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Darwin passaponti, “un rayo breve y soberano”
Roberto Bardini
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5 - “Darwin Passaponti murió a los 17 años, en una jornada destinada a quedar en la historia de la Argentina. Sin embargo, quien no consiguió quedar en la historia fue él”, afirma Daniel Gutman (1).

 

Esto es cierto, pero sólo en un 50 por ciento. Porque hay que preguntarse: ¿en cuál historia? ¿La escrita por quiénes? ¿La que se dirige a qué clase de público?

 

Gutman tiene razón en parte porque seguramente se refiere a la historia “oficial”, iniciada por Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento, continuada por la Academia Nacional y mantenida hasta hoy por pensadores liberales. La que aún se programa en el ministerio de Educación y se enseña en las escuelas primarias y colegios secundarios. La que se repite en los suplementos dominicales de los principales diarios. La que reaparece de manera continua en frívolos best sellers.

 

Esta historia reivindica a patriotas como San Martín, Manuel Belgrano, Mariano Moreno y muchos otros como próceres inmaculados para figurar en bustos de bronce y recordar en fechas patrias. Antes de morir, el sargento Cabral exclama: “¡Muero contento! ¡Hemos batido al enemigo!”. Lavalle es “víctima”. Urquiza, vencedor en Caseros, pone fin a la “tiranía” de Rosas. Camila O´Gorman y el sacerdote Ladislao Gutiérrez protagonizan una “trágica historia de amor”. Sarmiento es “el padre del aula y maestro inmortal”. Y así, la Academia Nacional de Historia se continúa en Billiken.

 

Pero hay otra historia argentina que corre paralela y no se une con esta otra ni siquiera en el infinito. No dispone de canales de divulgación masivos, ni cuenta con el favor de los sellos editoriales, ni logra un espacio en los medios de comunicación impresos y electrónicos. Esta historia se puede definir de muchas maneras: nacionalista, revisionista, peronista, políticamente incorrecta, alternativa... O como múltiples combinaciones de esos elementos. A pesar de las limitaciones, cuenta con sus autores, seguidores y foros de debate. Tiene tanto peso como la otra, la “oficial” y estática. Y a diferencia de ésta, interactúa. Su principal vehículo de transmisión es internet.

 

“El siglo XX terminó en noviembre de 1989, con la caída del muro de Berlín, y el siglo XXI comenzó en 1993, con la primera difusión en gran escala de internet”, dice el sociólogo francés Alain de Benoist. “Internet es una red cuya circunferencia está en todas partes y cuyo centro no se halla en ninguna parte” (2). Para quienes carecen de rotativas, emisoras de radio y estaciones de televisión,  la herramienta es la web.

 

El contenido lo dicta la memoria, la lucha contra la distorsión, la pelea contra el olvido. Y así, como resultado de la memoria tenaz de los que no tienen vías de expresión convencionales es que el nombre de Darwin Passaponti “quedó en la historia” aunque no lo mencionen los multimedios. Y en esa historia nacionalista, revisionista, peronista y “políticamente incorrecta” ese nombre no es una diminuta nota de pie de página, sino que figura con letras destacadas.

 

“NOSOTROS DISPARAMOS Y MURIÓ UN PIBE NACIONALISTA”

 

El 17 de octubre de 1945 marca el nacimiento del peronismo. A la una de la mañana del 18, cuando termina la concentración en la Plaza de Mayo, manifestantes encabezados por jóvenes de la Alianza Libertadora Nacionalista (ALN) marchan en dirección al edificio del diario Crítica, en Avenida de Mayo 1333. El periódico dirigido por Natalio Botana había manifestado la tarde anterior que Perón era un “mito fascista”. Además, había publicado en primera plana una fotografía de cinco personas que cruzaban la avenida 9 de Julio: “Estas son las huestes del coronel Perón”, decía el título. La foto, tomada en la mañana temprano desde la terraza de un edificio de varios pisos, intentaba transmitir la imagen de una gran vía vacía en la que apenas se veía un minúsculo grupo de personas.

