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Saddam Hussein y la niña
de Mahmoudiya

Roberto Bardini
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230806 - Bambú Press En 1949, el jurista Jacques Bernard Herzog, ex miembro del Tribunal Militar Internacional de Nüremberg que juzgó a los derrotados en la Segunda Guerra Europea, dio una conferencia en Chile y suministró un dato para tomar en cuenta: desde 1496 antes de Cristo hasta 1945 es decir, durante más de tres mil años– sólo hubo en el mundo 268 años de paz. Es decir, nada. En ese tiempo, según Herzog se firmaron nueve mil tratados que debían ser eternos; en promedio duraron dos años cada uno.
 

La historia le da la razón al pensador alemán Ernst Jünger, quien en El combate como experiencia interior, publicado en 1922,  escribió: “El sentimentalismo debe esfumarse, adaptarse a la horrible simplicidad de ese objetivo: el aniquilamiento del adversario. Es éste un axioma que debe realizarse durante todo el tiempo que los hombres hagan la guerra, y habrá guerras mientras existan los hombres”.

(Documento de identidad de la niña Abir al-Janabi, nacida en 1991 y asesinada en el 2006)
 

Tomando en cuenta el dato de Herzog y el axioma de Jünger, es posible que los historiadores del futuro describan a esta época como un contradictorio período de crueldad, cinismo, hipocresía y estupidez. Quizá los cronistas documenten que a inicios del tercer milenio ese amorfo conglomerado identificado con el eufemismo de “humanidad” retrocedió a una época comparable con el Reinado del Terror –pero a escala mundial­– de la Revolución Francesa, que en sólo un año y tres meses (de abril de 1793 a julio de 1794) juzgó y condenó a muerte a 40 mil personas en nombre de la libertad, igualdad y fraternidad.

Tomemos, por ejemplo, el momento en que se lleva a cabo la farsa del segundo juicio a Saddam Hussein, acusado de varias y variadas matanzas. Según el fiscal que podría pedir la pena de muerte para el ex dictadormiles de poblados fueron arrasados, los niños separados de sus padres y las mujeres encarceladas, violadas y torturadas”. Lo curioso es que la descripción podría ajustarse, sin cambiar una coma, a las secuelas de la invasión Irak en marzo de 2003. O a la de Afganistán en octubre de 2001. O a la ocupación de Líbano durante 18 años –de junio de 1982 a mayo de 2000– por parte de Israel.

 

Salvo que en estos últimos tres años el fiscal haya deambulado por las nubes –como el joven Alí, legendario personaje de las Mil y una noches que sobrevolaba Bagdad sobre una alfombra mágica– debería tener presente el lado oscuro de las crónicas de guerra protagonizadas por los invasores estadounidenses. Como, por ejemplo, las torturas a sus compatriotas cometidas en la prisión de Abu Ghraib. O el angelical rostro de la soldado Lynndie England, una diminuta sádica de 22 años, ex trabajadora de una planta procesadora de pollos en Virginia Occidental, posando sonriente ante la cámara mientras vejaba a prisioneros desnudos. Pero, bueno, los árabes son fatalistas: el fiscal que en lugar de preocuparse por los derechos civiles de sus conciudadanos busca la muerte de Saddam Hussein, seguramente tiene claro que algún día volará en pedazos por los aires al encender su vehículo o terminará acribillado a balazos en una calle de Bagdad.

El 12 de marzo de este año (Los hechos) el sargento de marines Paul Cortez, de 23 años, y cuatro soldados se emborracharon con whisky y una bebida energizante mientras jugaban a los naipes en la aldea de Mahmoudiya, 30 kilómetros al sur de la capital iraquí. Aburridos, jugaron un rato al golf y después se dirigieron a una casa cercana, violaron a una niña de catorce años, le dispararon un tiro en la cara porque “gritaba mucho” y, estando aún con vida, la quemaron con kerosén. Tanta actividad les abrió el apetito. Luego de asesinar a los padres de la víctima y a una hermanita de seis años, regresaron a su base y asaron alas de pollo. Ahora, durante el juicio, declararon que el problema fue el estrés, la incertidumbre de no saber si vivirían un día más.

Mientras se juzga a Saddam Hussein, la violación de la niña de
Mahmoudiya es el quinto caso que trasciende de crímenes contra la población civil por parte de las fuerzas ocupantes. Apenas un dato más para las estadísticas del futuro, un fugaz episodio de la gesta estadounidense destinada a instaurar la democracia en Irak. Y ante un objetivo tan loable, como dice Ernst Jünger, “el sentimentalismo debe esfumarse”.


