110107 -
Bambú Press - No
hubo sorpresas en el esperado discurso al país –y al mundo– del
presidente
George W Bush
sobre
su nuevo plan en Irak. Tal
como habían adelantado varios medios de comunicación, el mandatario
anunció que enviará 21.500 soldados más al país árabe y que aumentará la
ayuda económica. Sin embargo, la mayor parte de los fondos se destinará
a las fuerzas militares, mientras que el sector civil apenas recibirá
una quinta parte.
Para ejecutar
su nueva estrategia –que es prácticamente la misma que en estos últimos
cuatro años– el presidente dijo que necesita 6.800 millones de dólares.
La forma en la que se dividirá esa partida evidencia que la Casa Blanca
otorga más peso
al factor militar que a los programas civiles: 5.600 millones de dólares
serán para el refuerzo de tropas y mil 200 millones de dólares se
aplicarán a proyectos de reconstrucción y empleo.
Bush intentó
minimizar el uso de la fuerza y acentuar que la solución del conflicto
debe ser política, aunque la forma en que lo hizo resultó bastante
limitada y “municipal”. Dijo que “una estrategia de éxito en Irak va
más allá de las operaciones militares. Los ciudadanos iraquíes deben ver
que las operaciones militares son acompañadas por mejoras visibles en
sus barrios y comunidades”.
Imperturbable,
afirmó que “retroceder ahora sería forzar el colapso del gobierno
iraquí” y pronosticó que “la nueva estrategia que anuncio hoy cambiará
el curso de Estados Unidos en Irak y nos ayudará a tener éxito en la
guerra contra el terrorismo”. En otras palabras, nada nuevo.
Con 437
mil kilómetros cuadrados de superficie –aproximadamente el tamaño del
estado de California– y cerca de 27 millones de habitantes, Irak está
dividido en 18 provincias, de las cuales el gobierno colaboracionista
del primer ministro Nuri al Maliki sólo
controla tres. Las restantes están ocupadas por fuerzas estadounidenses
y británicas.
El
hombre más peligroso del mundo
El 3 de noviembre del año pasado, cuando faltaban cuatro días para las
elecciones legislativas que dieron el triunfo a los demócratatas en el
Congreso de Estados Unidos, una encuesta publicada por el diario The
Guardian, de Londres, informó que los británicos creían que George W.
Bush es más peligroso para el mundo que
el líder norcoreano Kim Jong-il, el clérigo libanés
Hassan Nasrallah –líder del grupo Hisbolá–
y el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad.
El sondeo era
parte de una consulta internacional, encargada por el diario inglés y
los periódicos La Presse y Toronto Star, de Canadá, y Haaretz, de
Israel. En el caso del Reino Unido, país tradicionalmente aliado a
Estados Unidos, el 75 por ciento de los encuestados estimó que Bush
representa un peligro para la paz mundial, por delante de Jong-il (69
por ciento), Nasrallah (65 por ciento) y Ahmadineyad (62 por ciento).
Dentro de Estados
Unidos, la percepción de los ciudadanos no es mucho mejor. Catorce horas
antes de que el presidente Bush pronunciara su discurso, el diario
USA Today publicó una encuesta que revela que sólo un 12 por ciento
de los estadounidenses apoya la “nueva estrategia”. El sondeo, realizado
por el instituto Gallup, también encontró que ocho de cada diez
entrevistados creen que la guerra ha empeorado más de lo que el gobierno
esperaba. Casi la mitad aseguró creer que, al margen de los soldados que
se manden, Estados Unidos no podrá cumplir sus metas en Irak.
“Más ambición que
sesos”
El
29 de septiembre de 2001, el escritor argentino Tomás Eloy Martínez
escribió en el diario La Nación, de Buenos Aires, que antes de los
atentados de las Torres Gemelas de Nueva York, Bush “era un muchachote
que parecía fuera de lugar en el Salón Oval de la Casa Blanca. Se le
entendía poco lo que decía, no tanto por el siseo montaraz de su
elocución como por su sintaxis enrevesada y tartamuda, detrás de la cual
se abría un desierto blanco y vacío”. Según el novelista, es “audaz,
provinciano, con más ambición que sesos”.
Lo cierto es que
detrás de Bush existe un poderoso conglomerado de intereses de tipo
empresarial, industrial-militar y financiero, para el cual él sólo
cumple la doble función de portavoz y ejecutor. Esto lo explicó muy
claramente el analista mexicano Fernando Montiel, consultor en
resolución de conflictos, en el artículo “La guerra como negocio”,
publicado en 2004:
“Mediocre como es, Bush tiene el perfil del presidente perfecto para las
grandes corporaciones. Fanático, disléxico, retrasado mental (tiene
menos de 90 de coeficiente intelectual), alcohólico no rehabilitado, con
tendencias megalómanas y sádicas de acuerdo con un reciente estudio
psiquiátrico, el actual ocupante de la Casa Blanca, cumple con todos los
requisitos que exige un gobierno empresarial: ignorante y bisoño, fácil
de manipular, fácil de engañar, fácil de extorsionar y fácil de dirigir.
Por todo esto, cualquier persona medianamente racional debería exigir su
salida del despacho oval, pero precisamente son éstas las razones por
las que a las corporaciones les conviene tenerlo dentro. Es el "criado
perfecto”.