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Argentina: desde el comienzo
del golpe posmoderno al ’55 senatorial

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210708 -
"Si no te gustan mis principios... tengo estos otros"

Groucho Marx (Cómico del cine clásico, ilustrador de la conducta de ciertos políticos argentinos)

"Clarín preguntó a los ruralistas si no temían enfrentamientos con el kirchnerismo. "Elegimos el
Monumento de los Españoles. De ese lado estaremos
nosotros, y enfrente queda el zoológico", dijo Llambías,
en una reprochable ironía." -
Mario Llambías. (Racista) dirigente agropecuario.

 

Introducción:


Desde un modesto triunfo en diputados hasta la victoria del golpismo

El irresuelto conflicto con el campo (en realidad, un largísimo golpe de estado que lleva ya casi cuatro meses y lejos está de haber concluido con la vergonzosa traición al electorado del vicepresidente Julio Cesar Cleto Cobos) vivió un momento de especial tensión el mediodía del sábado 5 de julio de 2008, al momento de develarse la votación en la Cámara de Diputados. La mejor síntesis de lo vivido fue el rostro del jefe del Bloque del oficialista Frente para La Victoria, Agustín Rossi, que pasó en segundos de la fuerte contracción a la alegría por el triunfo obtenido, luego opacado por la derrota en la Cámara Alta.  Habían pasado casi veinte horas de debate interrumpido, pero la hojarasca desplegada mediáticamente y el fragor discursivo exigen poner en limpio lo que real y sustantivamente se debatía allí: es decir si es factible ponerle límites al poder económico o este reduce al sistema político al mero papel de gestión de negocios en PRO del gran capital globalizado. Quienes acompañaron la ley se pronunciaron por la primera de las opciones. Los sufragantes por la segunda- independientemente de algunos discursos progresistas y aún inflamadamente “revolucionarios”)- se pronunciaron en los hechos a favor de quienes desabastecieron las ciudades, atacaron de modo fascista a diputados, senadores, intendentes y gobernadores y pidieron el cierre del Congreso en caso que no se votase la norma que satisficiera única y plenamente sus expectativas. Es decir, por la nueva derecha y el golpismo posmoderno. Es preciso destacar que el desabastecimiento e “inflacionar” la economía han sido métodos históricamente utilizados (y hasta el hartazgo) por conglomerados reaccionarios con la finalidad de esmerilar a elencos gubernamentales progresistas, revolucionarios, nacionalistas o simplemente insumisos a los ukases (imposiciones) de los mercados. O simple y directamente voltearlos. Sin dudas, esto es golpismo, aunque  no se lo quiera reconocer. Que un (desinformado) viandante común no pueda verlo, tal vez resulte comprensible. Pero que algunos referentes políticos progresistas y nacional-populares (que se alinearon vergonzosamente con lo peor de la reacción argentina) o periodistas que hacen un culto de su orientación izquierdista no puedan dar cuenta de la historia latinoamericana y argentina (con sus corolarios presentes) y lo que se jugaba en el actual conflicto ya no es perdonable. Porqué se trata, sin más, de complicidad con los peores enemigos del pueblo. Existía- en caso de no desear un alineamiento con el gobierno- la posibilidad de abstenerse; pero la opción por el no (en ambas cámaras) significó irremediablemente quedar pegado con lo peor de los sectores retrógrados. Y la votación en el Senado terminó de liquidar el proyecto gubernamental, abriendo una etapa de crisis política de imprevisibles consecuencias y favoreciendo a los pools de siembra, terratenientes y demás sectores reaccionarios. En efecto, al retrotraer toda la situación al 10 de marzo de 2008, no fueron aprobadas las compensaciones y demás ventajas para los pequeños y medianos productores. El lamento posterior del titular de la Federación Agraria por semejante efecto (indeseado para sus representados) no borra el hecho que  Eduardo Buzzi y sus representados jugaron el papel de fuerza de choque plebeya para intereses que resultarán analizados a lo largo del presente artículo. Los terratenientes, en síntesis, se fornicaron sin anestesia ni lubricante alguno a los chacareros. Son nada más que los hechos objetivamente expuestos. 

Recapitulemos brevemente lo más reciente de la asonada en curso. Para enfrentar a un elenco político que audazmente venía implementando un proyecto renovador desde el 2003 comenzó un conato de golpe de estado; cuyo aparecer sensible fue la noche del 25 de marzo de 2008, la de las cacerolas fashion. Pero que revisando la prensa reaccionaria venía siendo anticipado desde las elecciones de octubre de 2007. Para ver notas previas acerca de los sucesos referidos léase:
 

http://www.redaccionpopular.com/#principal__state=articulo&idArt=2655 y http://www.redaccionpopular.com/#principal__state=articulo&idArt=2565


El pretexto fue la supuesta “voracidad” fiscal para capturar parte de la renta extraordinaria generada por el actual escenario mundial de crisis alimentaria y energética. Digamos algo que resulta decisivo y necesario: la propiedad de las rentas extraordinarias generadas por la situación de los precios alimentarios en el mercado mundial- y de los recursos naturales que deben ser reapropiados- es la base económica de la reconstitución de la nación. Por lo tanto, el estado puede y debe apropiarse de ellas, sea en parte o en su totalidad. Ya que fueron generadas además por el esfuerzo (fiscal) de toda la sociedad; mediante el dólar alto, el salvataje del Banco Nación a productores al borde del remate y demás mecanismos que protegieron al agro. Pero, en realidad, el objetivo (político) de mínima era debilitar de tal modo al gobierno; de manera de lograr imponer un ministro de economía y más funcionarios afines a sus negocios. Y el de máxima, deponer a la presidente Cristina Fernández: “clima destituyente”, sintetizó un pronunciamiento intelectual (Carta Abierta, ver textos completos en:

http://www.redaccionpopular.com/#principal__state=articulo&idArt=3176)


refiriéndose a los discursos circulantes entre el “gauchaje” agrarista, los actores supervivientes y simpatizantes del genocidio del ‘76, los segmentos de las clases medias ingenuamente gorilas (siempre tan proclives a ser arrastradas por la oligarquía) y la oposición; que vio en la rebelión la mejor oportunidad  de realizar lo que sus raquíticas capacidades de construcción política le vedaban. Así son los miserables políticos de las  fuerzas opositoras, Se parapetan detrás del poder económico, que les permitió disimular su miseria ética y conceptual. Es que sólo entre tanta materia fecal ideológica como la que caracteriza a racistas irreprimidos (como Llambias o el vicepresidente de la sociedad rural) o nostálgicos de las dictaduras (como son la mayoría de los ruralistas) se podía “ocultar” aunque fuera sólo en parte el enanismo y onanismo intelectual de los enemigos políticos del Kirchnerismo. El proyecto derrotado en Senadores contó con 36 votos. Cuatro proyecto opositores lograron los mismos sufragios que la media sanción de diputados, más el desempate del vicepresidente Julio “Judas” Cobos. Se trata de actitudes que, además de sus motivaciones económicas, demuestran claramente una causalidad netamente política, a la que nos referíamos ya líneas arriba.

