050308 -
Zoología y política en la Argentina contemporánea
“El peronismo sigue siendo la opción preferencial de los
pobres.” - Javier Auyero, Ensayista
Argentino.
… durante los noventa (con Menem)
se produce una subordinación de la política a la economía,
Perón (siempre) va a subordinar la economía a la política. Para Perón,
la economía sólo existe en tanto es orientada por un proyecto nacional.
Si hay política hay economía. Si no hay política, la que se adueña de
todo es la economía. Y como la economía la dominan los países centrales,
las metrópolis, son ellos los que se adueñan del país cuando el país
carece de un proyecto político que los enfrente. ¿Que requiere un
proyecto político que haga de la economía uno de los resortes, pero no
su fundamento? Requiere un Estado fuerte. Un Estado que no se someta a
los arbitrios de las empresas. Si gobiernan las empresas, gobierna el
“libre mercado”. No hay mercado libre. El mercado es de los oligopolios.
El mercado no distribuye, concentra. Si el poder insiste tanto en la
libertad de mercado es porque sabe que ésa es la libertad de las
empresas. - José Pablo Feinman. Ensayista
Argentino.
Introducción
El acuerdo alcanzado por el ex presidente Néstor Carlos Kirchner y su
antiguo Ministro de Economía (el primero de su gestión) y ex
contendiente político Roberto Lavagna para incorporar al último de los
mencionados al proyectado reordenamiento del Partido Justicialista (P.J),
reactualizó, según el primer presidente de la democracia recuperada, el
radical Raúl Ricardo Alfonsín, “un gorilismo rabioso”, situación que,
“dividió hace muchos años a las familias argentinas”. (Diario Página 12
del 5/02/08).
En realidad y en rigor a la mas estricta verdad, semejante
fraccionamiento no puede deberse a causas catastrófico-naturales; si no
más bien a circunstancias sociales y culturales que analizaremos con
cierto detenimiento en el artículo presente, tanto en su origen
histórico como en sus implicancias actuales. Por cierto que la
intencionalidad humana no puede hallarse ausente en la existencia de las
referidas miradas animales acerca del país y de su pueblo. Para decirlo
de modo simple y tautológico: si existe gorilismo es porqué hay gorilas.
De modo que en el texto siguiente será tratada la desgraciada vigencia
de un modo de leer la realidad social y política argentina
(curiosamente) zoológico, intentando destacar lo contraproducente que
resulta semejante mirada para que el pueblo argentino pudiere acometer
sus tareas decisivas.
Pero a decir verdad, el gorilismo no ha vuelto, ya que nunca dejó de
estar instalado en el paisaje político nacional desde aquel ya lejano
1945 que señaló el nacimiento del peronismo. A comienzos de la década
del ’70, por ejemplo, se vio acotado por haberse verificado un cierto
proceso de convergencia de jóvenes provenientes de las capas medias con
el movimiento nacional. O en la última elección nacional se agravó. Por
de pronto, partiremos de una definición mínima del concepto y de sus
orígenes históricos- tanto en nuestro país como en otras latitudes, en
la época contemporánea y en la propia antigüedad- para luego
concentrarnos en las implicancias actuales de la problemática señalada.
A modo de intermezzo humorístico serán vistas a vuelo de pájaro algunas
circunstancias cómicas de la referida categoría zoológico-política.
Por cierto, tal vez resulte necesario decirlo de modo explícito, pero
las notas presentes funcionan también a modo de autocrítica, ya que el
autor ha sido participe de posiciones gorilas durante no pocos años de
su vida consciente.
Hacia una definición del gorilismo y un breve recorrido por sus
raíces históricas
Curiosamente o no, el término gorila designa dos realidades con ciertos
matices diferenciales, ya que es diferente relativamente el significado
en la Argentina; por un lado; y en el resto de nuestra América, por el
otro. Si en el subcontinente designa prácticas y sujetos marcadamente
derechistas, conservadores y reaccionarios; en el país del asado, el
mate, el dulce de leche y el tango denomina más específicamente a
aquellos opositores cerriles al peronismo. Y ciertamente que en tal
posición, existen individuos, fuerzas sociales y agrupamientos políticos
de derecha, centro o izquierda. Por otra parte, lo análogo ocurre en el
la fuerza creada por Perón. De modo que en lo inmediato el problema que
nos aparece- y para peor, hacerlo mucho más complejo- es el hecho que la
etiqueta de peronista no define nada muy preciso en términos de
contenido. En efecto, en el pasado fueron integrantes del referido
movimiento criminales fascistas como José López Rega (secretario privado
del jefe, y ministro en su último gobierno por añadidura), burócratas
sindicales que traicionaron a su clase (ejemplos innumerables, por no
decir infinitos) u opuestamente; abnegados militantes como Gustavo
Rearte o Envar El Kadri, por citar nada más que dos compañeros ya
fallecidos. En honor a la verdad la lista de peronistas entregados a la
causa popular es, por cierto, más extensa que la que conforman quienes
la han traicionado. En nuestros tiempos las cosas no son muy diferentes.
Integran la incandescente formación política Carlos Saúl Menem
-rematador al peor postor del patrimonio nacional y gestor incansable e
implacable de la disgregación nacional- y Luís Abelardo Patti,
torturador confeso y asesino a sangre fría de militantes populares; por
mencionar sólo dos ejemplos. Mientras tanto ya se ha dicho que en el
mismo movimiento transitan luchadores, referentes populares, dirigentes
gremiales y políticos e integrantes de movimientos sociales cuyas
trayectorias ético-políticas están más allá de todo cuestionamiento. Por
lo tanto, al no decir nada sustancial en términos de contenidos
definitorios y sustantivos la sola mención de la palabra peronista, el
concepto de gorila caería por carecer de objeto referencial por
oposición. Pero no nos apuremos. Tanto el general Juan Perón, antaño;
como Néstor Kirchner, en estos tiempos, reciben las críticas de los
sectores gorilas en razón, no de sus indudables errores y defectos, que
sin dudas los tienen o han adolecido de ellos. Más bien los ditirambos
se originaron en el hecho que- aún con limitaciones, errores,
desviaciones e inconsecuencias- ambos mandatarios mantuvieron a grandes
rasgos un rumbo favorable a la independencia nacional y beneficiaron al
pueblo de modo evidente, concreto e irrefutable. De manera que por obvia
decantación hemos arribado a una primer y mínima definición del remanido
concepto de gorilismo: se trata de una oposición cerril y sin
concesiones que se realiza epidérmicamente contra el peronismo; y más
profundamente contra la autonomía nacional y la mejoría en las
condiciones de vida de los sectores populares; que durante ciertos
gobiernos peronistas (no todos; por cierto que el decenio de Menem es
claramente la excepción) se impulsó. La mejor demostración que el
verdadero oponente del gorilismo es el mejor peronismo resulta del hecho
que el riojano de la triste fama no recibió críticas por parte de la
poblada fauna de primates que puebla el escenario socio-político
argentino. Si se trataba de destruir la obra mejor de Perón (un país
industrial con un fuerte grado de integración social y un estado con
variedad de herramientas y decisiva capacidad de intervención a favor de
los sectores populares) póngidos de diverso pelaje podían tolerar la
liturgia peronista; escudo, retrato de ambos fundadores, bombos y marcha
incluidos. Otro tanto ocurría en tiempos de las tres A (1973-1976). Si
se trataba de matar militantes populares (entre ellos, muchos
peronistas) la primitiva derecha argentina disminuía su antiperonismo
visceral. El colmo del gorilismo pétreo facial lo configuraba el capitán
ingeniero Álvaro Alzogaray, quién reivindicaba explícitamente el
riojano-peronismo de Menem, diferenciándolo de la creación del general
muerto en 1974. Al mismo tiempo, su bufón, el periodista al servicio de
las peores causas Bernardo Neustadt, cerraba el círculo de la aceptación
del (neo) peronismo menemista afirmando que el riojano era “alto, rubio
y de ojos celestes”, dando el condigno cierre racista para la operación
de bienvenida, por parte de sus enemigos históricos, de la lectura o
versión Anillaco de la fuerza creada por Perón. Tal vez los lectores de
nuestra América no estén habituados ya al retrato de Menem, pero nunca
fue alto ni siquiera con botas de largos tacos y parece tan rubio como
un zulú, pese a los diversos tratamientos para recomponer su figura y
cabellera.
