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270708 -
Pensando desde América - Bahía Blanca - 14/05/08
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Los medios de comunicación son el instrumento de la "idiotización" masiva.
La palabra puede sonar muy fuerte, sin embargo si comenzamos a colocar una
cantidad de temas de la conversación diaria (educación, consumismo, sexismo,
alcoholismo, drogadicción), dentro de un contexto más amplio, si tratamos de
encontrar un hilo conductor a esa problemática, creo que concordaremos en
que debe haber causas comunes a todos estos fenómenos. Debe quedar claro que
no puede haber una causa única, pero tal vez sí un condicionamiento cultural
muy bien aprovechado y utilizado. Las premoniciones que ya cité de
Huxley y la película son dos puntos de partida muy interesantes. Si
llegamos a ese punto deberíamos preguntarnos ¿cuáles son? Pero antes debemos
superar un prejuicio que podríamos enunciar así: "yo no creo en las teorías
conspirativas".
Durante
las décadas de los sesenta y setenta, en los ambientes universitarios,
sobre todo en el nivel de la militancia, pero no sólo allí, era habitual
sostener conversaciones y debates sobre la existencia de los servicios
de informaciones y de organizaciones que se movían por detrás del
escenario de la política internacional. El enfrentamiento de las dos
grandes potencias, que se habían dividido el mundo de posguerra, había
abierto un campo de conflictos dentro del cual operaban los servicios de
inteligencia. Esto no era una novedad, pero sus actividades se habían
incrementado de modo exponencial. Parte de esa confrontación se libraba
en los trabajos de historiadores académicos, políticos y militares de
ambos bandos, que eran publicados como un instrumento ideológico que
pintaba el panorama en blanco y negro. También entraban en esas disputas
las historias de los organismos de inteligencia: los buenos del lado
occidental y los malos del otro (este otro fue variando con el
transcurrir del tiempo desde el comunismo internacional, pasando por el
narcotráfico, hasta el terrorismo fundamentalista). Fueron diferentes
modos de ponerlos en evidencia frente al gran público.
La
inteligencia americana, a través de Holywood, creó a los "superagentes"
como hombres especiales, de capacidades operativas ilimitadas, que los
elevó al plano de la fantasía. De esta operación de inteligencia se
esperaba que quedaran cubiertos los verdaderos agentes del espionaje,
como se decía en los cuarenta y cincuenta. Así también la literatura se
vio invadida por una cantidad importante de autores que se dedicaron a
este género. Los había de toda laya: desde los fantasiosos, los
falsificadores de historias, hasta los serios y estudiosos, que
investigaban en la búsqueda de material revelador de las operaciones de
cada uno de los bandos del juego internacional.
No era
sencillo saber cuánto de verdad contenían los libros de los supuestos
"serios", en qué medida eran auténticos los documentos que citaban, o si
los hechos que narraban había sucedido realmente. Debe entenderse que se
trataba de operaciones clandestinas cubiertas bajo el sello de Top
Secret. La legislación que protege este tipo de información tiene una
cláusula de desclasificación (clasificado se llama en la jerga lo que no
debe ser de conocimiento público), cuyo vencimiento está claramente
previsto. Esto permite, aunque no siempre, conocer los hechos años
después al poder acceder a esa documentación.
También
se hablaba de las organizaciones encubiertas tras las fundaciones de
todo tipo cuya misión abarcaba un amplio espectro: desde la captación de
intelectuales y la formación de profesionales hasta la guerra
psicológica y la penetración ideológica. Todo ello apuntaba a la
consolidación de un poder internacional que debería desembocar en un
gobierno mundial, como pregonaba el Sr. David Rockefeller desde el
Club Bilderberg y la
Comisión Trilateral.