La ofensiva fue tan feroz que logró impactar en parte del armado político gubernamental, lo cual  permite extraer no pocas conclusiones. Algunas de ellas son las siguientes:

1) El gobierno- lejos de ser el súmmum del autoritarismo- es un elenco débil, refugiado en el apoyo “escorpiónico” del Partido Justicialista; que de todos modos garantizó el triunfo de la media sanción, pero resultó insuficiente para convertirlo en ley. Las opciones para construir fuerzas no peronistas para sustentar al oficialismo redundaron en escaso rédito electoral. Casi como corolario:

2) Frente a la primera crisis de envergadura el armado con los radicales llamados K se hundió y provocó la derrota oficial; que no es más ni menos que el hecho que el pueblo mordiese el polvo. Lo pagará con alimentos más caros, entre otros aspectos.

3) De todos modos y pese a los escollos el gobierno mantiene un rumbo estratégico caracterizado por la firme voluntad de subordinar la economía a la política y de resolver el conflicto por métodos políticos y no represivos. Curioso autoritarismo (y algunos mercachifles “intelectuales” aventuran totalitarismo) el de este gobierno al cual no se le puede achacar un solo muerto en protestas y que tolera la cadena (anti) nacional de televisión privatizada transmitiendo constantemente infundíos en su contra. El ex gobernador de Córdoba, José Manuel “quincho” De La Sota, denominó “stalinista” al modo de conducir de Néstor Kirchner. Le recomendamos una breve recorrida por la historia soviética, y, en especial, investigar los genocidas costos en vidas humanas que significó la colectivización forzosa para darse cuenta de la vulgar desmesura de sus infundíos. Habida cuenta de la historia sangrienta de nuestro país, la orientación oficial no es una trasformación menor. Por otra parte, se verifica en nuestro país una verdadera “venezualización” de la sociedad; con dos bloques partidos en términos culturales, económicos, sociales y políticos, sin puente de diálogo alguno tendido entre ambos; circunstancia debida en su mayor parte a la feroz intolerancia del conglomerado golpista de derechas.

 

La votación en el congreso: Quien es quien

 

Desde que la presidenta decidió enviar al Congreso Nacional un proyecto de ley para resolver el conflicto quedó (una vez más y aunque realmente no hiciere falta) palmariamente demostrado el carácter golpista y destituyente de la asonada agraria. Desde el vice-presidente de las Confederaciones Rurales Argentinas (“si no se vota lo que nosotros queremos, que se cierre el congreso”) hasta el inefable Alfredo De Angelli (quién se pronunció por un precio de la carne cuadruplicado al actual, como si ignorase los efectos sociales y políticos que tendría dicha medida) pasando por la cita de Llambías que ilustra esta nota a modo de epígrafe, la política de los agraristas ha sido defecarse en la democracia y atentar contra las instituciones y la voluntad popular. Llegado al punto del momento de decidirse en los espacios legislativos, quedaba claro que se jugaba mucho más que la aprobación o el rechazo de una norma legal. Como en Venezuela, si ganan ellos, es democracia. Si pierden, autoritarismo, totalitarismo, dictadura. Las cosas estaban en tal punto que si se rechazaba la norma se debilitaba fuertemente todo el proyecto nacional. Por desgracia, se abrió un escenario en el que el pueblo argentino puede quedar una vez más a merced de los mercados globalizados. Tal era la dicotomía que se hallaba en el debate y a ello tenemos que recurrir para juzgar la conducta de los 122 diputados y los 36 Senadores que votaron por la oposición. No hablaremos de todos. Los que claramente son de derecha votaron a plena conciencia de defender los privilegios de sus mandantes. Ni siquiera tiene mucho sentido debatir con sus discursos embusteros y vacíos de contenido. Por ejemplo, el diputado Federico Pinedo- homónimo y descendiente de un desgraciadamente recordado dos veces ministro de economía liberal derechista- se carga un cassete y recorre medios diciendo que el gobierno ha terminado con la propiedad privada. No existe un solo discurso oficial que avale tan temeraria afirmación. Y hasta podríamos decir que si fuese cierto, no sería mala noticia para tantos ciudadanos desprovistos del derecho a la vivienda, por ejemplo. Es sabido que para acceder al techo, es preciso contar con los recursos que permitan adquirir un habitat; del mismo modo que los trabajadores no pueden disponer libremente de los frutos de su trabajo; ya que estos le pertenecen al empresario. Es decir, que rige plenamente el principio de la propiedad privada. Ignorar realidad tan evidente no es más que el modo miserablemente franciscano que tiene la derecha para ocultar la ausencia total de argumentos sustanciales en su discurso; como en Venezuela, donde todos los enunciados de la oposición se reducen a repetir infundíos, amenazas, tergiversaciones de todo tipo y groseros embustes.

Lo hemos dicho ya y lo repetiremos una vez más. Se votó mucho más que una ley. Durante estos cruciales días se debatió en el Congreso Nacional si puede existir un estado con capacidad de ponerle límites al poder económico o el poder globalizado impone su dominio contra la voluntad popular. O se elegía una opción (con la aprobación o la abstención, si no se desea sumarse acríticamente al oficialismo) o se rechazaba la ley, favoreciendo al golpismo; aún con discursos muy bien intencionados y/o propugnando la revolución intergaláctica.   