Más adelante analizaremos más detalladamente la cuestión de la
operatoria del discurso gorila, así como distinguiremos entre creadores
de los contenidos goriloides (los sectores dominantes) y quienes
resultan seducidos por el mismo; básicamente los sectores medios, entre
los cuales halla sus mayores difusores. Antes de avanzar, realizaremos
un somero recorrido por la historia del término.
Los antecedentes más remotos del gorilismo -una suerte de
protogorileidad- deben ser buscados en la experiencia de más de cinco
milenios de historia escrita. Observando, con mirada entre curiosa y
crítica, semejante archivo inagotable de experiencias aleccionadoras
podemos decir que toda clase dominante se afirma como tal en ciertas
circunstancias del imaginario social; tales como un discurso
caracterizado por una (auto) conciencia de su condición de elite
superior y fundando su dominio en razones raciales, económicas,
sociales, culturales, educacionales, religiosas o del orden que fuere.
Tal relato parte del génesis de su existencia, en el cual fundamenta su
dominio; para llegar a los tiempos contemporáneos en los que debe servir
para legitimar su supremacía. Además, dicha circunstancia opera
simultáneamente manteniendo su cohesión interna, como afirmando la
desigualdad jerárquica hacia el resto de la sociedad. Por cierto que un
mecanismo fundamental reside en introyectar a sus dominados la
naturalización de semejante división. En la antigüedad, tal
“superioridad” los lleva a considerarse verdaderos dioses (faraones
egipcios o nobles de algunas polis griegas) por oposición a los sectores
subalternos que no podían “trascender” la condición humana; y, por lo
tanto, estaban obligados por deberes sacros a la obediencia.
Similar es el desempeño en tiempos medievales de la Iglesia Católica.
Por cierto que, en su condición de fuente de legitimidad del orden
social, el discurso religioso tenía la finalidad de fundamentar y
argumentar a favor de la terrible desigualdad característica de aquellos
tiempos. El respeto al feudalismo era difundido por los clérigos como
inspirado por la propia divinidad. En todo análogo es el desempeño de
los tonsurados en lo relativo a enmascarar la ausencia de derechos
político-electorales de las masas bajo la formula de soberanía de
Cristo; opuesta por entero en su visión a la voluntad popular (con la
cual las masas combatieron por sus referidos derechos políticos), desde
la revolución francesa hasta muy avanzado el siglo XX. Las formas
electivas democráticas se impusieron de modo casi inevitable en casi
todo el orbe y sólo así fueron aceptadas (a regañadientes) por Papas,
obispos, cardenales, curas y burgueses. A modo de conclusión podemos
afirmar que la raíz histórica del gorilismo- más allá de nuestras
fronteras- no es otro que la creación, difusión, legitimación y
naturalización de discursos que expresan el punto de vista de los
sectores dominantes; que, en toda sociedad, basan su poder en
desigualdades del orden que fueren.
En nuestra Argentina, el moderno gorilismo nació por reacción derechista
al movimiento gestado por el General Juan Domingo Perón; fuerza que
apareció sensiblemente el día décimo séptimo de octubre del año 1945.
Pero también tiene su prehistoria. Los exaltados llamados de Domingo
Faustino Sarmiento y Juan Bautista Alberdi para reemplazar la población
autóctona por “civilizados” europeos- agravados en el caso del
sanjuanino por sus apasionadas apologías del genocidio realizado contra
los gauchos- perfectamente pueden ser encuadrados como primitivos
jalones en la construcción de un discurso gorila argentino. También el
juego entre burlón y despectivo implementado por la oligarquía al
interpelar a los inmigrantes- denominado “titeo” por el escritor David
Viñas- y el posterior desprecio por la “chusma” (nombre despectivo
dirigido a las masas populares) radical son sucesivos momentos en la
edificación señalada. Su faz sangrienta apareció durante la semana
trágica de 1919, episodio en el cual el término judío resulto
prácticamente equivalente a comunista, ácrata o maximalista. Pero- como
ya habíamos dicho- el punto de partida del moderno gorilismo nacional lo
configuran las trasformaciones económicas, sociales, culturales y
políticas operadas por el Peronismo, aún antes del advenimiento a la
presidencia del general socarrón.
Independientemente de los múltiples y polifónicos balances que pueden
hacerse de más de medio siglo de la Argentina bajo la galaxia peronista,
lo cierto es que el furor mayor de la gorilería se debe a que el
movimiento emergido hacia fines de la segunda guerra mundial le permitió
a los explotados, oprimidos, humillados y ofendidos de nuestro país
tomar conciencia que podían agruparse colectivamente e interpelar
colectivamente al estado para mejorar su condición social; es decir,
para alcanzar un más alto nivel de vida. El vocablo conciencia lo usamos
en sentido lato (representación del mundo; en el caso del justicialismo
la oposición pueblo-oligarquía), no en su connotación marxista. Esta
última exige por cierto la formulación de proyectos políticos
anticapitalistas. Y el peronismo sólo trascendió el orden burgués en la
visión (imaginaria) de los jóvenes de los años ’70, básicamente pero
nadie puede adjudicarle con seriedad y rigor científico semejante
perspectiva ni al fundador ni a las grandes masas.
Las mujeres solas provenientes del interior del país (empleadas
centralmente en el servicio doméstico), los trabajadores agrarios y
campesinos, los nuevos inmigrantes internos ubicados en los puestos
menos calificados y no industriales y los obreros manufactureros (el
corazón del nuevo movimiento o- en palabras peronistas- la columna
vertebral y que se habían fortalecido socialmente con el crecimiento de
la producción de bienes secundarios operada desde 1935) se sumaron al
peronismo naciente, en razón que les permitía reclamar de modo
colectivo, superando la atomización individual, en la que el poderoso
siempre lleva las de ganar. El carácter militar y paternalista del líder
no altera el hecho que las masas populares obtuvieron beneficios
inéditos y las opciones que se les ofrecían eran el retorno a la
desfavorable situación previa… o la revolución social. De modo que el
eje conceptual decisivo fue denominado en el discurso peronista como
justicia social y, desde entonces, enriqueció la tradición jurídica
argentina con los derechos sociales. Pero más importante que los
formalismos jurídicos fue que se aseguró su vigencia práct6ica, efectiva
y real. El pueblo trabajador interpelaba al estado y este le garantizaba
derechos que no gozaban por aquellos tiempos símiles del primer mundo.
La independencia económica (más un mito que algo real; en rigor
corresponde hablar de autonomía) y la soberanía política (un concepto
sustantivo de la democracia) completan las tres banderas históricas del
peronismo. Frente a ellas se edificó el discurso gorila como lamento de
los privilegios perdidos por las fuerzas dominantes. Si los dueños de
estancia añoraban los tiempos en que acallaban a rebenque o metralla los
reclamos de los peones por mejorías mínimas en las condiciones de
trabajo y de vida (que no convirtieran la dignidad en un horizonte
inalcanzable); las señoras (gordas) de su casa- sean aristócratas o de
clase media- sentían ofuscada repulsión por sus mucamas que exigían días
de descanso o incrementos salariales entre otras reivindicaciones. La
ofuscación no dejaba afuera a empresarios molestos por el control
sindical sobre el funcionamiento cotidiano y- por ende- la productividad
de las empresas. La narrativa goriloide servía para articular semejante
coalición, integrada también por enormes sectores de las clases medias
comerciales, intelectuales, profesionales y burocráticas. Y en rigor a
la verdad, el peronismo se mostró- durante el período 1945-1955-
bastante torpe e inhábil para rescatar sectores pequeño burgueses de la
dependencia cultural hacia la oligarquía y sumarlos al frente nacional.
