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Roberto Bardini
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0280706 - Bambú Press -
El año que Medio Oriente llegó al borde del abismo

El abogado y periodista Theodor Herzl, nacido en Hungría en 1860 y fallecido en Austria en 1904, es el fundador del sionismo moderno y el gran estratega del parto –sin anestesia y con fórceps– del Estado de Israel.

 

Herzl se inspira en las ideas del médico León Pinsker (1821-1891), nacido en Odessa, Ucrania, quien impulsó la instalación de las primeras colonias agrícolas judías en Palestina. En su libro Autoemancipación, publicado en Francia un año después de su muerte, Pinsker acuñó la palabra “judeofobia” para definir lo que él consideraba una “enfermedad hereditaria e incurable”.

 

En 1894, Herzl se encuentra en Francia cuando estalla el affaire Dreyfus, como se conoce el juicio por “traición a la patria” al capitán Alfred Dreyfus, de origen judío, acusado falsamente de ser espía al servicio de Alemania. El escándalo desencadena reacciones a favor y en contra en toda Europa. El periodista se convence de que el antisemitismo es un problema sin solución y que no tiene sentido la asimilación del “pueblo elegido” en los diversos países en los que se halla disperso.

 

“El Estado Judío” (1896)

 

Theodor Herzl publica El Estado Judío en 1896 y propone que “el problema” se transforme en una cuestión de política internacional, con la intervención de las grandes potencias de la época.

 

Inicialmente, el libro no tiene buena recepción en los sectores judíos partidarios de la integración en los distintos países. Pero Herzl es incansable: presiona a millonarios de origen judío, visita casi todas las cancillerías de Europa, se entrevista con el kaiser alemán Guillermo II, el rey italiano Víctor Manuel II, el Papa Pío X y funcionarios de la Rusia zarista. También solicita al sultán turco Abdul Hamid II que le otorgue parte del territorio de Palestina –en ese momento ocupada por el Imperio Otomano– a cambio de respaldo económico judío.

 

Si Su Majestad el Sultán nos diera Palestina, nos comprometeríamos a sanear las finanzas de Turquía”, escribe en El Estado Judío. “Para Europa formaríamos allí parte integrante del ba­luarte contra el Asia: constituiríamos la vanguardia de la cultura en su lucha contra la barbarie. Nos mantendríamos como Estado neutral, en relación constante con toda Europa, la cual debería garantizar nuestra existencia”.

 

La puesta en práctica de las hipótesis de El Estado Judío provocará en 1948 un cataclismo artificial de consecuencias topográficas y geopolíticas sin antecedentes en la historia, inversamente proporcional al hundimiento de la mitológica Atlántida. En sus Diálogos, Platón describió la desaparición de un continente de leyenda en el Océano Atlántico; Herzl da la receta para el violento trasplante de un país surgido de la noche a la mañana en las arenas de un territorio que ya era ajeno.

 

El Congreso de Basilea (1897)

 

En 1897, convertido en agitador político, Herzl comienza a editar Die Welt (“El Mundo”), primer periódico sionista oficial, mientras impulsa la creación de la Organización Sionista Mundial y promueve el Primer Congreso Sionista, que se realiza ese mismo año en Basilea, Suiza, con la intención de crear un “hogar nacional” judío en Palestina.

 

El congreso se inaugura el 29 de agosto de 1897, con la asistencia de 197 representantes de todo el mundo. Al final del encuentro, se anuncia que “el sionismo aspira a establecer una patria para el Pueblo Judío en la Tierra de Israel garantizada por el derecho internacional” y se adopta la bandera azul y blanca con el maguen David (estrella de seis puntas). Se decide “promover a través de los medios adecuados el asentamiento de la Tierra de Israel por agricultores, artesanos y productores” y dar “los pasos necesarios para obtener el consentimiento de los gobiernos para la realización de las metas sionistas”.

 

Herzl tampoco descarta crear una colonia judía en la provincia argentina de Entre Ríos o en tierras africanas. En 1903 piensa en Uganda y en Sudáfrica, donde el racista inglés y traficante de diamantes Cecil Rhodes, ha inventado un país con su nombre: Rhodesia. “Si me pregunta por qué me dirijo a usted, señor Rhodes, le diré que es porque mi programa es un plan colonial”, escribe el periodista austrohúngaro.