En realidad, perdimos la batalla cultural desplegada desde diarios, radios, revistas, blogs y mails. Veamos un ejemplo: en el lenguaje massmediático se hizo popular la expresión Borocoteada para referirse a la actitud del electo diputado nacional por la derecha (pro)cesista, quién días después de resultar ganador de una banca, mudose hacia el oficialismo. No tiene nada de malo la denuncia crítica de todo bastardeo de la voluntad popular. En realidad, lo “curioso” fue que las diatribas no cayeran también sobre la entonces diputada María Del Carmen Alarcón; que fugose del Frente para la Victoria hacia la defensa de posiciones favorables a la oligarquía terrateniente. Idéntica situación se vivió con la votación en diputados; ya que desde los medios adictos a la derecha nadie se refirió a los votos de Felipe Solá o Daniel Katz (electos por el Frente por la Victoria ) contra la ley como bastardeando la voluntad popular. Nadie acusó de nada a los seis senadores del oficialismo que provocaron el empate y la posterior derrota con el voto del Judas viñatero. ¿Pensarán que el 46 % del voto a la formula ganadora se le debe al insulso traidor? Las causas de las defecciones son diversas: algunos por no soportar la tremenda presión de la derecha. Otros, por privilegiar sus intereses de clase (Reutemann y Urquía); ya que son ellos mismos productores sojeros. No faltaron los muy sensibles a las maniobras de Duhalde. Y ningún medio destacó la grave situación institucional que provocó Cobos; habida cuenta que es un enemigo del gobierno quien queda a cargo del ejecutivo en ocasión de un viaje al exterior o enfermedad de la presidente.

 

La oposición: Unión Antidemocrática y Racista

 

En el lenguaje histórico y político argentino se denomina Unión Democrática al rejunte extraño y estrafalario de “izquierdistas”, conservadores, liberales y aún fascistas coaligados originariamente para evitar la llegada al gobierno del entonces coronel Juan Domingo Perón, en 1946.

La novedad que presenta la versión 2008 de tan vetusto rejuntado es la presencia de una franja peronista (Por citar sólo algunos: Barrionuevo, Busti, De La Sota, Menem y el gran timonel de la runfla: Eduardo Duhalde); pero presenta contenidos tan reaccionarios y xenófobos; como la versión primigenia. Para los lectores no familiarizados con la historia argentina (y no pocos desmemoriados nativos del país del mate, el tango y el dulce de leche), un diputado de la Unión Cívica Radical, Roberto Sanmartino,  denominó “aluvión zoológico“ a las masas peronistas; recién emergidas en el escenario socio-político nacional hacia el año 1945. En realidad le puso (racista) nombre a los discursos que buscaban la subordinación de los sectores populares por parte del poder, utilizando el antiguo y sencillo recurso de animalizarlas. Desde la vereda opuesta, Arturo Jauretche denominó a los nuevos trabajadores “el subsuelo de la patria sublevada”. El contexto precedente resulta necesario para hacer inteligible la motivación política  y los anclajes históricos de las declaraciones de Mario Llambías utilizadas como epígrafe y que reproducimos a continuación: "Elegimos el Monumento de los Españoles De ese lado estaremos nosotros y enfrente queda el zoológico". Como ya resultó habitual a lo largo de más de cuatro meses, cada vez que los cruzados reaccionarios se iban de boca diciendo algo incorrecta y políticamente inconveniente, al poco tiempo pedían disculpas. Pero no se trata de adolescentes desbordados o de esposas despechadas fuera de si. Cuando habla el dirigente de entidad social poderosa, en sus declaraciones se manifiesta lo que se piensa; por más que luego no sirva para el batallar massmediático. Así se comprenden las “suplicas” de arrepentimiento; que (mal) ocultan una profunda hipocresía y su proverbial cinismo.

No fue la única manifestación de racismo por parte de los conjurados agrarios. Frente a la última y las anteriores, las fuerzas de oposición- que se rasgan las vestiduras y se laceran las carnes proclamando su fe republicana- no pudieron emitir opinión alguna. ¿Ignoran que animalizar adversarios es un modo de defecarse en el principio constitucional de igualdad ante la ley? Seguro que no. Su republicanismo es tan sólido como delgada es la figura de la doctora Carrió, una de las más insolentes dirigentes del golpe de estado en curso. Tal vez la proto-manifestación de la asonada haya sido la declaración de Carrió aduciendo fraude provocadora y mendazmente en las elecciones de octubre de 2007. Como dijo el destacado filósofo argentino José Pablo Feinmann: “Prefiero equivocarme con David Viñas, León Ferrari o Roberto Cossa a tener razón con Carrió o Chiche Gelblung”. (Contratapa del matutino Página 12 del domingo 13 de julio de 2008). Los primeros nombrados son intelectuales del Espacio denominado Carta Abierta (denunciante del golpismo), mientras que Gelblung es un periodista sensacionalista adscripto clásicamente a posiciones de la peor derecha retrógrada.
 

La oposición esta conformada por diversos espacios socio-políticos que no logran articularse entre si; más que en su odio al mejor peronismo y su mayor fuerza le es brindada por el taparrabos proporcionado por el poder agrario y sus grandes mandantes globalizados (Monsanto y demás multinacionales de la ingeniería genética). No puede omitirse entre las fortalezas del conglomerado antikirchnerista la sigilosa presencia de la IV flota de E.E.U.U., navegando cerca de aguas territoriales argentinas. Nadie puede ignorar seriamente a quién apunta la poco amistosa visita. De modo que en construcción política propia- para las fuerzas de oposición- la calificación oscila del aplazo a lo deplorable. Recuérdese que como siniestro telón de fondo, navega la IV Flota , recordatorio perenne de la amenaza imperial y verdadero soporte material de la novísima Unión Democrática y que el golpe comenzó simultáneamente con una reunión realizada en Rosario por cuadros de la derecha. El objetivo general- en el cual hay que situar la búsqueda del debilitamiento de la presidente Fernández- perseguido por la política del Departamento de Estado es alinear a todos los gobiernos de la región a sus antojos.  

