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240807 -
Bambú Press
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En Estados Unidos, cada mil personas hay 198 diarios, dos
mil radios y 938 televisores. Y a pesar de que la mayoría también tiene
acceso a Internet, un inmenso número de ciudadanos está absolutamente
desinformado acerca de lo que ocurre en América Latina. Les
correspondería cero en historia, cero en cultura general, cero en
información de actualidad.
Una encuesta de la
firma Zogby International, de Nueva York,
dedicada desde 1984 a opinión pública y estudios de mercado, demuestra
que sólo el 20 por ciento de los estadounidenses sabe quién es el
presidente mexicano Felipe Calderón y apenas diez por ciento sabe quién
es el brasileño
Inácio Lula da Silva. Casi todos los 7 mil 362 interrogados
por Zogby International, además,
incluyeron a Colombia –incondicional aliada de Estados Unidos desde hace
décadas– junto con Cuba y Venezuela como los “peores enemigos”.
A esos compatriotas se
dirigió el presidente
George W. Bush al pronunciar una clase magistral de historia militar
desde Kansas City (Misouri), ante los Veteranos de Guerras de Ultramar.
Bush –graduado en Letras por la Universidad de Yale en 1968– comparó la
ocupación que Estados Unidos mantiene en
Irak y
Afganistán con la
Segunda Guerra Mundial (1939-1945), la
intervención en Corea (1950-1953) y
la invasión a Vietnam (1965-1973).
Quizá en pocos años más su nombre se sume a
los de los historiadores Arthur Schlesinger, Howard Zinn, John
Boswell y David Kahn.
La
historia reciente, claro, exhibe contradicciones que conviene ignorar.
Un ejemplo: el primero de mayo de 2003, a dos meses de la invasión a
Irak, Bush viajó en avión hasta el
portaaviones USS
Abraham Lincoln para anunciar el fin de “las principales operaciones
militares”.
Otro ejemplo: el vicepresidente
Richard Cheney –con un maestría en Letras y graduado en Ciencias
Políticas por la Universidad de Wyoming– no se quedó atrás: vaticinó que
la ocupación de Irak sería “un paseo” y durante todo 2005 repitió que
los rebeldes tenían “los días contados”.
Seguramente Bush conoce
del derecho y del revés todo sobre la Segunda Guerra Mundial, el
enfrentamiento más sangriento de la historia: en siete años combatieron
por tierra, mar y aire los ejércitos de 70 países. Sabe que hubo 60
millones de muertos, 35 millones de heridos y tres millones de
desaparecidos. Que se destruyeron ciudades, puertos, ferrocarriles,
viaductos, carreteras, puentes, fábricas y campos fértiles.
En el caso del Reino Unido, que se contaba en el bando
triunfador, murieron 400 mil personas, cerca del 30 por ciento de sus
edificios fue destrozado por bombas y desembolsó el equivalente a 300
mil millones de dólares en gastos militares. El país quedó con una deuda
externa de 14 mil millones de dólares y una inflación de 80 por ciento.
Y a otros países que terminaron derrotados les fue mucho peor que a la
principal potencia marítima de Europa.
Y si Bush no lo sabe, habría que
darle la razón –por lo menos una vez– al escritor argentino Tomás Eloy
Martínez, quien lo definió como “llano y vacío como una página en
blanco”.
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