 

Los muchachos peronistas, exaltados, lanzan piedras y rompen los vidrios de las ventanas. Desde la terraza, los pistoleros de Botana disparan sus armas. Parapetados detrás de árboles y las mesas de un bar, algunos militantes de la Alianza responden al fuego. El tiroteo dura hasta las tres de la mañana. Cuando todo termina, en la calle quedan cincuenta heridos y dos muertos.

 

Darwin Passaponti recibe un balazo en la cabeza. Tiene 17 años y es alumno del Colegio Normal Mariano Acosta, donde era delegado de la Unión Nacionalista de Estudiantes Secundarios (UNES). En la solapa de su saco exhibe la insignia de la Alianza Libertadora Nacionalista: un cóndor con las alas desplegadas sobre una pluma y un martillo. Lo llevan al Hospital Durand, pero los médicos no pueden hacer nada. El recién nacido movimiento político aún no daba sus primeros pasos y ya tenía su primera víctima. Más aún: su primer mártir. El otro muerto se llamaba Francisco Ramos, tenía 21 años y también era aliancista. No hay más datos acerca de él.

 

El periodista Jorge Chinetti estaba en el diario aquel día. Muchos años después le relató a Álvaro Abós que “cuando terminó el acto en el que Perón fuera repuesto en el gobierno, de la Plaza de Mayo se desprendió una columna de la Alianza Nacionalista. Entonces vinieron a Crítica y como estaba la puerta cerrada, juntaron en el frente una pila de sillas y de mesas de los cafés de la cuadra, y le prendieron fuego e hicieron una inmensa hoguera. El fuego empezó a tomar los cortinados de los pisos de arriba. Entonces, sacamos las mangueras por la ventana, para apagarlo. Ahí los aliancistas, que estaban armados, nos empezaron a disparar. También un pelotón de la policía montada se sumó a los atacantes, los hicieron subir con las carabinas y tirar contra el diario, que, dirigido por [Raúl] Damonte Taborda, era antiperonista hasta esa fecha. Al final nosotros disparamos, y murió un pibe nacionalista, Darwin Passaponti; desde entonces todos los años iban para esa fecha, tiraban piedras y gritaban 'Darwin Passaponti presente' y hacían el saludo fascista” (3).

 

A LA VERA DE LOS CAMINOS

 

Darwin Passaponti nace el primero de noviembre de 1927, en Zenón Pereyra, un pueblo de Santa Fe fundado en 1887. Su madre es Cándida Quiroga, entrerriana y ferviente católica. Su padre, Trento Passaponti, es farmacéutico, escritor y anarquista. Entre sus obras se cuentan la pieza teatral La hora incierta, de 1938, y la novela La Chacra del Mangrullo, publicada en la década del 40. Los dos se habían conocido en la Universidad de Tucumán. No muchas mujeres llegaban a ese nivel de estudios en aquellos tiempos. Y a las que llegaban se las consideraba “de avanzada” (4).

 

En La Chacra del Mangrullo, Trento Passaponti expresa su amor y el de toda su familia por el campo –también tenía dos hijas, mayores que Darwin– y describe las luchas sociales de la época. “Está cubierto el suelo argentino, a lo largo de sus líneas férreas. Son los apellidos de accionistas ingleses a quienes les correspondió la regalía de una legua de campo a cada lado de los ferrocarriles. Nuestros gobiernos, con un sentido nacionalista muy personal, dejaron en las manos de esos pioneros la tierra pampa que aún no se recuadraba en chacras de agricultores gringos”.

 

Y más adelante, agrega: “No fue el gringo cocoliche y pizzero quien aventó al gaucho a la vera de los caminos. No fue la insensibilidad de nuestros gobiernos, frente a la inicua explotación que de ese sector nativo hizo nuestra oligarquía patricia. Los enormes feudos en manos de las llamadas 200 familias dedicadas a la explotación ganadera, tenían un puestero, cubriendo miles de hectáreas; su vivienda era un rancho miserable, su paga ni siquiera se expresaba en jornal” (5).