Es fácil unirse contra el gobierno, abroquelados detrás de las iniciativas de los verdaderamente poderosos del país y del mundo. Pero- como analizaremos a continuación- otra cosa es construir opciones para gobernar. Realizaremos un breve recorrido por las diversas coaliciones que la conforman. El P.R.O. es su más reciente engendro. Cuenta con la figura de Mauricio Macri, uno de los escasos líderes políticos que reúnen votos entre los más humildes y los más poderosos, pero carece de armado partidario más allá de la Capital Federal y aún allí su desempeño electoral está ligado a la figura del jefe; como quedó demostrado en la elección nacional de octubre del 2007. Se trata de un simple rejunte de lo peor del Radicalismo y del Peronismo y sus únicas posibilidades a futuro dependen de dos circunstancias. La primera es realizar un desempeño exitoso en el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, sitio conquistado merced al giro derechista de gran parte de sus clases medias y al hecho que Macri ocultó sus verdaderos contenidos programáticos durante la campaña. Las perspectivas- ya transcurridos más de seis meses en el poder del novel gobernante- no parecen ser alentadoras en cuanto a fortalecer su proyecto presidencial. Su gestión se ha caracterizado por barrer como basura a los cartoneros que “afeaban” con sus figuras rotosas la belleza de zonas distinguidas, por defender incondicionalmente al mundo de los grandes negocios, por no haber podido resolver la calefacción de escuelas públicas y por un discurso que parece no haber tomado nota que la campaña electoral ya finalizó. Inclusive, perdió el favor de su mayoritario bloque de legisladores en una votación. Se ha dado el lujo de pedir cambios en el gabinete nacional, como si él fuera el presidente. A favor cuenta con el hecho que el supremo titiritero de la derecha vernácula, Eduardo Duhalde, necesita un candidato; ya que él mismo resulta impresentable y Néstor Kirchner le ha arrebatado gran parte de su aparato político. En que medida la derrota de la ley provocará la dispersión en el P.J. bonaerense será motivo de análisis en el futuro. Pero con seguridad, habrá secuelas de lo ocurrido en el Senado en el amanecer del 17 de julio. Duhalde carga con su enorme desprestigio, que lo veda para ocupar el sitial de aspirante y José Manuel De la Sota no puede superar en las encuestas al piquetero tinelliano Castellls o al trotsquista Jorge Altamira. Mientras que el senador sojero Reutemann ya demostró en el 2002 que la candidatura presidencial le queda excesivamente grande. Le falta la enjundia que debe poseer todo “presidenciable”, aunque en el barrio se lo denomine de otro modo. De modo que el joven play boy resulta el mejor posicionado por este espacio hacia las presidenciales del 2011. Pero el perfil peronista del Duhalde’s team plantea dificultades, rayanas con la imposibilidad, para poder unirse con el siguiente espacio; claramente anclado en el hemisferio gorila (antiperonista) de nuestro sistema político. Según el politólogo Juan Carlos Torre, el enfrentamiento peronismo-antiperonismo es una realidad operante sin la cual la política nacional resulta incompresible. Al articularse la oposición desde ambos bandos, las dificultades para construir fuerza política eficientemente operativa resultan notorias.

En el bloque antiperonista, se destaca el conglomerado del (pan) radicalismo; en el que pujan por posicionarse la clásica U.C.R y su versión remixada, la autodenominada Coalición Cívica (en realidad más gorila y golpista que cultora de virtudes republicanas), un engendro a la medida de Elisa Carrió. La máxima dirigente de este último espacio ha hecho gala en infinitas oportunidades de aptitudes hacia la desmesura discursiva: pero no para la construcción política. Su mejor elección fue en la presidencial del año pasado, cuando obtuvo un 22 % de  los sufragios. Pero omitió decir que una gran tajada de ellos, que de todos fueron más que duplicados por los guarismos de Cristina Fernández., los obtuvo en comodato por parte de la derecha orgánica; que no veía candidato propio con posibilidades y la escogió como “mal menor”. Lo más probable es que ambos bloques- y eso sin contar la aparición de nuevos postulantes- dividan la cosecha de votos opositores, favoreciendo de tal modo al Frente para la Victoria. Para ver notas anteriores donde analizamos sus delirios y devaneos véase:


http://www.elortiba.org/notapas237.html

o

http://www.parlamentario.com/articulo-914.html

y

http://www.rebanadasderealidad.com.ar/isman-06-01.htm

 

Por citar sólo algunos de los escritos que hemos elaborado en tiempos relativamente pretéritos. Más cerca de la vulgar predictora astrológica y horoscopera que del rol que pretende encarnar (profeta bíblica), todos sus anticipos se han hecho añicos contra la tozuda realidad. Sus únicas chances de imponerse residen en que la feroz presión del poder globalizado logre- como lo hizo- torcer la voluntad de algún senador oficialista más o que se acelere la inflación o aumente el desabastecimiento: es decir que se incrementen los infortunios populares. Junto a ella se destacan figuronas impresentables como Patricia Bullrich (ex menemista, ex cavallista, ex delaruista; por siempre derechista y enemiga del pueblo) o la rotunda (por la magnitud de los embustes que emite) Margarita Stollbizer. A las pruebas nos remitimos. En el matutino Página 12 del día 16 de julio, la (¿ex?) radical bonaerense declara que en 2003, Kirchner “no recibió el país en llamas, sino en las mejores condiciones que ofrece el contexto internacional”. Curioso contrato moral nos ofrecen estas deplorables politiqueras que fingen ignorar la existencia de poderes no visibles, como la oligarquía terrateniente o el propio imperialismo. A Margarita se le olvidó mencionar los tremendos aprietes recibidos por el ex presidente (por parte de personeros del poder real, como el periodista de La (anti) Nación, Claudio Escribano) en procura de lograr la impunidad para los genocidas de 1976 y para que fuera implementado un programa económico de fuerte sesgo neoliberal. Y esta fue de las menores presiones implementadas. Kirchner era por entonces una figura débil, que asumía la primer magistratura con sólo el 22% de los sufragios y debiendo maniobrar sin bases políticas propias para apoyar su gestión y con un estado en gran medida desestructurado, paralizado: es decir, en gran medida una maquinaria casi inerte. Nada casualmente; la prosapia radical ha dado muestras de sobra en lo referente a todo tipo de impudorosas genuflexiones frente al poder real. Desde las ininvestigadas masacres contra el movimiento obrero durante  el primer gobierno de Yrigoyen (1916-1922), el giro pro privatista en el petróleo de Arturo Frondizi, la incorporación de Domingo Cavallo (representante orgánico del capital financiero mundial) al gabinete de De La Rua , pasando por las concesiones sin final frente a las presiones de los militares sublevados en las pascuas de 1987; el pueblo argentino tiene sobradas muestras (casi irreversibles) que la U.C .R. es una fuerza de la cual sólo se puede esperar desencanto, desilusión y finalmente sangre, sudor, sufrimientos y lágrimas. Así resulta inteligible el ensañamiento por parte de los (pan) radicales para interpelar a lo mejor (no a todo, por cierto) del peronismo. ¿Por qué será que deben camuflarse bajo un disfraz de coalición cívica o con un candidato peronista en la presidencial de 2007?  ¿Será casualidad  que esta etapa del golpe triunfó por el voto de un radical que traicionó el mandato popular? Debería proponerse que el escudo radical incorporase un helicóptero, auténtico símbolo partidario, imagen imborrable de De La Rua fugando de la Casa Rosada y dejando tras de si una plaza regada con sangre popular.