De ese modo no lograba capitalizar políticamente la indudable mejoría
económica que había logrado también para las capas medias.
El contenido tumultuoso, movilizador y plebeyo del peronismo- que
resultó el fundamento social para muchas de sus mejores
transformaciones- tuvo aristas, implicancias y consecuencias muy ricas
en contenido que podemos sintetizar con tres frases.
a) La economía resultó subordinada a la política a través de las tres
banderas históricas del peronismo.
b) Los beneficiarios centrales de la obra del primer peronismo eran los
trabajadores industriales, los sectores más pobres; el pueblo en
general. Se trata de mejorías en sus condiciones de vida material, no en
una marcha hacia el socialismo; en todo ajena al conglomerado fundado
por Perón; salvo para algunos núcleos de avanzada peronistas.
c) Oponerse a semejante política (gorilismo) era, sin dudas, oponerse al
pueblo. Por cierto que no era menester practicar el seguidísimo
acrílico. Pero para no ser gorila era preciso formular un proyecto que
contuviese los beneficios ya logrados y avanzase desde allí, no para
afirmar la oposición gorilmente cerril, si no en la perspectiva de un
programa de transformaciones más profundas. No decimos que ello fuese
posible, si no que enunciamos la condiciones para una oposición no
peronista que no fuese teledirigida por los antipopulares cenáculos
gorilas. Concluyendo, el hecho que colaborasen diversos sectores de
izquierda con la difusión del discurso gorila no lo hace menos
reaccionario. Por el contrario, arroja a dichas fuerzas al campo de los
adversarios del pueblo, más allá de la abnegación y loables intenciones
de su militancia.
Gorilas en las tinieblas posmodernas (Intermezzo giocosso)
Nunca está de más desplegar algo del sentido lúdico que le confiere- por
vía del humor- una dosis de alegría a todas las cuestiones, por
complejas, tristes o desgraciadas que pudieren parecer. A tan loables
fines se halla destinado el apartado presente que funciona a modo de
instancia de relax entre medio de dos apartados dedicados a una
reflexión más seria que juguetona.
La mitología antigua es pródiga en extrañas criaturas o figuras, mixtura
muchas veces caprichosa entre diversas bestias y la más sofisticada de
todas: el ser humano. Así, un centauro es una cruza de caballo con
cuello y cabeza de hombre y un minotauro lo propio que el anterior con
un toro; fruto, por añadidura, de una relación entre una bella mujer
llamada Pasifae y un ejemplar toruno- al decir de la leyenda- de
portentosas dimensiones. El motivo del extraño acoplamiento no era
alguna veleidad o pretensión femenina, sino una afrenta sufrida por las
divinidades que obligaban a entregar en tributo la vida de jóvenes
cretenses hasta que el (¿horrible?) monstruo fue liquidado por el héroe
Teseo.
En la Argentina carecemos de Partenón y demás monumentos, de olímpico
panteón teologal propio y de una identidad raigal varias veces
milenaria. Tampoco fuimos el origen de la dramaturgia universal, aunque
supimos cultivarla. No obstante, no nos faltan zoomaquías (creaciones
animales) extrañas ni mitologías exuberantes, que, al menos, en
diversión no tienen nada que envidiar a las más antiguas. Si la
divinidad bíblica creó al humano “a su imagen y semejanza”, ¿Por qué no
creer en el origen divino del Carriotauro, mezcla entre risueña y
monstruosa de hipopótamo y gorila, que circula por cuanto micrófono
mássmediático se abre (a su boca)? El poco agraciado adefesio enhebra
permanentemente las cuentas de un rosariode frente a las cámaras,
vinculando de ese modo su origen con la propia divinidad. De lengua
larga, falsa, embustera, filosa y envenenada y tan bronceado por el
oriente punteño como por lámparas porteñas, el citado esperpento asume
su papel- a mitad de camino entre lo ridículo y lo operísitico- por
diversos espacios comunicacionales desarrollando invariablemente la
política del imperialismo. En la medida que lo último recién dicho es
una cuestión por demás seria, los fundamentos de nuestras afirmaciones
serán desarrolladas en el apartado siguiente.
Otro engendro resultado de cruzas zoológicas es el grondonatauro; en
este caso, combinación de gorila con águila imperial. El padre de la
monstruosa criatura no es el eterno y sempiterno presidente de la
Asociación del Fútbol Argentino (A.F.A), si no un periodista de
trayectoria casi consecuente al servicio de los enemigos de nuestro
pueblo: apoyó todos los golpes de estado ocurridos en la historia
argentina entre 1955 y 1976, fue ideólogo de los mismos y pidió que
ilegalmente fueran movilizadas tropas militares para reprimir saqueos
por el hambre en 1989, entre otros desaguisados Habitualmente jeringosea
más en latín y griego que en nuestra lengua, pero de todos modos queda
absolutamente claro su incondicional alineación con la política de los
E.E.U.U.. El grondonatauro regentea un pasquín televisivo en un canal de
cables de la peor derecha y se permitió cerrar un programa pidiendo la
muerte del comandante Hugo Chávez, líder de la revolución bolivariana.
Tal es la apología de la vida propia de los sectores reaccionarios.
Desde la T.V y en zoológico dúo suele presentar a su hermano gemelo de
padres distintos, el carriotauro, quien mirando fijo a cámara predica
una cruzada contra el poder, según el citado engendro constituido casi
en exclusividad por Kirchner. Los grandes consorcios transnacionales,
empresas capital intensivo internas, beneficiarios de privatizaciones y
oligarcas agrarios- el verdadero poder- seguramente deben reírse
internamente de tamaña e irreal caracterización tan funcional a los
intereses de las fuerzas del privilegio. Así queda claro que la función
de ambos esperpentos es ocultar a la percepción pública quines son los
verdaderos dueños de los recursos y responsables de los infortunios de
nuestro pueblo. Pero no deberían engañarse. Las elecciones del 28 de
octubre demostraron que 45 % de los votantes no presta atención ya a
tamañas incongruencias.
Por otra parte, ¿Cómo no conferirle connotación mitológica (y zoológica)
a la división operada en la política argentina desde la aparición del
peronismo? Si los peronistas resumen- tal vez con excesiva simpleza-
toda oposición al movimiento también llamado justicialista con el mote
de gorila; los antiperonistas no resultan menos esquemáticos al
sintetizar la condición justicialista bajo el zoológico mote de monos
adjudicado a los seguidores de Perón, con evidente connotación entre
biologista y racista. De tal modo que en la Argentina se habría superado
la “mítica” lucha de clases- verdadero motor de la historia, según Marx-
reemplazada por un (ahistórico) enfrentamiento entre bárbaro y zoológico
entre diversas escalas de primates: por decirlo de manera por demás
simple monos contra gorilas. Tal vez un prurito intelectual y académico
nos impida ver que ambas corrientes con semejante construcción
intelectual le brindan un servicio sin par a la nación argentina. Es que
al ser tales enfrentamientos propios de sus nomenklaturas zooformes, la
auténtica argentinidad queda a salvo de luchas fraticidas e impoluta de
cara a la construcción de una sociedad sin enfrentamientos: en rigor,
una imagen por fuera de toda realidad, una verdadera palangana
irrealizable e inexistente. Es que digámoslo de modo explícito por si no
se entendió: no existe sociedad por fuera del conflicto, el hecho que en
la Argentina los enfrentamientos se expresen- también- de semejante modo
humorístico y zoológico no le quita su condición necesaria e inevitable.
