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En
enero de 1911, los cuatro se embarcan junto con una gavilla de
corsarios rumbo a Honduras. Armados sólo con una ametralladora
pesada, una caja de rifles de repetición, 1.500 kilos de municiones
y varias botellas de bourbon, durante un año los mercenarios arrasan
todo a su paso, llegan a Tegucigalpa y el 1 de febrero de 1912
instalan a Bonilla en el poder.
En 1911, el agradecido presidente otorga a Zemurray una concesión
libre de impuestos de diez mil hectáreas para cultivar bananos
durante 25 años. “El territorio controlado por la Cuyamel es un
estado en sí mismo”, informa el cónsul estadounidense en Puerto
Cortés en 1916. “Alberga a sus empleados, cultiva plantaciones,
opera ferrocarriles y facilidades terminales, líneas de vapores,
sistemas de agua, plantas eléctricas, comisariatos, clubes”.
En 1929, en medio de una gran crisis mundial, el comerciante ruso
vende la Cuyamel a la United Fruit a cambio de 3oo mil acciones
valuadas en 31 millones de dólares, lo que le permite quedar como el
principal accionista individual. Para entonces al especulador ya se
le conoce como “el hombre banana”.
Sam Zemurray ocupa altos puestos en la United Fruit Company hasta
1957, incluyendo la presidencia. En 1961, a los 84 años, fallece
víctima del mal de Parkinson. Es autor de una frase que pasa a la
historia centroamericana: “En Honduras es más barato comprar un
diputado que una mula”.
La
masacre de Santa Marta
En 1928 la United Fruit Company
llevaba tres décadas en Colombia y se beneficiaba de la falta de
legislación laboral. El 6 de diciembre de ese año, luego de casi un
mes de huelga, tres mil trabajadores de la empresa se reúnen en los
alrededores de la estación de trenes de Ciénaga, en el departamento
de Magdalena, al norte del país. Ha corrido el rumor que el
gobernador llegará para escuchar sus reclamos. El funcionario nunca
llega y a ellos los acribillan a tiros.
A pedido de la compañía bananera, el ejército había rodeado el
lugar. El general al mando da cinco minutos para que la multitud de
disperse. Transcurrido ese plazo, ordena a la tropa que dispare.
Según el gobierno, murieron “nueve revoltosos comunistas”.
Sin embargo, el 29 de diciembre de 1928 el cónsul estadounidense en
Santa Marta envía un telegrama a Washington en el que indica entre
500 y 600 víctimas. En enero del año siguiente, el diplomático
informa que los muertos son más de mil y menciona como fuente al
representante de la United Fruit en Bogotá.
Los cadáveres habían sido llevados en trenes a la costa y arrojados
al océano Atlántico. La empresa de ferrocarriles de la región es
propiedad de la firma británica Santa Marta Railway Company, pero la
mayoría de sus acciones pertenecen a la United Fruit.
“Mi banana republic”
El neoyorkino Minor Cooper Keith también
desembarca en Guatemala. En 1901, el dictador Manuel Estrada Cabrera
otorga a la United Fruit la exclusividad para transportar el correo
a Estados Unidos. Después, permite la creación de la compañía de
ferrocarril como una filial de la empresa bananera. Luego le concede
el control de todos los medios de transporte y comunicaciones. Y
como si esto fuera poco, la propia firma se exime de pagar cualquier
impuesto al gobierno durante 99 años.
Estrada Cabrera –personaje central de la novela El señor
presidente, de Miguel Ángel Asturias– se mantiene en el poder 22
años, hasta que en 1920 el Congreso lo declara “insano mentalmente”,
pero la United Fruit continúa manejando los hilos de la política. El
75 por ciento de la tierra cultivable es propiedad de dos por ciento
de la población y, dentro de ese escandaloso porcentaje, la United
Fruit es la mayor poseedora. Para entonces, hacía mucho tiempo que
Keith se refería a Guatemala como “mi banana republic”. A él
deben agradecerle los centroamericanos y caribeños la denominación.
En 1952, cuando el presidente Jacobo Arbenz intenta realizar una
cuidadosa reforma agraria en beneficio de cien mil familias
campesinas, la United Fruit sabe que se le acabarán todos sus
privilegios y se pone en marcha para evitarlo. La solución está en
Washington.
Uno de los accionistas de la firma es secretario de estado del
presidente Dwight Eisenhower: se trata de John Foster Dulles, que
también es abogado de Prescott Bush, abuelo del presidente George W.
Bush. Su hermano menor, Allen Dulles, es el primer director civil de
la CIA.
Con el pretexto del “peligro comunista” en Guatemala, los hermanos
Dulles le hacen el trabajo sucio a la United Fruit. El 27 de junio
de 1954, una fuerza militar encabezada por el general Carlos
Castillo Armas –que parte de los campos bananeros de la empresa en
Honduras– invade el país. Pilotos estadounidenses bombardean la
capital. Arbenz es derrocado y se exilia en México. Doce mil
personas son arrestadas, se disuelven más de 500 sindicatos y dos
mil dirigentes gremiales abandonan el país.
Castillo Armas, formado en Fort Leavenworth (Kansas), es “barato,
obediente y burro”, según el escritor Eduardo Galeano. Y asume la
presidencia. Es el hombre que la United Fruit necesita para seguir
siendo “dueña de campos baldíos, del ferrocarril, del teléfono, del
telégrafo, de los puertos, de los barcos y de muchos militares,
políticos y periodistas”.
La Chiquita Brands protagonizó su último escándalo en Colombia,
donde se comprobó que desde 1997 le pagaba a los paramilitares por
eliminar a dirigentes campesinos y sindicalistas “molestos”. Se
retiró del país en 2004 y a comienzos de abril de este año fue
multada con 25 millones de dólares por una corte estadounidense,
tras admitir que pagó 1.7 millones de dólares a las Autodefensas
Unidas de Colombia (AUC) a cambio de seguridad.
La historia de la United Fruit-United Brands-Chiquita Brands es casi
interminable. Pero se puede resumir en una frase de El Padrino,
de Mario Puzo: “Una docena de hombres con ametralladoras son nada
frente a un solo abogado con una billetera repleta”. A lo largo de
108 años, el imperio bananero ha recurrido a los servicios de unos y
otros. |