Dentro del mismo espacio navega la conducción nacional del Partido Socialista Argentino, cuyos dirigentes más visibles son el senador Rubén Giustiniani y el gobernador de Santa Fe Hermes Binner. No se trata de cargar a los socialistas con el peso de su (desafortunada) historia. Los actuales miembros del partido carecen de responsabilidad por el librecambismo decimonónico del fundador Juan B. Justo. O por las imperdonables complicidades por parte de diversos dirigentes “socialistas” con golpes de estado clara y definidamente antipopulares (1930, 1955, 1976). Puede dejarse para otro momento histórico la necesaria autocrítica por haber sido furgón de cola de la oligárquica Unión Democrática (1945). Son debates que surcan casi tres siglos, por lo cual, ya en el siglo XXI no puede menos que ponerse en cuestión- porqué parecen no haber balanceado nada de su peor trayectoria- el hecho que en el primer gobierno de una provincia argentina conquistado por el partido, integra el gabinete una personera de las clases terratenientes, la ex diputada reutemista María del Carmen Alarcón. Facilitarle el presupuesto público para que arme un partido (conservador) con base agraria no puede ser catalogado como ingenuidad. Es, ni más ni menos, complicidad. Binner atraviesa todas las situaciones con aire distraídamente bustekeatoneano, que le dio fama de individuo atildado, sereno y moderado. El modo en que lo utilizaron los dragones de la Mesa de (des) enlace agrario- las caras visibles de la asonada golpista- nos autoriza a cambiar el adjetivo que merece su semblante por otro más ad usum de las barras barriales; pero que por pudor, omitimos. Es que atar la suerte del partido a los devaneos de Carrió o a los humores de terratenientes antidemocráticos significa alejarlo (¿definitivamente?) de la posibilidad de jugar algún rol en una solución favorable al pueblo para los problemas nacionales. Idéntica actitud despliegan Giustiniani y el porteñó Roy Cortina. Otra vez, el viejo conglomerado nacido a fines del siglo XIX favoreció un golpe de estado antipopular. Los únicos que parecen decididos a que el antiguo partido de la rosa reverdezca sus mejores tradiciones son los dirigentes de la sección de la provincia de Buenos Aires, que claramente han inscripto sus fuerzas en el único proyecto de los dos en pugna que favorece al pueblo: el impulsado por el gobierno nacional. En el acervo literario histórico y de las teorías revolucionarias se menciona de diversos modos a las distintas corrientes socialistas: Social-democracia, socialismo revolucionario, socialismo autogestionario, socialismo marxista, socialismo del siglo XXI y más denominaciones. Lo que sin dudas es un nuevo invento argentino (otro más  y van…) es el denominado socialismo sojero. Es que muchos de los dirigentes que han hipotecado el futuro del partido tras la defensa de la oligarquía serían propietarios de campos donde se cultiva el poderoso poroto, como han denunciado fuentes de la propia agrupación. No puede alegrar a ningún militante de la causa popular el hecho que pudiere confirmarse la noticia. Pero al menos deja en pie y a salvo diversas ideas del viejo Karl Marx, como por ejemplo, “El ser social determina la conciencia”.

La oligarquía terrateniente es un conglomerado social decididamente obsoleto, anticuado y cuya preponderancia se halla a contramano y resulta incompatible con la construcción de un país (moderno) que mereciera el nombre sustancial de nación. Pero indudablemente ostenta una capacidad para articular bajo su hegemonía a clases, sectores sociales  y fuerzas políticas de modo que podemos calificarlo de verdaderamente asombroso. Prueba de ello son los destacamentos progresistas que colocó en su redil. Ya hemos mencionado al P.S. Nos resta referirnos brevemente a la fuerza disidente del A.R.I. (llamado primero A.R.I. autónomo, luego Solidaridad e igualdad, S.I.) y al único diputado en la Cámara Baja de Proyecto Sur, el conocido economista de la C.T.A. Claudio Lozano y los dos Senadores del A.R.I. fueguino. Todos demostraron los límites de su perspectiva ética y política. Ciertas variantes del progresismo o nacional-populares parecen preferir el triunfo de la derecha, si no pueden conducir el proceso político. No era menester que sufragasen por la política del gobierno; si les resultaba insuficiente. Pero votar por el no es lo mismo que pronunciarse- dadas las dramáticas circunstancias que vive el país- por el debilitamiento o la destitución de la presidente. Y tal circunstancia- en las actuales coordenadas de movilización popular- sólo puede ser capitalizada por la reacción agraria, urbana y globalizada. Es deplorable que dichas fuerzas no hubieran podido medir adecuadamente las necesidades populares y lograr que se articulasen con la lógica de su propia construcción política. Favorecieron con su voto a la antidemocracia, el antipueblo, esmerilaron la reconstrucción de un estado nacional y torpederaron el proyecto latinoamericanista de Chavez, Evo, Correa y Lula. Es decir, sirvieron al imperialismo; soporte detrás del trono de la oposición al Kirchnerismo. A ellos puede aplicarse muy bien la máxima del gran Groucho Marx que sirve como epígrafe y que reproducimos: "Si no te gustan mis principios...tengo estos otros".
 