16/05/08
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Para citar tan solo un ejemplo de cómo operan esos poderes, de cómo
llegamos a saberlo por la desclasificación de documentos, podemos leer
lo que nos cuenta el conocido investigador y periodista Rogelio García
Lupo, a partir de documentos desclasificados de la CIA (Central de
Inteligencia Americana):
La
CIA efectivamente organizó en agosto de 1960 el asesinato del líder
cubano
Fidel Castro, y el subdirector de la agencia, Richard Bissell,
consultó al coronel Sheffield Edwards, jefe de la Oficina de Seguridad,
sobre la forma de matarlo. Las mismas personas estaban organizando en
esos días la invasión a Bahía Cochinos y un documento interno de la CIA
identifica a Robert A. Maheu, ex agente del FBI, como el que debía
seleccionar al asesino. Maheu recurrió a sus conocidos del crimen
organizado y el 14 de setiembre de 1960 se reunió en el Plaza Hotel de
Nueva York con Johnny Roselli, contacto confidencial de la mafia. Maheu
prometió una recompensa de 150.000 dólares. Roselli les presentó a dos
jefes mafiosos, Salvatore Giancana y Santo Trafficante, que operaban en
Miami. La División de Servicios Técnicos de la CIA, dice el documento de
la misma, "estudió y proporcionó píldoras de rápida solubilidad, elevado
contenido letal y que dejaran pocos o ningún residuo que permitiera
identificar el veneno utilizado". Pero las pastillas no llegaron a los
labios de Castro y el proyecto mafioso fue abandonado en 1962. En 1964
la
CIA volvió a imaginar un crimen con cianuro, que debía ser
depositado por un empleado de la cafetería del hotel Habana Libre en el
batido de leche que el presidente cubano bebía con frecuencia. Esta vez,
el fracaso se debió a que la cápsula envenenada proporcionada por la
agencia se congeló en el refrigerador donde estaba escondida y el barman
la rompió cuando intentaba volcarla en el batido.
No todos
los libros que se podían leer contaban con documentos desclasificados,
porque no siempre se cumple con la ley de desclasificación. Pero, a
pesar de no poder contar con criterios claros sobre qué se podía leer
con provecho en aquellos tiempos, circulaban recomendaciones de que
había que leer a tal o cual autor "serio" porque denunciaba a organismos
u operaciones importantes. Para nombrar sólo algunos de los escritores
recomendados, éstos podían ser: Joseph Conrad (1857-1924), Graham Greene
(1931-1991),
John Le Carré, Frederick Forsyth, Charles McCarry, entre otros
muchos más. No cabe duda de que los servicios de inteligencia han
utilizado también este género para difundir noticias o información
falsas, propaganda tendenciosa, historias distorsionadas. Es parte de la
guerra psicológica, o de las operaciones de desinformación (éste es un
concepto de la inteligencia, que por lo general no aparece en los
diccionarios, que hace referencia a un tipo de información que logra
encubrir o engañar a quien la recibe).
Lo que
pretendo trasmitir es que el tema de la actividad de estas
organizaciones clandestinas, no escapaba al conocimiento y a la
formación de un sector de jóvenes, y no tan sólo ellos, que utilizaban
este tipo de información para una comprensión más acabada del juego de
los poderes internacionales. En cambio hoy, después de la caída de la
Unión Soviética, y demolido el
Muro de Berlín, pareciera que todo ello desapareció, si es que en
realidad alguna vez existió. Esta actitud ingenua es el resultado de un
prolijo manejo de la información pública, muy profesional, por el cual
el público está convencido que si hay temas que no aparecen en los
medios es porque no son temas de interés. Corroborando ese aserto de que
lo que no está en los medios no existe. Ello puede llevar a un lector
desprevenido a pensar que los temas que estoy analizando sólo han sido
producto de la imaginación de los guionistas de Holywood. Hoy es
habitual, como dije antes, oír afirmar a personas que quieren dejar
sentada su condición de poseer una mente clara y abierta: "yo no creo en
las teorías conspirativas". Pareciera que creer en la existencia de
conspiraciones es propio de mentes cerradas, dadas fácilmente a las
historias de otros tiempos.
19/05/08
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Si buscamos con intención crítica ciertos acontecimientos históricos
descubriremos que no sucedieron como nos los contaron. Por ejemplo, y
por ser notorio, el famoso y traicionero ataque a
Pearl Harbor realizado por los japoneses en la Segunda Guerra, que
dio pie al ingreso de los EEUU en ella, estaba en conocimiento del
Estado Mayor estadounidense y del presidente Franklin D. Roosvelt. Se
puede leer en cualquier manual de historia:
A
primera hora de la mañana del 7 de diciembre de 1941, submarinos
japoneses y aviones procedentes de portaaviones atacaron a la flota
estadounidense del Pacífico atracada en
Pearl Harbor … Ocho buques de guerra y más de diez embarcaciones
fueron hundidos o sufrieron graves daños, casi 200 aviones fueron
destruidos y murieron o resultaron heridos aproximadamente 3.000
hombres de la Marina y del Ejército… Poco después del ataque, el
presidente estadounidense
Roosevelt designó una comisión investigadora para determinar si
la negligencia había contribuido al éxito de los japoneses en el
ataque a
Pearl Harbor. El informe de la comisión encontró a los
comandantes de la Marina y del Ejército de la zona de Hawai, el
almirante Husband E. Kimmel y el general Walter C. Short, culpables
de "incumplimiento de obligaciones" y "error de juicio" los dos
hombres fueron, en consecuencia, retirados de sus puestos. Sin
embargo, posteriores investigaciones difirieron en sus conclusiones.
