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0906 -
“Una furtiva lágrima en sus ojos despuntó, a aquellas alegres jóvenes
envidiar pareció. ¿Qué más buscando voy?. ¿Qué más buscando voy?”
(“Una furtiva
lagrima”. Aria de la ópera “El elixir del amor”, de Gaetano Donizetti)
(Scarlett
Johansson (Nola) y Jonathan
Rhys-Meyers (Chris) en la foto de la derecha)
La
pasión, el ascenso social, la suerte, el azar, la infidelidad, la ópera,
Dostoievski, el crimen y la culpa, son algunos de los tópicos centrales
de “Match Point”, la última obra
cinematográfica de
Woody Allen.
Como muchos otros personajes del mundo del arte (en especial los grandes
literatos) Woody Allen siempre concibió su labor creadora inspirado en
Nueva York, su ciudad natal. En “Match Point”, y luego de casi 30 años,
Allen volvió a situar la totalidad de una de sus historias en Europa; en
el caso de la película que nos ocupa y el país elegido es Inglaterra.
Por otra parte, Allen se excluye nuevamente como integrante del reparto,
limitándose con mucha habilidad y oficio, a construir una trama fluida y
dinámica. Se evidencian además, la solvencia de los cortes
cinematográficos, el alto rendimiento de las actuaciones, la precisión
en la selección del repertorio musical (fragmentos de óperas de Rossini,
Donizetti, Verdi, Bizet), y sobre todo, el tono elegiaco, frió, sombrío
y pesimista, que signa las fatídicas peripecias de los protagonistas.
A grandes rasgos “Match Point” cuenta la historia de Chris Wilton
(Jonathan Rhys-Meyers), un tenista profesional retirado que comienza a
impartir clases de tenis en un exclusivo club ingles; al poco tiempo se
transforma en instructor de Tom Hewett (Matthew Godde) un joven
londinense de la alta burguesía británica. La afición por la opera es el
vinculo inicial que lleva a Chris a mezclarse con la alta sociedad
inglesa. Conoce a Chloe (Emily Mortimer) hermana de Tom. Ambos se
enamoran y comienzan a salir juntos. En el ínterin, un furtivo, sensual
y provocador encuentro con Nola (Scarlett Johansson) prometida de Tom,
anticipa el conflicto por venir.
Poco menos de 15 minutos para presentar los personajes y plantear el eje
de la historia. Esto es consecuencia de la destreza narrativa de Woody
Allen. Allen sabe que la base de la narración consiste en la
simplificación formal.
Seguidamente, Chris abandona su trabajo como instructor de tenis y
comienza a intervenir en la empresa familiar. Se casa con Chloe y
comienza una nueva vida. El ascenso social es excesivamente rápido y por
momentos, escapa a la voluntad y conciencia de los difusos objetivos
maquinados por Chris.
Al mismo tiempo, los encuentro de Chris con Nola son inevitables y
finalmente sucede lo que tiene que suceder: el fugaz y por supuesto
furtivo, primer encuentro sexual. La escena es bellísima. Nola camina
bajo la lluvia luego de un entredicho son su suegra; Chris la observa
desde el interior de la casona campestre y acude inmediatamente a su
encuentro. Y en un campo terminan haciendo el amor rodeados de pastos
amarillos.
No
recuerdo, en la filmografía de Woody Allen, escenas de sexo tan llenas de
pasión y deseo, como las filmadas en “Match Point”.
Chris está enamorado de Chloe pero desea sexualmente a Nola. Todo lo que no
recibe de su mujer lo obtiene de su amante. Y al revés: todo lo que Chloe no
puede obtener de su marido, Nola lo recibe de Chris sin siquiera
proponérselo.
La tensión aumenta por direcciones opuestas: mientras Chris afianza su
posición de poder, dinero y lujo como frutos inmediatos de sus lazos
sociales y maritales, todo ese mundo permanece endeble ante las progresivas
demandas de su amante. Todo lo que fríamente se construyo puede, de un
momento para el otro, derrumbarse estrepitosamente.
La música en el cine de Allen siempre adquiere un papel importante. En este
caso, el director dejo a un lado el jazz para privilegiar la ópera. A lo
largo de la película escuchamos un versión del aria “Una furtiva lagrima”
interpretada por Enrico Caruso. Esta pieza musical forma parte de la opera
“El elixir del amor” (Milan, 1832) cuyo autor es Gaetano Donizetti, sobre un
libreto de Felice Romani. Si bien la obra de Donizetti tiene un tono cómico,
el aria de Caruso tiene una extraña mezcla de nostalgia y tragedia que
profundiza los conflictos pasionales y de poder. En efecto, esta belleza de
canto sirve como contrapunto ante los acontecimientos. Por un lado lograr
fusionarse con el juego y el deseo mutuo de los amantes y por el otro
refuerza la metáfora con respecto al juego del tenis, el crimen y la culpa.