La pureza republicana y legalista del triunfo opositor lo marca no sólo que resultó necesaria la defecación del vicepresidente de la voluntad popular; sino también el modo en que fueron reclutados diversos adherentes al rechazo. “Según informaciones que corrían en Santiago del Estero, un grupo de productores agrarios autoconvocados mantenía rodeada ayer y bajo amenaza la casa materna del radical k Emilio Rached, el senador del Frente Cívico que hasta último momento mantuvo la incógnita sobre su voto en el Senado.

Ante la presión de los ruralistas, que se movilizaron hasta las localidades de Bandera y Los Juríes, unos 40 efectivos policiales rodearon la vivienda para impedir hechos violentos. Cerca de la medianoche, la vicegobernadora Blanca Porcel de Ricovelli desmentía los hechos. Rached fue vicegobernador e intendente de Pinto, una zona agrícola y ganadera que concentró fuerte rechazo a las retenciones móviles. Fanny Simón de Rached, su madre, reconoció hace poco: “Emilio está muy angustiado... La semana pasada conmigo se despidió llorando”. (Despacho de la Agencia Paco Urondo). El voto del citado legislador resultó decisivo para el empate. Pero hay más: “La tarde del miércoles, cuando las previsiones indicaban que el gobierno contaría con 37 votos contra 35, Cobos declaró al canal América que si le tocaba desempatar lo haría a favor del gobierno. A las 4 de la madrugada, cuando las “presiones imperceptibles” que refiere el decreto presidencial habían nivelado la cuenta, Cobos habló con el jefe de gabinete y le dijo que “mis hijas están llorando en el despacho. Dicen que si voto por la afirmativa no van a poder caminar por la calle”. Por eso habló de la familia para justificar su voto”. (Página 12 del domingo 20 de julio del 2008)  De modo que donde la Coalición Cínica dice contrato moral, debe traducirse por aprietes y patotas fascistas. Ni este ni ningún otro atropello de los ruralistas (por ejemplo productores agrarios procesistas insultando a un legislador hijo de desaparecidos en Tucumán) fue ni siquiera mencionado, no hablemos de alguna forma de crítica. Le abrieron el camino de tan “civilizado” modo a las pretensiones de la derecha por nuevas reivindicaciones económicas y por continuar esmerilando (hasta destituirla) a la presidente. A las 21 horas, el medio prosojero Todo Noticias- y todos los de la derecha coincidían desde el domingo- colocó una placa anunciando el triunfo oficial por 37 a 35. En la información precedente se da cuenta de las causas por las cuales se revirtió tal realidad. Pero nadie de la derecha habló de la profunda ilegitimidad que presenta el rechazo a la ley por todas las razones ya enunciadas (amenazas a legisladores, el interés de clase motivando el voto, la traición incalificable del alfeñique vice-presidente por citar sólo tres).
 

Para finalizar nuestro derrotero por la oposición- no nos referiremos especialmente al PRO (cesismo) o a la descompuesta U.C.R.- la nota de color corresponderá a la imbécil izquierda que supimos conseguir. Es titánica y ciclópea tarea recopilar información acerca de todas las sectas que pululan y se sacan chispas en tal espacio. Y el osado que la acometiera, muy pronto daríase cuenta que cuando lograse su (precario y provisorio) cometido, la multiplicación de nuevos kioskos, capillas, agrupaciones pseudo movimientos sociales y partiduchos convertiría tanto esfuerzo en simple derroche de tiempo (en la Argentina decimos al reverendo pedo). Por lo tanto, sólo hablaremos de dos de ellos (el Movimiento Socialista de los trabajadores, M.S.T. y el Partido Comunista Revolucionario, P.C.R.). Entre las huestes de la paleo (por no decir, senil) izquierda sobresale en la Argentina la casi decena- en un calculo no actualizado- de partidos trotsquistas. Se trata de la última especie en extinción: los troskosaurios. Separados entre ellos por cuestiones tan acuciantes y urgentes para las masas como cual realmente encarna “el verdadero trotskismo” o quién encastra mejor la realidad argentina al derrotero histórico de la revolución bolchevique de 1917, lo que tiene en común- además de las raíces ideológicas- es algo que no resulta precisamente motivo de orgullo. Es decir, todas apuestan a la desestabilización del gobierno que fuere, porqué su única motivación es incorporar en tal contexto algún militante; y de ser posible un puñado de ellos. Por lo tanto, su lógica no reside en que se fortalezcan económica, social, política y culturalmente (es decir, en conciencia; problema inexistente según todo buen trotsquista) la clase obrera y demás estratos populares. Por ello, no pueden trascender jamás la condición de sectas del o, % de los sufragios. Se han observado momentos francamente ridículos, como cuando festejaban un salto electoral del 100 % al pasar del 0,3 al 0,6. Pero la actividad del M.S.T. rompió todos los parámetros imaginables, de modo que ya puede hablarse de un extraño trotsquismo sojero. El viejo Lev Davidovich no se revuelca de indignación en su tumba porqué- por desgracia- la vida humana es finita y la muerte el telón definitivo de toda existencia. En caso de poder, el anciano revolucionario ruso le aplicaría a la incalificable enfermera del M.S.T. Vilma Ripoll un condigno castigo por causa de tanta fraseología hueca y vacía, para ocultar el seguidismo con la Sociedad Rural , la C.R .A., la F.A .A. y con el P.C.R. Habida cuenta de la profesión de la mencionada, la pena sólo puede ser un enema con las obras completas del autor varias veces mencionado (en particular, sus escritos acerca del gobierno del General Mejicano Lázaro Cárdenas), de Karl Marx  o de Fiedrich Engels o de Lenín. Todos enseñan que si hay un conflicto entre un sector muy reaccionario y otro más progresista; sólo es válido impulsar la salida revolucionaria en caso de haber condiciones y posibilidades reales y concretas de “tomar el cielo por asalto”; es decir, de realizar una revolución triunfante. De ser otro el contexto, debilitar al sector progresista sólo contribuye a fortalecer a la reacción. Que es lo que hace alegremente en toda su prédica el M.S.T., y muy en particular a lo largo de este conflicto. Como si esto fuera poco, enloda la memoria de varios militantes de su organización antecesora en los años ’70 (el Partido Socialista de los Trabajadores, P.S.T.), asesinados por las bandas fascistas dirigidas por José López Rega, ministro y secretario privado del general Perón, Usamos el término enlodar para no recurrir a otro más contundente y cóprico, ya que el funcionario denominado el astrólogo (responsable político fundamental de esos y más crímenes) fue elogiado y apoyado calurosamente por el P.C.R, actuales compañeros de ruta (agraria) con el M.S.T. Los ridículos discursos de la fuerza que analizamos, los conducen a mostrar en su periódico fotos de la presidente, adjudicándole la responsabilidad por la inflación. De tal modo, contribuyen a ocultar e invisibilizar al poder económico, verdadero responsable de los aumentos de precios. No es la única coincidencia que tienen con la derecha neoliberal. A menudo, la única diferencia entre los dichos de Ripoll y los del neoliberal Mauricio Macri es de tono. Es conocido que el ex presidente de Boca se caracteriza por su hablar balbuceante y confuso; pero carente de gritos. En cambio Vilma parece dirigirse permanentemente hacia una asamblea de hipoacúsicos desprovistos de aparatos para mitigar su mal. Pero los contenidos discursivos son tan idénticos, que a menudo no puede diferenciarse quien es el neoliberal y quien el troskosaurio.
 