El Congreso de los Estados Unidos, en un esfuerzo por aclarar el
asunto, decidió llevar a cabo una investigación pública a gran
escala después de la guerra, en noviembre de 1945, en la que los
acusados fueron finalmente declarados culpables de error de juicio
pero no de dejación de obligaciones.
Sin
embargo, hoy historiadores como el prestigioso profesor de la
Universidad de Yale, Paul Kennedy, ha sostenido que todo fue una
orquestación del Alto Mando bajo la supervisión del gobierno, con
conocimiento de los servicios de inteligencia. Era una oportunidad
brillante para posibilitar el ingreso en la guerra. Eso podía resolver
la profunda recesión en que estaba sumergido el país, después de la
crisis de 1929. Dice el profesor:
Sí, a
primera vista, se quiere un caso de éxito seguro para enjuiciar una
evidente serie de equivocaciones del servicio de inteligencia, el
fracaso para anticipar el ataque a Pearl Harbor se lleva el premio.
Para eso sólo se necesita media docena de datos reveladores. Meses
antes de diciembre de 1941 el embajador japonés entregó un largo
mensaje en Washington, que probablemente afirmaba que las
negociaciones diplomáticas estaban finalizando. La propia Marina de
EE UU había llevado a cabo sorpresivos ataques aéreos contra Pearl
Harbor a finales de los años treinta, lo cual hizo que Tokio pidiera
informes detallados a todos sus agregados navales sobre esta
operación… Los historiadores de ese entonces y de ahora que han
revisado el caso están de acuerdo y algunos han llegado a afirmar
que Roosevelt y Churchill sabían del inminente ataque, pero dejaron
que sucediera para que Estados Unidos entrara en la Segunda Guerra
Mundial.
Desde
septiembre de 1941 se habían recibido mensajes de agentes del
servicio secreto, cónsules, periodistas, aliados, hombres de
negocios, capitanes de barcos mercantes, y de lugares como
Vladivostock y Valparaíso. Algunas evaluaciones estratégicas
afirmaron que Japón atacaría… Muchos funcionarios del servicio
secreto se vieron obligados a esperar un mensaje japonés llamado
Lluvia y viento oriental, que aparentemente era la señal de una
inminente movilización y que desafortunadamente nunca fue detectado.
Sin embargo, los demócratas de hoy que están molestos por el tema de
la seguridad y las equivocaciones del servicio secreto, podrían
tener presente la historia de Pearl Harbor. Por tanto, hay más que
aprender sobre ese histórico evento que la simple historia de un
terrible ataque sorpresivo hacia personas que viven en paz.
21/05/08
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Un agente retirado de la inteligencia francesa, Alejandro de Cheguén,
entrevistó en el 2002 a un viejo colega, Constantin Melnik, que había
ejercido alto cargo en la época en que Francia combatía en Argelia por
la retención de su colonia. Le confiesa Melnik que París ordenaba el
asesinato de sus opositores extranjeros: "no puede guardarlo más en su
conciencia y tiene esa imperiosa necesidad de contarlo todo para
calmarse. Era un agente de los servicios secretos franceses en la época
del primer ministro Michel Debré. Melnik toca una página tabú de la
historia de su país, manchada de sangre y nunca reconocida oficialmente
por Francia. Confiesa que entre 1959 y 1962, en plena Guerra de Argelia,
el gobierno francés formó un comando compuesto de mil paracaidistas
altamente entrenados, una increíble máquina de matar, la cual eliminó
cientos de jefes independentistas, abogados y traficantes de armas".
Según
afirma Melnik: "La modalidad utilizada eran las misiones secretas, donde
se empleaban frecuentemente los coches bomba, el asesinato efectuado por
agentes, que armados de pistolas y ametralladoras cumplían las órdenes.
Incluso el hundimiento de barcos transportando armas para los
independentistas argelinos. Estas operaciones de comando se contaban por
cientos. Para engañar a la opinión pública mundial y mostrar que Francia
era inocente y no tenía nada que ver con tales crímenes, los servicios
secretos franceses los hacían revindicar por misteriosas organizaciones
terroristas, y engañar de esta manera a su opinión pública y a la
internacional".
