260508 -
La IV Flota será comandada por el Contralmirante
Joseph D. Kernan, actual Jefe de Comando de la Guerra especial
naval, y tendrá su base en Mayport, en Florida, esta dependerá
del Comando Sur con base en Miami.
El próximo primero de julio, la Armada
USA reactivará la IV Flota con la intención de ''combatir el
terrorismo'', las '' actividades ilegales '' y enviar un ''mensaje'' a
Venezuela y al resto de la región.
Se trata de la primera reacción por una proyección de largo aliento por
parte de Washington, después del ataque al campamento de las FARC (en
Ecuador) el mes de marzo último, que hizo temblar el tablero regional y
puso en evidencia la debilidad de la superpotencia y el aislamiento de
sus aliados en la región.
El comunicado del Pentágono, emitido el 25 de abril, pone en valor que
la reactivación de la IV Flora -creada en 1943 para hacer frente a la
amenaza de los submarinos nazis en el Caribe y América del Sur y
disuelta en 1950- servirá para ''demostrar el compromiso de USA y de sus
aliados regionales''.
La Flota será comandada por el Contralmirante Joseph D. Kernan, actual
Jefe de Comando de la Guerra especial naval, y tendrá su base en Mayport,
en Florida; dependerá del Comando Sur con base en Miami. Once navíos, de
los cuales un porta-aviones y un submarino nuclear, constituyen el
núcleo inicial de la flota.
La decisión del Pentágono interviene en un momento de particular tensión
en América del Sur y de extrema volatilidad sobre los mercados de
materias primas. No podemos olvidar que un tercio de las importaciones
de petróleo de USA provienen de Venezuela, de México y de Ecuador, lo
que hace que la región sea un espacio estratégico para mantener la
supremacía económica y militar del principal país del planeta.
En segundo lugar, el Imperio viene de sufrir una serie de derrotas en la
región: el triunfo de Fernando Lugo en Paraguay, la inminente creación
del Consejo Suramericano de Defensa a petición de Brasil y de Venezuela,
la consolidación del proceso conducido por Rafael Correa en Ecuador, que
implica reveses para las multinacionales petroleras y mineras, y la
consolidación de la independencia económica de un país como Brasil, que
va a reforzar un Mercosur cada vez menos dependiente de economías del
primer mundo, entre las más significativas.
A todo esto debemos agregar, en tercer lugar, las fuertes tendencias a
la inestabilidad en la región, como lo muestran las recientes revueltas
en Haití, el conflicto intenso por la hegemonía en Bolivia y la
ofensiva de sectores del gran patronato contra el gobierno de
Cristina Fernández en Argentina.
Ante este panorama, en el cual la inestabilidad tiende a ser acentuada
por la especulación feroz del capital que provoca alzas espectaculares
de los precios de los alimentos, la reactivación de la IV Flota
significa que los Estados Unidos apuntan a un intervencionismo de tipo
aeronaval y no terrestre, como lo reconoce el analista conservador
argentino Rosendo Framboisier (''La IV Flota y los submarinos de
Chávez'', 28 de abril 08 en ''Nueva Mayoría'')
En efecto, empantanado en Irak y en Afganistán, como está el Pentágono
no dispone de fuerzas terrestres a ''distraer'' en otros teatros de
operaciones. De allí su opción de fortificarse con medios aéreos y
navales para controlar una región que promete ser más hostil. Pero el
despliegue de la IV Flota no es solamente una advertencia, es sobre todo
una amenaza.
Aunque Hugo Chávez haya declarado que ''el viejo imperio no mete miedo
ya'', lo que es sin lugar a dudas verdad de manera general en la escena
Latino Americana, concretamente Washington es todavía capaz de fabricar
crisis, como lo demuestra estos días en Bolivia.
En ese país andino se instala una estrategia planificada de larga data,
que pretende aprender de los ''errores'' cometidos en Venezuela, cuyo
fracaso del Golpe de Estado de abril 2002 estuvo en la base de la
radicalización del proceso.
En Bolivia, por el contrario, se pone en acción una estrategia menos
estridente pero tan destructiva como el golpismo, basada sobre una
demanda de autonomía que en realidad forma parte del proyecto
estratégico de Evo Morales pero que es utilizada con fines opuestos: en
vez de dar poder a los movimientos sociales y a la sociedad civil, busca
blindar los intereses de la oligarquía de la provincia de Santa Cruz y
frenar el proceso de cambios comenzado por el gobierno de La Paz. El
resultado, en los menos malos escenarios, es la fabricación de un
proceso que puede llevar el gobierno de Evo a una crisis de Estado, que
lo forzaría a negociar a la baja el programa de cambios o que provocaría
su dimisión para evitar una guerra o la división del país.
En este momento, valdría la pena tener en cuenta las reflexiones del
geógrafo US Davis Harvey, quien sostiene que el neoliberalismo se
caracteriza por lo que él llama ''acumulación de posesiones'', dicho de
otra manera, la apropiación de bienes comunes, empresas, y hasta
Estados.
En un artículo reciente (''El
neoliberalismo como destrucción reactiva''), Harvey sostiene que para
''restaurar el poder de clase'' -amenazado por las rebeliones a partir
de los años 60- se fabrican crisis para poder imponer las recetas
neoliberales. Estas crisis pueden tomar formas muy diversas: golpe de
Estado, como en Chile, en 1973; la invasión, como en Irak; o la amenaza
de bancarrota, como se hizo con la ciudad de New York en 1975, para
llevar al fracaso a los sindicatos municipales.
Lo cierto es que la acumulación por posesiones no puede hacerse sin
violencia, material, simbólica, o las dos a la vez, en un proceso
totalmente antidemocrático de imposición vertical de un modelo de
sociedad. Ya no se trata solamente de defender los privilegios de una
clase social, como ocurrió en los años 60 y 70 por medio de Golpes de
Estado en toda la región. Digamos que esto era una táctica de
''defensa'' de los de arriba para mantener sus privilegios.
Ahora las cosas son enteramente diferentes: se busca remodelar el Mapa
de la región y del mundo, para las multinacionales y el Imperio,
desplazando poblaciones enteras de territorios donde hay riquezas
naturales o allí donde el capital busca tierras para producir mercancías
por medio de monocultivos. Y, para esto, barrer por medio de la
corrupción, o de la fuerza, a los gobiernos que molestan.
La IV Flota es una pieza más de este engranaje - TeleSUR