El Partido Comunista Revolucionario es una secta infame que esconde detrás de su fraseología maoista una consecuente trayectoria de apoyo constante a la ultraderecha. Desde la ya citada defensa del criminal fascista José López Rega, pasando por su seguidismo al coronel golpista y católico preconciliar Mohamed Alí Seineldín, hasta el actual presente de fuerza plebeya al servicio de la sociedad rural, nada puede esperarse de tan miserable conglomerado. El “humilde” chacarero Alfredo De Angelli (presumiblemente militante del P.C.R, que es una fuerza que tiene la costumbre de ocultar a muchos de sus activistas dentro de organizaciones más amplias) se pronunció porque el lomo valiera $80 (o más). Cuando se disparen los precios de los alimentos sería bueno que den la cara frente a los destacamentos más pobres de sus seguidores, las víctimas dilectas del golpe que ayudaron a imponer. “Dime con quién andas y te diré quien eres”, dice un viejo refrán. De Angeli “contó que habló con el ex presidente Carlos Menem y que quedó en ir a tomar un café con él, a pesar de sostener que no coincide "con nada de la política de él". (Despacho electrónico de la Agencia Nova). Café o champagne será para festejar el logró de las fuerzas antinacionales y antipopulares que ambos encarnan. Sólo resta saber cual de los dos es más derechista: es que se sacan chispas en ello.  A modo de conclusión acerca del P.C.R, digamos que se comportó como correa de transmisión en la Argentina de los proyectos de la dirección del Partido ¿Comunista? Chino. En efecto, a los dirigentes de la antigua patria de Mao les interesa que la Argentina sea su verdadera pradera espacio forrajera, alimentando con la soja a los chanchos que a su vez nutren a la población trabajadora del multipoblado país. Tal resulta la base material de articulación de los militantes señalados con la sociedad rural. Un estado con capacidad de intervención, debería limitar la expansión sojera. A evitarlo apuntó la acción del P.C.R.   

 

El Kirchnerismo: ¿Sólo una derrota o comienzo de la dispersión?

 

Cualquier elogio o crítica del proyecto k debe partir de un mínimo análisis de la sociedad en la que ha operado. En la elección del 2003, Menem y López Murphi, lo peor del neoliberalismo vernáculo, sumaron casi 44 % de los sufragios. Néstor Kirchner fue el casi casual instrumento que tuvo lo más critico del electorado para desbaratar la operación de la artillería massmediática del poder; para que ambos figurones derechistas dirimiesen la segunda vuelta. Carente de fuerza política propia, con minoría en ambas cámaras del Congreso Nacional, observado con displicencia por el poder económico, el entonces nuevo presidente sentó las bases de reformas profundas, que esperemos que resulten duraderas en el escenario histórico argentino. Algunas de las más significativas e importantes de ellas son las siguientes:

1) Estableció que el control de las manifestaciones de protesta social fuera sin armas de fuego. De tal modo, en su mandato no hubo muertos por represión policial.

2) Redefinió la Corte Suprema de Justicia, impulsando la existencia de un Tribunal de notable capacidad y solvencia académica en lo jurídico; más una clara autonomía con relación al poder político.

3) Estableció el principio de los tres superávit (fiscal, balanza comercial y de pagos) que son el principio desde el cual se cimienta la autonomía del estado nacional. De tal modo, la Argentina continúa su crecimiento económico; pese al paro agrario y a la crisis financiera de los Estados Unidos. Recuérdese que en tiempos nada remotos, cualquier cimbronazo externo paralizaba a la economía nacional.

4) Colocó a la política de castigo para los genocidas de 1976 en el centro de su construcción, junto a la necesidad de proceder a un reparto de la riqueza nacional que favoreciera a los más postergados. Se trata de dos caras de la misma moneda, tal cual hemos analizado hace más de un año. Véase: 
 

http://www.redaccionpopular.com/#principal__state=articulo&idArt=650


Podría extenderse la lista, pero con las cuatro reformas mencionadas es posible comprender lo sustancial en términos éticos, políticos, económicos y culturales del proyecto k.

En la tradición de más de dos siglos del pensamiento revolucionario y de la sociología, se debate acerca si el más genuino y eficiente actor en la transformación social es el conjunto de las masas populares o las elites. En la segunda tesitura se inscriben Babeuf y Buonarroti (fines del siglo XVIII), Augusto Blanquí (durante gran parte del siglo XIX, en Francia), el primer Lenín (el del que hacer) o el Che Guevara (durante las décadas del ’50 y ’60 del siglo XX). En la sociología, Wilfredo Paretto, Giovanni Mosca y otros pensadores son expresión del llamado elitismo. En  la visión que son las masas el sujeto de los cambios revolucionarios se inscriben Karl Marx, los anarquistas autogestionarios, León Trotski o el Lenín autor en 1917 del célebre El estado y la revolución. Por cierto también preclaros dirigentes de la revolución rusa. La lista es somera y no pretende agotarse en los nombres mencionados en uno u otro sentido.
 

