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Eduardo Frei Ruíz-Tagle |
070110 - En las presentes
líneas- escritas bajo la forma de carta abierta para votantes de
izquierdas que se abstienen- argumentaremos acerca de algo que
ya está anticipado en el título: la necesidad de optar por el
mal menor y no resolver el voto hacia el ballotage en cuestiones
vaciadamente principistas.
Luego de
la primera vuelta quedó claro que de convocar en su
totalidad al voto de izquierda y progresista, el candidato de la
Concertación le hará morder el polvo a
Sebastián Piñera, el Maurizio Macri de
Chile. Y en nuestra
modesta opinión no poco es el triunfo popular, más si se logra
que el pinochetismo del siglo XXI no fuera legitimado
electoralmente. El autor de estas líneas es un observador de la
política latinoamericana que no pudo menos que sorprenderse por
la absoluta similitud verificada entre los discursos de ambos
derechistas citados. En efecto, Piñera hablaba de la
delincuencia (inseguridad) y de la necesidad de aportar a un
cambio, omitiendo en todo momento precisar a que
transformaciones se refería. Igual que Macri. Sería bueno que
quienes, desde la ingenuidad, creen en el discurso del dueño de
la empresa aérea consulten a tantos votantes poco críticos que
creyeron ilusamente en Macri.
Dividiremos nuestra exposición en una sucinta argumentación
teórica; para luego discurrir acerca de los motivos políticos
para sufragar por Eduardo Frei.
En la tradición revolucionaria más lúcida políticamente sólo se
acepta votar en blanco, anular el sufragio o abstenerse cuando
se dan dos condiciones, a saber:
a) Las masas obreras y populares han superado en conciencia,
organización y actividad práctica y autónoma el horizonte
conceptual, histórico y político de la democracia burguesa. Y
b) En la sociedad en cuestión no existen condiciones políticas
democráticas para participar. De modo que la abstención, en
realidad, no es más que la continuidad de la proscripción. La
reciente elección en Honduras podría ser un ejemplo de lo que
decimos.
Claramente las dos condiciones no se verifican en Chile, más
allá de la necesidad de modificar un sistema electoral
inficionado por la trampa pinochetista, en el país hermano no
hay dudas que existe democracia. De todos modos es evidente que
existen infinidad de ejemplos que pueden aducirse acerca de cómo
es reprimido el movimiento popular. Pero, si gana Piñera. ¿Habrá
más o menos democracia; más o menos represión? La respuesta nos
parece obvia.
Por otra parte la conciencia y la actividad autónoma de las
masas chilenas han quedado por debajo de lo que se verificaba
hasta el triunfo dictatorial de 1973. El rechazo y el
escepticismo hacia la actividad política- que puede verificarse
en toda América Latina y en el mundo- es en realidad una postura
inducida e impulsada por el poder real para favorecer la
vigencia de opciones conservadoras. Sólo una lectura infantil e
impresionista puede confundirla con la superación por izquierda
de la democracia parlamentaria. Este es el punto decisivo, que
además nos conduce a mensurar si conviene defender un voto
crítico por Frei o manifestarse por las diversas formas del
abstencionismo.
Las posiciones que toman en política organizaciones sociales,
partidos revolucionarios o reformistas, agrupaciones sindicales,
intelectuales izquierdistas y todo colectivo contestatario deben
ser resultado de una reflexión; en la cual- en nuestra opinión-
un primer punto de análisis central y necesario es el conflicto
decisivo en nuestra América. Es decir, el enfrentamiento entre
los gobiernos independentistas y el imperio del norte. Una
cuestión que debe ser pensada por los votantes es si a
Chávez,
Evo y
Correa les da lo mismo Frei que Piñera. Modestamente nuestra
opinión se inclina sobre la afirmación que no es lo mismo. En
ocasión del bombardeo que
Colombia hizo en
Ecuador el 1 de
marzo de 2008, en la conferencia de
UNASUR
posterior la presidente
Michelle Bachelet no alineó su diplomacia de modo automático
e incondicional con los
E.E.U.U y su alfil neogranadino. O cuado la derecha
pretendía desplazar por medio de un golpe a
Evo Morales, hacia septiembre del 2008. Si gana
Piñera y Chile se alinea sin más trámite con Colombia,
Méjico y
Perú, implicaría un
retroceso del
A.L.B.A.,
aunque por cierto la patria de
O’Higgins no juega en el bando bolivariano. Para decirlo
fácil, no es lo mismo un elenco gubernamental alienado con pitos
y matracas con el imperio que otro muy vacilante frente a la
potencia del mal. Esas son las opciones y es preciso no
equivocarse al elegir. Por otra parte, no puede soslayarse que
el resultado en Chile influirá en el resto de América. El
triunfo del Frente Amplio uruguayo, como el de Evo en
Bolivia, alteró el
mapa triunfalista del imperio. Y si la derecha se impone en
Chile o en
Brasil, no dejará
de influenciar en la
Argentina ; donde el gobierno nacional y popular presidido
por Cristina Fernández se halla jaqueado por fuerzas
reaccionarias y de una supuesta “izquierda”.
