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Estados Unidos-Irak.
Militares contra la guerra

Roberto Bardini
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0602107 - Bambú PressDesde 1969, cuando 1.300 soldados norteamericanos publicaron un aviso de página entera en The New York Times exigiendo el fin de la guerra de Vietnam, no se producía dentro las Fuerzas Armadas de Estados Unidos un pronunciamiento antibélico por motivos de conciencia. El 27 de enero pasado cerca de 1.200 integrantes del ejército se dirigieron al Congreso para pedir el regreso de todas las tropas en Irak. Y todo indica que el movimiento de protesta irá en aumento.

“Como estadounidenses, patriotas orgullosos de servir a la nación en uniforme, instamos a nuestros líderes políticos a apoyar el retiro de las fuerzas militares de Irak. Permanecer en ese país no funcionará y no vale el precio”, sostenía un pronunciamiento interno divulgado por internet antes de la marcha en Washington. Los responsables del mensaje eran el sargento Liam Madden, de 22 años, y el soldado Jonathan Hutto, de 29, ambos de la Infantería de Marina. “Nos están traicionando”, declaró Madden. “Nuestro esfuerzo se emplea para acciones ilegales e inmorales. Los soldados mueren mientras los políticos disputan y alegan”. 

Se considera que el teniente Ehren Watada, de 28 años y nacido en Hawai, es el primer estadounidense desde la guerra de Vietnam que enfrenta un proceso por negarse a ir al frente y declararse públicamente en 2006 contra la ocupación. Desde entonces ha hablado contra la invasión en conferencias de prensa y ante grupos de veteranos, lo que ha enfurecido a sus superiores y podría costarle cuatro años de prisión militar.

Watada, un ex boy scout que padece asma e hizo grandes sacrificios para ingresar al ejército en 2003, considera que servir en Irak lo haría parte de un crimen de guerra, además de traicionar su conciencia y sus deberes como oficial. “Esta guerra es ilegal porque fue iniciada con engaños y violando la ley internacional”, dijo a The Guardian. “Los oficiales tenemos la responsabilidad de hablar a nombre de los enlistados. Eso es lo que debe hacer un líder, no puede simplemente ir con la multitud.”

Sin embargo existe un antecedente mucho más  notorio que el de Watada: se trata del sargento primero Camilo Mejía Castillo, de la Guardia Nacional de Florida, nicaragüense e hijo del músico sandinista Carlos Mejía Godoy. En octubre de 2003, durante un permiso de dos semanas en Estados Unidos, el suboficial se negó a volver a Irak tras haber observado maltratos a prisioneros, muertes “colaterales” de civiles desarados –incluyendo a niños– y considerar que la guerra era “injustificada”.

Mejía Castillo, entonces de 28 años y con residencia legal en Estados Unidos, estaba enrolado desde 1995 y permaneció seis meses en el país árabe, donde se distinguió por su valor en combate. Entre sus antecedentes civiles figuran que en su infancia fue alumno de sacerdotes jesuitas, que de adolescente estudió teatro y que se ganó la vida preparando hamburguesas en Burger King, aunque él es vegetariano. Antes de ingresar a la Guardia Nacional fue guitarrista de la banda La Raza Oculta, de San Francisco, y luego estudiante de psicología en la Universidad de Miami, donde le faltaban tres meses para graduarse cuando fue llamado a filas. Para pagarse la carrera, trabajaba de guardia de seguridad nocturno. Tiene una pequeña hija llamada Samantha.

La madre del muchacho, Maritza Castillo, es una ex periodista costarricense que en la década del 70 fue simpatizante del Frente Sandinista y que se separó del compositor Mejía Godoy cuando Camilo tenía un año. En 1986 fue coordinadora de producción de la película Walker, dirigida por el inglés Alex Cox y protagonizada por Ed Harris. A principios de los años 90, alejada del sandinismo, trabajó como reportera free lance y documentalista.

En mayo de 2004, Mejía Castillo fue juzgado por un tribunal militar y condenado a un año por “deserción”, pero fue dejado en libertad por buena conducta cuando faltaban tres meses para cumplir la pena. Antes de recibir el veredicto, había dicho: “No tengo ningún arrepentimiento, ni uno... Acataré la sentencia con honor, sabiendo que hice lo correcto”. Entre sus abogados defensores se encontraba Ramsey Clark, quien fue procurador de Justicia durante la presidencia de Lyndon Johnson, miembro del equipo jurídico del ex dictador Saddam Hussein y famoso por sus alegatos judiciales en favor de personas de izquierda y derecha.

Las fuerzas armadas estadounidenses denominan AWOL (ausentes sin licencia) a los militares activos que desaparecen sin avisar a sus superiores. El alto mando sólo reconoce a entre 700 y 800 de estos “desaparecidos”. Se sabe que desde que comenzó la guerra en Irak al menos 13 soldados buscaron refugio en Canadá.

En diciembre de 2003 el semanario parisino Le Canard, famoso por su humor crítico, informó que 1.700 reclutas norteamericanos habían desertado en Irak y que 7 mil habían sido retirados por problemas psicológicos y otras enfermedades. Según comentó en 2004 Tom Ensing, director de Citizen Soldier, una organización de veteranos de guerra con sede en Nueva York, aceptar oficialmente una cantidad mayor desprestigiaría al ejército.

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