 

Cuando el hijo varón tiene seis años, una mala racha económica impulsa a la familia Passaponti Quiroga a mudarse a Buenos Aires, donde se instalan en el barrio de Caballito. Abren una farmacia y viven en la parte trasera. Ya adolescente, Darwin hace planes para ingresar a la Marina. Y es entonces cuando se siente atraído por las banderas de combate de la UNES y la ALN.

 

LOS POSTULADOS DE LUCHA

 

La UNES había sido fundada el 5 de junio de 1935 por Juan Enrique Ramón Queraltó, hijo de un comerciante español importador de juguetes. La organización estudiantil era un ala de la Legión Cívica, grupo paramilitar surgido por un decreto del general José Félix Uriburu en mayo de 1931. Ya entonces publicaba un irregular periódico llamado Tacuara. Seis años después, Queraltó crea la Alianza de la Juventud Nacionalista (AJN). El Primero de Mayo de 1938, la AJN compite con partidos y sindicatos anarquistas, socialistas y comunistas en la celebración del Día del Trabajo. En 1941, tiene once mil cotizantes (ocho mil hombres y tres mil mujeres), mayoritariamente concentrados en la ciudad de Buenos Aires.

 

Los Postulados de nuestra lucha, programa de la organización, impulsaba la creación de un Estado corporativo, la implantación del catolicismo como religión oficial y la disolución de todos los partidos políticos. Hasta ahí, la propuesta no se diferencia del nacionalismo tradicional de los “niños bien”. Sin embargo, en lo económico postula limitar la propiedad privada, colocar a los grandes capitales bajo el control federal para que el Estado “evite que el egoísmo individual lesione las conveniencias generales”, y nacionalizar el petróleo y los servicios públicos. A pesar de su anticomunismo, el programa incluye una especie de reforma agraria, a través de la división en parcelas de los latifundios y las tierras fiscales, para que “quienes posean la tierra puedan trabajarla y quienes trabajen las tierras puedan poseerla”. Además, también a diferencia del nacionalismo aristocratizante, plantea el acercamiento a otros pueblos de América latina.

 

En mayo de 1943 toma el nombre de Alianza Libertadora Nacionalista (ALN) y poco después posee un local en la esquina de Corrientes y San Martín. No obstante, el antisemitismo de la jefatura impide su crecimiento político y poco a poco termina convirtiéndose en un grupo de choque.

 

EL RECUERDO DE “NUESTRO PRIMER PERONISTA”

 

El  20 de diciembre de 1967, desde Madrid, Juan Domingo Perón le escribe a Trento Passaponti:

 

“Querido compañero:

 

“He recibido y le agradezco el envío de su libro La Chacra del Mangrullo, como las generosas palabras de su dedicatoria. No sabe usted el placer que he tenido al leerlo porque yo he nacido en la estancia de mi padre en Lobos y he crecido después en otra estancia en la Patagonia, de manera que todo cuanto usted menciona me es casi familiar. Muchas gracias por el buen rato que me ha proporcionado con tantos recuerdos.

 

“Su amabilidad me ha traído el recuerdo de su hijo Darwin Passaponti, nuestro primer peronista, muerto el 17 de octubre de 1945 frente a Crítica y desde aquí me uní al homenaje que el Peronismo en su tumba rindió con motivo del aniversario de su fallecimiento y que en esta ocasión rememoro con emoción.

 

“Le ruego acepte, con mi saludo más afectuoso, mi agradecimiento por todo.

 

“Un gran abrazo (6).

 

Francisco Pestanha escribe que Eva Duarte, Darwin Passaponti y otros representantes de los sectores político, sindical y militar “aportaron a los acontecimientos del 17 [de octubre] la cuota de empeño y bravura que todo hito de esas características presupone, quedando la estulticia y la necedad, para todos los integrantes de aquella tristemente recordada ‘coincidencia’ entre la embajada estadounidense, los liberales, los comunistas, los socialistas, los conservadores, los radicales, los ultracatólicos, ciertos nacionalistas reaccionarios, los terratenientes y gran parte de los empresarios e industriales” (7).  