 

El dirigente muere en 1904, a los 44 años de edad, sin ver que su violenta utopía se realizará... 44 años después. “En Basilea fundé el Estado Judío. Quizás en cinco años, seguro dentro de cincuenta, todos lo sabrán”, había escrito en su diario íntimo al finalizar el Primer Congreso Sionista en Suiza.

 

En Basilea se firmaron simultáneamente el acta de nacimiento de un pueblo sin tierra y el certificado de defunción de un territorio poblado por árabes: Palestina, donde en ese tiempo sólo hay 24 mil judíos que conviven con los árabes nativos y se consideran hermanados por el mismo origen semita.

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La Declaración Balfour (1917)

 

Para ganarse el apoyo de la comunidad judía, el ministro de Relaciones Exteriores británico Arthur James Balfour se compromete en una breve carta dirigida el 2 de noviembre de 1917 al banquero Lord Lionel Walter Rothschild a apoyar la constitución de un “hogar nacional” judío en la Palestina ocupada por los turcos.

 

El barón Rothschild es amigo del químico y dirigente sionista Jaim Weizmann, nacido en Rusia y profesor en la Universidad de Manchester, quien ha sido delegado en el congreso de Basilea y se destaca como experto en explosivos. En 1949, Weizmann será el primer presidente del recién creado Estado de Israel.

 

La Declaración Balfour informa: “El gobierno de Su Majestad considera favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío, y se esforzará todo lo que sea posible para facilitar la consecución de este objetivo, quedando claramente entendido que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina”.

 

Así, Gran Bretaña adquiere por medio de un documento no oficial un compromiso sobre un territorio que en ese momento no controla. Su posterior dominio sobre Palestina, otorgado por la Sociedad de Naciones después de la Primera Guerra Mundial, tampoco le confiere autoridad legal para determinar el futuro de la región.

 

En esa época, Palestina tiene 700 mil habitantes: 574 mil musulmanes, 74 mil cristianos y 56 mil judíos. Todos conviven en paz.
 

El Mandato británico en Palestina (1920)

 

Luego de la derrota del Imperio Otomano en la Primera Guerra, la Sociedad de Naciones otorga en 1920 a Gran Bretaña el Mandato sobre Palestina y Transjordania. La zona bajo dominio inglés abarca lo que hoy es Jordania, Israel, Cisjordania, la Franja de Gaza y el Golán.

 

En 1925, los habitantes judíos de Palestina se han duplicado: son 108 mil. Aún así, el censo oficial de 1931 indica que, del total de poco más de un millón de pobladores, sólo 174 mil son judíos.

 

En esta etapa, los dirigentes sionistas europeos promueven la compra de propiedades. Los palestinos comienzan a ser expulsados de sus aldeas o son despojados de sus tierras. En 1929 y 1936-39 estallan revueltas árabes y los británicos limitan la inmigración. La respuesta de los grupos sionistas –que se han organizado en los grupos paramilitares Haganá, Irgún y Stern– es una serie de atentados contra árabes e ingleses.

 

La Haganá (“Defensa”, en hebreo), más moderada que las bandas terroristas Irgún y Stern, será la columna vertebral del futuro ejército israelí. Cuenta con diez mil combatientes y más de 40 mil reservistas.

 

El 22 de julio de 1946, el Irgún ataca con dinamita el hotel King David, de Jerusalén, donde está instalado el Estado Mayor británico. Mueren casi cien árabes, ingleses y judíos. El jefe del atentado terrorista ha nacido en Bielorrusia y le falta un mes para cumplir 33 años. Se llama Menagen Begin y en 1977 se convertirá en primer ministro de Israel.

 

El 9 de abril de 1948, Begin dirige la masacre de Deir Yassin, una aldea de poco más de 700 habitantes, en la que son asesinados 254 palestinos, entre los que hay 50 mujeres y niños.

 

El 17 de septiembre de 1948, la Irgún asesina a tiros al conde sueco Folke Bernardotte, comisionado de la ONU en Palestina. Un día antes, Bernardotte había entregado un informe a la organización mundial en el que describía la destrucción de 400 aldeas árabes y la situación de 750 mil palestinos convertidos en refugiados en países vecinos.

 

En 1978, Begin compartirá con el mandatario egipcio Anwar al Sadat el Premio Nobel de Paz.