Se puede
agregar a esta lista de historias ocultas, que sería interminable de
contar, las andanzas del general Douglas MacArthur, el que pronunció la
célebre frase al retirarse derrotado de Corea: "Volveremos". Una
investigación histórica del periodista francés Denis Boneau, publicada
en 2005, revela algunos hechos de la Segunda Guerra que se produjeron en
Japón, que arrojan luz sobre una historia oculta: "A partir de los años
30, mientras que el ejército imperial japonés saqueaba el sudeste
asiático, el emperador Hirohito lanzó la "Operación Lis de Oro" cuyo
objetivo era recuperar y esconder su botín de guerra. Al final de la
Segunda Guerra Mundial, los servicios de inteligencia del general
MacArthur (EEUU) se apoderan del tesoro y crean diversos fondos
destinados a financiar la lucha contra el comunismo. "El oro de
Yamashita", considerado durante mucho tiempo una simple leyenda, permite
entender cómo logró el Partido Demócrata Liberal japonés, a pesar de la
tremenda corrupción de sus elites, la financiación necesaria para
conservar durante medio siglo el control exclusivo de la "democracia"
nipona".
Después
de la capitulación de Japón, el 14 de agosto de 1945, los principales
jefes ultranacionalistas responsables de la militarización del país son
arrestados por las autoridades militares estadounidenses. "La purga dura
poco pues, en el contexto de la guerra fría, los ocupantes tienen la
intención de hacer de sus antiguos enemigos los actores de la
reconstrucción del país. Los criminales de guerra se fueron convirtiendo
en los principales artífices de la "democracia" nipona. La trayectoria
política de Yoshio Kodama, del ultranacionalismo a la CIA, revela las
estrategias de los servicios secretos estadounidenses que actuaron en
Japón mediante los jefes de bandas yakusas". MacArthur, nombrado
comandante supremo de las fuerzas aliadas (SCAP), "planea, conforme a
las directivas del presidente Truman, hacer de Japón un bastión del
intervencionismo estadounidense en el sudeste asiático. En un primer
tiempo, el general realiza una campaña de limpieza política de la que
son víctimas los miembros de ciertas sociedades ultranacionalistas, como
la Sociedad del Dragón Negro o la Sociedad de la Virtud Militar (Butokukai),
considerados responsables de la militarización de Japón. Pero, a partir
de 1947, cuando se establece la teoría estratégica de la "contención",
abandona ese proyecto y trata de convertir a sus enemigos, y sus
fortunas, en los pilares de la reconstrucción de Japón".
28/05/08
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Como parto de suponer una gran duda como consecuencia de este tipo de
lectura, tal vez sea necesario, para la conciencia del hombre de nuestra
época, plantearle una parábola teológica como un modo de hacerle más
accesible la credibilidad de las historias que aparecerán en notas
siguientes. Se podría enunciar así: Dios existe sólo para aquellos que
creen en su existencia y no existe para los que no creen. Sólo pueden
percibir su existencia los que se preparan para su búsqueda, y este
camino les abre la posibilidad del encuentro. Para los que no creen, y
se encierran en la certeza de su inexistencia, no hay posibilidades de
que se produzca ese encuentro, porque aun si éste ocurriera sería
atribuido a un fenómeno que se ha dado por cualquier otra causa.
Podríamos agregar, sin embargo, se podría abrir la mente bajo la
sospecha de que pudiera existir, y probablemente esta sospecha abra un
intersticio en la conciencia, a partir del cual el encuentro se puede
tornar posible. Otro tanto se podría decir respecto del conocimiento de
la existencia de organizaciones secretas y de las operaciones, de todo
tipo, que éstas han llevado a cabo a lo largo de la historia y que
continúan hoy. Abrir la mente a la posibilidad de saber y comprender
este fenómeno exige una predisposición intelectual y una curiosidad para
ver detrás del gran telón del mundo internacional, la parte oculta por
la información pública.
En notas
siguientes voy a acometer el intento de sintetizar una enorme cantidad
de historias, cargadas de datos, nombres, instituciones, periféricas o
subterráneas, personajes, algunos tenebrosos otros inmaculados, que se
han movido y siguen haciéndolo en el escenario internacional. La
narración es, en más de un pasaje, tediosa, aburrida, no fácil de
comprender, a veces difícil de creer. Por tal razón mi intención es
abreviarla en la medida de lo posible. Pero debo advertir que aun así va
a requerir del lector una buena dosis de paciencia y tolerancia. Sin
embargo, creo que el resultado final va a ser esclarecedor y nos hará
perder una parte de la poca inocencia que nos va quedando. Por razones
de extensión me voy a centrar en casos referidos a organizaciones y
operaciones de la inteligencia estadounidense. Esto no debe
interpretarse como una intención sesgada de colocarlos en el peor lugar.