 

El abogado Mariano Ciafardini, licenciado en Criminología y ex director Nacional de Política Criminal del Ministerio de Justicia, posiblemente sea un actual representante de esa variopinta “coincidencia de estulticia y necedad” mencionada por Pestanha. Cuatro años atrás, Ciafardini definió a los peronistas como “masa que podía estar dispuesta, al menos en parte, a salir a manifestar, a pintar paredes, incluso a enfrentarse con piedras y palos con la policía por el regreso de Perón; pero que ni por asomo estaba todavía decidida a luchar (arma en mano si fuera necesario) por el socialismo en el sentido en el que Marx lo entendía” (8).

 

Y a continuación, una auténtica perla que aporta un eslabón más a esa historia “no oficial” que se mencionó al principio de este artículo. El entonces Síndico General de la Nación, Rafael Bielsa, arremetió contra el criminólogo Ciafardini con ímpetu setentista y reivindicó a Darwin Passaponti.

 

El hombre que en 2003 se iba a convertir en el canciller del gobierno de Néstor Kirchner, recuerda la interpretación del 17 de octubre de 1945 que en su momento hizo el diario Orientación mediante una caricatura en la portada: un individuo con antifaz y gorra a cuadros (que se suponía era el general Perón) y una corista de pollera con tajo y medias caladas (que representaba a Evita). Los dos están subidos sobre la caja de un camión lleno de delincuentes. Sostienen una caña de pescar en cuyo anzuelo hay una salchicha que le introducen en la boca a un obrero (el “cabecita negra”) con los ojos vendados. “Pero si ésa era la historia que escribían los que creían que iban a ganar, eso quería decir que había otra historia”, razona Bielsa.

 

El abogado rosarino destaca que hoy nadie “osaría hablar del movimiento justicialista con semejante desdén e irrespeto, el único movimiento cuya lista de mártires del 55 en adelante es interminable”. Y concluye: “Una demasía que el autor comete […] es negar a Darwin Passaponti, el único muerto del 17 de octubre supliciado por un grupo comunista frente al diario Crítica” (9).

 

Joven e idealista, ajeno a las miserias de la política y a los vaivenes de los polìticos, Darwin Passaponti dejó escrito un poema que, a 60 años de su muerte, es inevitable ver como una precoz premoción y un perfecto epitafio:

 

Quise cruzar la vida

con la luz del rayo

que el espacio alumbra,

seguro de no vivir más que un instante,

seguro de no morir debilitado.

Así como el rayo,

corto, breve y soberano.

 

- - - - - - - - - - - - - - -

Notas

 

(1) Tacuara, historia de la primera guerrilla urbana argentina, Vergara-Grupo Z, Buenos Aires, mayo de 2003, pág. 21.

 

(2) “La era de las redes”, Diorama Letterario 208, Italia, noviembre de 1997.

 

(3) Abós, Álvaro, El Tábano (Vida, pasión y muerte de Natalio Botana el creador de Crítica), Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2001.

 

(4) Julio Rimondi, “Darwin Passaponti, primer mártir del peronismo”, en http://pampadigital.org

 

(5) Idem.

 

(6) Enrique Pavón Pereyra (compilador), Correspondencia, tomo III, editorial Corregidor, abril de 1985, pág. 95. Citado por Julio Rimondi.

 

(7) “Entre cauces y catacumbas - Una mirada sobre el 17 de octubre de 1945”, www.pensamientonacional.com.ar, 11 de octubre de 2004.

 

(8) “Masas y teoría revolucionaria”, Página 12, 4 de febrero de 2001.

 

(9) “Teoría del cadáver de la Nación”, Página 12, fotocopia sin fecha

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