Los diarios del 14 de febrero de 2008 traen una nueva vuelta de tuerca
con relación a lo que podemos llamar ya- ironizando ligeramente acerca
de la biopolítica según Tony Negro- la zoopolítica. La coalición cívica
(en rigor, cínica) llamó perros a los integrantes del gobierno nacional,
textualmente “una jauría desbocada que pretende acallar y encarcelar a
la líder de la oposición”. Por cierto que lo peor que podría hacer el
gobierno es acallar a un personaje que cada vez que abre la boca da
testimonio de su grotesca incapacidad para construir política de masas,
que incluyera a los sectores populares. Por su parte, el Ministro de
Justicia, Aníbal Fernández, refiriéndose a la doctora Carrió declaró que
“La señora no tiene los patitos en fila”. (Pagina 12 de la fecha
citada). Es conocido el proverbio criollo que afirma del pato criollo
que “ a cada paso, una cagada”. Aromáticos efluvios que- en el caso del
carriotauro- provienen más bien de vía oral que de disímiles
procedencias. Por fortuna existen muchas especies zoológicas que aún no
han sido convocadas para ocupar su sitial en el escenario político y
social en nuestro país, pero al ritmo que vamos deberán ser utilizados
hasta los nombres de las variedades unicelulares profusamente
inventariadas por la ciencia biológica.
No podemos finiquitar este intermezzo giocosso sin hacer mención a la
literatura (oral) épica de connotaciones míticas. Los (antiguos) relatos
mitológicos argentinos- igual que sus congéneres del mundo mesopotámico
y mediterráneo- se originan en primera instancia en circunstancias
bélicas, resaltando el protagonismo del héroe combativo y combatiente.
Pese a no revestir similar añosidad y riqueza en hechos bélicos, nuestro
acervo no deja de ser sumamente rico. Pero por razones de espacio,
haremos mención a sólo dos de sus historias. En nuestro país, dichas
narraciones se entrelazan con la lucha ya señalada entre monos y
gorilas. Pero las circunstancias en las que se desenvuelve, además de
dantescamente heroicas, muestran un raro matiz de comicidad,
relacionada- por añadidura- con circunstancias derivadas de los placeres
sexuales. Por lo tanto, en muchas ocasiones, el campo de batalla es más
bien furtivo, desarrollándose las diversas escenas en albergues
transitorios (hoteles para parejas), más que en viriles y sangrientos
campos de Marte. Pero semejante cambio de espacio territorial no le
quita ánimo ni enjundia guerrera a la encomiable e indudable heroicidad
de los personajes involucrados.
Cuenta una leyenda que una dama se presenta frente a su ginecólogo
quejándose de su condición de virgen, pese a los tres matrimonios en su
haber que había acumulado a lo largo de más de cinco décadas en este
valle de lágrimas. Preguntada acerca de tan extrañas circunstancias, la
dama respondió que su primer esposo fue un FREPASISTA (progresista),
tras lo cual lo definió como “pura lengua”. En segundas nupcias, casose
con un radical, “cuado están arriba no saben lo que hacer”, quejose
amargamente nuestra dama de los lamentos. Finalmente, en su tercer
esponsal, la intacta esposa debió resignarse a que el conyugue, un
peronista, le “rompiese el culo una y otra vez”, determinando así de
modo casi definitivo su poco satisfactorio estado. La apología del
pragmatismo y la pura efectividad a cualquier costo subyacente en el
relato (ética de los fines, más que de los procedimientos) hace que
pueda ser catalogado como para o filo peronista. Por lo cual cerraremos
el apartado con una leyenda gorila y tornaremos a la puntillosa seriedad
de nuestros análisis.
Hace ya un cierto tiempo medianamente indeterminado, un gobierno
peronista se debatía en una crisis que habría de finalizar con una
infausta asonada militar. Un ministro- agotado luego de una auténtica
sucesión de reuniones tan áridas como estériles- decide convidar a su
secretaria a unas horas de relax en un célebre albergue que fuera
escenario de diversos filmes en la celebrada industria cinematografía
nacional. La cosa no iba mal hasta que el funcionario se sintió con
deseos de emular a Bill Clinton, pero antes del tiempo en que las
andanzas clintoneanas fuesen famosas y celebradas por los medios de
comunicación de todo el orbe globalizado. Por desgracia (para él), el
hombre no reparó en que la joven amanuense padecía epilepsia y, para
peor, sufrió un ataque en el preciso momento en que- entre eficiente y
gozosa- daba cumplimiento a la orden ministerial. Los labios cálidos
quedaron en segundo plano con relación a una pirañezca dentadura que
seccionó el miembro del sorprendido funcionario del ejecutivo. La
leyenda cuenta con dos finales (uno gorilón, el otro peronista) que
transcribiremos de modo provisional para ser lo más fieles posibles a
una veracidad histórica, que no ha sido aún comprobada de modo
científico. La versión antiperonista dice que el hombre salió disparado
por los pasillos a los gritos y llorando. Logró salvarse de la muerte
porqué entraban al mítico establecimiento un médico y una enfermera con
ambulacia incluida. Los profesionales de la salud- en obvio cumplimiento
de las obligaciones emergentes en el juramento hipocrático- dejaron el
placer para más adelante y suturaron la copiosa hemorragia trasladando
al accidentado al nosocomio del cual habían partido. Allí no pudo
realizársele una operación similar a la de John Bobbit, en razón que
(por aquellos tiempos) tal técnica quirúrgica no pasaba de ser producto
de algunas imaginaciones afiebradas. Por otra parte, no fue hallado el
trozo que faltaba. O- agregarían ciertos cronistas divertidos- lo que
faltaba del trozo. El relato peronista del suceso muestra un costado
nacional-machista del cual el justicialismo no ha querido abjurar del
todo, pese a los indudables avances del género femenino, actual
presidente mujer incluida. No es preciso recordar que, aún anciano, el
líder era llamado “el macho” por millones de seguidores y seguidoras.
Sintetizando el desenlace, el mutilado, presa de furor incontenible por
su hombría mancillada (¿o masticada?), pretendió asesinar a la
epiléptica por medio de golpes de muñón en la cabeza, luego de haber
salido ambos por los pasillos. Empero fue contenido por personal de
establecimiento y algunos pasajeros que colaboraron en la difícil y
temeraria acción. Piadoso telón.
Las diversas finalidades y objetivos de la maniobra para el proyecto
nacional
Volvamos al punto de partida del presente texto: el acuerdo Kirchner-Lavagna,
que a más de dos semanas de anunciado sigue dando que hablar a
periodistas y referentes (berretas) de la oposición política. De hecho
se trata del acontecimiento más significativo de la política argentina
en lo que va del 2008 y luego de las presidenciales del 2007. Por otra
parte, no es que sea criticable en si mismo ser opositor; por el
contrario, resulta factible no seguir al gobierno y ser parte de los
espacios nacionales, revolucionarios y progresistas. Las distintas vías
para la lograr una sociedad integrada y/o una trasformación social
profunda pueden ser ciertamente complejas y diversas. Pero lo
verdaderamente deleznable es el contenido insalvablemente antipopular y
antinacional con que se posicionan en la arena pública la inmensa
mayoría de los dirigentes refractarios al proyecto K. O dicho de otra
manera, para avalar soluciones, democráticas, progresistas y
revolucionarias no es preciso- ni mucho menos- ser peronista o parte del
armado gubernamental. Pero seguramente el rabioso gorilismo coloca a
quines crean, difundan o legitimen semejantes narraciones en el póngido
campo de los enemigos del pueblo; por decirlo al modo de del célebre
dramaturgo noruego Henrik Ibsen.