La Unión Soviética, Alemania, Francia, Italia, Gran Bretaña, China,
Japón, etc., no le van a la saga. Pero esta tarea se haría interminable.
Me voy a
valer de síntesis y citas de investigadores reconocidos que han aportado
mucha información creíble. Esta información puede dejar cierto margen de
dudas respecto de la fidelidad con que son abordados los hechos. Si la
objetividad en la información está siempre teñida con la mirada de quien
escribe, mucho más lo está en temas como el presente. Aún así, creo que
es fundamental para un intento de pensamiento crítico entrar en contacto
con estas informaciones y estas historias. Sobre todo en un mundo que a
partir de la década de los ochenta, en los que el neoconservadurismo se
entroniza como factor dominante en el centro del escenario
internacional, logra que todo este tipo de información pase a un segundo
plano hasta desaparecer detrás de las bambalinas. Este es un mundo en el
que la información pasa por unas pocas manos que dominan los medios de
comunicación masiva. Esas pocas manos son las mismas que manejan una
parte muy importante de la economía de este mundo. Son parte de ese
poder que intentaremos descubrir.
28/06/08
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Al terminar la Segunda Guerra Mundial, tras los acuerdos entre los
países aliados triunfadores en la contienda, comenzó un largo período
que se lo conoció como el de la Guerra Fría. El final de esta terrible
tragedia no era tal para muchos sectores importantes del poder mundial.
La existencia de la Unión Soviética, en parte fortalecida por el
triunfo, seguía constituyéndose en un problema difícil de aceptar para
el mundo occidental. Algunas desinteligencias dentro del Estado Mayor de
los aliados con algunos generales estadounidenses que querían continuar
la guerra, pero entonces contra el peligro comunista, como lo
denominaban, fue el emergente de cómo se estaban planteando las cosas.
El manejo exclusivo de la energía nuclear para fines bélicos en manos
del país del norte los posicionaba en una ventaja indiscutible. Pocos
años después, cuando los soviéticos mostraron que habían llegado a
manejar esa tecnología, se tomó conciencia de que una tercera guerra
ponía en peligro la vida sobre el planeta. La década de los cincuenta es
el comienzo entonces de un período largo de paz relativa, con
enfrentamientos en territorios de lo que se conoció como el Tercer
mundo, el de los países pobres.
Esta
relación de fuerzas militares, entendidas como una paridad, llevó a
pensar el escenario político internacional como dividido en dos
territorios: el área de influencia de los EEUU y el área de influencia
del bloque soviético. Dentro de esas dos áreas no habría posibilidad
ciertas de ataques militares, pero quedaba un enorme territorio en el
cual se fueron dirimiendo las diferencias a través de terceros países.
Así se puede entender Corea, Vietnam, como el Caribe y América del Sur.
Como casos claros que se extendieron en el tiempo se pueden señalar,
entre muchos otros, la guerra de Corea y la guerra de Vietnam, en las
que las grandes potencias estuvieron involucradas. El caso cubano
representó una excepción que obligó a un acuerdo específico. Esto
permite comprender cómo funcionaban los acuerdos de paz. El profesor e
investigador Juan Carlos Bergonzi de la Universidad Nacional del Comahue,
expone una síntesis sobre este periodo:
A
principios de la década de 1960 comienza a insinuarse una nueva fase
en la situación política internacional. Se registra por entonces un
doble movimiento interrelacionado: se observan los primeros intentos
de coexistencia pacífica entre las grandes potencias y los bloques
de Estados. A su vez, y no obstante el desarrollo de conflictos
acotados, se está llegando al final de un periodo conflictivo en el
marco de la denominada Guerra Fría. Este cambio en el escenario
internacional no se abre paso con facilidad: existe desconfianza y
el temor al recrudecimiento de los antagonismos, intentos de
acuerdos y marcha atrás en logros alcanzados. Pero los nuevos
tiempos se muestran a favor de la coexistencia y la distensión: la
conferencia en la Cumbre de París de 1960, la entrevista en Viena
entre John Kennedy y Nikita Kruschev en 1961 y la firma del Tratado
de Moscú en 1963 sobre pruebas nucleares constituyen signos de
descompresión en las relaciones del mundo surgido luego de la
conclusión de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Se procura que
las nuevas discrepancias queden acotadas, y sobre ellas se imponen
acuerdos para evitar su propagación o extensión. El caso más
evidente fue la crisis de Cuba de 1962 y su resolución pacífica. El
conflicto del Congo en 1961-1963, Oriente Medio y la guerra de
Indochina quedaron en el marco de la regulación acordada para no
generalizarlos. A partir de 1963 se fueron dando nuevas condiciones
mundiales que dieron el soporte a una nueva situación internacional
en la que predominará la coexistencia pacífica y la distensión entre
las potencias y bloques de Estados.