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Los hechos

Steve Green, el soldado estadounidense acusado de haber matado a una familia iraquí para encubrir la violación de una adolescente, dijo que en Iraq «matar gente es como aplastar hormigas», reveló hoy un corresponsal de guerra del diario The Washington Post.
 

Soldados de EEUU bebieron whisky antes de violación en Irak - 7 de agosto de 2006

BAGDAD (AP) - Los soldados estadounidenses acusados de violar y matar a una niña iraquí de 14 años consumieron bebidas alcohólicas y practicaron el tiro con pelotas de golf antes del ataque, dijo un investigador el lunes, ante una corte militar que trata de determinar si los militares deben de ser juzgados.

(El soldado norteamericano
Steve Green con un fusil AK-47 en un motel en Texas, en la foto de la derecha)
 

El investigador Benjamin Bierce dijo haber entrevistado a uno de los acusados, James P. Barker, el 30 de junio, y haber registrado los detalles gráficos de la violación ocurrida el 12 de marzo.

Bierce declaró en el segundo días de una audiencia para determinar si los cinco soldados deben de ser juzgados por la violación y muerte de Abeer Qassim al-Janabi y los asesinatos de su padre Qassim Hamza, su madre Fikhriya Taha, y su hermana de cinco años, Hadeel, en el poblado de Mahmoudiya, una de las zonas más violentas en Irak.

Este es uno de los casos más graves de presuntos delitos de soldados estadounidenses en Irak.

Barker está acusado junto con el sargento Paul E. Cortez, y los soldados rasos Jesse V. Spielman y Bryan L. Howard de violación y asesinato.

Otro soldado, el sargento Anthony W. Yribe, está acusado de no haber denunciado los hechos, de los cuales al parecer no fue un participante.

El ex soldado raso Steven D. Green fue sacado del ejército por un "desorden de personalidad" tras el incidente y fue detenido en Carolina del Norte en junio, bajo cargos de violación y asesinato.

Se declaró inocente y está detenido sin derecho a fianza.

El lunes, el soldado raso Justin Watt dijo que Howard le comentó que Green, Cortez y Barker planeaban violar a una muchacha y Howard iba a vigilar mientras tanto.

Otro investigador, Michael Hood, dijo que Spielman negó haber matado o violado a nadie en la casa y pasó una prueba poligráfica.

De acuerdo con la declaración de Barker, citada por Bierce, Green no solamente violó a la menor, sino que mató a sus familiares diciéndole a sus camaradas que quería matar iraquíes.

Bierce indicó que el día previo al ataque, Barker, Cortez, Spielman y Green habían jugado a los naipes y consumido whisky iraquí mezclado con una bebida energética. Luego, al parecer practicaron el dispararle a pelotas de golf, dijo Barker, de acuerdo con el investigador.

Barker dijo que luego de matar a la menor e incendiar su cuerpo con una lámpara de queroseno, consumió pollo frito en el retén bajo su cargo.

Testigos describen escena de horror en caso de violación de Irak - 6 de agosto de 2006

BAGDAD (Reuters) - Un médico del ejército iraquí describió el domingo una escena de horror ante una audiencia del ejército de Estados Unidos, que decidirá si cuatro soldados de ese país son enviados a la corte marcial por el asesinato y violación de una niña iraquí y la matanza de su familia.

El médico, que no fue nombrado, dijo que cuando entró a la casa en Mahmudiya en marzo, encontró a Abeer Qasim Hamza al-Janabi, de 14 años, desnuda, con sus piernas desparramadas y quemada de la cintura para arriba, con una herida de bala en su ojo izquierdo.

También declaró ante la audiencia que había encontrado a su hermana de seis años en una habitación adyacente con la parte trasera de su cabeza volada, y los cuerpos de los padres llenos de balazos.

El caso Mahmudiya, el quinto que involucra crímenes serios investigados por el ejército estadounidense en Irak, ha enfurecido a los iraquíes y provocó el pedido del primer ministro Nuri al-Maliki de revisar la inmunidad que disfrutan las tropas extranjeras ante la justicia iraquí.

La corte escuchó testimonios de tres testigos iraquíes el domingo, el primer día de los procedimientos. Pero los medios que cubren el evento fueron sólo autorizados a grabar los comentarios del médico, que dijo que estuvo enfermo durante varias semanas luego de presenciar la escena del crimen.

Los abogados militares deben presentar el caso contra los soldados de Primera Clase Jesse Spielman y Bryan Howard, el especialista James Barker y el Sargento Paul Cortez, que enfrentan cargos de violación y asesinato entre otros.

Si son enviados a la corte marcial y hallados culpables, pueden ser sentenciados a la pena de muerte.


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