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Otros textos del autor
Saddam Hussein y la
niña |
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230806 -
Bambú Press -
En 1949, el jurista
Jacques Bernard Herzog,
ex miembro del
Tribunal Militar Internacional de Nüremberg
que juzgó a los derrotados en la Segunda Guerra Europea, dio una
conferencia en Chile y suministró un dato para tomar en cuenta: desde
1496 antes de Cristo hasta 1945
–es
decir, durante más de tres mil años– sólo hubo en el mundo
268 años de paz. Es decir, nada. En ese tiempo, según
La historia le da la
razón al pensador alemán
Ernst Jünger, quien en El combate como experiencia interior,
publicado en 1922, escribió: “El sentimentalismo debe esfumarse,
adaptarse a la horrible simplicidad de ese objetivo: el aniquilamiento
del adversario. Es éste un axioma que debe realizarse durante todo el
tiempo que los hombres hagan la guerra, y habrá guerras mientras existan
los hombres”.
Tomando en cuenta el dato de Herzog y el axioma de
Jünger, es
posible que los historiadores del futuro describan a esta época como un
contradictorio período de crueldad, cinismo, hipocresía y estupidez.
Quizá los cronistas documenten que a inicios del tercer milenio ese
amorfo conglomerado identificado con el eufemismo de “humanidad”
retrocedió a una época comparable con el Reinado del Terror –pero a
escala mundial– de la Revolución Francesa, que en sólo un año y tres
meses (de
abril de 1793 a julio
de 1794) juzgó y condenó a muerte a 40 mil personas en nombre de la
libertad, igualdad y fraternidad.
Salvo que en estos
últimos tres años el fiscal haya deambulado por las nubes –como el joven
Alí, legendario personaje de las Mil y una noches que sobrevolaba
Bagdad sobre una alfombra mágica– debería tener presente el lado oscuro
de las crónicas de guerra protagonizadas por los invasores
estadounidenses. Como, por ejemplo, las torturas a sus compatriotas
cometidas en la
prisión de
Abu Ghraib. O el angelical rostro de la soldado Lynndie England, una
diminuta sádica de 22 años, ex trabajadora de
una planta procesadora de pollos en Virginia Occidental, posando
sonriente ante la cámara mientras vejaba a prisioneros desnudos. Pero,
bueno, los árabes son fatalistas: el fiscal que en lugar de preocuparse
por los derechos civiles de sus conciudadanos busca la muerte de Saddam
Hussein, seguramente tiene claro que algún día volará en pedazos por los
aires al encender su vehículo o terminará acribillado a balazos en una
calle de Bagdad. |
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Los hechos
Soldados de EEUU bebieron
whisky antes de violación en Irak -
7 de
agosto de 2006
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