Por cierto que el Kirchnerismo encarna un proyecto claramente reformista; no de profunda y radical transformación de la sociedad en marcha al socialismo (perspectiva ajena por entero a la mayoría del peronismo). El sociólogo argentino Julio Godio lo ha caracterizado como “revolución desde arriba”. Pero se trata de la única orientación viable para una mejoría popular en la Argentina. Como ha dicho el filósofo José Pablo Feinmann no es de izquierda, pero a su izquierda no existe nada. Nuestra percepción, en cambio, es que se trata del único proyecto de izquierda (moderada, por cierto) factible. Pero no hay ninguna duda que se inscribe claramente dentro de la corriente elitista. Y la elite la constituyen no más de dos personas: él y su esposa. Nadie debatió el armado con los radicales llamados K, que colocó (por decisión de Néstor Kirchner) a Cobos en el lugar decisivo del desempate la madrugada del jueves 17 de julio. No existió polémica alguna acerca de las concesiones a los grandes medios de comunicación, que luego jugaron el nefasto papel de avanzada cultural del golpe. No se discute en ningún lado que hacer con el saqueo de nuestro patrimonio minero, petrolero o energético. Se podría hacer más extensa la lista de los contenidos en los cuales el matrimonio que lidera nuestro espacio define y decide a su entero parecer el rumbo a seguir.
 

Pero sin dudas hay algo de lo que no puede culparse al kirchnerismo y es de la profunda derrota cultural de nuestro pueblo, que lleva al predominio conceptual de opciones individualistas y conservadoras (sintetizados en el sentido anómico, liberal y apolítico de la existencia) convertidas en sentido común naturalizado. De allí que resulte un dilema para el cual no contamos con respuestas precisas si el Kirchnerismo se negó a movilizar a sectores populares para derrotar la conjura o no pudo hacerlo. Tal vez la respuesta fuera una mezcla de ambas posibilidades. La política comunicacional del gobierno brilló por su (inexplicable) ausencia, llegándose al ridículo extremo que mientras la derecha transmitía en cadena privatizada televisiva, por el medio oficial se difundían partidos de baloncesto disputados en puntos remotos del territorio nacional o programas de banalidades. Expuesto de modo sucinto algunos defectos del proyecto nacional, es forzoso destacar dos indudables virtudes: la primera, una enorme voluntad política que llevó a resistir el asedio golpista durante más de cuatro meses; un hecho sin precedentes en la historia de nuestra sufrida América Latina. Y se ha perdido una batalla, la resolución del combate de fondo no ha terminado. La segunda es haber realizado de hecho la autocrítica del modo en que la izquierda peronista pretendió, en los ’70, desbordar al propio Perón impulsando de modo ultraizquierdista (y elitista) un socialismo ajeno a las tradiciones y defectos del pueblo peronista.

Dos hechos pueden afirmarse sin duda ninguna. El impacto de la derrota provoca gruesos interrogantes acerca del fututo de la gobernabilidad y el golpe de estado no ha concluido; ni siquiera con el triunfo del ’55 senatorial. Al otro día de la votación los medios seguían inventando versiones absurdas (negación de la derrota oficial, renuncia presidencial, por ejemplo) demostrando que el conflicto en modo alguno ha quedado superado. El  gobierno insistirá en los ejes centrales (ya enunciados líneas arriba) de sus políticas. Al otro día del traspié la presidente anunció la (re) estatización de Aerolíneas Argentinas. Es dable recordar que cuando se intervino el correo existía la promesa de volver a privatizarlo en cuatro meses. Pasó casi un lustro y el correo continúa en la orbita oficial. El interrogante es como se recompone la fuerza política para seguir adelante.  La capacidad (ampliada) de la oposición para obstruir la marcha del gobierno ha crecido; pero no se traduce de modo automático en construcción política con opción para gobernar. A los espacios que hemos descrito líneas arriba ya se aprontan para sumarse (y dividirse) junto al traidor viñatero que sueña con ser presidenciable y Ricardo Hipólito López Murphi; que si no se amontona con la Coalición Cínica , le dividirá votos a la derecha neoliberal machista. No tienen todas consigo, como se puede ver, ni aún en la hora del triunfo. La nota graciosa la proporcionó la negativa del gauchaje antinacional que impidió que subiese al palco la incalificable reaccionaria Elisa Carrió. Es que los conjurados campestres odian la política; aún la de los dirigentes que se comportan de modo Monicolewinesco frente a ellos. Un panorama tan fluido como cambiante, como puede verse.

 

Conclusiones

 

1) El gobierno nacional sufrió una derrota, que pone en cuestión su fuerza política para gobernar los próximos doce meses, pero no todo está perdido. De la capacidad para reconstituir el espacio propio dependerá- en parte- la marcha de los próximos pasos del oficialismo.

2) El proyecto nacional y popular puede avanzar a condición de que pueda interpelar a los sectores que son su base natural: las clases populares, ya no como el mal menor, si no como el gobierno capaz de realizar plenamente sus necesidades e intereses. En carpeta hay una significativa lista de medidas e iniciativas que deben implementarse en el corto, el mediano y el largo plazo. Ya no se puede optar por una variante u otra: si el gobierno no avanza decididamente para favorecer a los sectores populares sólo le espera la derrota en las próximas elecciones. De modo que el debate se halla en los actuales momentos en la viabilidad política existente para impulsar la necesaria profundización del rumbo.

3)  Hemos pecado de (suprema) ingenuidad al pensar que la derecha iba a resignarse a nuestra mayoría parlamentaria. Las presiones (monetarias, amenazas físicas y otras) no pueden sorprender a quienes algo sabemos de cómo se mueve la reacción argentina, latinoamericana y mundial.

4) Las teorías revolucionarias clásicas afirmaban que acceder al gobierno no es sinónimo de tener el poder, cosa tan real como correcta. De allí que para ellas resultase fundamental la conquista del poder político destruyendo el estado en poder de las clases dominantes. Derrotada una generación- o más- de revolucionarios, pareció abrirse camino la idea que para cambiar la sociedad era preciso respetar la legalidad democrática y sumar consensos para la trasformación. Ambas concepciones tienen aciertos, limitaciones y errores. Los `60 y los ’70 permitieron visibilizar los errores de las primeras teorías enunciadas. Las dramáticas circunstancias que viven la Argentina, Bolivia, Venezuela y Ecuador son un magnífico laboratorio de las dificultades para hacer revoluciones dentro de un marco legal e institucional erigido para evitarlas.

 


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