En el plano interno de lo que ocurre más allá de la cordillera,
nuestra opinión discurre por senderos similares. No se nos
escapa que la Concertación gobernante careció de voluntad e
iniciativa política para modificar los condicionamientos
políticos, institucionales y legales que la infame dictadura de
Augusto Pinochet le deparó a la etapa democrática posterior.
Pero votar por Frei abre el camino para proseguir el debate de
los necesarias trasformaciones a implementar. Con el voto (por
vía de la abstención) a Piñera se cierra casi definitivamente la
posibilidad de desarrollar cambios institucionales en el plazo
más breve. La segunda vuelta electoral puede ser una oportunidad
para fijar, mediante un pacto, una agenda de modificaciones
institucionales que permitieran una vida más democrática; tal
como el pueblo chileno merece. En especial debe controvertirse
el forzado bipartidismo ideado por el genocida ya muerto; cuya
finalidad esencial es obturar la llegada de nuevas agrupaciones
políticas a la representación parlamentaria.
La represión de los movimientos sociales debe ser puesta sobre
el tapete a los efectos de arrancar algún compromiso a la fuerza
oficialista- a cambio del voto- que no se tratará a los sujetos
que canalicen sus demandas por medio de protestas con los
“modales” acostumbrados. La represión salvaje a los mapuches
debe finalizar de inmediato; así como las violaciones tan
comunes a los derechos humanos.
La creación de un sistema educativo democrático, con contenidos
críticos, que prepare ciudadanos libres y aptos para el trabajo
digno, público y gratuito puede ser otro de los puntos decisivos
que las fuerzas de izquierda pueden negociar con el oficialismo
a cambio de un apoyo crítico. Nadie puede esperar que el
pinochetismo mueva un dedo para ello. La concertación se ha
abstenido en dos décadas de avanzar por este necesario camino.
Pero si gana Piñera, semejantes reivindicaciones estarán mucho
más lejos.
En el plano económico-social no es un secreto para nadie que
poco y nada se alteró en Chile del neoliberalismo salvaje
instaurado por la dictadura genocida. El solo hecho que los
continuadores del chacal hayan obtenido mas de 44% en la primer
vuelta y pueden imponerse en la segunda da cuenta de las
dificultades para modificar tal matriz perversa. No es el
momento de debatir las causas por las cuales el pinochetismo
ostenta semejantes niveles de aceptación. Lo que debe quedar
claro es que un eventual gobierno Piñera traerá mas saqueo, más
privatizaciones, más precariedad laboral, más represión, menos
acceso a la vivienda para los más pobres, menos educación y más
cara. Menos derechos en general, en suma. De modo que en estas
cuestiones queda claro que una presidencia Frei no alterará
semejantes injusticias. Pero es el contexto en el cual los
chilenos pueden luchar por sus derechos. El gobierno del yuppie
colocará a los sujetos subalternos varios escalones más abajo.
Concluyamos, sólo el pueblo salvará al pueblo. Pero para que el
pueblo salve al pueblo es preciso que sepa elegir matices en una
elección de segunda vuelta, muestre pericia para la negociación
y fina sensibilidad política para actuar. Y voluntad indomable
para luchar por sus derechos y bienestar. Que sólo se pueden
lograr en el marco de la gran patria latinoamericana. En la
segunda vuelta, votar por Frei, aunque fuera con broches en la
nariz. O el triunfo de la derecha será un logro del imperio;
siempre dispuesto a capitalizar las derrotas y errores
populares.