 

La creación de Israel (1948)

 

El auge del nazismo en Europa y el exterminio de judíos en la Segunda Guerra Mundial, provoca que miles busquen refugio en Palestina. En realidad quieren ir a Estados Unidos, pero sólo les permiten entrar a cuentagotas, y son “empujados” por las organizaciones sionistas hacia la región árabe.

 

Entre el fin de la Primera Guerra y el término de la Segunda, hay en ese territorio 450 mil judíos, un tercio de la población.

 

Al aumentar la tensión entre los nativos y los recién llegados, Gran Bretaña transfiere el problema a la ONU. La Asamblea General de noviembre de 1947 decide –a pesar de la oposición del mundo árabe– la partición del territorio en dos países separados, uno palestino y otro judío, así como la “internacionalización” de Jerusalén por albergar sitios religiosos del judaísmo, el cristianismo y el islamismo.

 

El 15 de mayo de 1948 se declara oficialmente la creación artificial de Israel. Las nuevas autoridades dan el primer paso en lo que será una constante en los siguientes 58 años: ignorando las resoluciones de la ONU, presentan la Declaración de Independencia tres meses antes de la fecha especificada y sin precisar las fronteras del nuevo Estado.

 

Como reacción, 21 mil soldados de Egipto, Irak, Líbano, Siria y Transjordania invaden al flamante país. Es un nuevo desastre. Mientras el “ejército” libanés tiene mil hombres, por ejemplo, sólo la Haganá dispone de 90 mil combatientes. Las fuerzas árabes, mal equipadas y peor dirigidas, se retiran después de 15 meses de guerra. Israel se anexiona un 26 por ciento más de territorio.

 

De 1948 a 1951, llegan 700 mil judíos. En el mismo período, casi 800 mil árabes se ven obligados a irse de su patria.

 

Nace la OLP (1964)

 

El 26 de julio de 1956, el presidente egipcio Gamal Adbel Nasser nacionaliza el Canal de Suez, cuyos principales accionistas y beneficiarios son Francia y Gran Bretaña. Los dos países atacan Egipto en octubre, con la colaboración de Israel. Intervienen las grandes potencias: la Unión Soviética amenaza a los agresores con represalias atómicas y Estados Unidos presiona a París, Londres y Tel Aviv para que cesen la intervención.

 

El 27 de mayo de 1964, luego de una reunión de 422 delegados del Consejo Nacional Palestino –en el que particicipan empresarios, personalidades de la cultura, delegados sindicales y representantes de los refugiados– se anuncia en Jerusalén la creación de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Cinco años después, el ingeniero Yaser Arafat se convierte en su líder.

 

Del 5 al 10 de junio de 1967, el ejército israelí invade Egipto. En la llamada Guerra de los Seis Días, Israel se apodera del Sinaí egipcio, la franja de Gaza, Cisjordania y los Altos del Golán sirios. El Estado Judío pasa de 20 mil kilómetros cuadrados de superficie a más de cien mil.

 

El rey Hussein de Jordania, preocupado por las incursiones armadas de Israel a su territorio, desencadena el 16 de septiembre de 1970 un ataque contra la OLP y los refugiados palestinos. En una semana mueren diez mil, 15 mil resultan heridos y el resto busca refugio en Líbano. Alrededor de 400 mil personas terminan hacinadas en los campos de refugiados de los alrededores de Beirut. La matanza en Jordania pasa a ser recordada como “septiembre negro”.

 

En octubre de 1973, durante la celebración religiosa judía de Yom Kipur (“Perdón”) y del islámico Ramadán (jornadas de ayuno), Egipto y Siria de lanzan contra Israel, que por primera vez desde su creación no logra vencer a los ejércitos árabes. La victoria, sin embargo, no representa la recuperación de ninguno de los territorios ocupados.

 

El 13 de noviembre de 1974, Yasser Arafat es el el primer representante del movimiento de liberación, no de un Estado miembro de la ONU, invitado para hablar en la Asamblea General. El organismo reconoce a la OLP como representante del pueblo palestino –estimado en ocho millones de personas– y le otorga la calidad de observador. En su discurso, Arafat pronuncia una frase famosa: “He venido aquí con una rama de olivo y el fusil de quien lucha por la libertad. No permitan que la rama de olivo caiga de mi mano”.