04/07/08
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"Si la historia la escriben los que ganan…", como reza la canción,
"entonces debe haber otra historia…"y siempre la hay. Sin embargo, en
la mayor parte de los casos se cuenta con una "historia oficial" que es
la que se lee en las academias, en las universidades, y se repite
sumisamente. Para comprender como se cuentan las historias oficiales
leamos como las ve el profesor Samuel P. Huntington, un neoconservador
que se siente avalado por detentar una cátedra en, nada menos, que la
universidad de Harvard. Con este profesor nos volveremos a encontrar
cuando veamos el funcionamiento de las grandes Fundaciones que operan
como mascarón de los poderes internacionales. La etapa que hemos
recorrido anteriormente encuentra un respiro en la Conferencia sobre
Seguridad y Cooperación de Helsinki, de 1975, que intenta enfriar el
contexto internacional. A esta etapa el profesor la llama el inicio de
una tercera ola democrática, también veremos a qué le llama democracia.
Sin
embargo no fue más que una ilusión ya que poco tiempo después, con el
acceso al poder del eje Ronald Reagan (1911-1989), en los EEUU y
Margaret Thatcher en Gran Bretaña, se consolidará un proceso que se
venía gestando desde largo tiempo atrás. La etapa posterior a la segunda
posguerra, había abierto la posibilidad de la descolonización de los
territorios sometidos a las potencias centrales, aprovechando el
agotamiento producido por la contienda. Esta situación permitió a las
potencias intervenir política y/o militarmente para condicionar el
desarrollo de lo que se llamaba la liberación. La década de los setenta
encontró a esas potencias recuperadas y dispuestas a afianzar si poder.
En el caso de los EEUU las heridas de la derrota de Vietnam requerían
ser cicatrizadas. El Partido Republicano no estaba conforme con la
conducción demócrata del presidente Carter, la veía como muy
condescendiente con los soviéticos y demasiado débil. Se venían
preparando para una ofensiva que culminaría con la llegada a la
presidencia de Ronald Reagan. Estamos frente al comienzo de la
revolución conservadora, a partir de la cual las tensiones irán en
aumento. El profesor Huntington describe la etapa con estas palabras:
El
Acta Final, firmada por los jefes de gobierno de 35 países europeos
y norteamericano en agosto de 1975, enfatizó "como uno de los diez
principios el respeto a los derechos humanos y las libertades
básicas, incluyendo la libertad de pensamiento de religión o
creencia". El apartado III del acuerdo elaboraba las
responsabilidades de los gobiernos en el sostén del libre flujo de
la información, los derechos de las minorías, la libertad de viajar
y de reunión de las familias. El Acta final fue cuestionada por la
poca credibilidad en el cumplimiento por parte de los países de la
órbita de la Unión Soviética de sus promesas de respetar el campo de
los derechos humanos y como "legitimadora de las fronteras fijadas
por la Unión Soviética en Europa Orienta".
Todas las
culpas y dudas sobre el respeto por lo firmado caen en el campo del
mundo comunista. Comenzar a tirar de la cuerda era parte de la
recomposición del nuevo escenario. La implosión de la Unión Soviética, a
fines de los ochenta, va a configurar un nuevo escenario internacional
que consolida el poder conservador. Si bien ciertos datos podían hacer
pensar que el mundo comunista estaba entrando en un periodo de fuertes
dificultades internas, no era previsible el final que tuvo. La
consolidación del occidente capitalista en las décadas de los ochenta y
noventa mostró un mundo de poder unipolar y la utilización del poder
militar como instrumento de dominación desembozado.
05/07/08
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Comencemos a introducirnos en el seno de las organizaciones que eran
parte de esa Guerra fría, aunque atenuada pero no desaparecida, hoy
siguen mostrando como funcionaba este poder.
El
Club Bilderberg.- Una de las últimas ediciones de la cumbre de Bilderberg se
celebró entre el 15 y el 18 de septiembre de 2003 en el Hotel Trianon
Park de Versalles. La prensa convencional mundial apenas si ha publicado
unas líneas sobre el encuentro, a pesar de que la combinación de
invitados es más que llamativa y podría ser noticia de primera plana.
