|
130907 - (Bambú Press) - A
seis años exactos de los atentados aéreos del 9/11 contra las Torres
Gemelas, la lenta onda expansiva cruzó el Océano Pacífico, atravesó en
línea recta los 13 mil kilómetros que separan Nueva York de Tokio e hizo
rodar una cabeza en la cima. Tras un primer año de gobierno manchado por
escándalos políticos, el primer ministro japonés
Shinzo
Abe
–del conservador Partido Liberal Democrático y, con 52 años
de edad, el más joven desde la Segunda Guerra Mundial– anunció el
miércoles 12 su decisión de renunciar.
Abe, quien asumió a fines de septiembre de 2006, tuvo al
comienzo acciones afortunadas con el mejoramiento de las relaciones con
China y Corea del Sur. Bajo su mandato, la Agencia de Defensa
fue elevada al rango de ministerio por primera vez desde la
Segunda Guerra.
Pero los escándalos en el gobierno, que comenzaron a
finales del año pasado, deterioraron su credibilidad.
Graduado en Ciencias Políticas por la Universidad de Seikei
en 1977, con estudios en la misma especialidad en la Universidad de
California, y director desde 1997 del rimbombante Instituto de los
Miembros Menores de la Asamblea que Piensan Acerca de Perspectiva de
Japón y la Educación Histórica, Abe dejó de ser un prometedor dirigente
para convertirse en un súbito fracasado. Cuatro ministros del gabinete
renunciaron en los últimos nueve meses; uno, el de Agricultura, se
suicidó por un escándalo financiero.
En el fondo, Abe es una víctima de su alianza con Estados
Unidos en la “lucha contra el terrorismo”. Con un estrepitoso descenso
al 30 por ciento del apoyo popular y luego de una humillante derrota en
las elecciones parlamentarias del 29 de julio pasado, en las que la
oposición logró el control de la Cámara Alta, el primer ministro explicó
que abandona el puesto para facilitar la ampliación de la misión naval
japonesa que apoya a la operación multinacional en
Afghanistan.
Las unidades marítimas de las Fuerzas de Autodefensa de
Japón
están desplegadas en el Océano Índico desde 2001 para dar
asistencia logística a la flota norteamericana y sus aliados.
Suministran combustible y agua a buques de Estados Unidos, el Reino
Unido, Francia y otros ocho países. También permiten repostar a
helicópteros y participan en tareas de inspección de naves, en las que
decomisaron más de 500 armas y 12.000 cartuchos.
Debido a que la Constitución pacifista de
Japón
prohíbe a sus Fuerzas Armadas la participación en sistemas
colectivos de defensa fuera del país, fue necesario sancionar una ley
especial tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 para permitir
este apoyo en Afganistán. La misión, que fue prorrogada once veces,
concluye el 1 de noviembre.
Estados Unidos ejerce una presión constante para que se
apruebe la extensión. El embajador estadounidense en Tokio, Thomas
Schieffer, se reunió con autoridades del gabinete para insistir –en
plena crisis del gobierno por la renuncia de Abe– con la posición de
Washington.
Japón fue uno de los primeros países en declarar su apoyo al
presidente
George W Bush
cuando en octubre de 2001 lanzó su “ofensiva
antiterrorista” que condujo al derrocamiento del régimen talibán de
Kabul. Oculto en su inhallable caverna en las montañas afganas de la
frontera con Pakistán,
Osama bin Laden seguramente sonríe mientras pasa los dedos por las 33
cuentas del tasbih, el rosario musulmán.
|