 

La primera invasión a Líbano (1982)

 

La rama de olivo cae el 13 de noviembre de 1975, cuando comienza la guerra civil de Líbano. Las falanges católicas maronitas atacan a milicias cristianas, nacionalistas musulmanas y de izquierda que apoyan a la OLP. Los palestinos constituyen el diez por ciento de la población.

 

Al año siguiente, por mandato de la Liga árabe, 20 mil soldados sirios llegan a Líbano para poner orden. Beirut se divide en dos: el norte, para los cristianos; el sur, para los musulmanes.

 

El 6 junio de 1982, por orden del ministro de Defensa israelí, Ariel Sharon, 60 mil soldados invaden Líbano. En los primeros días mueren 18 mil personas y 30 mil son heridas. La OLP abandona el país el primero de septiembre rumbo a Túnez. Quince días después, las falanges maronitas –con respaldo del ejército israelí– entran a los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila, en la periferia de Beirut, y en 48 horas asesinan a tres mil 500 personas, la mayoría mujeres, niños y ancianos.

 

Los israelíes permanecen tres años en el sur de Líbano y comienzan a retirarse paulatinamente hasta abandonar el país recién en 2000, ante la ofensiva de Hisbolá. El conflicto ha causado la muerte de 150 mil libaneses, el exilio de una cuarta parte de la población y la quiebra de una de las economías prósperas de Oriente Medio. En octubre 1985, Israel bombardea el cuartel general de la OLP en Túnez.

 

El combate por la paz (1993-1995)

 

El 9 de diciembre de 1987 comienza la primera intifada (“levantamiento”) palestina en Cisjordania y Gaza. Ese mes, en la Asamblea General de la ONU, reunida en Ginebra, Arafat condena el terrorismo en todas sus formas. Washington acepta iniciar el diálogo con la OLP.

 

Al año siguiente, el Consejo Nacional Palestino, reunido en Argel, proclama el Estado Independiente de Palestina, con Arafat como presidente, y reconoce la existencia del Estado de Israel.

 

En un paso decisivo para la coexistencia, 13 de septiembre de 1993 el primer ministro Isaac Rabin y Arafat firman una Declaración de Principios para un autogobierno palestino, que ha sido elaborada secretamente en Oslo por Israel y la OLP. Rabin reconoce a la organización como única representante de los palestinos. El acuerdo prevé un plazo de cinco años para obtener la autonomía de Cisjordania y la franja de Gaza, además de elaborar un estatuto sobre el futuro de Jerusalén.

En 1994 se establece la Autoridad Nacional Palestina (ANP). Al año siguiente, Rabin y Arafat firman en Washington el acuerdo provisional para Cisjordania y la franja de Gaza. Las tropas israelíes comienzan a retirarse lentamente de las principales ciudades árabes y se fijan elecciones en Palestina para enero de 1996. Todo parece ir bien, pero el 4 de noviembre de 1995 un estudiante judío de extrema derecha asesina al primer ministro durante un en la Plaza de los Reyes de Israel. Shimon Peres remplaza a Rabin.

En enero de 1996, Arafat es elegido presidente de la Autoridad Nacional Palestina. En abril, Israel y Líbano llegan a un acuerdo de alto el fuego y establecen las bases para futuras negociaciones. Pero en mayo gana las elecciones Benjamín Netanyahu al frente de una coalición que agrupa la extrema derecha y los partidos religiosos, y paraliza el proceso de paz. Las tensiones se agravan cuando en 1997 el nuevo gobierno decide construir una colonia judía sobre la colina de Abu Gneim, en la parte árabe de Jerusalén.

 

El regreso de los halcones (2001)

 

En 1999, a pedido del presidente William Clinton, el gobierno israelí negocia con la Autoridad Nacional Palestina y se compromete a cumplir en tres meses el retiro en un 13 por ciento de los territorios cisjordanos ocupados, tal como habían acordado Rabin y Arafat. A cambio, la ANP se propone reprimir con mayor dureza a los grupos terroristas que operan en el territorio. En mayo se cumple el plazo previsto por los acuerdos de 1993 para la finalización del período transitorio de autonomía palestina, pero Israel no ha cumplido nada de lo acordado.