Cabía preguntarse: ¿qué hacían bajo el mismo techo los directivos de
France Telecom, la Coca-Cola, The Wall Street Journal, el consejero de
Relaciones Públicas de Tony Blair, la Banca Morgan, el gobernador del
Banco de Francia y el primer ministro de Dinamarca? Un selecto club que
estaba próximo a celebrar su 50 aniversario.
Entre los
políticos que se presentaron en Versalles también se hallaban relevantes
miembros de la Administración Bush como Richard Perle y Paul Wolfowitz;
el ex presidente francés Valery Giscard D'Estaing (artífice del proyecto
de Constitución Europea), Anna Lindh (la ministra de Asuntos Exteriores
sueca asesinada el pasado septiembre de 2005), Klaus Schwab (presidente
del Foro de Davos) y José M. Durao (primer ministro portugués). Otras
multinacionales y empresas congregadas en Bilderberg en esa cumbre
fueron la Danone, la Danish Oil and Gas Corporation y la Heineken N.V.
Entre los representantes de los medios de comunicación, estaban Juan
Luis Cebrián (Prisa) y periodistas de Die Zeit, La Republica, Le Figaro
y The New York Times.
La
periodista Magda Bandera, en febrero de 2004 publica, sorprendentemente
en la revista Playboy, una nota que comienza así:
Cada
mes de mayo una caravana de limusinas negras se dirige hasta el
hotel escogido por la organización. En su interior, un centenar de
banqueros, jefes de gobierno, economistas, presidentes de
multinacionales, académicos y responsables de los medios de
comunicación. Todos ellos se encierran durante un intenso fin de
semana pocos días antes de la reunión del G8. El sistema de
seguridad para proteger a este grupo es tan elitista como sus
miembros. Entre ellos, varios agentes de la CIA. La prensa está
prohibida. Nadie informa sobre lo que allí se debate, no hay fotos
oficiales. Las reuniones anuales de esta selecta asociación,
conocida como
Club Bilderberg, se celebran desde 1954 en "una
atmósfera de estricto secretismo". Así las define la mismísima
Enciclopedia Británica. Ellos se defienden de las acusaciones de
"oscurantismo" alegando que no son "un club secreto, sino privado".
La
pregunta siguiente sería, entonces: ¿qué es ese club? Veamos. El
príncipe Bernardo de Holanda fue el primero en imaginar "una entidad
destinada a fortalecer la unidad atlántica, para frenar el expansionismo
soviético y a fomentar la cooperación y el desarrollo económico de los
países del área occidental". Para constituirla, el padre de la actual
reina de Holanda contó con el apoyo de la Banca Rothschild, de
Rockefeller y de Henry Kissinger, quienes desde el principio forman
parte del núcleo fuerte del grupo, al que algunos han bautizado como
"los sumos sacerdotes del capitalismo". Según los expertos en Bilderberg,
el Club funciona como un sistema de círculos concéntricos.
Institucionalmente, esta asociación cuenta con un comité directivo -el
Steering Comitte- compuesto por unas cuarenta personas. Éstas escogen a
los invitados de la edición del año en curso según la agenda temática
prevista. La norma más o menos establecida es que cada uno de los
miembros del comité directivo invite a otras dos personas. En total,
unas ciento cincuenta personas como máximo. Los miembros del Steering
Comitte debaten sobre los asuntos más discretos. Después, el centenar
largo de asistentes celebra otras reuniones de carácter más general. En
ninguno de los casos, las conclusiones se harán públicas, aunque en los
últimos años se emiten unas notas de prensa finales en las que se
enuncian los temas tratados durante el intenso fin de semana.
12/07/08
-
La revista The Economist escribió hace unos años que "cuando alguien
hace escala en Bilderberg, ya llegó". La frase tiene sentido si se tiene
en cuenta que Bill Clinton y Tony Blair asistieron a las cumbres poco
antes de convertirse en los gobernantes de sus respectivos países.
También han tenido mucha repercusión las gestiones de Kissinger y
Agnelli para convencer a Berlusconi de la importancia de que el
bilderberger Renato Ruggiero fuese nombrado ministro de Exteriores. El
último secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, también ha
asistido a las reuniones del Club. En una entrevista que la
investigadora Magda Bandera mantuvo con Arcadi Oliveres, doctor en
Ciencias Económicas por la Universidad Autónoma de Barcelona,
Vicepresidente de Justícia i Pau, le preguntó:
-
¿Cómo fue el primer encuentro de Bilderberg?