Por parte del ex presidente Kirchner la movida de presidir el P.J. y de
incorporar a Lavagna al armado tiene varias lecturas. Algunas son las
siguientes:
1) Colocar de parte del proyecto conducido por el matrimonio político
más triunfador del orbe a la única fuerza partidaria de verdadero
alcance nacional: el peronismo conocido en el país y el orbe entero por
su sigla partidaria, P,J.. Tal como decíamos hace un año: “sin auxilio
del peronismo, el país es ingobernable. Gestionando la cosa pública con
el justicialismo, la realidad social es muy difícil de modificar en
favor del pueblo. De modo que el andamiaje pejotista es un salvavidas de
plomo para el presidente. De allí que el primer mandatario se ve
necesitado de acuerdos (necesariamente precarios) con los caciques
territoriales peronistas y se halle en segundo plano la construcción de
una fuerza que apoye su proyecto político desde la propia convicción e
identidad.. Se trata entonces de darle mayor institucionalidad y
organicidad al armado precario del que hablábamos hace un año. Para
mayor desarrollo y consultar todo el texto ver nuestro artículo Gobierno
y oposición editado en febrero de 2007 en
http://www.redaccionpopular.com/#principal__state=articulo&idArt=565
La otra fuerza política de alcance nacional es un cadáver insepulto (la
Unión Cívica Radical, U.C.R.) y despide los tufillos tan propios de su
condición. De modo que Kirchner sería peor que ingenuo si no aprovechase
su brillo y centralidad en la política argentina para volcar la fuerza
del P.J. para su construcción. Además, semejante vuelco se verifica
luego de haber volcado recursos ingentes y esfuerzos militantes
ciertamente abnegados en construcciones por fuera del Pejotismo que
rindieron muy escasos frutos políticos, organizativos y electorales,
para peor. Por otra parte, con personas, agrupaciones políticas y
fuerzas sociales que sudan moral se pueden hacer muchas cosas, pero no
gobernar la nave del país y conducirla a buen puerto.
2) Otra finalidad residen en aislar y debilitar a adversarios externos
al gobierno (Mauricio Macri), internos a los espacios gubernamentales
(Daniel Scioli), o dentro del peronismo (Eduardo Duhalde, entre otros).
El macrocéfalo ex vicepresidente, ex gobernador, ex senador y ex
presidente debió aceptar de antemano su nueva derrota frente al
patagónico que lo venció una y otra vez y conformarse con provocadoras
declaraciones contra la primera mandataria; en las que ponía en duda la
aptitud para gobernar de la señora Fernández. Pero se trato más de un
berrinche histérico y despechado, que de la posibilidad de gestar una
maniobra política firme en búsqueda de la desestabilización de Kristina.
Por otra parte, la derecha tiene ya otros ídolos, referentes y
esperanzas más importantes que un Duhalde; alguien que desea permanecer
en el candelero; más por narcisismo (senil) que por auténticas
posibilidades de accionar influyentemente. Desde el punto de vista
político es un occiso. Vista la cuestión desde el ángulo humano, le
deseamos larga vida para que juegue rodeado de sus nietitos.
3) El acuerdo configura claramente un intento de seducir a los votantes
de clase media que optaron por Lavagna en octubre del 2007. Cuantos se
han visto atraídos y que cantidad resultó refractaria será cuestión para
el análisis politicológico y encuestadoril futuro. Si sólo el 10% de los
votantes de U.N.A. modifica su posición, parte de los objetivos serán
cumplidos con creces en la actual etapa. Atraer la mayor parte de capas
intermedias enemigas del proyecto k es por cierto un desafío y la acción
que comentamos configura un intento para comenzar a revertir el relativo
desprestigio de la pareja presidencial.
4) La figura de Lavagna implica, sin dudas, un contrapeso caracterizado
por su elegancia florentina en un P.J que fatalmente mostrará su
(clásico) desfile de rostros y prácticas impresentables, conforme a sus
peores tradiciones. Si el citado contrapeso es sólo cosmético o avanza
en un sentido profundamente estético será tema de resolución futura.
5) El acuerdo se verificó- además- en el marco de un verdadero cambio
cultural caracterizado por la (re)inserción del peronismo en la
internacional socialista y el retorno de la Argentina al movimiento de
países del tercer mundo. El hecho que la misma fuerza política- que supo
construir en los ’40 y ’50 una sociedad integrada y un estado
benefactor-. hayase afiliado, durante los años ’90, al conglomerado
internacional conservador es difícil de entender, pero no configura un
misterio indescifrable. De hecho, tal mutación se verificó en el
contexto de una verdadera oleada universal neoliberal, al punto que no
sólo hubo auge de gobiernos derechistas; si no que muchos de signo
socialdemócrata arriaron diversas banderas históricas. Para no caer en
gorilismos absurdos e inconducentes, es preciso reconocer que no sólo en
el P.J; en muchas fuerzas políticas si no en todas, quién gana la
conducción maneja a piacere la maquinaria partidaria. Lo dicho tal vez
sea más acentuado en la fuerza creada por Perón; pero parece común a
casi todos los partidos. Por otra parte, la movida realizada en tiempos
menemistas alejando a la Argentina del bloque de países pobres- so
pretexto que se trata de una configuración nacional “primernundista“- ya
deja de ser parte del análisis polítológico para caer bajo los dominios
de la psiquiatría. De modo que la hegemonía cultural Kirchnerista
enaltece al P.J y al país.
6) Por último, Néstor Kichner se coloca claramente en el centro del
escenario político y reduce a la oposición a la condición de
comentarista- entre histérica y plañidera- de las movidas del ex
presidente y de aves de rapiña cuya única condición para avanzar en el
candelero político resulta del hecho que los infortunios populares se
agraven sin cesar. De allí que deban redoblar el parche incesantemente
acerca de inflación, inseguridad y crisis energética; ya que el profundo
vacío de sus propuestas, de otro modo, quedaría expuesto en toda su
impúdica y radiante desnudez.
Crítica de la racionalidad gorila
El punto de partida del análisis esta sintetizado en el epígrafe de José
Pablo Feinman trascripto en el comienzo del presente artículo. No existe
mejor plasmación -al menos, en lo inmediato- de los intereses del pueblo
argentino que la (aún inacabada) posibilidad de crear un estado con
fuerte capacidad de intervención social, para profundizar el rumbo
productivo de la economía y moderar los efectos más graves de la
desigualdad social. En la medida que se vaya concretando tal proyecto,
seguramente la correlación de fuerzas entre las clases permitiría
avanzar más a favor de las fuerzas populares. Semejante formación
estatal es la única herramienta en condiciones de ponerle límites a los
oligopolios que se enseñorean con los recursos productivos y naturales
del país y lucran con las necesidades populares. Y de negociar con
mínimas condiciones de dignidad frente a los grandes poderes
globalizados. Nada casualmente la reacción neoliberal procedió a demoler
la capacidad de interdicción estatal, antes que nada. La comprensión de
las coordenadas enunciadas es vital, ya que a la luz de lo dicho, la
oposición de Fernando Solanas no resulta gorila; ya que fustiga al
oficialismo por sus inconsecuencias de cara a realizar plena y
consecuentemente el proyecto nacional. Y por cierto y sin agotar los
ejemplos, la coalición cínica de Carrió, o la mayoría de la Unión Cívica
Radical (U.C.R.), o el neoliberalismo P.R.O.(cesista) MACRISTA de tan
antipopulares que resultan se desplazan entre las lianas. El planteo
programático derechista expresado en la reivindicación de la república
es un hipócrita y poco seductor proyecto en el cual permanecen intocadas
e intocables las coordenadas que favorecen al verdadero poder. Así la
denuncia exclusiva y excluyente de la corrupción muestra su doble
finalidad, a saber:
a) Difundir la falsa percepción, tan cara y funcional a las fuerzas del
privilegio, consistente en creer que las peores lacras del sistema
actual se deben a manejos irregulares e ilegales; y no a la lógica
propia del capitalismo dependiente que vivimos, la cual es la verdadera
causante y responsable de los infortunios populares.
b) La permanente denuncia por- reales o supuestos- negociados tiene por
finalidad central no perseguir la honestidad y transparencia en la
gestión; si no más bien ilegitimar la creación de un estado con la
capacidad de intervención que ha señalado Feimann.