En
relación a estos tres últimos aspectos, se tocan ciertos temas vinculados a
ellos, expresados a través de las perversas acciones de Chris, sus
pensamientos y la terrible y súbita decisión que toma cerca del final.
En
efecto, dice Chris al principio que la idea de que ser un hombre afortunado
(“lucky man”) es preferible a que ser un hombre bueno (“good man”) es una
perspectiva profunda de la vida. Es esta perspectiva necesariamente
aventurera y fortuita, la que termina delineando la impunidad de su
infidelidad y sobre todo, la impunidad de su crimen. La fortuna y la suerte,
debidamente aprovechadas, pueden llegar a conducirnos por los caminos más
inesperados pero interiormente pretendidos.
Y este es último punto de la impunidad y la suerte no resulta menor: el
castigo de Chris reside, antes que en la condena de sus lazos sociales, en
el prolongado e íntimo auto-desprecio por sus pecados, antes que en los
perímetros de una oscura prisión, en los recónditos y misteriosos senderos
de su conciencia.
Siempre existirá un
instante, un pequeño momento reflejado en una sonrisa opacada, en una
furtiva lagrima, en donde Chris examinara toda una vida paralela, de la que
fue parte y que nadie más que el puede conocer.
Lo punitivo para Chris, se expresa entonces, a través de una condena moral.
Y eso es quizás nada pero acaso todo al mismo tiempo.
La impunidad del crimen cometido es un elemento del drama que caracteriza y
diferencia el cine de Woody Allen. Esto se encuadra en una labor creadora
que, entre otras cosas, apuesta a resoluciones por fuera del
convencionalismo hollywoodense.
Porque Woody Allen es una artista que construye desde el convencionalismo
para luego des-pensarlo y, finalmente, re-pensarlo. Es la esencia de todo
creador no conformista, que apuesta a la exploración tanto de la forma como
de los contenidos.
Allen, piensa, vive y crea dentro de un contexto de frivolidad, miserias
humanas, sujetos grotescos que triunfan a la par de eternos, entrañables y
sinceros fracasos; proyectos de vida nunca concretados, condena e
indiferencia social.
Apenas iniciada la historia, percibí claros vestigios de otra gran obra de
Woody Allen (a mi criterio la mejor de su filmografía). Me refiero a
“Crímenes y pecados” (1989), aquella notable, cruda y compleja reflexión
sobre la clase media neoyorkina.
En ambos casos, hay racionalización de las decisiones tomadas como dice el
Dr. Rosentahl en “Crímenes…”. En ambos casos, esas decisiones tomadas nos
definen como seres humanos, al decir del filosofo de “Crímenes…”. En ambos
casos, si el espectador quiere ver un final feliz será mejor que vea una
película de Hollywood.
Pero si en la película del oftalmólogo que encarga el asesinato de su
amante, el sentimiento de culpa se desvanece ante la prosperidad económica y
familiar, en la película del ex tenista pecaminoso y criminal, la culpa
permanece y emerge como una eterna y solitaria agonía. Ni el nacimiento de
su hijo matrimonial puede opacar los recientes actos cometidos.
La mirada de Chris a través de un amplio ventanal, se pierde en la soledad
de otro día nublado londinense.
Ficha técnica de "Match Point":
Dirección y guión:
Woody Allen.
País: Reino
Unido.
Año:
2005.
Duración:
123 min.
Género: Drama.
Interpretación:
Jonathan Rhys Meyers (Chris Wilton), Matthew Goode (Tom Hewett), Emily
Mortimer (Chloe Hewett Wilton), Scarlett Johansson (Nola Rice), Brian Cox (Alec
Hewett), Penelope Wilton (Eleanor Hewett), James Nesbitt (Detective Banner),
Alexander Armstrong (Sr. Townsend), John Fortune (John), Ewen Bremner
(Inspector Dowd).
Producción:
Letty Aronson, Gareth Wiley y Lucy Darwin.
Fotografía:
Remi Adefarasin.
Montaje:
Alisa Lepselter.
Diseño de producción:
Jim Clay.
Vestuario:
Jill Taylor. |
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