- Se
celebró en su clásico ambiente secretista en el Hotel Bilderberg, en
la ciudad holandesa de Oosterbeek. Este lugar es propiedad del
príncipe Bernardo de Holanda, el padre de la actual reina Beatriz. A
pesar de su posición, el príncipe estuvo a punto de ir a la cárcel
por el caso Lockheed. Fue acusado de tráfico clandestino de
armamento. Cobraba comisiones por vender armas de una multinacional
norteamericana.
-
¿Además de las cuotas de sus miembros, cómo se financian los
encuentros?
-
Bilderberg tiene mecenas y entre ellos se destaca la familia
Wallenberg, la principal fortuna de Suecia, gracias a ser accionista
mayoritaria de las empresas Electrolux, Ericsson y ABB. Uno de los
datos más llamativos de todo este entramado es que una de las hijas
de Wallenberg está casada con Kofi Annan. El ex-secretario general
de Naciones Unidas lo fue antes de Bilderberg. Significa, como
mínimo, que cuenta con la aprobación de una importante parte del
establishment norteamericano. Kofi Annan fue nombrado directamente
por Bill Clinton, quien también ha participado en las reuniones de
Bilderberg y la Comisión Trilateral. Los medios de comunicación de
masas no suelen informar sobre estos asuntos. Hay demasiados
intereses económicos en los grandes grupos de comunicación. Como
ejemplo, basta analizar qué pasa en Le Figaro, el diario más vendido
de Francia. Cuando murió el último propietario, sus ocho hijos
decidieron vender el 80% de las acciones. Un 40% fue adquirido por
Serge d'Assault, el primer fabricante de aviones de combate de
Francia, quien tiene prohibida la entrada a Bélgica por negocios
ilegales. El otro 40% ha sido adquirido por el grupo Carlyle, cuyo
principal accionista es George Bush padre. ¿Qué estará dispuesto a
escribir Le Figaro con estos dos señores detrás?
Entre los
miembros actuales de este selecto club se encuentran Bill Clinton, Paul
Wolfowitz, Henry Kissinger, David Rockefeller, Angela Merkel, Jacques
Chirac, Donald Rumsfeld, Toni Blair y George Soros, además de muchos
otros jefes de gobierno, empresarios, políticos, banqueros y periodistas
de países de todo el mundo. Españoles de primer nivel también forman
parte de este selecto club. Entre ellos se encuentran Rodrigo Rato,
Matías Rodríguez Inciarte, Juan Luis Cebrián, Joaquín Almunia, Pedro
Solbes, Loyola de Palacios, José Borrell, Jaime Carvajal de Urquijo y
Javier Solana. Daniel Estulin, periodista de investigación, ha escrito
un libro, La Verdadera Historia del Club Bilderberg, en él sostiene:
El
Club Bilderberg no es una sociedad secreta. No se trata tampoco
de una nueva teoría conspiradora sobre el dominio del mundo. El
Club Bilderberg es totalmente real y tangible. Existe como
institución oficial y se han publicado algunos artículos sobre él.
La prestigiosa BBC británica, por ejemplo, le dedicó su atención el
27 de septiembre de 2005. Sin embargo, en más de cincuenta años de
reuniones en las que se ha producido una concentración inusitada de
poder y dinero en el mismo momento y en un solo lugar, nunca se ha
filtrado ninguna información de lo que se debatía en el Club
Bilderberg. Jamás se ha dejado entrar a la prensa a las
deliberaciones, ni se ha emitido ningún comunicado sobre las
conclusiones a las que habían llegado los asistentes, ni tampoco se
ha hecho pública ningún acta con el orden del día. Directivos del
propio Club Bilderberg han afirmado que esa discreción es necesaria
para que los participantes en los debates puedan hablar con
libertad, sin ver al día siguiente sus declaraciones reflejadas en
los periódicos. Sin duda, esa discreción permite al Club Bilderberg
deliberar con más libertad. Pero eso no responde a la pregunta
fundamental: ¿Sobre qué hablan los más poderosos del mundo en esas
reuniones? Los Secretos del Club Bilderberg se adentran en las
reuniones secretas y explica por qué un grupo formado por políticos,
empresarios, banqueros e individuos poderosos formaron la sociedad
secreta con más poder en el mundo. El 11 de septiembre de 2001, el
Club Bilderberg inició una guerra que "no tendrá fin mientras
vivamos". Esa guerra no se libra en aras de la justicia. Su único
fin es el petróleo.
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