Para no fatigar en exceso al lector, lo remitimos a un texto previo en
el que ya hemos desarrollado la temática precedente.
http://www.redaccionpopular.com/#principal__state=articulo&idArt=1670
Pero siempre se agregan contenidos nuevos, que no modifican lo esencial
de la caracterización que hemos realizado. Nuestros republicudos de
pacotilla no dijeron ni media palabra acerca de la insólita y medieval
negativa vaticana a conceder el placet de rigor al nuevo embajador
argentino en la ¿santa? sede. La preeminencia del estado laico y la ley
civil; frente al feudal y retrogrado ordenamiento jurídico y político
religioso es un pilar en la verdadera tradición liberal y republicana.
Pero para nuestros truchos defensores de las instituciones la única
libertad que merece la pena es la de precios y el derecho de los
ciudadanos argentinos a vivir en un estado laico queda para las calendas
griegas (¿o romanas?).
En realidad, con el discurso opositor se verifica una nueva vuelta de
tuerca a la zoopolítica; en razón de tratarse de estrambóticos rebuznos
contra el “autoritarismo“ gubernamental y un supuesto proyecto de
partido único. No se conoce ningún intento tendiente a aprobar una ley
que proscribiera a los demás partidos políticos. Tampoco decreto. ¿De
que partido único hablan? Todas las fuerzas políticas mencionadas tienen
sus locales legales, están muy lejos de actuar en la clandestinidad,
acceden profusamente a los medios de comunicación, se reúnen
públicamente en cuanto sitio desearen, no sufren persecución policial
alguna. Curioso proyecto autoritario de partido único es el gobernante
entonces. Es que para sacar patente de democrático. ¿El Frente para la
Victoria debería regalarle votos, espacios políticos, militantes y
recursos a la raquítica oposición? En rigor, la letanía del partido
único no pasa de ser un hipócrita lamento de la oposición tendiente a no
realizar la correspondiente autocrítica por causa de su miseria
político-electoral. Por otra parte, se puede argüir muchas cuestiones
acerca del peronismo, pero no que se trate de una pléyade de buenudos;
como para obsequiarle a los opositores la figuración que no pueden
construir por si mismos …
En tren de seguir refriéndonos a los rebuznos u aullidos gorilas,
comencemos por el análisis de los hipócritas lamentos de viuda
apesadumbrada prorrumpidos por los restos mortales de la fuerza creada a
fines del siglo XIX por Lenadro N. Alem e Hipólito Irigoyen. Es sabido
que Lavagna se presentó como mascarón de proa del decrépito partido en
octubre del 2007. No habían pasado ni dos días, ni siquiera había
finalizado el escrutinio definitivo, y los radicales (habiendo logrado
su objetivo de no presentar un candidato boina blanca al comicio, con lo
cual su cosecha de sitios legislativos hubiera sido sin dudas menor)
abandonaron presurosamente la coalición U.N.A. De modo tal que el
llanto radical por el salto del atildado economista- quien busca su
supervivencia política y en rigor no tenía otra opción- semeja la
actitud del esposo mujeriego que no se priva de refocilarse con cuanta
mujer deseare, pero se indigna en caso de enterarse que la suya cometió
un desliz. Para no reiterarnos en los escritos ya desplegados en tiempos
previos, quien desee consultarlos puede hacerlo desde:
http://www.redaccionpopular.com/#principal__state=articulo&idArt=565
http://www.redaccionpopular.com/#principal__state=articulo&idArt=564
La doctora Carrió y sus secuaces (seguidores) parecen esmerarse en
concursar por un cetro de campeones mundiales de gorilismo. En rigor,
encontró su nicho electoral en la opinión cerradamente antiperonista y
machaca para construir desde allí. Es sabido que un paradigma del
discurso gorila fue el occiso y fusilador almirante Isaac Francisco
Rojas. El mencionado era autor o difusor de una idea que podría parecer
cándidamente ingenua; si no fuera en realidad groseramente siniestra: la
creencia que el pueblo argentino había sido engañado por el “demagógico”
Perón y que la llamada revolución libertadora vendría a emancipar a
nuestro pueblo de tamaña tiranía. Los trabajadores- no obstante- no
desearon jamás la supuesta liberación y el peronismo continúa siendo su
opción preferencial; pese a que en caso que los sujetos subalternos
avizorasen otras opciones, podrían contemplarlas, analizarlas, hacerlas
suyas. Como puede ver cualquier lector, no otra es la raíz de la idea
carrioista que el pueblo no es libre, ya que se halla esclavizado por
los planes sociales implícitos en las prácticas del clientelismo. Un
elitismo sin fundamentos reales (¿de donde sacó su supuesta superioridad
intelectual Carrió, si es apenas expresión del pensamiento más vulgar?)
unido al supino desprecio por los verdaderos sentimientos de los
sectores populares le vedan comprender que la gestión de Kirchner- si
bien utilizó los mecanismos clientelares- basa su popularidad en el
hecho que arbitró todos los mecanismos para lograr una mejoría sostenida
del nivel de vida popular. Además, el uso de la dadiva fue en constante
decrecimiento durante la etapa 2003-2007. Y por todas las razones
señaladas, los antaño llamados descamisados o cabecitas negras le
otorgaron en las legislativas del 2005 y la presidencial del 2007 un
respaldo casi unánime. Una curiosa variante del conocido gorilismo
carrioiano lo constituye su reivindicación (retórica) de la figura de
Evita. ¿Acaso no es dable imaginar que cada vez que nombra a la segunda
esposa del general debe hacer los cuernos o cruzar los dedos, bajo la
mesa? Pero además, lo fundamental es destacar que se trata de una Eva
muerta de contenido sustancial, por fuera de su relación con el proyecto
y la figura de Perón, una especie de señora gorda equivocada. No hay
dudas que se trata de una mentira y una hipocresía más; algo así como la
actitud de los nazis que- para ocultar vergonzantemente su condición de
tales- afirman tener un amigo judío.
La autogenerada fama de Carrió (consistente en exhibir capacidad
académica) sucumbe frente a un mínimo análisis de sus discursos. No sólo
muestra ignorancia insalvable en las ciencias sociales, también parece
haber reprobado cursos elementales de aritmética. Recordemos que hace
casi dos años denunciaba a Kirchner por nazismo. Transcurrido semejante
tiempo de su denuncia; en caso de ser cierta, debería haber marchado al
exilio so pena de que la ”soldadesca kirchneriana“ le hiciese perder la
vida luego de horribles tormentos. Pero no. Sale del país para retozar
cual grácil hipopótamo en Punta del Este y sus regresos no se dan
precisamente en la clandestinidad, como ocurría con quienes realmente
resistían a la auténtica barbarie nazi o fascista. Sería bueno que
Carrió cotejase sus ideas en tal sentido con historiadores realmente
conocedores de la temática de marras, como el británico Ian Kershaw, por
citar sólo un ejemplo. Por nuestra parte, hemos analizado críticamente
con cierto detalle el fenómeno recién comentado del epíteto de nazi
lanzado oportunamente contra Kirchner en un texto al que remitimos al
lector interesado:
http://www.rebanadasderealidad.com.ar/isman-06-01.htm
Pero el hecho de ignorar de modo torpe y patético la historia, la
sociología y las ciencias políticas no le impide saber realizar aunque
sea muy simples sumas aritméticas. No obstante, tampoco se logra esta
mínima cuestión. Analizando la marcha del nuevo gobierno durante su
primer mes suma cuestiones que no pueden adicionarse de modo simple y
directo. Acusa a la nueva presidente de realizar un ajuste sin
precedentes y argumenta para ello de modo falaz y embustero. Coloca los
aumentos en los servicios públicos como algo que disminuye el poder
adquisitivo popular. Cosa relativamente cierta, pero no toma en cuenta
la resistencia desplegada por Kirchner contra tales incrementos, así
como contra los que solicitaban las empresas de servicios públicos. No
era lo mismo que se dieran los cambios tarifarios en lo peor de la
crisis, que ya verificada parte de la recuperación salarial y de las
capas medias. Y a continuación agrega las retenciones, ocultando
aviesamente que sin las mencionadas imposiciones los alimentos serían
mucho más caros; produciéndose en caso de suprimirse semejantes gabelas
una hecatombe contra el consumo. Muestra así Carrió su dependencia
conceptual y cultural de la oligarquía vacuna, al modo que ya hablaba
Arturo Jauretche desde hace más de medio siglo. Sintetizando, sumar una
medida que favorece al pueblo (las retenciones) con una que lo perjudica
es un modo de agitar, además de deplorable, carente de idoneidad
científica. Los alimentos muestran en todo el orbe una tendencia alcista
y el gobierno nacional ha desplegado mecanismos para moderar tal
situación. Entre los terratenientes (opuestos a las retenciones) y el
ejecutivo que desea que los consumidores no paguen por los bifes el
mismo precio que en los supermercados europeos, la opción de Carrió la
ubica indubitablemente en el bando de los enemigos del pueblo. Nada
casualmente declaró que la única oligarquía que conoce es la dirigencia
política que- en su opinión- vació el país. En este caso, ocultar la
propia existencia de una clase social es nada más que un modo vil de
hacer su apología. Además, su persistencia en pedir una reducción del
crecimiento económico y el consumo (bajar la demanda) la coloca
invariablemente en el campo cultural de los neoliberales, partidarios de
“enfriar“ la economía como modo de reducir la inflación. ¿De que modo
disminuiría la pobreza si la economía decrece? No lo dice la
paquidérmica republicana, pero seguramente debe pensar en apoteosis
morales, rezos grupales y homilías del cardenal Bergoglio. Conclusión:
si postula para resolver la inflación las mismas recetas
térmico-climatológicas (enfriar la economía) que los economistas
neoliberales, su proyecto es tan enemigo del pueblo como el de los
citados intelectuales orgánicos al servicio del imperialismo.
