse se refiere a Orfeo (“Eros y civilización”, 1955) como un libertador y creador. “Es el poeta que trae paz y salvación mediante la reconciliación entre Eros y Tanatos”. El canto, es un poder para la consecución de una armonía entre el hombre y la naturaleza. Orfeo valoriza la “dimensión estética” tratando de establecer un mundo con orden y sin represión. 

El infierno de Offenbach

Jacques Offenbach fue un músico alemán que nació en Junio de 1819. Sin entrar en detalles de su vida, nos remitiremos a uno de sus mas importantes trabajos: “Orfeo en los infiernos”.

Estrenada en 1858, esta opera en 4 actos tuvo mucho éxito; la historia tiene como epicentro dramático, el mito de Orfeo. Fragmentos musicales de esta opera, ya en su forma original o adaptada, están presentes en la película.

Desde el principio, cuando se abre el telón, el sonido del famoso “Can Can” se funde con los famosos afiches de Toulouse Lautrec, mientras se sobreimprime el rotulo de “Moulin Rouge”.

Es notable la multiplicidad de temas que surgen desde el comienzo. El principal objetivo es contextualizar, detallar connotaciones de elementos visuales, espaciales y sonoros y realizar sutiles referencias hacia una historia de amor con desenlace trágico.

En la escena de “Espectacular Espectacular” (la obra que contiene los postulados de la verdad, la belleza y el amor) Christian, los bohemios, Satine y hasta el mismísimo Zigler, deben presentar la obra ante el Duque para conseguir financiamiento.

La historia de la obra es la historia de Cristian y Satine. Paralelamente, la historia de “Espectacular Espectacular” tiene como protagonista a un citarista, lo que denota otra referencia al mito de Orfeo. La música de esta escena es otro fragmento del “Can Can” de Offenbach.

Satine es una mujer que vive en y del mundo de la noche. Desde el momento en que Christian conoce a Satine, ella palpita los verdaderos sentimientos del amor. Así como Orfeo cantaba mientras sacaba a Euridice de las tinieblas, la poesía de Cristian intenta en vano, conducir su amada hacia el paraíso.

El cabaret, Orfeo, Offenbach y Lautrec son aspecto que contribuyen a la hipertextualidad estética y argumental de Moulin Rouge

Dinámica argumental: entre la ridiculez, el humor y la tragedia.

Gracias al eficaz tratamiento de Lhurman, el espectador difícilmente podrá desviar su atención. Sin embargo, puede llegar a sentirse incómodo. Los amantes están todo el tiempo ocultando su amor del temerario Duque; esto da pie a diversas escenas de simulaciones, lamentos y desencuentros; todas ellas, al borde del ridículo.

Ziegler descubre a los amantes y es el principal mediador para inventar excusas ante el duque. Por otro lado, recibe la noticia de que su pimpollo Satine se esta muriendo.

El rigor de los acontecimientos aumenta vertiginosamente hasta llegar al desenlace. Las constantes dosis de comicidad se mezclan con algunas reflexiones sobre el mundo del espectáculo y el Moulin Rouge.

Es necesario entonces analizar las escenas de  “El tango de Roxane” y  “El show debe continuar”.

En la primera, el montaje muestra la representación de una mujer que se vende: un Christian atormentado, celoso y una Satine sometida. El entrecruzamiento de los cantos y el ritmo ofrecen una construcción de tango, tristeza y locura. Esta escena manifiesta los conflictos de los personajes mediante el establecimiento de opuestos; cada parte trata de justificarse, dicta preceptos normativos y mantiene esperanzas.

A “El show debe continuar” le precede un momento clave: “Somos criaturas de un submundo...” dice Ziegler “... no podemos darnos el lujo de enamorarnos”. El dueño del Moulin Rouge revela a Satine su fatal destino. La noticia llega a los ojos de la cortesana que los cierra inmediatamente; el director, inmediatamente, funde a negro significando fin, muerte. Satine abre los ojos para que la podamos ver; repentinamente, se repite esta acción y efecto una vez mas. La pantalla en negro se erige como un recurso que indica que todo está por terminar y no hay salvación.

A pesar de todo esto, el show debe continuar; detrás del telón, la agonía y la tristeza están presentes, pero jamás deben exponerse ante el público; por el contrario, deben ocultarse para seguir; la concepción del teatro y el mundo del espectáculo así lo exigen.

El Duque poseído por la irritación, amenaza con matar a Christian; Satine, decide abandonarlo.  “Hiérelo para salvarlo” le dice Ziegler.

La escena final, tiene lugar en el ya modernizado teatro del Moulin Rouge; “Espectacular Espectacular” esta en plena representación.

Finalmente y ante los ojos del gran publico, Christian (que decidió volver por ultima vez al Moulin Rouge) arroja dinero sobre Satine: “Pago a mi prostituta” grita; baja del escenario y camina hacia la salida de espaldas a Satine. La cortesana empieza a cantar “Come what may”. Aquí encontramos otra similitud con Orfeo. Al volverse, Christian perderá definitivamente su amor.

Efectivamente, luego de terminada la obra, el telón se cierra para nunca jamás volver a levantarse. Satine muere a causa de su tuberculosis (enfermedad romántica por excelencia).

El espectador no puede evitar sentirse conmocionado por lo que sucede. La fuerza de la escena entre los amantes adquiere una expresión descomunal: la llama se extingue, el sollozo comienza.

El ritmo acelerado y vertiginoso, lleno de pompa y frenesí, cesa por completo. El plano secuencia final nos conduce hasta la noche parisina, esta vez, en silencio, conmocionada por lo ocurrido. La simpática luna de Melies expide una pálida luz que denota tristeza y desazón.

El contraste caracteriza, tanto a Moulin Rouge como a los seres humanos. El contrapunto estético y cinematográfico entre escenografia, acción y música se complementa con un argumento de naturaleza dialéctica;  el constante enfrentamiento entre intereses antagónicos que no albergan matices.

Los personajes sufren los opuestos en su ser y en el mundo exterior pero no tiene puntos medios; esto que seria perjudicial en cualquier otra película, no lo es en Moulin Rouge. La realidad nos indicaría que algunas reacciones son exageradas y que por momentos, el elenco sobreactúa. La reflexión en este caso , como dice E. M. Cioran, “... procede de un arrebato sensual o un desmoronamiento nervioso”. Lhurman describe a base de contradicciones y sentimientos en disputa. La descripción establece varios modelos que en esencia revelan mucho sobre la condición humana.

Por otro lado, la muerte surge como un factor externo que corta abruptamente el conflicto; la fatalidad en el destino de Satine tiene mayor significación cuando ella misma conoce su destino. El conocimiento de la enfermedad se une “a un doloroso esfuerzo por salvar el mundo de los valores...” dice Cioran. Las ultimas acciones de Satine, son salvar a Christian y seguir obedeciendo los dictados del Moulin Rouge (el mundo en que vivió).

“La felicidad parece no estar incluida en el diseño de la creación” dice el profesor Levy en “Crímenes y pecados” (Woody Allen, 1989). Es inevitable pensar que los hechos tuvieron una conclusión muy injusta. Aun así las sensaciones pueden llegar a ser tan dispares y contradictorias como el carácter trágico, ridículo, sublime, en fin, manierista, de los personajes y sus circunstancias

Fuente Avizora

Elecciones legislativas argentinas 2005 - El monocultivo de soja transgénica - Delitos internacionales y principio de jurisdicción universal El caso de Irak - Llamado a los jueces del mundo - Temas Que Queman
 

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