 

El 28 de septiembre de 2000, el entonces ministro de Relaciones Exteriores, Ariel Sharon, conocido como “el carnicero de Sabra y Chatila”, realiza una provocadora visita a la Explanada de las Mezquitas en Jerusalén y genera graves enfrentamientos. Comienza la segunda intifada, que se extiende a Cisjordania y la Franja de Gaza, y causa dos mil muertos y más de cien mil heridos.

 

Las tensiones aumentan cuando Sharon es elegido primer ministro en febrero de 2001 en representación del partido Likud, de derecha. A partir de ese momento se inicia el proceso de violencia en aumento, cuyas consecuencias llegan hasta hoy.

 

El ejército israelí aumenta la represión en los territorios nuevamente ocupados. A partir 2002 se restringen los movimientos de la población árabe, se destruye toda la infraestructura de la ya débil ANP y se produce la matanza de palestinos en el campo de refugiados de Yenín, donde mueren cien personas cuando los ocupantes atacan con helicópteros y tanques. Como reacción, aumentan los atentados suicidas. El gobierno israelí contraataca: decreta el final de los acuerdos Rabin-Arafat, legitima la tortura como método de interrogatorio, aplica una política de “tolerancia cero” y ordena disparar a matar.

 

Punto muerto

 

Desde antes de la muerte de Arafat en noviembre de 2004, las negociaciones palestino-israelíes descarrilan por el choque de posiciones extremas de una y otra parte. La situación se agrava a partir de inicios de 2006, cuando surgen dos nuevas figuras: Ehud Olmert, del partido Kadima, creado por Sharon en 2005, e Ismail Haniyeh, de la organización Hamas, surgida en 1988 al calor de la intifada del año anterior.

 

Contemporáneos y pragmáticos, ambos tienen algunos aspectos en común. Olmert, nacido en un campo de entrenamiento de la Irgún e hijo de un seguidor de Begin, se graduó en Filosofía y Derecho por la Universidad Hebrea de Jerusalén, y fue un cercano colaborador de Sharon. Haniyeh, nació en un campamento de refugiados, se diplomó en Literatura por la Universidad Islámica de la Ciudad de Gaza y fue asistente del fundador de Hamas, el jeque Amed Yasin.

 

Olmer, quien asume el cargo de primer ministro en funciones en enero de 2006 debido al derrame cerebral que sufrió Sharon, es elegido líder de Kadima y gana las elecciones del 28 de marzo. Haniyeh queda como primer ministro palestino luego del aplastante triunfo de Hamas en las comicios del 25 de enero de este año.

 

Sin embargo, el pragmatismo de uno y otro no basta para generar un acercamiento. La situación se polariza peligrosamente y vuelve a un punto muerto. En este retroceso, el ejército israelí reasume su función de ocupante en los territorios autónomos y la resistencia islámica incrementa los atentados. Los resultados están a la vista: a partir del 12 de julio el conflicto se ha extendido a Líbano y, si no se impone el sentido común, 2006 será el año en que Medio Oriente llegó al borde del abismo.

 

Desde mediados la década del 60, cuando decidieron que la cantidad de víctimas del nazismo era de seis millones, los judíos mantienen permanentemente vivo el recuerdo de la Shoah (“Holocausto”) a través del la literatura, el cine y los testimonios de supervivientes. Del otro lado de la barricada, aunque no hay best sellers que lo recuerden, ni lacrimógenas películas de Hollywood, ni series de televisión, ni artículos conmemorativos en los grandes medios de comunicación, a partir del 15 de mayo de 1948 los palestinos recuerdan con dolor a ese año. Le llaman Al Nakba: “La Catástrofe”.

 

Textos consultados:

 

Lionel Dadiani, Anatoli Piaskovski y otros, Pasado y presente del sionismo, editorial Estudios, Buenos Aires, 1976.

 

Roger Garaudy, El caso de Israel, Liga de Estados Árabes, México, 1987, y Los mitos fundacionales del Estado de Israel, Gedisa, Barcelona, 1991.

 

Pablo Montero, Israel-Palestina: rompecabezas para armar, ediciones Zona, México, 1986.

 

Mario Muchnik, Mundo judío, Lumen/Mairena, Buenos Aires, 1984.

 

Sophie Vidal Martins, La patria usurpada, editorial Nuestro Tiempo, México, 1992.


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