Por otra parte, la intención de Carrió de disolver la figura e
importancia política de la actual presidente muestra una nada casual
sintonía y afinidad con las fuerzas más reaccionarias y golpistas de la
historia política argentina. Para peor, presentando como muestra de
objetividad, lo que no es más que la pretensión de la peor derecha de
instalar la percepción de un supuesto vacío de poder. Así lo afirmó
frente a un complacido Joaquín Morales Solá, subrayando la condición de
objetivo de su análisis y culpando a Kirchner de lo que no es más que
una pretensión subjetiva de las fuerzas reaccionarias. Por fortuna, la
imagen positiva presidencial crece y en un mundo aquejado por las
turbulencias económicas externas, en la Argentina parecemos estar
aislados relativamente de la crisis. Lo cual es atribuible en gran
medida al modelo productivo implementado luego de la devaluación del
2002. Por otra parte, nunca está demás recordar que cuando existían
situaciones de debilidad del ejecutivo (vacíos de poder), las
tribulaciones económicas populares se agravaban. De modo que la
pretensión de instalar dicha situación no es más que una de las tantas
medidas de la construcción política urdida por la derecha para bloquear,
paralizar y derrotar al proyecto nacional y popular. Y el hecho que
Carrió lo amplifique no es casualidad permanente, es complicidad con la
peor derecha, sin más.
La infrascripta pretende colocarse en el sitio de única opositora. Como
los partidarios, seguidores, militantes y referentes del proyecto
nacional no somos ni autoritarios ni adoradores del partido único, no le
negamos su derecho a oponerse al movimiento de reconstitución de la
nacionalidad que recibió el 45 % de los votos hace menos de seis meses.
Ni tampoco a una eventual autoreivindicación de su merecida condición de
“Gran Gorila”. Lo que no es justo es que pretendiere ningunear a otras
variantes opositoras, como la de Macri o Binner, que pueden construir
política a favor que gobiernan distritos importantes y/o carecen de la
capacidad diatrogénica de la ex dirigente del A.R.I.
Antes de analizar las bases sociales y culturales del gorilismo actual
nos referiremos a algunas declaraciones de una puntera estratégica de la
coalición cínica: Patricia Bullrich Luro Pueyrredón. Ex militante de la
llamada tendencia revolucionaria del peronismo, cuando el justicialismo
mudó casi en bloque sus posturas hacia los programas, pautas y valores
de la derecha neoliberal, asumió sin cortapisas la defensa incondicional
del poder económico, desde diversas posturas político-ideológicas. Fue
Menemista, Cavallista, De La Ruista y ahora es Carrioista. Lo común de
tales posiciones es su odio feroz a la verdadera democracia y al propio
pueblo; al que desea ver sometido por entero a los poderes globalizados.
Todas sus declaraciones están tomadas de un reportaje que concedió al
matutino Página 12 del 16 de febrero del 2007.
“Kirchner instrumenta un PJ como herramienta de consolidación del
poder”. Curiosa crítica, pero nada inocente. Si se escarnece lo propio y
natural del juego político (la búsqueda del poder); será difícil la
construcción de un estado que pudiere defender el nivel de vida popular
de los poderes globalizados o de las turbulencias financieras
internacionales. Pero las verdaderas intenciones no se limitan a
paralizar la actividad política. Persiguen el extraño objetivo de hacer
creer que el 22 % del electorado es más democrático que el 45 de
unidades porcentuales. En su opinión: “La Argentina va hacia dos
espacios muy claros: uno de la democracia participativa y el cambio
contra otro de lo conservador y de la corporación.” Ausente o fugada
cualquier fundamento acerca de porqué la coalición cínica es democracia
participativa, salvo que se considere paradigma de la referida
democracia participativa al dedo demiúrgico de Carrió, “fuente de toda
razón y justicia” democrática. Jamás hubo elección interna ninguna en la
citada fuerza política y la participación democrática se redujo a decir
genufléxamente si Lilita, frente a las arbitrariedades e imposiciones de
la fundadora. Quienes no aceptasen los ukases carrióisticos, veían sus
distritos intervenidos o debían salir de la coalición. Por otra parte,
faltan también razones acerca de porqué una fuerza construida con un
economista de la banca globalizada (Alfonso Prat Gay), una hija de
empresario neoliberal (María Eugenia Estensoro), diversos jóvenes
petulantes (Adrián Pérez) o una derechista contumaz (la propia Bullrich)
es más avanzada que un espacio en el que participan las madres de Plaza
de Mayo o hijos de desaparecido nacidos en cautiverio o parte de las
organizaciones sociales que resistieron la barbarie neoliberal. Sólo
desentona en la monocromía derechista de la coalición un dirigente de
los desocupados de La Matanza, cuyo triste papel es disimular tanto
reaccionarismo circundante (y agobiante). Por cierto que la ausencia de
fundamentos se debe a que Patricia no desea polemizar y menos con
sólidos argumentos. Ella está sólo para difundir el discurso dominante.
Así, se manifiesta contra “la corporación”. ¿Una multinacional? No,
faltaba más. Se refiere al sindicalismo. Y en rigor no se trata sólo de
la crítica al moyanismo (en Hugo Moyano personifica sus denuestos) o
variantes similares. El objetivo es demoler toda posibilidad de
resistencia colectiva por parte de los trabajadores contra las
imposiciones del capital. Nada casualmente, los trabajadores que padecen
el nivel de vida más deplorable son los no registrados (llamados en la
Argentina “en negro”). Es decir, los que carecen de organismos
colectivos que los representen desde el punto de vista económico y
social. Surge claramente que los sindicatos son un- relativamente
eficaz- modo apto para que los asalariados defendieren sus
reivindicaciones, más allá de que efectivamente existan prácticas
sumamente criticables en las organizaciones gremiales. Pero lo cierto es
que la crítica de Bullrich- al intentar ilegitimar toda actividad
sindical- busca tirar el agua sucia junto con el bebe y, de tal modo,
conecta claramente con las necesidades de los empresarios, no
ciertamente de los trabajadores. Tanto la dirigente mencionada como los
empresarios beneficiados por la oleada neoliberal que soportó nuestro
país en los ’90 no demostraban similar antisindicalismo cuando la
mayoría de la C.G.T. era cómplice del genocidio neoliberal.
En rigor a la verdad, las verdaderas divisiones que atraviesan nuestra
sociedad no es sólo el formal enfrentamiento peronismo-antiperonismo,
si no quienes desean crear una sociedad lo más integrada socialmente
posible y quienes desean mantener o profundizar la marginalidad. Para
superarla es preciso fortalecer la capacidad de intervención estatal.
Nada de esto anima a Bullrich, para quién el enfrentamiento es
“corrupción versus transparencia.”. Ya hemos argumentado fehacientemente
acerca del verdadero contenido e intenciones del discurso
anticorrupción, por lo cual cerraremos nuestra breve recorrida por las
posiciones de la coalición cínica- una fuerza al servicio de la difusión
de las elaboraciones del poder económico- con su visión del problema
inflacionario. La derecha agita constantemente la cuestión referida a
los incrementos de precios de modo de invisibiilizar otras cuestiones
(como la pobreza) y de confundir asimismo la comprensión del propio
fenómeno inflacionario. Dice Bullrich que:
“Nos basamos en el 26 por ciento de inflación real del año pasado. Y
vamos a empezar a tener un índice propio, para decirle a la población
cuál es la inflación real”. Lo que omite es, en principio, cual es el
origen de la temida inflación; que no es otro que la oligopolización de
las riquezas y el hecho que el poder económico busca por dicho mecanismo
mantener su preponderancia en la puja distributiva. Por otra parte, no
es lo mismo que exista inflación con recuperación de ingresos populares
(lo cual es el caso del modelo actual) que sin él. O estabilidad de
precios con decrecimiento económico y empobrecimiento popular, como en
tiempos de la convertibilidad (1991-2002). ¿Casualmente?, un proyecto
antinacional y antipopular que Bullrich aprobó y defendió a capa y
espada bajo diversas adhesiones políticas a lo largo de su cambiante
carrera. Conclusión, si bien los sectores populares deben tratar de
mantener el poder adquisitivo de sus ingresos, la mirada central debe
dirigirse a que los problemas decisivos son la desigualdad social, la
pobreza, la impunidad de los crímenes del terrorismo de estado, las
dificultades para la recreación de un sustantivo concepto de ciudadanía,
entre otras cuestiones del mismo tipo. Y agitar numeritos inflacionarios
sólo sirve para ocultar los verdaderos problemas, como los que citamos
ut supra. De modo que lo central no es llorar contra la inflación, si no
intentar recomponer de modo progresivo y constante los ingresos
populares buscando eliminar la marginalidad que aún se enseñorea en los
barrios más pobres. Por otra parte, una cuestión central es que el
gobierno nacional no es el enemigo causante de la inflación (más allá de
porcentuales); si no los grandes grupos económicos. Por el contrario,
Carrió denuncia a la política económica actual como pro-inflacionaria,
haciendo de hecho la apología de los monopolios que usan los incrementos
de precios para no ceder porciones de las rentas nacionales a los
trabajadores. Tales coordenadas deben guiar la percepción política
popular y así lograr la más profunda recomposición del espacio nacional.
La tarea central parte de colocar como prioridad decisiva que es preciso
vencer a la derecha, más que a la inflación; cuestión que se nos oculta
en la percepción si permitimos que la derecha designe la agenda pública.
Para finalizar el análisis desplegado, es necesario garabatear algunas
impresiones acerca de la conducta de los sectores medios, que en gran
medida dieron vida a la centralidad de los dos dirigentes con mayor
predicamento de las derechas vernáculas: Carrió y Macri. No se trata de
succionar los calcetines a veleidosos pequeño burgueses si no de guiarse
por algo que resulta absolutamente claro desde hace muchos años para
diversos referentes, pensadores y teóricos de la izquierda nacional: que
las bases sociales del frente que articule y represente los intereses
populares se hallan constituida por la necesaria alianza entre los
sectores populares o clases bajas y los destacamentos de los estratos
medios. Acerca de dicha temática existe una copiosa elaboración
bibliográfica, por ejemplo, de Alberto Franzoia “Sobre el concepto
pequeña burguesía y nuestra alianza plebeya” en
http://www.redaccionpopular.com/#principal__state=articulo&idArt=1595
Cuando el frente mencionado fue más fuerte, el espacio nacional logró
triunfos ostensibles. En situaciones de máximo enfrentamiento entre los
sectores populares y las clases medias, la reacción se fortaleció o se
impuso. Por otra parte, son conocidos los estudios clásicos (sean dichos
autores tanto Carlos Marx, como Arturo Jaureteche) acerca del
comportamiento temeroso vacilante y pendular de las capas medias. Nos
guiaremos muy libremente por una interpretación de tales autores.
En rigor a la verdad, el problema principal para sumar fuerzas de clase
media al frente nacional es que muchos de tales estratos sólo conciben
una salida individual e individualista para sus problemas. Además, se
posicionan casi siempre desde una mirada admirativa y no crítica frente
al poder; tal vez por la expectativa latente en ellos de alcanzar
posiciones dominantes. Por el contrario, la creación del frente nacional
y popular o la también llamada alianza plebeya implica una clara opción
por las soluciones asociativas, antes que por las salidas de corte
individual. Por otra parte, predomina en dichas franjas pequeño
burguesas un vicio que parece congénito; pero en realidad es inducido
por la machacona repetición del discurso dominante. Se trata de congelar
la mirada hacia abajo en la escala social, cuando se trata de buscar
responsables a las crisis. No hay modo que se reconozca (por parte de
los estamentos que analizamos) la existencia de un poder económico
ubicado estratificadamente por arriba como verdadero causante de los
peores problemas de la nación. Aún hoy- cuando millones de compatriotas
desgarran sus vidas en agobiantes jornadas laborales- estos cínicos de
clase media sentencian con lenguaje hipócritamente sabiondo que el
problema del país… “es que los negros no quieren trabajar“. La versión
posmoderna de ese viejo discurso es la falsa e hipócrita culpabilización
de los sectores pobres (particularmente los piqueteros) ideada por los
medios de la derecha y asumida como propia por diversas franjas pequeño
burguesas No es casual que prenda en tales segmentos la verborragia
moralota, ya que si ubicamos todos los problemas en la corrupción (de
los otros), funciona perfectamente como coartada para legitimar la
evasión y elusión impositiva, la contratación de personal de modo
ilegalmente no-registrado (en negro) entre otras tropelías, en las
cuales la responsabilidad pequeño-burguesa no es menor.
Por otra parte, no puede dejar de causar gracia la supervivencia de
ciertos gorilismos paleolíticos; por medio, por ejemplo, de
afirmaciones muy comunes en dichos sectores del tipo de “Perón era un
tirano fascista”, enunciada sin mayor fundamento y en total falta de
respeto por la verdad histórica. Análogo resulta la acusación de
“autoritario“ recibida por Kirchner. En ambos casos parecen totalmente
ausentes los fundamentos mínimos de rigor y muestran la preocupante
vigencia de algo decisivo: los responsables de la creación del discurso
gorila- la derecha, expresión orgánica del poder económico- elabora
contenidos y los segmentos de clase media no hacen más que aceptar y
difundir; muy a menudo contra su propia conveniencia e intereses.
A modo de definiciones finales, extraeremos algunas conclusiones del
análisis desplegado:
1) El discurso gorila es introducido en la sociedad por el bloque
dominante a los efectos de gestar consenso para mantener su predominio.
2) Es favorecida su vigencia por ciertas características de las clases
medias; como la búsqueda de soluciones individuales, la mirada sesgada
de los problemas de la sociedad y el hiper moralismo.
3) La tarea decisiva de los sectores nacionales, populares, progresistas
y revolucionarios reside en aportar a la construcción de la alianza que
sustente el incipiente proceso en curso. Para ello, es preciso aislar lo
más posible a los personeros del gorilismo de ayer, de hoy y de mañana y
ampliar al máximo las fuerzas de clase media consustanciadas con el
proyecto nacional.